A maçã, a desobediência, a inveja, a angustia, o vazio, a vaidade, as drogas e a morte

O Poder e o dinheiro são drogas mais perigosas do que o álcool, o tabaco, a coca, a morfina e a maconha. Nada se compara com o que o poderoso Hitler fez ao assassinar milhares de pessoas.

 

Anestesia para la Vida

En la manzana y su mordisco encontramos lo propio del hombre: La Desobediencia. Cuestionar todo lo que se nos propone como un posible hacer, por lo demás, donde hay poder hay resistencia. Sabido es que el bípedo humano tiene un aparato de confrontaciones llamado cerebro. En aquel primer acto de simbolismo cristiano no sólo encontramos la desobediencia sino que ésta misma está imbestida de envidia, de imitación, se quiere tener el mismo poder o las mismas facultades de aquel otro que se presume como superior, queremos ser como el otro al que admiro, al que quiero imitar. Cuando no se logra emular o superar el objeto de deseo, entonces la envidia frustrada estalla en violencia. Acá el deseo inmediato es el de la imitación, pero existe el que se corresponde con devenires, con flujos de deseos, con torbellinos que simplemente van copando una existencia, una manera de existir, como Alicia en el País de las Maravillas en donde la imaginación crea mundos posibles por irreales que parezcan.

También compete a la existencia humana no sólo el querer imitar sino también la angustia, ese miedo hacia el vacío espiritual o de sentirnos que tenemos que darle cuerda al reloj de la vida, ha de recordarse que lo propio de lo humano es la consciencia del tiempo, de saberse finito, de saberse que sus pasos avanzan hacia su destino final qué es la muerte, por eso apuramos los pasos queriendo inmortalizarnos en alguna vanidad que puede ser el Poder… acumular poder para hacernos importantes y recordados por esos otros que rodean y celebran a su jefe, el poderoso que se inmortaliza sumando las servidumbres voluntarias de quienes precisan de los amos.

Otras drogas además del Poder, está el dinero y el trabajo mismo, éstas más peligrosas que otras que consideramos inofensivas comparadas con aquellas, las que habitualmente conocemos como drogas: alcohol, tabaco, coca, morfina, marihuana. Decimos inofensivas porque no se puede comparar una matanza de millones de personas del poderoso Hitler con una raponada de una pulsera que pueda hacer un insignificante marihuanero, como tampoco se puede comparar al ladronzuelo hambriento con el opulentto terrateniente que masacra campesinos para quedarse con sus tierras, o la de los grandes capitalistas que usurpan los recursos de la naturaleza y hacen morir de hambre a millones de miserables que nada tienen.

Éste preámbulo, está antesala para develar la fragilidad de la existencia humana que se soporta en la angustia existencial y en su manera de remediarlo, de darle solución mediante las drogas. Si tenemos dolor existencial se procura entonces de suministrar anestesia que alivie nuestra angustia, por ello la tesis serresiana de que somos seres drogos o toxicómanos, vivimos en medio del desespero aliviando el miedo a morirnos y a tratar de que el reloj no se detenga o no vaya demasiado rápido y nos arroje en la tumba de la nada o del olvido.

Otra gran proposición sería la manera como la humanidad misma ha dado soluciones a esta condición humana de la gran angustia, de seres temerosos porque se acaba el tiempo y porque la muerte nos espera sin importar qué atajos escojamos. Por ejemplo, remontando la mirada observamos grandes sistemas de organización social predominantes y publicitados. Quién no ha escuchado de sistemas esclavistas, hombres dueños de otros hombres de pies a cabeza, de toda su energía, los podían disponer como cargueros humanos o para lo que fueran, tomarlos o dejarlos, en plaza pública eran exhibidos, ofertados y entregados el mejor postor. Eso en el sistema social esclavista. Luego conocemos el feudalismo, los señores dueños de la tierra, los pequeños feudos, la explotación de la tierra y las manos campesinas que la araban. El otro gran sistema social es el más conocido y el que aún tenemos que basa la explotación no ya en la tierra, en los feudos, sino en el mundo fabril, en las urbes están las fábricas con sus ejércitos de obreros, no ya de campesinos, no, allí son humanos que no tienen tierra, su mayor riqueza son sus brazos para alquilarlos a la fábrica.

