Fome e obesidade

Na origem da obesidade moderna entra em jogo, cada vez mais clara e decisivamente, a questão da rentabilidade e da tecnologia. A modernidade nos mostra que o capital se agranda e se expande com o uso de tecnología. A tecnologia é usada a serviço da rentabilidade. Trata-se de produzir alimentos rentáveis, não (necessariamente) sadios. E mais, se a tecnologia produz alimentos insanos, mas de maior rendimento, adiante! O critério declarado será a saúde, mas o praticado será a rentabilidade.

Hambre y obesidad

Con motivo del Día Mundial de la Alimentación, 16 de octubre, que patrocina la FAO, esta red mundial perteneciente a la ONU ha hecho públicos los guarismos dehambre y obesidad mundiales: 811 millones de seres humanos y 665 millones, respectivamente.

Podríamos decir, que si antes teníamos un gran problema –el hambre− ahora tenemos dos.

En el penoso tema del hambre, se puede, en rigor es necesario, distinguir el hambre endémica, tradicional, que castigaba a todas las poblaciones humanas (y en general vivas) del hambre moderna, resultado de la interrelación asimétrica entre sociedades y pueblos, lo que se conoce históricamente como colonialismo e imperialismo.

La primera hambre histórica tiene que ver con la escasez de nutrientes y la humanidad la ha ido resolviendo con sus piernas, en una primera y muy prolongada era, de migraciones, y con su propia inventiva, poco a poco, que le fue permitiendo reconocer alimentos saludables y facilitar su crecimiento; la agricultura y la cría de animales domésticos. Si el recurso de las piernas fue usado durante un millón de años, el de la cría de animales y cultivos no tiene más de diez mil años.

En ninguno de tales momentos, la obesidad fue un problema; al contrario; basta ver lo que nos ha permitido conocer la fotografía desde mediados del s. XIX, apenas desde hace 150 años, para advertir que los oriundos o establecidos de cualquier lado tenían cuerpos sin grasa, piernas musculosas.

La segunda variante del hambre, poco tiene que ver con la escasez y mucho con la rapacidad humana: el colonialismo fue un proceso mediante el cual un pueblo dominando se apropia de excedentes, o no tanto, de un pueblo dominado. Frances Moore Lappé,1una investigadora norteamericana, ha registrado que los años de mayor hambruna en la India a lo largo del siglo XIX y primera mitad del XX, coinciden con los años de mejores cosechas. ¿Cómo es eso? Porque los años de cosechas excelentes eran los que aprovechaban los ingleses para cargar sus barcos y llevarse “a casa” tal producción.

Así que el hambre moderna tiene que ver mucho con el poder y la política.Veamos lo que pasa con la obesidad.

Lars Berg,2un estudioso sueco nos habla que el pasaje del mundo de las migraciones a la sedentarización significó una primera revolución alimentaria.

No hay empero un corte entre la sociedad más primitiva y la asentada, porque actividades como el cuidado de animales domésticos se va gestando en aquel mundo nómade, y por ese lado, el ingreso de lácteos y de carnes de animales domésticos en la dieta humana estaba ya presente antes de la sedentarización y la agricultura.

De todos modos, lo que Berg caracteriza como primera revolución alimentaria es el pasaje de una dieta basada en la recolección de frutos, vegetales y animales, pesca y caza, a una alimentación más bien basada en cereales y lácteos (y carne, cada vez menos de caza y más de animales domésticos, domesticados).

Y Berg nos dice que con la modernidad a pleno, en el cambio de siglo del XIX a XX, y fundamentalmente en EE.UU., se produjo una segunda revolución alimentaria. Ya no regida por la escasez sino por la abundancia. Las dietas de los habitantes romanos, medievales y decimonónicos se parecían más entre sí que con la dieta que se va imponiendo en la modernidad tardía,american. Esta dieta, hoy día la nuestra, se caracteriza por disponer de mucha más grasas y azúcares.

