Nesta igreja não é necessário crer em Deus

É presbiteriana mas frequentada por católicos romanos, judeus e ateus. Não é necessário compartilhar uma crença no deus cristão nem em qualquer outro. Sua agenda social é mais importante do que a religiosa.

Gabby Jones para The New York Times

La iglesia activista donde no importa si crees en Dios

En las reuniones en la Rutgers Presbyterian siempre hay fieles presbiterianos, claro. Sin embargo, la mayor parte del tiempo, también hay católicos romanos y judíos, así como algunas personas que se consideran a sí mismas solo algo espirituales. En un sermón dominical reciente, en el que se habló de los peligros de los vegetales genéticamente modificados, estaba Valerie Oltarsh-McCarthy, quien en realidad es atea.

“Nunca pensé que fuera a suceder esto”, comentó Oltarsh-McCarthy, en referencia al vínculo que ha forjado con la comunidad de la iglesia, aunque no con los dogmas de su fe. Según la mujer, lo que la llevó a la iglesia fue “algo en el espíritu de Rutgers y algo en el espíritu del mundo exterior”.

Katharine Butler, una artista, se sintió atraída a asistir a Rutgers Presbyterian cuando pasó caminando al lado de un letrero en la calle que promocionaba el activismo ambientalista de la iglesia. Pronto, Butler también se involucró en aspectos más tradicionales del recinto religioso.

“No puedo creer que esté haciendo esto; cantando y participando en todas esas cosas”, dijo Butler. “Fue maravilloso encontrar toda una colectividad involucrada en la comunidad y en ayudar”.

Normalmente, el tejido conectivo para cualquier congregación es tener una fe compartida.

No obstante, Rutgers, una iglesia relativamente pequeña ubicada en el Upper West Side de Manhattan, funciona distinto. No es necesario compartir una creencia en el dios cristiano ni en cualquier otro. En cambio, la comunidad está unida por otras convicciones y se reúne para trabajar en iniciativas de justicia social, activismo de combate al cambio climático, programas de alimentación para personas indigentes y un grupo de apoyo a familias refugiadas.

Los lugares de culto —entre ellos iglesias cristianas de una gran variedad de denominaciones, así como sinagogas— se han posicionado en Estados Unidos como fuerzas impulsoras de ciertos temas progresistas, pues en ese país promueven el activismo en causas de justicia social e invitan a unirse a la comunidad LGBTQ. Sin embargo, los académicos especializados en religión afirman que Rutgers parece estar en una nueva posición: su agenda social en ciertos aspectos ensombrece a la religiosa.

“Rutgers se ha reinventado de forma periódica a medida que el Upper West Side ha pasado por cambios como este”, dijo James Hudnut-Beumler, un profesor de historia religiosa estadounidense en la Universidad Vanderbilt. “Esta no es su primera reinvención, pero es una de las más interesantes”.

El enfoque de Rutgers refleja cómo han cambiado fundamentalmente aspectos de la espiritualidad. En Nueva York, quien sea que entra en el santuario modesto de ladrillos y caliza ubicado en la calle 73 Oeste encuentra un lugar donde hay más eventos de recaudación de fondos, de activismo y de vínculos con el vecindario que sermones.

“La gente que por lo regular se siente marginada o rechazada en las congregaciones típicas —gente más reflexiva, por así decirlo, o a la que le gusta más cuestionar temas de la fe— comenzó a reunirse en nuestra congregación”, dijo el reverendo Andrew Stehlik, el pastor de mayor jerarquía en Rutgers. “Los llamamos amigos de la iglesia. A menudo, son una parte considerable de la comunidad que acude al templo”.

Las denominaciones protestantes como el presbiterianismo han visto una reducción en el número de sus seguidores en años recientes. Para abordar el problema, algunos pastores están en busca de nuevas formas de usar sus iglesias y redefinir el significado de “hermandad”.