Esta gran caricatura para mostrar los encuadramientos, las maneras en que los hombres son encuadrados u organizados, todo entroncamiento a la perfección con lo que venimos sugiriendo: un hombre angustiado y con miedo necesita de un entretenimiento, de un algo con lo que pueda llenar su tiempo, con lo que pueda llenar su existencia, y el trabajo sí que ocupa la vida y la llena de esperanza, tal y como lo conocemos en estos sistemas de organización social: todo el tiempo se está preparando la vida. Naces y se te dispone una escuela para que te apropies de unas competencias para la vida, tienes que ser útil, el trabajo significa la existencia, recibirás un salario con el cual vas materializando sueños que la cultura tiene en alta estima: te casarás, contraerás matrimonio, tendrás hijos, te sentirás realizado, comprarás un carro, te endeudará en una casa, en la vivienda ideal que publicitan los grandes constructores de las familias sonrientes de la felicidad plena.

En el capitalismo será muy importante la propiedad privada, acumular, el progreso es sinónimo de mayor acumulación, no importa lo absurdo que sea, no importa si no alcanzas a gastarte tu fortuna en vida tal y como le sucede al 1% de la población, extremadamente rica, y en el otro extremo el 99% que nada tiene y que por el contrario vive sorteando la miseria, la escasez. Incluso acá una pregunta es pertinente, qué pasa para que ésta desproporción, para que ésta inequidad se mantenga, qué pasa que ese 99% no de releva contra ese 1%?

Si el deseo de imitar al otro, si la angustia es constante en nuestra existencia humana, nada raro que estos sistemas sean la gran anestesia que nos alivie del sufrimiento, es comprensible que dediquemos todas nuestras existencias a las servidumbres voluntarias, de estar atados, encadenados a todo aquello que se nos presenta como normal y nos ofrece seguridades  así sólo sean imaginarias, paradigma de la vida, que se nos presenta como grandes logros: tener un trabajo, una familia que nos infla el ego, que nos enorgullece, mi hijo estudia tal o cual profesión, está en aquella empresa, es importante político que amasó grandiosa fortuna.  La mayoría soñadores en que algún día alcanzarán un mejor vivir sirviendo a los de arriba de la pirámide social. Todos vamos en carrera loca por alcanzar un algo de tener, recordemos que la propiedad privada es el templo del capitalismo, por ella nos batimos a muerte, nos peleamos contra quién de manera ventajosa correo los linderos sobre nuestra propiedad, o salimos de huídas del asesino o paramilitar o terrateniente que nos amenaza de muerte sino nos dejamos robar la propiedad.

La anestesia alivia el miedo que le tenemos a morir, de sabernos que el tiempo se nos acaba, que nos llegará el final, nos llegará la existencia de la nada. La anestesia nos alivia de la angustia de vivir. Pero una cosa sí es legítima, y es poder reclamar el tipo de vida que queremos llevar, si preferimos seguir como borregos con las servidumbres voluntarias que nos vuelven simples piezas de máquinas bien sea empresariales, de gobierno o de politiqueros baratos de esos antilibros, antiacedemia… Decíamos de lo legítimo que es seguir como borregos, obedientes sirviendo toda una vida o revelarnos y construir existencias más libres, más éticas, más estéticas, más dignas, en fin escoger nuestra propia droga, nuestra propia anestesia.

Por: Mauricio Castaño H., Historiador
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Nesta igreja não é necessário crer em Deus

É presbiteriana mas frequentada por católicos romanos, judeus e ateus. Não é necessário compartilhar uma crença no deus cristão nem em qualquer outro. Sua agenda social é mais importante do que a religiosa.