Esos ingredientes, aclara Berg, son muy apetitosos. La gente se tienta más. En EE.UU., para promover el consumo, para agrandar ganancias de los productores, se ha empleado la política; por ejemplo, se ha dispuesto el agrandamiento de los diámetros de los platos a 30 cm, para dar “sitio” a porciones mayores.

Con esta “segunda revolución alimentaria” empezamos a comprender más fácilmente el origen de la obesidad moderna.

Pero ahora tenemos, como dijimos, dos problemas. ¿Por qué se nos suman, complicando un cuadro de por sí ya atroz?

Aquí entra en juego cada vez más clara y decisivamente la cuestión de la rentabilidad y la tecnología. La modernidad nos muestra que el capital se agranda y expande con el uso de tecnología. La tecnología usada al servicio de la rentabilidad. Se trata de producir alimentos rentables, no (necesariamente) sanos. Incluso más, si la tecnología produce alimentos insanos, pero de mayor rendimiento, ¡adelante! El criterio declarado será la salud, pero el practicado será la rentabilidad.

Si los aditivos que prolongan la durabilidad de un alimento, son tóxicos, se usarán igual. Si los empaques que se usan para transportar alimentos para extender su alcance, son tóxicos, se usarán igual. Si los ingredientes que se agregan a un alimento para facilitar determinados procesos (de estiba, de conservación, de apariencia de frescura) son tóxicos, se usarán igual, si mejoran la rentabilidad.

¿Cómo es eso posible, admisible? Desde hace décadas lo conocemos: mediante la asignación de “límites de seguridad”.Si el veneno es chiquitito, se podrá usar, hasta determinado límite.

Claro que nuestros cuerpos van a ir recibiendo pequeñísimas magnitudes de cada tóxico, pero una cantidad inimaginable de veces y tóxicos en todos y cada uno de nuestros alimentos.

Esa sinergia no se mide. Ahí está una al menos de las trampas que le permite a cada industrializador de alimentos mantener su conciencia tranquila y sobre todo, no sentirse un delincuente, que es la tipificación de cualquier ser humano dedicado a intoxicar a otros.

¿Qué está pasando en nuestras sociedades (un proceso que con diferente intensidad y tiempos distintos abarca a todo el planeta)? En primer lugar, un proceso que hemos llamado de campesinicidio.La eliminación progresiva de quienes están dedicados a la producción rural en unidades pequeñas. Y su sustitución por la agroindustria que en nuestro país se atribuye la calidad de “agricultura inteligente”, una forma elegante de decir que la cultura campesina es de imbéciles.

Aunque justamente la agricultura de los pequeños cultivadores y granjeros da lugar a la producción de alimentos con menos agregados químicos, y es la agroindustria −que se considera “inteligente”− la que se ha “casado” con los desarrollos tecnológicos de mayor avanzada, valida de una enorme batería de productos químicos, que cada vez más, está imposibilitando una alimentación sana. Porque lo que los progresistas creen “parte de la solución” ha resultadotambiénparte del problema.Porque se ha tratado de un desarrollo tecnológico movido por la rentabilidad y no, por ejemplo, por la salud planetaria.

La expansión desenfrenada de la agroindustria, que nuestros políticos progresistas ven natural y positiva, es la que nos está dando alimentos cada vez más problemáticos, pero eso sí, con abundancia de grasas y azúcares. Lo que los dietólogos denominan“comida chatarra”y, podríamos agregar, el “mundillo de las golosinas”.

El avance de comida con enorme peso de productos químicos, de cultivos transgénicos, de uso cada vez mayor de plaguicidas y fertilizantes, ha ido generando una cultura de la góndola, y quebrando la cultura de lo artesanal (maduraciones y desecados, por ejemplo, naturales, en lugar de procesos estimulados y ayudados con aditivos y “maravillas” tecnológicas).