Después de todo, las iglesias tienen el espacio y la buena voluntad para comprometerse con los trabajos comunitarios, la justicia social o los proyectos artísticos o educativos. Además, abrir las puertas de esta manera puede atraer a aquellos que buscan algo más que una clase de estudio de la Biblia.

“Solo basta darles la bienvenida a quienes son inquiridores”, mencionó Stehlik.

La historia de la iglesia Rutgers se remonta a 1798; su nombre proviene de la calle en el Lower Manhattan donde abrió su primer santuario. La congregación ha rendido culto en el Upper West Side desde 1888 y ahora tiene poco más de cien miembros. La iglesia ya lleva décadas cerca de la intersección bulliciosa de la calle 73 Oeste y Broadway, donde se exhibe su actitud “progresista sin remordimientos”, como lo describe Stehlik.

Un inmenso cartel de Black Lives Matter (La vida de personas negras importa, movimiento que aboga por un mejor trato del sistema judicial hacia la comunidad afroestadounidense) está colgado al frente de la iglesia, y cerca hay coloridas banderas de plegarias tibetanas. En el interior, hay broches con las que los devotos declaran suidentidad de género: él, ella, elle. Y durante los servicios, los fieles recitan alternativas al Padre Nuestro que usan un lenguaje más incluyente.

Gabby Jones para The New York Times

 

Para algunos, el atractivo de Rutgers se origina en las frustraciones y ansiedades que se han enraizado en años recientes en los vecindarios con tendencias izquierdistas como el Upper West Side, las cuales han sido avivadas por las políticas y la retórica del gobierno de Donald Trump. La iglesia, cuya comunidad mayoritariamente blanca proviene del vecindario que la rodea, se ha vuelto un santuario político para los llamados miembros asociados, que son parte de la congregación, pero no tienen la misma fe.

“De alguna manera, es parte de su ADN el que siempre estén pensando en los demás y en cómo hacer que el mundo sea justo”, mencionó Katharine Butler, la artista y una de las integrantes asociadas. “Aunque no lo hacen solo mediante el proselitismo y la denuncia, sino al poner manos a la obra. Hay muy poca moralización o cuestiones como las que me desanimaban cuando era más joven”.

Clare Hogenauer entiende el atractivo del espíritu progresista de la iglesia. Como abogada, se ha manifestado en contra de la pena de muerte y hace algunos años protestó sin ropa en Times Square en apoyo a artistas cuyo cuerpo desnudo había provocado controversia. Sin embargo, el activismo no es la razón por la que es una asistente regular a Rutgers.

“Lo que más me gusta es el aspecto social”, afirmó Hogenauer, de 71 años, quien ahora depende de una andadera y llegó a la iglesia por primera vez simplemente porque está cerca de su apartamento. “Me importan mucho las personas, y yo les importo a ellas”.

Durante un servicio dominical reciente, le pidieron a la gente que compartiera sus alegrías, penas y preocupaciones.

Hogenauer habló sobre su dilema de salud. Dijo que un medicamento que le recetaron para tratar un dolor severo funcionaba, pero también la hacía sentir cansada y atontada. No sabía qué importaba más: el alivio de un malestar físico intenso o una mente despejada.

Dijo que lo quería compartir con ellos pues quería que su comunidad supiera lo que estaba pasando en su vida. No pedía sus plegarias, mencionó, pero rezaron por ella de todas formas.

Por: Rick Rojas
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A ciência e a religião segundo 6 grandes cientistas

 

Há um conflito entre ciência e religião? Grandes cientistas negaram a existência de deus. Outros tentaram reconciliar a ciência com a sua fé.

 Galileo Galilei fue acusado de herejía por la Iglesia.

¿Están la ciencia y la religión en conflicto por naturaleza? 

Algunos de los grandes nombres de la ciencia han negado la existencia de dios, pero a lo largo de la historia otros tantos trataron de encontrar una manera de reconciliar la ciencia y con su fe.