Gabby Jones para The New York Times

La iglesia activista donde no importa si crees en Dios

En las reuniones en la Rutgers Presbyterian siempre hay fieles presbiterianos, claro. Sin embargo, la mayor parte del tiempo, también hay católicos romanos y judíos, así como algunas personas que se consideran a sí mismas solo algo espirituales. En un sermón dominical reciente, en el que se habló de los peligros de los vegetales genéticamente modificados, estaba Valerie Oltarsh-McCarthy, quien en realidad es atea.

“Nunca pensé que fuera a suceder esto”, comentó Oltarsh-McCarthy, en referencia al vínculo que ha forjado con la comunidad de la iglesia, aunque no con los dogmas de su fe. Según la mujer, lo que la llevó a la iglesia fue “algo en el espíritu de Rutgers y algo en el espíritu del mundo exterior”.

Katharine Butler, una artista, se sintió atraída a asistir a Rutgers Presbyterian cuando pasó caminando al lado de un letrero en la calle que promocionaba el activismo ambientalista de la iglesia. Pronto, Butler también se involucró en aspectos más tradicionales del recinto religioso.

“No puedo creer que esté haciendo esto; cantando y participando en todas esas cosas”, dijo Butler. “Fue maravilloso encontrar toda una colectividad involucrada en la comunidad y en ayudar”.

Normalmente, el tejido conectivo para cualquier congregación es tener una fe compartida.

No obstante, Rutgers, una iglesia relativamente pequeña ubicada en el Upper West Side de Manhattan, funciona distinto. No es necesario compartir una creencia en el dios cristiano ni en cualquier otro. En cambio, la comunidad está unida por otras convicciones y se reúne para trabajar en iniciativas de justicia social, activismo de combate al cambio climático, programas de alimentación para personas indigentes y un grupo de apoyo a familias refugiadas.

Los lugares de culto —entre ellos iglesias cristianas de una gran variedad de denominaciones, así como sinagogas— se han posicionado en Estados Unidos como fuerzas impulsoras de ciertos temas progresistas, pues en ese país promueven el activismo en causas de justicia social e invitan a unirse a la comunidad LGBTQ. Sin embargo, los académicos especializados en religión afirman que Rutgers parece estar en una nueva posición: su agenda social en ciertos aspectos ensombrece a la religiosa.

“Rutgers se ha reinventado de forma periódica a medida que el Upper West Side ha pasado por cambios como este”, dijo James Hudnut-Beumler, un profesor de historia religiosa estadounidense en la Universidad Vanderbilt. “Esta no es su primera reinvención, pero es una de las más interesantes”.

El enfoque de Rutgers refleja cómo han cambiado fundamentalmente aspectos de la espiritualidad. En Nueva York, quien sea que entra en el santuario modesto de ladrillos y caliza ubicado en la calle 73 Oeste encuentra un lugar donde hay más eventos de recaudación de fondos, de activismo y de vínculos con el vecindario que sermones.

“La gente que por lo regular se siente marginada o rechazada en las congregaciones típicas —gente más reflexiva, por así decirlo, o a la que le gusta más cuestionar temas de la fe— comenzó a reunirse en nuestra congregación”, dijo el reverendo Andrew Stehlik, el pastor de mayor jerarquía en Rutgers. “Los llamamos amigos de la iglesia. A menudo, son una parte considerable de la comunidad que acude al templo”.

Las denominaciones protestantes como el presbiterianismo han visto una reducción en el número de sus seguidores en años recientes. Para abordar el problema, algunos pastores están en busca de nuevas formas de usar sus iglesias y redefinir el significado de “hermandad”.

Después de todo, las iglesias tienen el espacio y la buena voluntad para comprometerse con los trabajos comunitarios, la justicia social o los proyectos artísticos o educativos. Además, abrir las puertas de esta manera puede atraer a aquellos que buscan algo más que una clase de estudio de la Biblia.