En muchas familias de origen rural es fácil rastrear ese proceso: cuando muere quien hacía los dulces caseros, los embutidos caseros, los encurtidos, las pasas de frutas y verduras, el secado de hongos, quienes han vivido en esa familia, si son jóvenes, suelen abandonar todo ese trajinar y pasan a comprar, a buscar en la góndola “lo mismo”. El detalle es que lo que ofrece la agroindustria y los grandes consorcios transnacionales dedicados a la alimentación,noes lo mismo.

El abuelo hacía en casa pan fresco. Dos días después, hacía otra vez pan fresco.Grandes transnacionales te ofrecen “pan fresco” todos los días, elaborado hace semanas o meses… ¿cómo pan fresco? Porque no es pan fresco, pero parece.Está igualmente tierno, ¿entonces? ¿Magia? No, aditivos. ¿Saludables? No tanto, pero es legal, porque está por debajo de los límites de seguridad que las autoridades bromatológicas han establecido.

Pero entonces, ¿es tan saludable?

A la obesidad me remito. Para abrir siquiera una discusión celosamente escamoteada por reformistas, progresistas y tantos titulares de la fraseología burocrática de organizaciones tipo FAO, que en cada encuentro mundial parecen haber descubierto la piedra filosofal de la cuestión alimentaria que tendrán que sustituir en un próximo encuentro…

18 10 18

http://revistafuturos.noblogs.org

1Frances Moore Lappé,L’industrie de la faim, Éditions L’etincelle, Quebec, Canadá, 1978.

2Lars Berg, “El estómago, los alimentos y el poder”,futuros, no6, Río de la Plata, 2004.

Fonte:Alainet
Por:Luis E. Sabini Fernández
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Quanto açúcar escondido tem realmente o iogurte?

O problema é que, enquanto o iogurte é percebido como saudável, “pode ser uma fonte não reconhecida de açúcar escondido na dieta de muita gente”, dizem os autores da investigação.

Investigación confirmó que mayoría de yogures tienen exceso de azúcar

Cuando pensamos en alimentos saludables la lista incluye, indefectiblemente, frutas variadas y de colores vibrantes, verduras de todo tipo y, en la mayoría de los casos, yogur.

Sin embargo, según un estudio llevado a cabo en Reino Unido por investigadores de las Universidades de Surrey y Leeds,muchos yoguresestán llenos de azúcar.

Por esta razón, dicen, las marcas no deberían hacerle creer al público que están consumiendo un producto saludable.

De los más de 900 yogures que analizaron, solo losnaturales o los de estilo griegopueden considerarse como bajos en azúcares.

Del resto —los bebibles, los con frutas, los saborizados, los para niños, los orgánicos—, ninguno se salva.

Es más, la investigación halló que losyogures orgánicos se encuentran entre los más azucarados.

Si bien el estudio se hizo en Reino Unido, muchos de los productos son de marcas internacionales que se venden en otros países del mundo incluyendo América Latina.

Percepción errónea

Para ser clasificado como de bajo contenido en azúcar, un yogur debe tener menos de 5g de azúcar cada 100g.

De los productos analizados,sólo el 9% estaba por debajo del límite.

Los postres de yogur ocuparon el primer puesto en la lista de los más azucarados (un promedio de 16,4g de azúcar cada 100g de yogur), seguidos por los orgánicos (13g cada 100g).

Los yogures dirigidos a los niños contenían en promedio 10,8g cada 100g, lo que equivale a más de dos cubos de azúcar.

Según la OMS y otras agencias de salud pública, menos del 10% el consumo diario de calorías debe provenir de azúcares.

Los niños de dos años no deberían tomar nada de azúcar y aquellos de entre 4 y 6 años no deberían ingerir más de 19g de azúcar (o cinco cubos de azúcar) al día.

Azúcar escondida

Lejos de aportar beneficios nutricionales, el consumo excesivo de azúcar aumenta el riesgo de sobrepeso y obesidad, y por ende las enfermedades vinculadas a ello.

Y el problema es que, mientras que el yogur se percibe como saludable, “puede ser unafuente no reconocida de azúcar añadidaen la dieta de mucha gente”, dicen los autores de la investigación.