Para algunos de estos hombres y mujeres de ciencia, investigar el origen del universo era acercarse a la propia obra de dios.

Aquí repasamos las posturas religiosas de algunos de los grandes científicos de la historia:

1. Galileo y su conflicto con la Iglesia

En 1614, el astrónomo italiano Galileo Galilei fue acusado de herejía por apoyar la teoría de Copérnico de que el Sol estaba en el centro del Sistema Solar. Esto fue revolucionario en un momento en que se creía que era la Tierra la que estaba en esta posición central.

En 1616, la Iglesia le prohibió enseñar o defender estas teorías.

Este episodio se considera uno de los grandes choques entre ciencia y religión. Sin embargo, Ernan McMullin, profesor de historia y filosofía de la ciencia en la Universidad de Notre Dame, consideró que el asunto fue mal entendido y esto no fue un choque entre ciencia y religión. ¿La razón? Todos los involucrados en el caso eran cristianos.

Galileo escribió muchos miles de palabras sobre teología e interpretación bíblica mientras buscaba dar sentido a las observaciones telescópicas que estaba haciendo.

De hecho, fue el propio astrónomo quien dijo: “No me siento obligado a creer que el mismo Dios que nos ha dotado con el sentido, razón e intelecto nos haya destinado a renunciar a su uso”.

2. La fe en la ciencia y en Dios de Mitchell

Maria Mitchell fue la primera astrónoma de Estados Unidos y la primera mujer elegida para la Academia Estadounidense de Artes y Ciencias, en 1848. Ejerció como profesora de astronomía y fue una activista de los derechos de la mujer.

La astrónoma tenía una fe plena tanto en dios como en la ciencia. “Las investigaciones científicas avanzan y revelarán nuevas formas en las que Dios trabaja y nos trae revelaciones más profundas de lo desconocido”, escribió.

Creía que las revelaciones de la biblia y la comprensión de la naturaleza a través de la ciencia no están en conflicto. “Si parecen estarlo” -dijo-, “es porque no se comprende ni lo uno o lo otro”.

3. “Producto de la debilidad humana” para Einstein

El pensamiento del físico Albert Einstein sobre la religión estuvo muy influenciado por la obra del filósofo Baruch Spinoza.

El dios de Spinoza era un dios amorfo e impersonal responsable del orden del universo y la impresionante belleza de la naturaleza. Esta línea de pensamiento resonó profundamente en el científico.

Con su célebre “Carta de Dios”, que Einstein envió al filósofo judío alemán Eric Gutkind, el físico fusiona sus pensamientos sobre la religión, su identidad judía y su propia búsqueda del sentido de la vida.

En la carta, Einstein refuta los argumentos que Gutkind expone en el libro “Escoger la vida: la llamada bíblica a la rebelión”, en el que presentó a la Biblia como un llamado a la lucha, y al judaísmo e Israel como entes incorruptibles.

“La palabra Dios no es para mí más que la expresión y el producto de la debilidad humana”, escribió el físico.

Einstein califica la religión judía de “encarnación supersticiosa” como lo son todas las religiones y la Biblia “una colección de leyendas venerables pero bastante primitivas”.

“Ninguna interpretación, sin importar cuán sutil sea, cambiará mi punto de vista sobre esto”.

“Y el pueblo judío al que pertenezco gustosamente y en cuya forma de pensar me siento profundamente anclado, no tiene para mí ningún tipo de dignidad diferente a la del resto pueblos. Según mi experiencia, en realidad no son mejores que otros grupos humanos”, dijo el científico.

La carta se vendió el año pasado por US$2,9 millones en una subasta que se celebró en Christie’s, Nueva York.

4. El agnosticismo de Marie Curie

Marie Curie fue la primera persona en ganar el premio Nobel en dos disciplinas diferentes.

En 1903 recibió el Premio Nobel de Física junto a su marido y Henri Becquerel. Ocho años más tarde ganó un segundo premio Nobel, esta vez en química.