“Solo basta darles la bienvenida a quienes son inquiridores”, mencionó Stehlik.

La historia de la iglesia Rutgers se remonta a 1798; su nombre proviene de la calle en el Lower Manhattan donde abrió su primer santuario. La congregación ha rendido culto en el Upper West Side desde 1888 y ahora tiene poco más de cien miembros. La iglesia ya lleva décadas cerca de la intersección bulliciosa de la calle 73 Oeste y Broadway, donde se exhibe su actitud “progresista sin remordimientos”, como lo describe Stehlik.

Un inmenso cartel de Black Lives Matter (La vida de personas negras importa, movimiento que aboga por un mejor trato del sistema judicial hacia la comunidad afroestadounidense) está colgado al frente de la iglesia, y cerca hay coloridas banderas de plegarias tibetanas. En el interior, hay broches con las que los devotos declaran suidentidad de género: él, ella, elle. Y durante los servicios, los fieles recitan alternativas al Padre Nuestro que usan un lenguaje más incluyente.

Gabby Jones para The New York Times

 

Para algunos, el atractivo de Rutgers se origina en las frustraciones y ansiedades que se han enraizado en años recientes en los vecindarios con tendencias izquierdistas como el Upper West Side, las cuales han sido avivadas por las políticas y la retórica del gobierno de Donald Trump. La iglesia, cuya comunidad mayoritariamente blanca proviene del vecindario que la rodea, se ha vuelto un santuario político para los llamados miembros asociados, que son parte de la congregación, pero no tienen la misma fe.

“De alguna manera, es parte de su ADN el que siempre estén pensando en los demás y en cómo hacer que el mundo sea justo”, mencionó Katharine Butler, la artista y una de las integrantes asociadas. “Aunque no lo hacen solo mediante el proselitismo y la denuncia, sino al poner manos a la obra. Hay muy poca moralización o cuestiones como las que me desanimaban cuando era más joven”.

Clare Hogenauer entiende el atractivo del espíritu progresista de la iglesia. Como abogada, se ha manifestado en contra de la pena de muerte y hace algunos años protestó sin ropa en Times Square en apoyo a artistas cuyo cuerpo desnudo había provocado controversia. Sin embargo, el activismo no es la razón por la que es una asistente regular a Rutgers.

“Lo que más me gusta es el aspecto social”, afirmó Hogenauer, de 71 años, quien ahora depende de una andadera y llegó a la iglesia por primera vez simplemente porque está cerca de su apartamento. “Me importan mucho las personas, y yo les importo a ellas”.

Durante un servicio dominical reciente, le pidieron a la gente que compartiera sus alegrías, penas y preocupaciones.

Hogenauer habló sobre su dilema de salud. Dijo que un medicamento que le recetaron para tratar un dolor severo funcionaba, pero también la hacía sentir cansada y atontada. No sabía qué importaba más: el alivio de un malestar físico intenso o una mente despejada.

Dijo que lo quería compartir con ellos pues quería que su comunidad supiera lo que estaba pasando en su vida. No pedía sus plegarias, mencionó, pero rezaron por ella de todas formas.

Por: Rick Rojas
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Faça amor não faça a barba

– Papai, eu tenho uns colegas do 6º ano que dizem que você parece um mendigo quando vai me buscar na escola. Tomado de uma curiosidade antropológica irresistível, pedi que o moleque me explicasse melhor o porquê daquela percepção dos colegas.

Outro dia, enquanto tomava fôlego entre uma e outra mordida nos seus sushis e sashimis preferidos, meu filho faz o seguinte comentário:

– Papai, eu tenho uns colegas do 6º ano – meninos na faixa dos onze, doze anos de idade – que dizem que você parece um mendigo quando vai me buscar na escola.

