Misoginia: “As mulheres são desonestas por natureza”

“Uma parte do opressor está instalada profundamente em cada uma de nós” (Audre Lorde) e …os esforços contra a igualdade “estão codificados e interiorizados, são difusos e camaleônicos” (Susan Faludi).

Los parroquianos de McSorley’s Old Ale House se mofan de Lucy Komisar, una de las primeras mujeres en beber en el pub después de que la ciudad de Nueva York aprobó una ley antidiscriminación. Antes de esto, el bar –abierto desde 1854– no admitía mujeres. Un camarero intentó impedir la entrada de Komisar y una vez que estuvo dentro algunos clientes la abuchearon y otro le volcó una cerveza en la cabeza. 10 de agosto de 1970. Barton Silverman/The New York Times

¿Cómo luce la misoginia?

La misoginia está en todas partes. O más bien, “misoginia” está en todas partes. La palabra, que convencionalmente significa el odio hacia las mujeres, solía ser una acusación radical. Sin embargo, ahora parece haber eclipsado a los más amables “sexismo” y “chauvinismo” en el habla popular. Ahora llama poco la atención encontrar “misoginia” en un titular y mucho menos en un tuit.

De un lado del espectro, el término se usa para describir la desigualdad societal evidente, por ejemplo, en la brecha salarial, las dificultades para encontrar atención médica adecuada y las prerrogativas dehombres como Les Moonvesque destruyen la carrera de quienes los denuncian.

“Desafortunadamente, la misoginia violenta no es nueva en la política”, decíaun encabezadode CNN en 2018. “La misoginia aviva la autogestión de las mujeres”,titulabaThe Guardian a finales de agosto. Unacolumna de opiniónen The New York Times exploraba “La misoginia reservada especialmente para las madres”. Kim Schrier, una pediatra que se postulaba al congreso –hoy congresista demócrata– calificó sin rodeos a Donald Trump como “misógino jefe” en untuitdel año pasado.

Una mirada a las fotografías de archivo, incluidas las de The New York Times, revela cómo, mientras el término se popularizó, la misoginia también ha formado parte del panorama visual, desde los titulares noticiosos hasta la experiencia cotidiana.

Sin embargo, como tanto de lo que ocupa el discurso actual, la resonancia del vocablo oscila entre lo importante y lo susceptible al meme. Un reportaje sugería que unamangosta en Keniapodía ser misógina. “Bájale a la misoginia”, dice una camiseta de venta en Etsy. Y cómo olvidar la taza con un tiburón tan caprichoso como concientizado que dice: “Aleta contra la misoginia”.

El desdén hacia las mujeres, suele argumentarse, también es el motivo por el cual se rechazan ciertos rincones de la cultura popular. “¿Será que mi misoginia interior me ha impedido leer novelas de romance toda la vida?”, se preguntaba una escritora.Odiar a las Kardashiantambién se interpreta como antimujer, porque al hacerlo reducimos a las célebres hermanas a simples estereotipos. Es la lógica de muñeca rusa del momento: despreciar cualquier refugio que tienen las mujeres de la misoginia –ya sea la telerrealidad, un régimen de belleza o la astrología– es en sí mismo misógino.

Así que, en más de un sentido, la misoginia ahora está de moda, pero también tiene una larga historia.

El término surgió en el siglo XVII, como respuesta a un panfleto antimujer escrito por un maestro de esgrima inglesa llamado Joseph Swetnam. El folletín de 1615, titulado en parteProceso a las mujeres lascivas, ociosas, desobedientes e inconstantes, se publicó en medio de una prematura ansiedad moderna y del debate sobre el sitio que las mujeres debían ocupar en la sociedad. Era más que nada un compendio de chistes sexistas, una obra indigesta dirigida a una audiencia de “jóvenes insensatos”. También fue muy popular.

“Las mujeres son deshonestas por naturaleza”, escribió Swetnam, como unprotoincel. Para él, “la mujer más bella tiene algo de vulgaridad en ella”. Desde Eva, la mujer “tan pronto fue creada, centró su mente en la maldad, pues las aspiraciones de su mente y su voluntad de desenfreno trajeron desgracia para el hombre que siguió la misma línea de su primera lideresa”. Eran como piedras pómez porque tenían el corazón lleno de huecos, escribió; como barcos pintados porque lucían hermosas pero contenían solo plomo. No es ninguna sorpresa que el folleto suscitara varias respuestas escritas por parte de mujeres. En una obra anónima tituladaSwetnam, el odiador de mujeres es procesado por las mujeres, el personaje que hace de Swetnam se llamaba Misogynos.

Durante los siguientes siglos misoginia se usó poco, pero su popularidad se disparó a mediados de la década de los setenta, y más o menos se instaló en el léxico del feminismo de la segunda ola con la crítica de Andrea Dworkin de 1974Woman Hating. En el libro, Dworkin argumenta que el prejuicio profundo y arraigado contra las mujeres informa distintos aspectos de la sociedad, desde la legislación hasta la cohabitación. Dos años más tarde, lo resumía así: “Como mujeres vivimos en medio de una sociedad que nos ve como despreciables. Se nos menosprecia… Somos víctimas de una violencia continua, malévola y autorizada en contra nuestra”. (Una idea que no resulta ajena para mujeres como Kathrine Switzer, quien aparece en la fotografía de abajo, que fue célebremente acosada cuando fue una de las primeras mujeres en correr la maratón de Boston de 1967).

Jock Semple, oficial del Maratón de Boston, intentó expulsar de la pista a la fuerza a Kathrine Switzer. Switzer completó la carrera, pero no fue sino hasta 1972 que a las mujeres se les permitió participar. 19 de abril de 1967.