La menor de cinco hermanos, Curie -Maria Salomea Skłodowska- nació en Polonia en 1867. Su padre era ateo y su madre católica, y ella fue criada en el catolicismo. Sin embargo, abandonó la religión años más tarde, tras la muerte de su madre, lo que la llevó al agnosticismo.

La reconocida científica dijo en una ocasión: “Nada en la vida debe ser temido, solo debe ser entendido. Ahora es el momento de entender más, para que podamos temer menos”.

5. El dios “innecesario” de Hawking

Durante toda su vida, el científico británico Stephen Hawking -quien padecía esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y murió en 2018 a los 76 años- trató de explicar el origen del universo.

Como escribió en su libro “El gran diseño” en 2010, sus trabajos sobre la teoría del Big Bang y la teoría del todo lo llevaron a una conclusión clara y contundente: “No es necesario invocar a Dios para encender la mecha y darle inicio al Universo”.

Pero tras afirmar que el Big Bang fue el comienzo de todo, la siguiente pregunta a la que se enfrentó es: ¿y entonces qué hubo antes?

“Cuando la gente me pregunta si Dios creó el universo, les digo que la pregunta en sí misma no tiene sentido“, narró Hawking en un video para el canal de televisión por cable especializado en ciencia Discovery Channel.

“El tiempo no existía antes del Big Bang, así que no había tiempo en el que Dios pudiera crear el universo”.

 6. O ateismo de Freud
Trajetória ateista de Sigmund Freud (1856-1939)*(1)
Trajetória ateista de Sigmund Freud (1856-1939)*(2)
Trajetória ateista de Sigmund Freud (1856-1939)*(3)
Trajetória ateista de Sigmund Freud (1856-1939)* (4)
Fontes: 
 1 a 5 – Redação  BBC News Mundo
6 – Saúde Pública(da) ou não
 
 
 

Ciência e espiritualidade

Por Jacques Gruman
Einstein: “O comportamento ético dos homens deve se basear na simpatia, educação e laços sociais; não é necessária uma base religiosa. Os homens estariam em péssima situação se tivessem que ser controlados pelo medo de punição divina ou pela esperança de salvação após a morte”

Um brasileiro ganhou o prêmio Templeton deste ano, espécie de Nobel do diálogo entre ciência e espiritualidade. Marcelo Gleiser, há muito radicado nos Estados Unidos, é um físico empenhado na popularização dos conceitos mais avançados da ciência e na abertura de canais de comunicação da racionalidade científica com o que se chama de espiritualidade (categoria que tenho dificuldade em definir). Vamos e venhamos, não deixa de ser um abalo na imagem que se tem dos cientistas. Que diálogo pode haver entre uma área do conhecimento humano baseada na observação da natureza, nos desafios experimentais e no império da dúvida, com o sobrenatural, o que se garante existir contra todas as evidências e por pura fé, o irracional e anticientífico em estado bruto ?

Acho importante informar que, quando tinha seis anos. Gleiser perdeu a mãe, uma jovem de 38 anos. O choque para a criança foi tão grande que ela precisou alimentar, durante um tempo expressivo, tendências místicas, tentativas vãs de compreender a Morte e purgar culpas. Sei perfeitamente do que se trata. O Menino era adolescente quando o coração do Pai implodiu aos 42 anos. O que fazer numa hora dessas ? Dizer o kadish, oração judaica dos mortos, durante um ano inteiro, duas vezes por dia, ajudou. É como repetir um mantra, anestesiando e acalmando o que não se pode acalmar. Até aí fomos. Religião dá mesmo um senso de pertencimento e, no caso do kadish (que precisa de quórum mínimo de dez homens para ser dito), de comunidade. Numa hora de dor e vulnerabilidade, nada mais desejável.