Tomado de uma curiosidade antropológica irresistível, pedi que o moleque me explicasse melhor o porquê daquela percepção dos colegas.

– É porque você vai de bermuda, chinelo e barba grande.

Esses colegas do meu filho associam vestimenta e estética corporal a uma determinada posição do indivíduo na escala social. A mendicância é um estigma, representa a falta de decência moral, equivale praticamente a um crime numa sociedade que valoriza os indivíduos pelo que têm e não por sua postura ética. É a criminalização da pobreza. É a lógica do “você é aquilo que você consegue comprar”. Não se contentam com nada menos do que os melhores celulares, as melhores chuteiras, o melhor sinal de Wi-Fi para jogar aqueles joguinhos interativos do qual entendo bulhufas.

A representação do sucesso nessa sociedade baseada na imagem e no consumo que a alimenta é, seguindo a lógica da galerinha que está às portas da adolescência, um homem na faixa dos quarenta anos que vai buscar o filho trajando um impecável terno e com a barba e o bigode devidamente aparados ou, simplesmente, ausentes, naquele estilo que nós, cariocas, costumamos chamar de “bundinha de neném”.

Fiquei matutando sobre tal percepção da realidade, tal visão de mundo e os valores a ela vinculados. Olho para mim no espelho e não consigo me enxergar sem a barba, cada vez mais branca, é verdade, traço indefectível de minha personalidade e que, modéstia à parte, deixam-me um pouco menos intragável visualmente. Sou um mendigo com doutorado, vejam vocês. Desprezo quem faz apologia à tortura, festejo a diversidade sexual, acredito piamente que a “mão do mercado” é uma falácia, uma historinha pra boi dormir, pra inglês ver. Por outro lado, o pai de terno e barba feita pode ter o colarinho branco, se é que vocês me entendem, porque pra bom entendedor, meia palavra basta. Estereótipos, estigmas, vento que venta lá, venta cá. Miséria material, miséria moral.

A barba por fazer é compreendida como sujeira, falta de higiene, de asseio, falta de banho. Mas ela é muito mais do que isso, ela incomoda porque é uma sujeira simbólica, porque, como dizia a antropóloga Mary Douglas, sujeira “é tudo aquilo que está fora do lugar”, é tudo aquilo que transgride uma determinada ordem das coisas, que desafia o certo e o errado, que questiona e não se curva à “impenetrabilidade da pedra”.

A barba, especialmente aquela pujante e desgrenhada, indomável, indócil, descontrolada, subverte. Nada mais apropriado do que a cultivarmos com carinho nos dias que correm, certo?

Os Estados Unidos cheira a podre por ter um presidente racista

Trump é racista. É um problema de caráter a que se soma o sexismo e a xenofobia. “Resumindo, o racismo é malévolo porque sua lógica de fundo é o genocídio”. A boca que desdenha nem sempre está conectada com a mão que destrói, mas compartem o mesmo espírito e desejo de causar dano.

En Estados Unidos huele a podrido y es por un presidente racista

Es desesperante ser tan repetitivo y seguir señalando que Donald Trump es racista, pero alguien tiene que hacerlo. Es necesario porque se trata de un problema fundamental de carácter, que arruina y determina muchos otros rasgos, casi de la misma manera en que lo hacen su sexismo y su xenofobia.

El sábado, Trump tuiteó que el distrito del representante Elijah Cummings era “un caos terrible, infestado de ratas y roedores”, un “lugar muy peligroso y sucio”; además afirmó que “ningún ser humano querría vivir ahí”. Cummings es de raza negra, como la mayoría de las personas que viven en su distrito.