En los años ochenta y noventa, leer a Dworkin se convirtió para muchas en un rito de iniciación universitario desconcertante y estimulante. Su escritura es una mirada estridente y salvaje al sesgo sistémico que afecta la experiencia cotidiana de las mujeres. ¿Era odio verdadero eso que se agazapaba debajo de cada reunión con tu jefe, en cada cita, sermón, novela, comercial televisivo? Sí, insistía Dworkin. En aquella época era una idea radical. Para muchos todavía lo es.

Este entendimiento de la misoginia se convirtió en una idea común entre las feministas: el asunto era estructural. La sociedad estaba organizada en modos misóginos, incluso si sus miembros no se concibieran a sí mismos como seres que odiaban a las mujeres. La escritora y activista Audre Lorde escribió en 1980 que existe “una parte del opresor que está plantada profundamente en cada una de nosotras”. Susan Faludi, autora del libro de 1991Reacción: la guerra no declarada contra la mujer moderna,hizo eco de la idea y argumentó que los esfuerzos contra la igualdad “están codificados e interiorizados, son difusos y camaleónicos”.

De modo similar a “racista” –que antes se usaba sobre todo para describir a ciertos alguaciles, políticos o vecinos–, “misógino” ahora se usa con frecuencia tanto para el sistema de instituciones que hacen de Estados Unidos un país desigual como para sus individuos. En este sentido amplio resultan involucrados hombres felizmente casados, hombres con hijas e incluso mujeres. La palabra se está usando de un modo en que no hay que odiar a las mujeres para ser misógino, a pesar de la definición que ofrece hasta hoy elDiccionario Webster.

Pero ¿puede una sola palabra con todo este trabajo? ¿Puede describir algunos de los peores y más violentos impulsos en nuestro mundoytambién los actos cotidianos de sesgo de género? ¿Deberíamos usar el término tanto para describir la violación conyugal como la ausencia de protagonistas femeninas poderosas en la televisión? Resulta que ya lo hace y ya la usamos así.

Algunos diccionarios ya lo han notado. William Safire, el columnista de The New York Times que durante décadas escribió sobre la textura de nuestro lenguaje, notó en 2008 que elDiccionario Oxfordhabía ampliado su definición en 2002 para incluir “prejuicio en contra de las mujeres” como una de las acepciones de la palabra. “Sexista y misógino ahora son en cierto sentido sinónimos”, escribió. “Como ‘sexista’ se ha utilizado de forma tan amplia, parece que la palabra ‘misógino’ –en el mismo sentido que ‘prejuicio’ mas que ‘odio’– ahora conlleva la misma fuerza, para quienes están familiarizados con la palabra”.

El vocablo solía ser una condena fuerte y personal, espantosa tan pronto nos llegaba al oído. Ahora resulta una palabra menos áspera cuando la escuchamos. Pero paradójicamente, incluso cuando se vuelve más común también es más incisiva. Captura la disonancia cognitiva de nuestra era, en la que las mujeres –tan vilipendiadas como veneradas– postulan a la presidencia al mismo tiempo que batallan por alcanzar la licencia de maternidad remunerada.

Esta holgura parece apropiada para estos tiempos, ya que la noción de Dworkin de misoginia –alguna vez radical– ahora se ha vuelto mucho más aceptada.

Consideremos esta cita de Dworkin de 1997: “Las mujeres parecemos fracasadas y atroces cuando estamos tristes. Las mujeres somos patéticas cuando estamos enfadadas. Las mujeres somos ridículas cuando militamos. Las mujeres somos desagradables cuando nos amargamos sin importar la causa de nuestra amargura. Las mujeres son unas trastornadas cuando anhelan justicia. Las mujeres odian a los hombres cuando las mujeres buscan respeto y responsabilidad de parte de los hombres”.

Suena muy parecido a una publicidad reciente que Nike difundió durante la ceremonia de los Oscar y que gozó de una cálida acogida. “Si mostramos emoción nos dicen dramáticas” dice la voz enoffde Serena Williams. “Si queremos jugar contra los hombres, somos dementes. Y si soñamos con igualdad de oportunidades estamos delirando. Si defendemos algo, somos unas desquiciadas. Si somos demasiado buenas, algo anda mal con nosotras. Y cuando nos enfadamos, somos histéricas, irracionales o simplemente estamos locas”.

Por: Nina Renata Aron
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“A liderança é uma espécie de armadilha para as mulheres”. Entrevista com Virginia García Beaudoux

O#8Mmais uma vez revela a desigualdade de gênero, em particular, ostetos de cristalque as mulheres enfrentam na vida cotidiana, bem como no âmbito político. Evidência, sobretudo, a necessidade urgente de promover uma agenda de gênero com enfoque em direitos humanos que não só atenda de maneira urgente o impacto que supõe forçar uma menina estuprada a continuar uma gravidez contra sua vontade, mas também asdesigualdades estruturaisque arrastam as sociedades, produto de uma cultura patriarcal tão arraigada, como imperceptível e invisibilizada.

A entrevista é deNatalia Aruguete, publicada porPágina|12, em 11-03-2019. A tradução é doCepat.