O que não combina é o espírito do cientista com o espírito da fé. Que, como religião institucionalizada, embarcou a rodo, a História ensina, no espírito das trevas, do sangue e do horror. Gleiser está longe de ser o professor Pardal ou o Doc do filme De volta para o futuro, clichês do cientista alienado e meio pancada. Faz tempo que afirma que a função da ciência “não é tirar Deus das pessoas” ou, como escreveu em artigo de 2006, “o conflito entre ciência e religião não é, de forma alguma, necessário”. Não compreendo, embora respeite. Se a ciência não admite dogmas, se exige comprovação a cada passo que dá no desenvolvimento de novas explicações para os fenômenos da natureza terrena e do universo, se descarta hipóteses sobrenaturais, como conciliar com o seu extremo oposto ?

O fascínio da ciência é o encantamento pelos novos caminhos, que sempre nascem da dúvida, da curiosidade, da observação meticulosa e perseverante. Vejam o caso do astrônomo inglês Edmond Halley. No final do século XVII, ele e toda a população londrina assistiram, maravilhados, o céu se iluminar. Edmond correu para sua escrivaninha, fez um monte de cálculos e, no dia seguinte, anunciou para a multidão de incrédulos que aquele astro deslumbrante voltaria a iluminar os céus de Londres dali a 77 anos. Foi debochado. Pois em exatos 77 nos, quando o astrônomo já estava morto, lá estava a luz prevista. Era um cometa, cuja órbita Edmond calculou.Desde então, passou a ser chamado de Halley. Instrumentos precários e o dom da observação tiraram do terreno da magia e da superstição o que não passava de um astro passeando no universo.

Drauzio Varella, um cientista que não faz concessões às instâncias sobrenaturais, afirmou, com razão, que “a credulidade humana não tem nacionalidade nem respeita fronteiras. Ela se alimenta da insegurança do outro (…). Credulidade é condição contagiosa, não respeita escolaridade, posição social, cultura ou talento artístico”. No mesmo artigo, publicado na Folha de S. Paulo em dezembro de 2018, ele lembra: “Trato de doentes com câncer há 50 anos. Assisti ao desapontamento de inúmeras famílias que viajaram centenas de quilômetros com seus entes queridos – muitas vezes debilitados – atrás da promessa de curas mágicas que jamais se concretizaram (…) Milagres não existem, são criações do imaginário humano”.

Quando se chega nesse ponto, religiosos de boa fé (sem trocadilho) dizem que a espiritualidade nada tem a ver com religião institucionalizada, mas com uma ética amorosa, dos bons atos, da solidariedade, da preocupação com o destino comum da humanidade. Como diria Antônio Houaiss, discrepo. As causas das catástrofes econômicas, sociais e afetivas, dos desajustes estruturais e do desamor, não são sobre-humanas. Elas estão dentro das relações sociais e interpessoais, que geram seu próprio código de ética. Para mudá-lo, o caminho não está nas estrelas, mas na forma como os homens se relacionam para produzir e reproduzir, material e subjetivamente, suas vidas. Não é trabalho para monges, freis ou rabinos (embora sua participação, como entes sociais, no processo de mudança seja bem-vinda). Cito Einstein: “O comportamento ético dos homens deve se basear na simpatia, educação e laços sociais; não é necessária uma base religiosa. Os homens estariam em péssima situação se tivessem que ser controlados pelo medo de punição divina ou pela esperança de salvação após a morte” (matéria publicada no New York Times Magazine, em 9 de novembro de 1930). 

Sei que Marcelo Gleiser é honesto, tem boa vontade, e conhecimento de sobra, para tentar aproximar crentes de boa índole (os charlatães, em número cada vez maior e protegidos pelos modismos midiáticos, estão fora da equação) dos homens de ciência. Que tenha boa sorte, embora eu tenda a não acreditar muito nos frutos deste namoro. Nesta matéria, sou como Luiz Carlos Prestes. Perguntado sobre o fato de não acreditar em deus, o Cavaleiro da Esperança ponderou: “Eu nasci sem essa necessidade que a maioria das pessoas tem de acreditar num ser sobrenatural, mas não acho que seja um equívoco quem faz isto. Apenas prescindo desta necessidade”.