El hecho de que utilice el verbo “infestar” revela en gran medida sus percepciones, pues al parecer solo lo aplica a problemas que involucran a personas negras y de tez morena. Criticó las “áreas infestadas de ébola en África”. Dijo que el distrito de Atlanta del congresista John Lewis está “infestado de delincuentes” y le recomendó concentrarse en “los barrios pobres de Estados Unidos infestados de criminalidad, un tema imperioso”. Comentó que las ciudades santuario son un “concepto infestado de criminalidad y semillero de la delincuencia”. Advirtió que los “inmigrantes no autorizados” vendrán “en bandadas e infestarán nuestro país”. También describió la presencia de miembros de la pandilla MS-13 “en ciertas partes del país” como una “infestación”.

En ninguno de esos casos se refiere a la delincuencia como un fenómeno discreto, sino quevincula inextricablemente la criminalidad con las personas de tez oscura. Los partidarios de la supremacía blanca no siempre consideran a las personas de raza blanca como superhombres; en muchos casos, más bien clasifican a laspersonas que no son de raza blanca como subhumanos.De cualquier manera, el punto es establecer una jerarquía en la que la raza blanca ocupa la posición superior.

Un estudio de los tuits de Trump revela que cuando asocia la criminalidad con grupos de la población, casi siempre se refiere a personas de raza negra o tez morena y a “barrios pobres”, un eufemismo urbano para referirse a vecindarios de gente negra y morena.

Trump no ha perdido ninguna oportunidad para mostrar su postura, desde el caso de los Cinco de Central Park hasta una serie de tuits que publicó en 2013, cuando escribió: “Por desgracia, la impresionante cantidad de delitos violentos que ocurren en nuestras principales ciudades son cometidos por personas negras y morenas —un tema difícil— y debemos hablar de eso”.

Hay que dejar claro que las personas de raza negra no son más propensas a abusar de otros, como tampoco alguien es más propenso a abusar de los opioides solo por ser blanco. Los seres humanos respondemos a nuestro entorno, a nuestras necesidades y deseos, así como a nuestra desesperanza.

Por ejemplo, en Nueva York aumentó mucho la delincuencia en el siglo XIX, cuando casi no había personas de raza negra en la ciudad.De hecho, en 1985, un escritor y cronista prodigioso de la ciudad de Nueva York, Edward Robb Ellis, escribió en The New York Times sobre un ciudadano que se quejaba en 1852 porque “el incremento de la tasa de delincuencia, la violencia y frecuencia de los ataques a ciudadanos comunes y corrientes por la noche en la ciudad, y la… estupidez e ineficacia de la policía son motivo de gran alarma entre el segmento de la ciudadanía que actúa con decencia y respeta la ley”.

Según Ross, el propio Walt Whitman afirmó: “Nueva York es una de las ciudades más plagadas de delitos y más peligrosas de la cristiandad”.

¿Los blancos que vivían en Nueva York en esa época estaban predispuestos racial y patológicamente a la criminalidad? Por supuesto que no. Tampoco lo están las personas de tez negra y morena en la actualidad. Los racistas no consideran en absoluto ese contexto histórico y sociológico.

Lo peor es que no hay nada positivo en el lenguaje que usa Trump. Cuando hay infestaciones, existe justificación para exterminar la plaga.Por algo Martin Luther King Jr. dijo: “En resumidas cuentas, el racismo es malévolo porque su lógica de fondo es el genocidio”. Quizá la boca que desdeña no siempre esté conectada a la mano que destruye, pero sin duda comparten el mismo espíritu y el deseo de causar daño.

Sería fácil exponer fundamentos para un juicio en contra de Trump por motivos de política pública, pero las políticas no están en la naturaleza de la criatura. Más bien, en su naturaleza están la supremacía blanca, el nacionalismo blanco y el patriarcado blanco.

Este hombre es, en esencia, racista, y esa perspectiva está tan fundida con su sentido del mundo que no es capaz de reconocer que es racista. Su instinto es atacar a las personas negras.Para él resulta natural denigrar los lugares en los que viven y los países de sus ancestros.