“Nuestro estudio destaca los desafíos y los mensajes mezclados que vienen del mercadeo y el envase de los productos que contienen yogur”, señaló Bernadette Moore, autora principal del estudio de la Escuela de Ciencias de la Comida y la Nutrición de la Universidad de Leeds.

Desde que se hizo el estudio de campo —a finales de 2016—se han tomado medidas para reducir la cantidad de azúcar en el yogur en Reino Unido.

Las recomendaciones de la Unión Europea establecen que para 2020, el contenido de azúcar de los yogures debe reducirse en un 20%.

Fonte:El Observador
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O açúcar adicionado é um grande responsável pela obesidade

 

 

12 mitos sobre as frutas desmentidos por especialistas

Quatro especialistas em Nutrição e Endocrinologia esclarecem as dúvidas mais frequentes sobre o consumo de frutas.

12 mitos sobre la fruta, desmentidos por expertos

Que si puede producir diabetes, que si tomarla en la cena provoca indigestión, que si hay que evitar el plátano y el aguacate porque engordan… Las frutas están entre los alimentos más saludables y, al mismo tiempo, muchas veces se ven envueltas en una maraña de dudas y mitos (generalmente falsos).

Hay gente que todavía no tiene claro por qué el azúcar de la fruta y el de los dulces es distinto o por qué no vale sustituir una pieza por un vaso de zumo.El HuffPostse ha puesto en contacto con cuatro expertos en Nutrición y Endocrinología para resolver estas y otras de las cuestiones que más preocupan sobre las frutas.

MITO 1.

Comer melón o sandía por la noche es indigesto

FALSO

“En realidad depende de la tolerancia individual de las personas. Y el melón y la sandía no son alimentos que la gente tolere especialmente mal, pero por algún motivo están criminalizados”, señala Aitor Sánchez, dietista, nutricionista y autor de Mi dieta cojea. “Se ha dado mucho bombo al ‘me sienta mal el melón por la noche’, pero luego hay quien se toma una pizza, un kebab y ungin tonicantes de irse a la cama y parece que eso no nos sienta mal”.

Además, “el melón y la sandía son de las frutas que menos calorías tienen”, recalca la endocrinóloga María José Tapia Guerrero, miembro del área de nutrición de laSociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN). “Se pueden tomar a cualquier hora del día; no tiene ninguna base científica creer que son más indigestos que otras”, confirma. Lo único que se podríaachacara estas frutas es que “son alimentos muy diuréticos y por su alto contenido en agua y minerales, te harán orinar más”, apunta la tecnóloga de alimentos Beatriz Robles.

MITO 2.

Comer frutas de noche o de postre engorda

FALSO

“En la alimentación, el orden de factores no suele alterar el producto. Existen múltiples mitos que recomiendan comer la fruta al principio de la comida, pero el orden de su consumo no va a modificar que se gane más o menos peso; dependerá de la cantidad y tipo de alimento consumido”, indica María José Tapia. De hecho, “cualquier momento del día es bueno para comer fruta fresca”, corrobora la experta.

Por otro lado, apunta el nutricionista Carlos Ríos, “no hay un alimento que te haga engordar por sí solo y menos por tomarlo a una hora. Lo que te puede engordar son patrones y conductas de alimentación, no un alimento concreto”. A esto se suma que “las frutas son de los alimentos menos calóricos; por tanto, la afirmación es menos lógica todavía” —añade Ríos—, “no tiene un respaldo científico”.

MITO 3.

Comer mucha fruta puede producir diabetes

(MUY) FALSO

“Con ese tema llevamos años luchando”, reconoce Beatriz Robles. “A día de hoy todavía hay personal sanitario que recomienda limitar la ingesta de fruta a una o dos piezas al día en pacientes con diabetes. Cuando, al contrario, deberían potenciar su consumo“, destaca.