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A intolerância religiosa contra os judeus, os ateus e à laicidade

“Estes preconceitos terminam com relacionamentos amorosos, às vezes casamentos de muitos anos. Por isto pessoas são despedidas ou não chegam a ser contratadas. Vínculos familiares foram destruídos para sempre. Menores de idade são expulsos de casa por seu ateísmo”.

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O apresentador de TV José Luiz Datena foi condenado por ofender ateus em cadeia nacional e teve de se retratar.

A luta dos ateus contra Datena e a intolerância religiosa

A Associação Brasileira de Ateus e Agnósticos, a ATEA, move uma luta silenciosa contra a intolerância dirigida a quem não acredita em divindades. Neste texto, o presidente da entidade, que tem hoje 19 mil membros, conta como tem sido a batalha contra José Luiz Datena, que difamou ateus em cadeia nacional, e pela defesa do estado laico.

Imagine um país em que apresentadores de tevê qualificam os assassinos mais brutais dizendo “esse sujeito só pode ser judeu”. Imagine que uma associação judaica processa o apresentador e sugere a seus membros que façam o mesmo. E imagine que a resposta dele seja processar a associação se dizendo alvo de uma perseguição a fim de arrecadar contribuições e discriminá-lo.

Esse país é o Brasil. Chocado? Ora, dirá você, se isso é verdade, onde estão as manchetes cobrindo todos os jornais, a matéria no Jornal Nacional, a comoção pública, o protesto nas redes sociais? Tem razão, elas não existiram. É porque as vítimas do caso, na verdade, foram outras. Na vida real, ninguém ousaria cometer uma barbaridade daquelas – a não ser que você vivesse em um país de maioria muçulmana onde o antissemitismo é lei.

O protagonista dessa história é José Luiz Datena, o… ahn… “jornalista”. Em 2010, ao comentar o fuzilamento de um menino de 2 anos e a morte de um idoso que possivelmente foi enterrado vivo, ele cravou: “esses crimes só podem ter uma explicação: ausência de deus no coração.” E botou no ar uma pesquisa perguntando quem era ateu.

Sua diatribe continuou por longos 15 minutos, e foi bem clara: “o sujeito que é ateu, na minha modesta opinião, não tem limites. É por isso que a gente tem esses crimes aí.” Quando os ateus começaram a se identificar na enquete, a explicação foi “ é provável que tenham bandidos votando até de dentro da cadeia!”

Felizmente, a sociedade não aceita mais o preconceito contra judeus. Mas dizer as mesmíssimas coisas contra os ateus está mais do que liberado. Alguém consegue imaginar uma campanha do tipo #EuTambémSouAteu? Pois é, eu também não. Não houve absolutamente nenhuma comoção com as declarações do Datena porque a opinião dele sobre os ateus está mais para regra do que para exceção entre os brasileiros.

Pesquisa da Fundação Perseu Abramo mostrou que 25% dos brasileiros tem antipatia com relação a ateus e outros 17% sentem ódio. Sim, ódio. Por pessoas que não conhecem. Como fundador e atual presidente da Associação Brasileira de Ateus e Agnósticos (ATEA), uma entidade sem fins lucrativos que conta hoje com cerca de 19 mil membros, sei que o trabalho da entidade está garantido por muitas gerações.

Há quem pense que a capacidade da religião de criar violência e ódio é coisa de nações e séculos distantes, mas as evidências contam uma outra história. A entidade já recebeu muitos depoimentos mostrando como o preconceito terminou relacionamentos amorosos – às vezes casamentos de muitos anos –, como pessoas foram despedidas ou não chegaram a ser contratadas, como vínculos familiares foram destruídos para sempre. Mais de uma vez, recebemos relatos de menores de idade expulsos de casa por seu ateísmo. A Atea procura dar apoio a essas vítimas e orientar medidas judiciais quando é o caso.