Está tan convencido de las ideas que defiende la supremacía blanca, que su ideología ya no necesita ninguna etiqueta, según cree. Para él, esta mentira es precisamente la verdad y, si algo está “bien”, no puede ser racista.

Los racistas han operado de esta manera a lo largo de la historia para evitar que los asocien con aquellos que azotaron la piel de los esclavos, con quienes violaron a las mujeres y vendieron a los niños, con quienes soltaron los perros y apuntaron los cañones de agua, o con quienes pusieron las sogas al cuello y les prendieron fuego a las cruces.

Esos que se expresaron, consumidos por el odio y el sadismo, eran los racistas. No los grupos cada vez más grandes que se han tragado y han regurgitado una visión deformada del mundo, una visión adulterada de la historia y que presentan “hechos” supuestamente irrecusables sin contextualización.

Trump es racista. Gritémoslo a voces. Gritémoslo con la profundidad que se merece. Para mí, es el principio y el fin de la lógica que necesito para mantenerme firme en la resistencia.

Por: Charles M. Blow
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A ONU e a saúde mental: mais combate à desigualdade, à pobreza, às discriminações e menos psicotrópicos

 “Muitos fatores de risco para a saúde mental precária estão intimamente associados às desigualdades nas condições da vida cotidiana. Muitos fatores de risco também estão ligados ao impacto corrosivo de ver a vida como algo injusto”.

A justiça social é mais importante para evitar doenças mentais do que medicamentos, afirma relator de saúde da ONU

Menos remédios psicotrópicos, mais medidas dos governos para combater desigualdade, pobreza e discriminação: Dainius Pūras, relator de saúde da ONU, disse ao Guardian que esse é o melhor caminho para evitar as doenças mentais: “Muitos fatores de risco para a saúde mental precária estão intimamente associados às desigualdades nas condições da vida cotidiana. Muitos fatores de risco também estão ligados ao impacto corrosivo de ver a vida como algo injusto.

O avanço dos evangélicos na política e as discriminações

Para compreender as causas e as implicações socioculturais e políticas do fenômeno, a Fundação FHC recebeu Ronaldo de Almeida (professor do Departamento de Antropologia da Universidade Estadual de Campinas).

As diversas denominações e igrejas evangélicas formam um universo em expansão no Brasil. Heterogêneo, ele abrange 30% da população, segundo os dados mais recentes do Datafolha. Desde os anos 80, quando representavam apenas 5% dos brasileiros, a presença social e a influência política dos evangélicos têm crescido ininterruptamente.

Nas eleições de 2018, eles foram decisivos para a vitória de Bolsonaro. Para compreender as causas e as implicações socioculturais e políticas do fenômeno, a Fundação FHC recebeu Ronaldo de Almeida (professor do Departamento de Antropologia da Universidade Estadual de Campinas).

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NOTA: Caso tenha interesse assista o debate que ocorreu após as apresentações dos professores Mariano e Ronaldo aqui.

 

O triunfo dos incompetentes e a arrogância

Palabra del lector: El triunfo de los incompetentes. Las personas nacidas en situación privilegiada crecen muy confiadas en sus capacidades (sean o no reales), tanto que los demás interpretan esa confianza como competencia, de acuerdo con un estudio sobre el cual publicamos un artículo la semana pasada. Nuestros lectores quisieron compartir ejemplos cercanos, como el usuario de Facebook Alvarado Alvarado, que comentó: “Es como cuando alcanzas una plaza de trabajo en el sector público apalancado por determinada tendencia política; si sabes o no sabes nada de cómo realizar ese trabajo no importa”. “Se les perdona todo precisamente porque representan los intereses de una familia poderosa”, se lamentó en Twitter José Javier Ramírez, quien aseguró que por ello “se discrimina a una persona con mérito y talento propio”.

En varios experimentos, los investigadores descubrieron que era más probable que la gente que provenía de una clase social más elevada tuviera una mejor opinión de sus habilidades, aun cuando las pruebas comprobaban que su desempeño era promedio. Associated Press

¿Por qué a los más privilegiados se les perdona la incompetencia?