O teto de cristal na política

Depois de, há quase 30 anos, ter se especializado em opinião pública e consultoria de comunicação estratégica,Virginia Garcia Beaudouxteve uma reviravolta substancial em sua trajetória profissional que atinge profundamente a vida política da região. Com o amparo institucional de organizações internacionais, como aONU Mulheres,PNUD,OEAeNIMD, assessora as mulheres políticas em grande parte daAmérica LatinaeEuropa, com objetivo de alcançar uma verdadeira paridade de gênero nas instâncias de decisão política, quebrando os tetos de cristal que impõem limites para o crescimento das mulheres na vida cotidiana – especialmente em espaços profissionais -, combater os estereótipos de gênero e reverter a vulnerabilidade que imprime a “dupla minoria”, em referência a mulheres pobres pertencentes a minorias étnicas ou raciais. Por ter assessorado mais de 1500 mulheres políticas,García Beaudouxfoi premiada na categoria ” mulheres influentes na política” pelaAcademia de Artes e Ciência Política de Washington. Além de consultora, é pesquisadora daCONICETe professora regular daUniversidade de Buenos Aires. Entre suas publicações, destaca-se seu recente livro¿Quién teme el poder de las mujeres? Bailar hacia atrás con tacones altos (Editora: Grupo 5).

Virginia Garcia Beaudoux, conversou com oPágina/12sobre a situação das mulheres políticas na região: os limites que impedem o seu desenvolvimento em termos de liderança, a falta de uma paridade substantiva em termos de participação política e a obrigação social de buscar uma igualdade real como um princípio constitucional.

Eis a entrevista.

Quais são os obstáculos estruturais que as mulheres enfrentam na vida cotidiana e na vida política?

Não havia percebido a magnitude da desigualdade de gênero até que comecei a trabalhar com mulheres na política, em consultoria com oPNUDemHonduras, emEl Salvador, naGuatemala. Em minha jornada pela América Latina, entendi que a dimensão da desigualdade é enorme e que, independentemente do país, todas as mulheres me falaram sobre os mesmos obstáculos dentro dos partidos e, acima de tudo, sobre confiança e o financiamento de suas campanhas eleitorais. Encontrei um denominador comum que foi além da política. Me deparei com um estereótipo muito marcado: a crença estendida e construída culturalmente de que a liderança é masculina. Se perguntarmos a uma pessoa três características do que consideramos masculino, dirá “força, assertividade, capacidade de tomar decisões”. Entre essas respostas, encontraremos uma sobreposição quase perfeita entre a descrição do masculino e a liderança. Por outro lado, quase nunca coincide o que nós estabelecemos que é feminino e a liderança. Este tem sido um grande obstáculo para as mulheres em todas as áreas do desenvolvimento. AUniversidade de Oxfordlevou 800 anos para nomear uma reitora. AUniversidade de Buenos Airesnão teve uma diretora feminina em toda a sua existência, quando a maioria dos professores universitários são mulheres…

Mas não são a maioria dos titulares de cátedras universitárias.

Exatamente. Esses tetos supostamente invisíveis – que chamamos de tetos de cristal – são tremendamente resistentes, é por isso que é muito difícil rompê-los e atravessá-los. Apenas 5% dos prêmiosNobelforam para mulheres. OFórum Econômico de Davosde 2018 foi considerado um sucesso retumbante porque 21% dos participantes eram mulheres. Então, a ideia de que bons líderes são homens continua a ser um dos estereótipos que mais complica o desenvolvimento das mulheres.

Como se traduzem esses estereótipos no plano cotidiano?

Estereótipos não só descrevem, também prescrevem. Se um estereótipo descreve que as mulheres são mais sensíveis do que os homens, a prescrição é que, diante da doença de uma criança ou de um idoso, é a mulher que deve assumir o controle porque é sensível e empática. Essas tarefas de cuidado atribuídas como naturais às mulheres acabam dificultando sua inserção na cadeia produtiva em igualdade de condições. Entre as pessoas sem educação formal, ao não poder terceirizar tarefas de cuidado, devem aceitar trabalhos de tempo parcial com salários muito mais baixos, a tal ponto que a diferença salarial entre os gêneros nesse setor chega a 35%.

Ou seja, as consequências do estereótipo de gênero não são homogêneas, mas, ao contrário, afetam mais os setores mais pobres.

Sim, claro. Mas ao mesmo tempo afeta a todas e a todos. Eu tive que entrevistar um homem na Holanda, onde 70% das mulheres trabalham em tempo parcial, trabalham quatro dias por semana e um daqueles dias dedicam aos filhos ou ao que quiserem. Os homens podem fazer o mesmo, mas quase nenhum homem escolhe trabalhar em tempo parcial. Quando este senhor disse em seu local de trabalho que queria começar a trabalhar em meio expediente, a primeira pergunta que fizeram foi: “Sua esposa está bem?” E a segunda: “Por que você quer trabalhar meio período, se não está se divorciando e nem sua esposa tem algum problema de saúde? Como este senhor queria ser pai além dos fins de semana, interpretaram que ele não gostava tanto de sua profissão. Isso quer dizer que esse estereótipo também prejudica os homens. O que acontece é que essas consequências são muito mais marcantes entre as mulheres, em termos de desigualdade política e econômica.

Quais elementos dessa desigualdade de gênero você observa em seu trabalho com mulheres políticas na América Latina?

Quanto mais tradicional é um país, mais difícil é superar os estereótipos. E nos países onde a religião tem muito peso, isso se torna mais complicado.É claro que temos diferenças sexuais, as mulheres podem gestar e os homens tendem a ter mais força física. Mas uma coisa é sexo e outra é o gênero como uma construção cultural. Em alguns países, onde as construções de gênero são muito mais binárias e onde há uma valorização dessa diferença, vale mais ser homem do que ser mulher. Mas também em países considerados paraísos de igualdade, como aSuéciaou aHolanda, encontramos essas características estereotipadas na distribuição de papéis. Há algumas questões interessantes a destacar nesse sentido.