O Golias da discriminação de ateus não será vencido com mágica nem com orações. Aliás, foram elas que nos puseram nessa situação diabólica. Esse estado de coisas não surgiu do nada. Ele está gravado com toda as letras nos dois livros mais lidos do mundo, a bíblia e o corão que deixam bem claro que ateus são pessoas odiosas.

O trabalho da associação inclui trazer os ateus e o ateísmo à luz do dia, na esperança de que vejam que somos feitos de carne e osso e não somos nós que temos escândalos de pedofilia nem aviões lançados contra edifícios para explicar. Estranhamente, em nenhuma cadeia brasileira parecem existir pavilhões de ateus. Já os cristãos não podem dizer o mesmo.

A origem religiosa do preconceito que nos atinge é um dos motivos pelos quais a laicidade do Estado é uma importante frente de ação da Atea. A separação entre religião e Estado no Brasil é quase uma causa perdida. A direita não a quer. A esquerda diz que quer, mas, para ser bem eufemista, é de uma enorme seletividade em suas demandas. O que fazem esses políticos progressistas contra os símbolos religiosos em repartições públicas, a inscrição religiosa no dinheiro e o uso de verbas públicas para eventos, obeliscos e até praças religiosas? Cadê os discursos inflamados contra a imunidade tributária das igrejas e o ensino religioso em escolas públicas?

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Crucifixo no hall da Assembleia Legislativa do Estado de São Paulo. Foto: Alf Ribeiro/Folhapress

Quatro presidências de esquerda consecutivas deixaram apenas duas marcas na laicidade, ambas bem claras: o veto à proibição de símbolos religiosos em repartições públicas previsto pelo PNDH-3 (Dilma) e a assinatura de um tratado (Lula) entre o Brasil e, pasmem, o Vaticano, em que o país oferece diversas benesses aos católicos, incluindo o ensino religioso confessional em escolas públicas, recentemente ratificado no Supremo.

A Atea tem orgulho de ser a única instituição que age concretamente e continuamente para preservar a laicidade. Não há no país nenhum partido ou instituição que tome esse papel para si. São praças da bíblia, financiamento público de eventos religiosos, doações de terrenos públicos para igrejas, leis que estabelecem orações em escolas públicas e uma infinidade de outras iniciativas que enfrentamos com ações judiciais ou representações ao Ministério Público. Nunca obtivemos apoio do legislativo ou do executivo. De lá, só vêm as violações da laicidade.

Nossa luta é, em grande parte, para financiar esse ativismo judiciário. Para piorar as coisas, nós pagamos impostos. Ao contrário das igrejas. Já conseguimos alguns progressos, como a ação do Ministério Público Federal contra o Datena, mas que infelizmente só resultou na exibição de vinhetas bem aguadas e genéricas sobre intolerância religiosa. As pesquisas apontam que a vasta maioria dos eleitores não votaria em ateus, então a representação política nos é negada sem que possamos reclamar de qualquer ilegalidade.

Então, suplico que não nos peçam para respeitar a religião. Respeitamos religiosos e sua liberdade de culto e de pensamento, mesmo sem receber a mesma deferência. Mas a religião da maioria é a causa do ódio gratuito que chove sobre nós. E cada violação da laicidade, cada crucifixo em repartição pública, cada cédula com “deus seja louvado”, cada praça da bíblia e cada placa “esta cidade é do senhor jesus” é um tributo ao sistema que faz brotar e ajuda a manter bem vivo esse ódio. Aceitamos a sua ajuda e não prometemos “uma bênção” como resultado, apenas um país melhor. E, por favor, não orem por nós.

Fonte: The Intercept
Por: Daniel Sottomaior
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