En la misma línea va Carlos Ríos, que desmiente tajantemente el mito: “Es falso. La fruta incluso puede prevenir la aparición de enfermedades crónicas no transmisibles como la diabetes tipo 2, porque es fuente de fibra, de antioxidantes, de vitaminas, minerales… Y además por la baja densidad calórica hace que sea protectora contra enfermedades como la obesidad y el síndrome metabólico”.

MITO 4.

Engorda igual el azúcar de la fruta que el de las galletas

(MUY) FALSO

“Es completamente falso, una falacia como un templo”, afirma rotundo Aitor Sánchez. “Básicamente porque son productos contrarios; las galletas y bollería están asociadas al sobrepeso y a la obesidad, mientras que la fruta y la verdura se utilizan para combatirlos”.

“No es lo mismo 100 kilocalorías de plátano que 100 kilocalorías de galletas, porque es diferente el origen, la matriz alimentaria”, coincide la tecnóloga de alimentos Beatriz Robles. “Los alimentos ultraprocesados producen a medio y largo plazo resistencia a la insulina, lo cual predispone a la aparición de diabetes y enfermedades cardiovasculares. El mensaje es: hay que fijarse en los alimentos en su conjunto, no en sus nutrientes por separado”, indica.

María José Tapia va más allá: “Las galletas aportan hidratos de carbono de absorción rápida; en cambio, las frutas, siempre que las tomemos enteras (no en forma de zumo) aportan hidratos de carbono de absorción lenta”. “Los hidratos de carbono refinados o de absorción rápida (azúcares, alimentos ricos en harinas, bollería) siempre van a producir una mayor ganancia de peso debido a que su densidad calórica es mayor. Pero los hidratos de carbono de absorción lenta (legumbres, fruta) producen un mayor efecto saciante y, habitualmente, poseen una menor densidad calórica”, argumenta.

MITO 5.

La piña es diurética y ayuda a adelgazar

VERDADERO Y FALSO

“Casi todas (o todas) las frutas y verduras son diuréticas y ayudan al tránsito”, afirma Aitor Sánchez. “Pero parece que algunos le dan más fama a la piña, a la alcachofa o al kiwi”, lamenta. “En cuanto a adelgazar, no podemos atribuirles propiedades adelgazantes, pero sí se puede decir que previenen el sobrepeso, y sí se utilizan como medio en dietas adelgazantes”, explica.

Además, “bajar de peso no equivale a adelgazar”, apunta Beatriz Robles. “Al eliminar líquido (por el efecto diurético, en este caso), pierdes peso, pero eso luego se recupera al beber agua, por ejemplo. La piña no es ni adelgazante ni quemagrasas, como ningún producto lo es. Lo que sí está demostrado es que una dieta rica en fruta y verduras está asociada a un menor peso y a menor probabilidad de obesidad”, aclara la experta.

MITO 6.

Es mejor no mezclar fruta

(MUY) FALSO

“Una dieta variada, rica en frutas y verduras diferentes, que aportan distintos nutrientes, se asocia con un mayor beneficio que consumir sólo un tipo de fruta o verdura”, asegura María José Tapia, de SEEN.

“No hay ninguna evidencia, así que no es ni rebatible”, coincide el nutricionista Aitor Sánchez. “Es lo que repiten muchos gurús, pero porque está de moda lo de mezclar y no mezclar”.

MITO 7.

Si estás a dieta, no comas ni plátano ni aguacate

FALSO

Beatriz Robles lo tiene claro: “Eso se dice porque, en proporción, tienen más kilocalorías que otras frutas. El plátano tiene más hidratos de carbono y el aguacate es una fruta grasa. Pero no deben eliminarse de las dietas. Antes se utilizaba la teoría del balance energético (las calorías que entran por las que salen), pero ya está superada. Lo que importa es el efecto metabólico; hay que valorar los alimentos en su conjunto y no mirar la cantidad de calorías, grasas e hidratos por separado. Por ejemplo: el aguacate tiene grasa, sí, pero es ácido oleico, el mismo que el aceite de oliva virgen extra. Y los plátanos contienen fibra, micronutrientes, flavonoides, no producen picos de glucemia, sus componentes se absorben más lentamente y tienen un efecto saciante”.