Na América Latina, 52% da militância dos partidos políticos são mulheres, enquanto menos de 15% dos secretários gerais e presidentes de partidos políticos são mulheres. Isso é um claro teto de cristal na política. Não é natural que, diante de 52% das mulheres militantes, as cúpulas não reflitam essas proporções. NaGuatemala, perguntei: “Quantos partidos políticos existem?” A resposta foi: “35”. “E quantos são liderados por mulheres?”, complementei. “Quatro”, responderam. O mesmo naSuécia. “Quantos partidos políticos são liderados por mulheres?” “Nenhum”, disseram. E corrigiram: “Sim, existe um: oPartido Feminista“.

Quais são os outros aspectos que você mencionou como interessantes para analisar essas diferenças?

A primeira questão é ter cuidado em assimilar a igualdade numérica com a igualdade substantiva. Fizemos progressos em termos de igualdade numérica, porque as leis de paridade garantem que as listas sejam constituídas em 50% por homens e 50% por mulheres. Mas, além dessa igualdade numérica, que é importante, se trata de construir posições de poder e influência política. A formação das comissões parlamentares é um espaço onde são reproduzidos esses estereótipos. As mulheres são responsáveis pelaComissão de Saúde,Educação,Infância,MulhereseDeficiência, enquanto os homens estão noOrçamento,Obras Públicas,Trabalho. Então, devemos trabalhar nas dimensões da liderança para tender à paridade substantiva.

Quais características você encontra entre as mandatárias mulheres? O que as distingue?

Há muita diversidade nos estilos de liderança, a liderança é uma espécie de armadilha para as mulheres.

Em que sentido?

Se uma mulher mostra atributos considerados femininos, ela é vista como uma líder fraca. Mas se apresenta atributos “ao estiloAngela Merkel“, que são vistos como masculinos, ela é rotulada como desagradável ou não feminina. Como a liderança é pensada a partir de categorias definidas como masculinas, é difícil para uma mulher não ser criticada por seu estilo de liderança. No ano passado, havia apenas 15 chefes de Estado no mundo, há muito poucas mulheres no comando dos executivos.

Seguindo esse raciocínio, como as mulheres são representadas na política no geral, e nos meios de comunicação, em particular?

Existe um duplo padrão. A todo tempo vemos que as mulheres aparecem em sua qualidade como mães. Os meios de comunicação geralmente enfatizam o vínculo que elas têm com seus filhos ou o tempo que a maternidade as ocupa. QuandoHillary Clintonfoi avó, vários meios de comunicação nosEstados Unidosse perguntaram se, por ter se tornado avó, estaria em condições de ser presidenta. A revistaTimespublicou um artigo sobre os prós e contras de uma presidenta avó. Então me ocorreu olhar o que havia sido escrito sobre os homens que eram avós e que haviam chegado à Presidência dos Estados Unidos. Não escreveram uma só linha.Mitt Romneyapresentou 18 netos em campanha, ele tirou foto com 18 netos e ninguém se perguntou: “Pode um avô ser Presidente dos Estados Unidos?”.

Sabemos que é normal tanto para homens como para mulheres serem apadrinhados na política. No entanto, no caso das mulheres, o questionamento dos meios de comunicação é maior: “é a afilhada política de”, “é a esposa ou é filha de” … Quando uma mulher assume uma presidência ou um governo é mais frequente que se pergunte se estará realmente preparada para esse desafio. O mesmo não ocorre com um homem. A isso se soma comentários sobre seu guarda-roupa, aparência física, penteado, maquiagem. Como consequência, os eleitores, em suas avaliações, começam a vê-las com menos credibilidade, como menos confiáveis, menos fortes e diminuem a intenção de votar nas mulheres. Esse tipo de cobertura dos meios de comunicação as empurram mais para o mercado doméstico do que para o político.

Em sua experiência com mulheres políticas em países latino-americanos, você nota diferenças entre os países no estilo patriarcal de fazer política? Quais fatores incidem essas diferenças, se houver?

Em países com uma população nativa significativa e onde as mulheres vivem em uma situação econômica de maior vulnerabilidade – o que tecnicamente chamamos de “dupla minoria” – é claro que o desafio ainda é muito maior do que se fosse uma mulher branca de classe média. Efetivamente, as condições étnicas e a situação socioeconômica dentro do tecido social influenciam o grau de dificuldade, visibilidade e consideração que uma mulher tem dentro de um partido político na hora de adicioná-la a uma lista eleitoral.

Nesses lugares com uma dupla minoria, você observa conquistas a partir do trabalho que está sendo realizado?

Em todos os países se vê muitas mudanças e muito favoráveis, para todo o trabalho que está sendo feito. Embora sejam mais lentas do que gostaríamos, porque levará tempo para isso. Claramente as mulheres estão tendo mais voz, mais acesso, estão se tornando conscientes de seu papel e do espaço que tem para reivindicar o princípio constitucional, mas aqui há espaços em que elas terão que lutar e a luta não será fácil. EmHonduras, uma senhora me contava que quando faltavam medicamentos no estoque era ela que conseguia, que quando havia problemas com a água potável, era ela quem conseguia o caminhão cisterna, que quando alguém teve que transportar alguém, ela sabia onde encontrar a ambulância, mas a cada quatro anos um político homem veio e lhe pediu para conseguir votos das pessoas que ela ajudava. Até que um dia ela se perguntou por que ela não poderia ser a pessoa votada por aquela população. Todas essas mudanças geram uma maior consciência do valor político que essas mulheres têm para suas comunidades.

Essa consciência é suficiente?

Não. Também não impede que, depois de se tornar consciente, você enfrente uma sociedade que é patriarcal e um sistema político machista.

