Homossexual enfrenta seus discriminadores conservadores

¿Qué responder a los peores argumentos?

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Durante mis más de diez años fuera del clóset me he dado cuenta que uno de los mayores retos son los argumentos de los conservadores que nos atacan. Además de ser completamente ignorantes, muchas veces nos ponen como agua para chocolate por no poder dejar callado a ese bully o a ese sacerdote o politiquillo de quinta. Pero si algo me han dejado todos estos años, es la experiencia de responder cada vez más inteligentemente, dejarlos pensando y a veces hasta hacerles cambiar de opinión.

Así, hoy les quiero compartir las respuestas que más resultados me han dado al momento de responderle a los argumentos más necios, espero que les sirvan.

Y no, no me voy a meter con las miles de estadísticas o los estudios neurobiológicos/psicológicos/sociales que durante años la universidad de Blablabla en Estados Unidos publicó en colaboración con la Organización Mundial de la Salud. Estos son datos muy fáciles de recordar y mucho más efectivos que números y gráficas. A veces no basta con decir “¿Y a ti en qué te afecta lo que hago en la cama?” o “Mi orientación nada tiene que ver con lo que hago el 95% de mi tiempo, de la misma forma que la tuya no te impide dormir, comer, trabajar e ir al cine”. Hay que ir más allá.

Lidiar con creacionistas es quizá una de las tareas más arduas que van a tener en su vida homosensual. Muchas veces se van a dar cuenta cuándo no vale la pena desgastarse, pero cuando hay esperanza, siempre pueden recurrir a estos contra-argumentos. Ya muchos de ustedes saben que la Biblia está llena de contradicciones y barbaridades que, si las tomamos literalmente, este mundo ya se habría acabado hace mucho. Las mejores (y brillantemente mencionadas en el programa de TV The West Wing) son:

Las hijas pueden vendidas para ser esclavas.
Si trabajas durante el Sabbath, mereces morir.
Plantar diferentes productos juntos te hacen merecedor de ser apedreado hasta morir.
Y quemar a alguien por usar dos tipos de tela en una misma pieza de ropa también está bien.

Quizá el comentario más idiota que me han escupido en la cara fue una vez que un orgulloso cristiano me dijo que no puedo decir que la homosexualidad se presenta naturalmente en algunas especies de animales “si no los he visto con mis propios ojos” (ya sé, puede llegar a ser frustrante). Ante esto, lo mejor que se puede responder es algo como “A ver, señor… ¿usted cree que Nepal existe?” a lo que el pobre ingenuo va a responder que sí. Sigan con “¿Usted ha ido? ¿Lo ha visto con sus ojos?”, ya sabemos lo que va a contestar. Entonces rematen con “¿Entonces cómo sabe que existe?”.

Por otro lado, una vez en redes sociales encontré la carta que una persona muy preocupada envió a la psicóloga de una revista, pidiendo ayuda para cambiar la orientación de su hijo no heterosexual. La pobre no vio venir la respuesta de la psicóloga, no la recuerdo exactamente, pero la idea fue algo como: “Lo mejor que puede hacer para que su hijo cambie su orientación es con su propio ejemplo. Demuéstrele que uno puede cambiar su orientación, cambiando usted su propia orientación. Usted tenga relaciones sexuales y afectivas con una o varias personas de su propio sexo con el fin de demostrarle que es posible.”

Por ahí dicen que a palabras necias, oídos sordos, pero yo soy de la idea de que quedarnos callados solamente nos hace parte del problema. Además, los activistas que hoy nos dieron el lugar que tenemos en la sociedad definitivamente no se conformaron con ignorar a los grupos conservadores. No tenemos que ser groseros para lograr nuestro cometido (o por ejemplo, echarle en cara a la Iglesia Católica toda la pedofilia que ha permitido durante décadas), aunque si quieren un poco de picardía ante comentarios como “Los maricones me hacen vomitar”, siempre pueden responder con “Entonces no llegues tan profundo cuando se las mames”.

¿Tienen más ideas para dejar callados a los peores argumentos? No dejen de compartirlos. Y si necesitan datos más concretos, les compartimos este clip:

Fonte: SoyHomosensual  Méx.
Por Sebastián Sáenz
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