MITO 8.

Comer más de cinco piezas de fruta al día es demasiado

(MUY) FALSO

Los cuatro especialistas señalan que esta cifra es un mínimo, no un máximo. “Lo mínimo para preservar la salud es ese consumo de cinco raciones de fruta y verdura al día”, explica Carlos Ríos. “Sería ‘comer demasiada fruta’ si con esas piezas estás desplazando otros alimentos de interés o si estás sustituyendo proteínas o grasas necesarias, pero este no suele ser el caso. Si por comer fruta lo que estás desplazando son yogures o natillas, bienvenida sea”, matiza Aitor Sánchez, que en un vídeo de YouTube resuelve esta duda:

https://youtu.be/2V4R8Gvapko

Sánchez admite que a veces hay confusión entrepiezasyraciones. ¿A qué equivaldría este último término? “Una ración de fruta sería una pieza mediana (como una naranja o una manzana), un bol de cerezas o una rodaja de sandía, y una ración de verduras sería una ensalada, un gazpacho o una guarnición de verdura”, responde.

MITO 9.

Es bueno tomar zumo de limón en ayunas

FALSO

“Es otro mito más”, confirma Ríos. “A la gente le gusta creer en cosas concretas que le den beneficios extraordinarios. Al fin y al cabo, es más fácil creer que un limón por la mañana te puede hacer X que aceptar que lo que hace bien a tu salud es un cúmulo de actos que llevas a cabo a lo largo del día. Habría que verlo desde una perspectiva más general”.

MITO 10.

Es igual comer fruta que tomar zumo o batidos

FALSO

“En un zumo exprimido —ya sea hecho en casa o salido de un brik—, los azúcares son libres (como en los refrescos), no son los intrínsecos a la matriz de la fruta“, explica Beatriz Robles. Además, al tomar un zumo “pierdes la fibra de la fruta natural y la sensación de saciedad que produce al masticarla” —detalla—; “no es lo mismo comerte una naranja entera en cinco minutos que beberte en 15 segundos tres naranjas exprimidas”.

Asimismo, “la absorción de los azúcares del zumo se realiza de forma más rápida que en la fruta y su ingesta supone un pico de glucosa notable”, añade María José Tapia.

Otro caso es el de la fruta triturada o simplemente machacada, prosigue Robles: “Por ejemplo, en un gazpacho con pepino sin pelar o en una manzana asada machacada con piel, el azúcar sí sería el mismo que el de la fruta y también se mantiene la fibra”.

MITO 11.

Hay fruta tan genéticamente modificada que es mejor no comerla

FALSO

Para Aitor Sánchez, esto es “completamente falso”. “La fruta ha ido cambiando a lo largo del tiempo y se han ido seleccionando especies, pero eso no hace que deje de ser buena. Por ejemplo, antes las fresas eran piezas ornamentales y ahora se pueden comer”, sostiene el nutricionista.

“Desde el punto de vista sanitario, no hay ningún peligro ni riesgo para salud. No hay manera de que el ADN de una fruta se incorpore a nuestro ADN”, zanja Beatriz Robles. Y coincide con ella Carlos Ríos: “El debate en cuanto a salud no se puede plantear; el hecho de que sea genéticamente modificada no influye en sus valores nutritivos, no tiene ningún componente perjudicial”.

MITO 12.

Es mejor comer la fruta con piel

MÁS VERDADERO QUE FALSO

“Las que se pueden comer con piel, lávalas bien y cómelas con piel, porque tendrás un aporte extra de fibra”, recomienda Carlos Ríos.