Como as mulheres políticas experimentam o financiamento de suas campanhas? Também nesse aspecto, seus direitos são violados?

Normalmente, as mulheres políticas perdem em matéria de financiamento: são enviadas para os distritos onde tem mais probabilidade de perder e, portanto, contam com menos recursos para suas campanhas eleitorais. O dinheiro que contam define uma posição de poder, assim, a distribuição de recursos simbólicos e econômicos tem um impacto significativo.

Quais medidas concretas estão sendo tomadas?

Para começar, está se trabalhando muito no nível de formação e treinamento de habilidades para mulheres no mundo público. As mulheres vêm com atraso em termos do número de redes que construímos na política. Eu não gosto de falar de “capacitação” porque creio que as mulheres são tremendamente capacitadas, o que fazemos é na verdade treinar habilidades que já temos e que nunca treinamos porque não tivemos a oportunidade de usá-las na política. Habilidades de liderança, negociação, comunicação, organização de uma campanha eleitoral, organização de uma equipe de voluntários para uma campanha, uso de redes sociais. Diferentes organizações, como asNações Unidase aOEA, estão investindo esforços em toda a América Latina para que as mulheres possam aperfeiçoar essas habilidades em campanhas eleitorais.

Outra linha visa propor que os partidos financiem atividades para as mulheres e que elas participem da montagem das listas eleitorais, além de treinar seus quadros masculinos em questões de gênero, porque senão as únicas que avançam em questões de saúde sexual e reprodutiva, de cuidado ou seja o que for, são mulheres.

E em relação aos estereótipos dos meios de comunicação?

Está se trabalhando com os meios de comunicação para deixarem de ser um obstáculo. São realizadas oficinas com jornalistas, editores e gestores dos veículos de comunicação, onde são trabalhadas as características da cobertura e, dentro desta, os preconceitos em relação às mulheres políticas. E onde se pensa o que pode ser feito para melhorar esses tratamentos dos meios de comunicação. Eles mesmos começaram a gerar certas diretrizes: não tirar uma foto de uma mulher que não tiraria de um homem, não chegar com um microfone quando elas estão saindo da escola com seus filhos, estabelecer limites para que não haja diferenças entre uns e outras.

Como chamam a transversalidade da abordagem de gênero?

Aponta para mudanças no enfoque em matéria de políticas públicas. Por exemplo, no que diz respeito à licença-maternidade, se trata de pensar também em uma mudança na licença-paternidade para que as mulheres não sejam as únicas que cuidem de seus filhos. No campo econômico, é preciso buscar a forma em que as mulheres sejam mais favorecidas. Transversalizar o enfoque de gênero exige pensar que o cenário atual não é igual para homens e mulheres e devemos pensar em como nivelá-los. Os sistemas de orientação são muito bons. Trata-se de que as mulheres que já têm experiência na política podem orientar e ajudar aquelas que têm menos experiência.

Fonte: IHU
Por:Natalia Aruguete
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O Projeto Discriminação da Associação de Psiquiatria do RGS – APRS

O fato da Conduta Discriminatória de uma determinada pessoa (discriminador) causar sofrimento mental em outra (discriminado), indica a necessidade de que profissionais da saúde mental devam se interessar pelo tema.logo

O Projeto Discriminação-APRS (PD) tem como objetivo básico a apropriação do estudo pela Psiquiatria da Conduta Discriminatória (CD), cuja origem é basicamente psicológica e que produz sofrimento mental e/ou físico no discriminado podendo chegar, em casos extremos, ao suicídio. O fato da CD de uma determinada pessoa (discriminador) causar sofrimento mental em outra (discriminado), indica a necessidade de que profissionais da saúde mental devam se interessar pelo tema.
Atualmente há na sociedade somente duas instâncias que auxiliam a inibir a CD: os grupos discriminados organizados e seus simpatizantes (organizações governamentais e não governamentais) e o Direito que considera criminosa esta conduta. O Direito já se apropriou do estudo da CD e a considera crime em muitas situações. Mesmo que a questão legal só apareça no final do processo discriminatório. O psiquismo, que está presente – no início, meio e fim do processo discriminatório – ainda não nos motivou a apropriação do seu estudo da maneira como a sociedade contemporânea o considera. Inicialmente, para isso deveríamos encontrar uma denominação-conceito compatível com crime, que é a definição da Ciência Jurídica para a CD nas sociedades mais avançadas. Certamente se a nossa área de atuação encontrar uma denominação-conceito mais atualizada, compatível com a do Direito, estaríamos criando uma terceira instância inibidora desta conduta geradora de sofrimento mental.
Para isso, é necessária uma maior mobilização e participação dos profissionais da saúde mental na discussão da CD. Estamos convidando os colegas interessados para conhecer e aprofundar o estudo sobre esse tema. A partir de encontros/debates decidiremos os próximos passos dentro da instituição. Também iniciaremos a divulgação do PD para profissionais e grupos de Saúde Mental e de Direitos Humanos com o objetivo de agregar outras parcerias que também possam contribuir para o avanço do entendimento do PD.
Interessados em participar do Projeto Discriminação, bem como em textos publicados sobre o tema, devem entrar em contato com o Dr. Telmo Kiguel através do email telki@terra.com.br

A seguir algumas matérias para um melhor entendimento com afirmações/declarações que coincidem com as idéias básicas do PD:

1 – Do Dr. Carlos Augusto Ferrari Filho: Quem é o Discriminador Machista, Racista, Homofóbico, Antissemita, etc.: uma visão psicanalítica

2 – Duas entrevistas com o coordenador do PD: aqui e aqui.

3 – A proposta diagnóstica formulada pela escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, no premiado livro Americanah.

4 – A do secretario-geral da ONU, António Guterres, sugerindo que as discriminações e o desrespeito aos direitos humanos devem ser prevenidos e definidos como doença.

5 – E um vídeo com a opinião do Dr. Drauzio Varella sobre a origem da homossexualidade.

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E por fim, as instituições que apoiam o Projeto Discriminaçã:

O Centro de Estudos Luis Guedes – CELG – do Departamento de Psiquiatria e Medicina Legal da Faculdade de Medicina da UFRGS e do Serviço de Psiquiatria do Hospital de Clinicas de Porto Alegre apoia o Projeto Discriminação – APRS.

celg

O Centro de Estudo de Psiquiatria Integrada – CENESPI – do Departamento de Psiquiatria e Medicina Legal da Faculdade de Medicina da PUCRS e do Serviço de Psiquiatria do Hospital São Lucas – PUCRS apoia o Projeto Discriminação – APRS.

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Os professores da Disciplina de Psiquiatria do Curso de Medicina da Universidade Federal de Ciências da Saúde de Porto Alegre – UFCSPA apoiam o Projeto Discriminação – APRS.

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O Curso de Medicina da Universidade Luterana do Brasil – ULBRA, a Liga de Psiquiatria e a Liga de Medicina de Família e Comunidade apoiam o Projeto Discriminação – APRS.

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O SIMERS – Sindicato Médico do Rio Grande do Sul apoia o Projeto Discriminação – APRS.simers

A AMRIGS – Associação Médica do Rio Grande do Sul apoia o Projeto Discriminação – APRS

5 comentários
Saul Cypel Prof. Livre Docente de Neulogia Infantil      11 de agosto de 2016
Em momento oportuno APRS oferece a oportunidade para tratar da Discriminaçãp de modo abrangente, com sensibilidade para o sofrimento emocional que esta condição desumana produz, introduzindo este debate com outras instituições seriamente interessadas neste tema.
Meus cumprimentos por esta escolha que certamente trará resultados úteis à nossa sociedade.

Olga Garcia Falceto        12 de agosto de 2016
Boa iniciativa! Trabalho muito necessario e atualíssimo!
grande abraco,
Olga Falceto

Flavio Aguiar          12 de agosto de 2016
Muito oportuno e com boa direção. Mais que necessário nesta nova era que se abre diante de nós, e que se pode chamar de era Temer-Cunha-Feliciano. Flavio Aguiar.

Ellis Busnello      15 de agosto de 2016
“Gostaria de nesse momento parabenizar a nossa APRS pela oportuna iniciativa, dada a importância prioritária que é lidar com a CD. Trata-se no entender nosso de uma Prioridade porque preenche os requisitos por ser ela Grave, de Prevalência Alta bem como de Importância Médico Social, e por naturalmente não ter até o presente momento recebido esta caracterização de ser uma Prioridade Psiquiátrica e/ou de Saúde Mental. Creio ter deixado claro os motivos pelos quais nós os Médicos e ainda mais os
Médicos Psiquiatras temos o dever de colocar na linha de frente das nossas atividades a colocação da Conduta Discriminatória, com possível vista a ser incorporada à toda atividade da Prática Psiquiátrica. Pela sua própria natureza de lidar com Doenças e /ou Transtornos Mentais, compreendendo uma vasta gama de comportamentos com condições de surgimento e tempos de duração que os expõem à possibilidade de serem Conduzidos Discriminatoriamente, mesmo quando na busca de proporcionar um maior nível de Saúde Mental para todos, penso ser um Compromisso e um Dever das Associações Psiquiátricas Brasileiras e orgulhoso de saber que a APRS emprestou a devida importância ao estudo do tema.”

Aracy Albani           19 de setembro de 2017
Parabéns pela iniciativa. Muito sucesso nessa tarefa complexa, necessária para termos uma sociedade mais justa e solidária.

Fonte: Projeto Discriminação da Associação de Psiquiatria do RGS – APRS

Machistas protegidos nas Universidades

“Não deveria ter que me preparar para ser estuprada quando vou trabalhar na Faculdade de Medicina”.

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Maior relatório já feito sobre assédio sexual na ciência dos EUA revela um abuso sistemático

Seus amigos, aqueles que não tinham nada a ver com a medicina, não podiam acreditar. “Você está de brincadeira, né?”, perguntaram-lhe. Já os colegas e funcionários da faculdade onde trabalhava pediam para deixar para lá. “Se você relatar isso vai se dar mal. Você não vai querer armar um escândalo.” Essa mulher, membro de uma faculdade de Medicina nos Estados Unidos, sabia que seus colegas da instituição tinham razão, mas sabia também que o que havia ocorrido, e continuava ocorrendo, era demais: “Não deveria ter que me preparar para ser estuprada quando vou trabalhar”.

Este é só um entre dezenas de depoimentos citados no relatório intitulado Assédio Sexual Contra as Mulheres: Clima, Cultura e Consequências nas Academias de Ciência, Engenharia e Medicina, que essas três instituições norte-americanas publicaram na terça-feira. Trata-se da análise mais exaustiva já escrita sobre o tema, trabalhada durante mais de dois anos e baseada em centenas de estudos, entrevistas, estatísticas e relatórios feitos desde a década de oitenta. Suas conclusões apenas salientam uma realidade cada vez mais visível e menos surpreendente: mais de metade das mulheres nesses três âmbitos, e em todos os níveis (alunas e professoras), já sofreram algum tipo de assédio – trabalhista, sexual ou ambos –, abusos, agressões sexuais, desprezo ou menosprezo profissional e pessoal durante sua formação ou no exercício da profissão.