Beatriz Robles explica que “los nutrientes se distribuyen por el fruto de distinta forma, aunque parezca muy homogéneo”. De este modo, al pelar la fruta se pierde “la fibra insoluble (celulosa, hemicelulosa, lignina), la que tiene mayor efecto sobre el estreñimiento”. Y también “una parte de la pectina, un tipo de fibra soluble con efectos positivos sobre el control de la glucemia”. Además de fibra, en la piel “se concentran pigmentos colorantes como las antocianinas, que son compuestos antioxidantes”.

“La gente también se pregunta si conviene comerse la fruta entera, teniendo en cuenta los productos fitosanitarios” que se emplean en la agricultura, comenta la experta. Para despejar dudas, Robles cita a la Agencia Española de Consumo y Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN), que aconseja lavar siempre las frutas antes de consumirlas, con el fin de “eliminar residuos de plaguicidas, suciedades y restos de tierra que pueden aportar al alimento bacterias, virus, parásitos y contaminantes como el plomo”. “Las frutas y verduras deben lavarse colocándolas bajo un chorro de agua. Si están muy sucias pueden sumergirse o emplearse desinfectantes como la lejía de uso alimentario”, precisa AECOSAN.

Fonte: Huffpost Es
Por: Marina Velasco Margarita Lázaro
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“Impostos ao pecado”

O que são os “impostos ao pecado” (e porque causam tanta polêmica no mundo)

pec 0

El tabaco mata a más de 7 millones de personas al año, según la OMS, que considera que los impuestos al tabaco son el medio más eficaz para reducir el consumo.

Qué son los “impuestos al pecado” (y por qué causan tanta polémica en el mundo)

Un alza de impuestos siempre genera polémica. Pero cuando los países aplican los “impuestos al pecado”, la discusión suele ir mucho más allá de los argumentos meramente económicos.

Conocidos también como los impuestos a los vicios, se trata de gravámenes que afectan productos considerados negativos para la salud, como el alcohol, el tabaco y el azúcar.

Los defensores de esta carga tributaria argumentan que reduce prácticas nocivas a nivel individual y social y, además, contribuye con recursos a las arcas fiscales.

“Los impuestos al pecado son una herramienta importante para combatir problemas sociales“, le dice a BBC Mundo Jonathan Gruber, economista del Massachusetts Institute of Technology (MIT).

“Está demostrado que la gente fuma menos cuando suben los precios”, afirma.

De hecho, el gobierno francés anunció el mes pasado que subirá el impuesto al tabaco, dado que en otros países, como Reino Unido, la política ha funcionado.

La cajetilla de 20 cigarrillos que actualmente vale cerca de US$8, llegará a casi US$12 en los próximos tres años.

Delicious sweets on candy buffet

Las bebidas y alimentos azucarados también han sido objeto de nuevos impuestos.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el tabaco mata a más de 7 millones de personas al año, de las cuales más de 6 millones son consumidores directos y alrededor de 890.000 son personas que no fuman, pero que han estado expuestas al humo ajeno.

“Los impuestos al tabaco son el medio más eficaz para reducir el consumo, especialmente entre los jóvenes y los pobres”, dice también el organismo.

De acuerdo a sus estudios, un 10% de aumento en el gravamen reduce el consumo de tabaco aproximadamente 4% en los países de ingresos altos y 5% en los países de ingresos bajos o medios.

El dulce ejemplo latinoamericano

El impuesto al azúcar, como forma de combatir la obesidad, es otro ejemplo de “pecado” que ha sido merecedor de impuestos especiales.

Y aunque en el mundo se han registrado experiencias de todo tipo, pero en América Latina, suelen destacarse los casos de Chile y México para defender los resultados de la mayor carga tributaria.

pec 1,2México aprobó un impuesto a los refrescos azucarados en 2014.

Un estudio de la Universidad de Chile señala que desde 2014 -año en que se aprobó un impuesto a las bebidas azucaradas- su consumo se redujo 22% en el país.

Y en México, un país con alta obesidad y diabetes que también aprobó un impuesto sobre refrescos azucarados en 2014, el consumo total de las gaseosas bajó 12% en el primer año de su implementación.