 

“Embora haja cada vez mais mulheres nos campos científicos, assumindo responsabilidades e liderando pesquisas, os dados indicam que isto ocorre com muita frequência”, comentava na terça-feira Marcia McNutt, presidenta da Academia Nacional de Ciências, segundo quem essa “cultura” provoca uma clara devastação nas mulheres, tanto em nível pessoal quanto profissional, e na sua saúde física e psíquica. “É também uma perda tremenda dos recursos humanos, de potencial, de talento e de investimento nesse talento.” Com a agravante de que as políticas e os protocolos atuais para controlar esta situação não dão sinais de funcionar, e as consequências costumam ser o freio às carreiras profissionais das mulheres ou mesmo o abandono.

Para a presidenta, o relatório foi publicado na hora certa, depois que o movimento Me Too rompeu o obscurantismo e o silêncio de milhões de mulheres no mundo, dando início a um movimento global e crescente de conscientização e rechaço a essa violação constante de seus corpos, suas aptidões e suas vontades. Frente a isto, a resposta das instituições é contundente: mudar é não só urgente como também imprescindível. E para essa mudança, observou McNutt, as academias e as organizações públicas e privadas devem criar um ambiente totalmente diferente, que consiga evitar esse assédio a partir do primeiro indício: “Nosso relatório oferece soluções específicas para os diferentes espaços, para poder reduzir ou eliminar esse assédio. É necessária uma cultura baseada na diversidade, na inclusão e no respeito”. Algo que, no momento, não ocorre.

mac2Uma das infografias que a Academia preparou para resumir algumas das recomendações que apontam no relatório.

O pesquisador Kevin Swartout, da Universidade Estadual da Geórgia, foi o encarregado de montar o quebra-cabeça com os dados dos sistemas da Universidade do Texas, aos quais foram posteriormente acrescentados os da Universidade Estadual da Pensilvânia, para oferecer uma visão mais ampla; uma base de mais de 10.000 graduandos, pós-graduandos e professores que revelou um comportamento constante de assédio por parte do professorado ou dos outros funcionários. “Cerca de 20% das estudantes de ciências (graduação e pós) já o sofreram, mais de uma quarta parte das alunas de engenharia, e mais de 40% das estudantes de medicina”, diz o relatório, referindo-se à pesquisa da instituição texana. “Na Pensilvânia, realizou-se uma pesquisa similar, que encontrou resultados parecidos: 33% das estudantes de graduação, 43% das pós-graduandas e 50% por cento das estudantes de medicina.”

Não foram obtidas cifras conclusivas com relação a grupos minoritários, mas o estudo indica que as mulheres pertencentes a coletivos LGTBIQ ou da raça negra são alvos mais habituais do que qualquer mulher branca e heterossexual. Outros dados da pesquisa revelam as mesmas percentagens, e os autores consideram que isso não deveria surpreender. “Os funcionários de instituições acadêmicas têm a segunda maior taxa de assédio sexual [nos Estados Unidos], com 58% (os militares têm a taxa mais alta, 69%)”.

As pesquisas foram completadas com quarenta entrevistas com profissionais de todos os campos, de diferentes idades e níveis. Cerca de metade denunciou algum tipo de assédio físico, mas o psíquico também se revela como uma importante aresta a aparar. “A maioria deles degrada a mulher, encerrando-a no local de trabalho, menosprezando-a frente a outros colegas, dizendo-lhes que não são tão capazes como os outros, ou falando mal delas para o resto… Não é só tocar ou invadir sexualmente, é algo em nível mais intelectual. Tentam fazer esses jogos mentais para que você não possa se defender fisicamente”, aponta uma professora-assistente de Engenharia entrevistada no estudo.

Comentários sexistas, piadas reiteradas e alusões que degradam as mulheres no âmbito pessoal ou profissional foram uma constante que os pesquisadores encontraram ao reunir essa informação. Eles citam quatro aspectos que se dão nesses locais de trabalho como algumas das causas destas atitudes: “A dependência em relação aos assessores e orientadores para o avanço profissional; o sistema de meritocracia que não leva em conta a diminuição na produtividade como resultado do assédio sexual; a cultura machista em alguns campos; e a rede informal de comunicações, através da qual se difundem rumores e acusações dentro e através de programas e campos especializados”. E acrescentaram cinco fatores que poderiam explicar, em parte, esse assédio generalizado: a percepção de tolerância frente a tais atitudes, uma maioria de homens nesse entorno, a férrea hierarquia – que além disso costuma concentrar muito poder em poucas mãos –, sem a educação nem as ferramentas para lutar contra isto, e um enfoque ruim das leis que regulam o assédio nas instituições.

O estudo explica que, muito frequentemente, a interpretação judicial dessas leis incentiva as instituições a criarem políticas que se centram mais em um cumprimento simbólico da legislação e em evitar a responsabilidade do que em realmente prevenir o assédio. Ou seja, normas que acabam protegendo quem comete o assédio, e não a vítima, o que foi definido como “desalentador”. “Ao mesmo tempo em que se investe tanto dinheiro e energia em atrair e reter as mulheres nestes campos, frequentemente elas são intimidadas ou expulsas de sua carreira. Mesmo quando permanecem, sua capacidade de contribuir e avançar pode se ver limitada como consequência do assédio sexual, seja de forma direta, pelo assédio ambiental no entorno em seu departamento, programa ou disciplina, ou através de represálias e por serem tratadas como traidoras depois de relatarem formalmente o assédio”.

Por isso, entre outros estudos, Fazer Frente ao Assédio Sexual: Reconceitualizar a Resistência das Mulheres (2002), de Vicki J. Magley, descobriu, com uma base de dados de mais de 15.000 mulheres, que com frequência as respostas eram ignorar ou tentar apaziguar o assediador. Raras vezes ele era confrontado, e sempre havia uma tentativa de manter boas relações com ele. “Por exemplo, 74,3% das mulheres em um dos sete conjuntos de dados analisados por Magley evitavam o seu autor, 72,8% se distanciaram psicologicamente da situação, 69,9% suportaram a situação sem tentar resolver o problema, e 29,5% tentaram acalmar o seu algoz inventando uma desculpa para explicar seu comportamento.”

A história de sempre. Culpabilização, medo de não serem acreditadas num primeiro momento e do descrédito posterior, e de serem pisoteadas, maltratadas ou de suportarem represálias depois. Algo que está bem refletido no testemunho de uma pesquisadora de medicina que, após sofrer vários tipos de assédio trabalhista e sexual, acabou informando ao diretor de seu programa, que deixou o assunto nas mãos do chefe da instituição em questão; foi ele quem lhe disse que ela recordava a sua ex-mulher – “a quem todos sabíamos que odiava”, comenta a médica no relatório – e que se ela chorasse menos talvez tivesse mais amigos. “A partir daí, a qualificação que fazia do meu trabalho simplesmente foi ladeira abaixo.”

mac3O iceberg do assédio.

Algo incompreensível em todos os níveis. Décadas de pesquisa demonstraram como a indústria e a pesquisa ganham em qualidade quando sua força trabalhista é diversificada. “Esse assédio contínuo tem consequências para o avanço do bem-estar econômico e social do país e sua saúde pública em geral”, sentencia o estudo.

O panorama propõe uma série de mudanças profundas, estruturais, que segundo a Academia devem ser levadas em conta desde já e que se resumem em 15 recomendações não só para sua própria organização, mas também para outros órgãos federais, e políticas para que essa guinada rumo a um mundo mais inclusivo possa chegar a todos os cantos. Entre essas recomendações estão: abordar de forma direta o assédio sexual e ir além do mero cumprimento das leis para alterar pela raiz a cultura e o ambiente nessas instituições; gerar ambientes mais diversificados, inclusivos e respeitosos; melhorar a transparência e a responsabilidade em todos os níveis; reduzir ao máximo essas relações hierárquicas tóxicas que se dão entre as alunas e o professorado, com um poder tremendamente concentrado e que paira sobre o futuro das estudantes; sempre dar apoio à vítima; começar investigações que possam continuar revelando essa realidade; e iniciar mudanças legislativas e políticas para paliá-la.

Há muitos detalhes e conselhos oferecidos nas mais de 300 páginas deste trabalho, que começou a ser preparado há mais de dois anos, quando o Comitê de Mulheres em Ciência, Engenharia e Medicina propôs a criação de um grupo especial para analisar o passado e o presente do assédio sexual em suas áreas, avaliar o impacto que ele causa e estabelecer as bases para sua prevenção e erradicação no ambiente acadêmico. Cientistas, engenheiros, médicos, especialistas no tema, juristas e psicólogos se puseram então a colher e esmiuçar a literatura existente. E, embora tenham radiografado também a si mesmos, esqueceram uma das engrenagens do seu próprio maquinário.

Parte da comunidade científica, sobretudo mulheres, notaram a ironia da publicação deste relatório quando entre suas próprias fileiras há cientistas que pedem demissão ou são demitidos de seus empregos após serem acusados por estas condutas, mas continuam vinculados à Academia. É o caso do caçador de planetas Geoff Marcy, que se demitiu de seu cargo em Berkeley (Califórnia) em outubro de 2015, do neurocientista Thomas Jessell, despedido em abril da Universidade de Columbia, e de Inder M. Verma, o biólogo molecular que está em “licença” no Instituto Salk de Estudos Biológicos, onde trabalha desde a década de setenta, e que renunciou em 1º. de maio ao posto de editor da revista Proceedings, da própria Academia Nacional de Ciências, depois que a publicação Science denunciou que oito mulheres o haviam acusado de abusos sexuais.

Mas há mais. A cientista Julie Libarkin, da Universidade Estadual de Michigan, que criou em 4 de junho um site para denunciar o assédio em sua área, o MeTooSTEM, vem desde a década de oitenta ampliando uma base de dados sobre o assédio sexual que já acumula mais de 600 casos. A revisão desses nomes pelo The Washington Post revelou que há até cinco homens já punidos por assédio sexual que continuam sendo membros das Academias Nacionais norte-americanas, e três que ainda fazem parte de pesquisas com subvenção pública. A Academia Nacional de Ciências, criada pelo Congresso dos Estados Unidos em 1863, tem como acadêmico médio um homem branco de mais de 70 anos; os novos membros são escolhidos pelos atuais, e suas vagas são vitalícias. Haja o que houver.

Em maio, BethAnn McLaughlin, professora-assistente de neurologia na Universidade Vanderbilt, iniciou uma petição no Change.org para exigir às academias que destituam seus membros se tiverem sido condenados por assédio sexual ou trabalhista ou por agressões, algo que atualmente, conforme seus próprios estatutos, encalhados em algum ponto do século XX, é impossível. Os presidentes das três academias aludiram ao assunto no final de maio e asseguraram que tinham começado a tratar o tema dos “padrões de conduta profissional para os membros”. Outras instituições, como a Sociedade Astronômica Americana e a União Geofísica Americana, já alteraram pelos mesmos motivos suas políticas de expulsão. Talvez as Academias Nacionais também devessem começar por aí.

Fonte: Instituto Humanitas Unisinos
Fonte original: El País
Por: Isabel Valdés
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