Por lo demás, recientemente Perú aumentó el impuesto a cervezas, gaseosas, cigarros y combustibles porque el costo social por enfermedades asociadas al consumo de esos productos, equivale a cerca del 11% del PBI anual, según el gobierno.

Carbonated drink poured into a glass

Perú acaba de subir impuestos a las cervezas, gaseosas, cigarros y combustibles.

Y, en lo que alimentos se refiere, aparte del azúcar los impuestos selectivos también se han aplicado en algunos países a los alimentos con mucha grasa dañina para la salud.

Eso ocurrió en Dinamarca en 2011. Pero un año después el gobierno lo eliminó al constatar que muchas personas simplemente compraban mantequilla en Alemania o Suecia.

Mientras que Escocia se convirtió a inicios de año en el primer país del mundo en implementar un precio mínimo para la venta de alcohol, para tratar de combatir sus problemas de bebida.

Pero no todos están de acuerdo con este tipo de políticas.

“Incentiva el mercado negro”

Efectivamente, el debate sobre los impuestos al pecado habitualmente apunta en dos direcciones: el daño que los productos generan en las personas y el costo que le provoca a la sociedad, lo que los economistas llaman “externalidades negativas”.

Pero los que se oponen a este tipo de medidas argumentan que en la práctica, el alza de impuestos genera contrabando y discrimina a las personas con menores ingresos porque ellos gastan una parte mayor de su salario en los productos gravados.

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Para algunos expertos, los impuestos al pecado pueden estimular la aparición de mercados negros.

“Estos impuestos castigan a los más pobres“, le dice a BBC Mundo Chris Snowdon, investigador del Institute of Economic Affairs en Londres.

“Mi objeción es que son regresivos y discriminan contra la gente basándose en las opciones de estilo de vida”, explica.

Un impuesto regresivo es aquel que golpea más duro a las familias con menos recursos económicos y en este sentido, los impuestos al pecado son injustos porque los más pobres tienden a gastar más en alcohol, en tabaco y en bebidas azucaradas como porcentaje de sus ingresos, argumenta Snowdon.

Y esa no es la única razón por la que el economista se opone a estos impuestos.

“No logran sus objetivos paternalistas muy eficazmente, salvo que los productos sean gravados a una alta tasa punitiva, lo que incentiva elmercado negro“, advierte Snowdon, para quien estos impuestos también atentan contra la libertad individual de las personas.

Y ante los argumentos de salud, también hay economistas que dicen que en realidad, los que contraen enfermedades crónicas producto del alcohol, el tabaco o el exceso de azúcar, no implican un costo tan elevado para el sistema de salud de los países porque mueren antes y cobran menos pensiones.

pec 2México ha intentado combatir su problema de obesidad con un impuesto a las bebidas azucaradas.

Otros expertos, sin embargo, defienden la estrategia.

“Los beneficios de los impuestos dependen del perfil del consumo en cada país”, explica Rachel Nugent, coordinadora del grupo de trabajo sobre enfermedades crónicas de la revista médica The Lancet, que publicó varias investigaciones sobre el tema.

“Y los más pobres no siempre son necesariamente los más afectados por estos impuestos”, asegura, explicando que los grupos vulnerables se benefician de este tipo de tributos porque bajan el consumo y retrasan la aparición de enfermedades crónicas.

Hay también lugares como Filadelfia, en Estados Unidos, que utilizan el dinero recolectado a partir del impuesto al azúcar en programas sociales, como una forma de mitigar el efecto regresivo.

Y para John Cawley, economista de la Universidad de Cornell, bebedores, fumadores y consumidores de mucha azúcar ponen presión en el sistema de salud y por lo tanto, generan efectos negativas de los que tiene que hacerse cargo toda la sociedad en su conjunto.

“Creo que deberíamos poner impuestos a las cosas que le generan costos a la sociedad”, le dijo a BBC Mundo.

Fonte: BBC Mundo
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