En la cuarta temporada de la serieParks and Recreation, Paul Rudd interpreta a un adinerado empresario llamado Bobby Newport que contiende para el concejo municipal porque está buscando algofácilque hacer. Durante un debate, se le pregunta cómo arreglaría el pueblo; a lo que responde: “No tengo idea”.A pesar de la respuesta, el público enloquece, ante la frustración de su rival, Leslie Knope.

Es gracioso porque nos identificamos con la situación. Tarde o temprano todos nos encontramos con un Bobby Newport.¿Por qué ser de buena cuna parece hacer que la gente se sienta calificada para tareas para las que tiene poca experiencia? Esta es una de las preguntas que inspiraronun estudiopublicado el 20 de mayo en The Journal of Personality and Social Psychology.

Los investigadores sugieren que parte de la respuesta se debe a lo que ellos llamaron “exceso de confianza”. En varios experimentos, descubrieron que era más probable que las personas que provenían de una clase social más elevada pensaran que tenían mayores capacidades, aun cuando las pruebas comprobaran que pertenecían al promedio.Los investigadores descubrieron que quienes no conocían a esas personas interpretaban ese exceso de confianza inmerecido como capacidad.

Los hallazgos recalcaron otra forma en la que la riqueza familiar y la educación de los padres —dos de los muchos factores usados para evaluar la clase social en el estudio— afectan la experiencia de una persona en sus relaciones con los demás.

“Con esta investigación, ahora tenemos motivos para pensar que provenir de una clase social más alta confiere otra ventaja más”, dijo Jessica A. Kennedy, profesora de Administración de la Universidad Vanderbilt, quien no participó en el estudio.

Estudiar las clases sociales tiene sus bemoles. Primero, está la cuestión de las definiciones. “La mayoría de la gente dice pertenecer a la clase media”, comentó Peter Belmi, catedrático de la Escuela de Negocios Darden de la Universidad de Virginia y principal autor del estudio. ¿Pero cómo puede ser posible?

Ni los investigadores que se especializan en las clases sociales concuerdan fácilmente en el peso que hay que darles al ingreso, la riqueza familiar, el prestigio profesional y otros factores.

Investigaciones previashan encontradoque mucha gente puede calibrar de manera correcta el escaño del ingreso familiar de un extraño y el nivel educativo de la madre en sesenta segundos. Pero, todavía no acabamos de entender qué es lo que les da esta información, comentó Rebecca Carey, quien estudia las clases sociales y la identidad en la Escuela de Administración Kellogg de la Universidad Northwestern.

El estudio estuvo compuesto por cuatro experimentos. La clase se definió de maneras distintas en cada ocasión.

En el primer experimento, participaron alrededor de 150.000 propietarios de pequeñas empresas en México que solicitaron un préstamo. Además de indicar su ingreso y nivel educativo, se les pidió que seleccionaran la posición dentro de un escalafón, que representara su lugar en comparación con otras personas en México.

Como parte del proceso del préstamo, tomaron una prueba de memoria (la tarea en la vida real estaba diseñada para tratar de predecir si una persona podría incumplir los pagos de un préstamo). Para efectos del estudio, también se les pidió a los participantes que calcularan qué tan bien pensaban que era su situación en comparación con los demás. A las personas de clase más alta por lo general les fue mejor que a los demás, pero no al grado que ellos asumieron, según descubrieron los investigadores.

La disparidad entre el desempeño calculado de la gente de la clase alta y su desempeño real fue más drástica en un estudio posterior en el que participaron 230 estudiantes de la Universidad de Virginia.

En esta ocasión, la clase social se midió mediante una evaluación de los estudiantes de cómo se veían en relación con otros en Estados Unidos, el ingreso y el nivel educativo de sus padres.Los investigadores descubrieron que los estudiantes de las clases sociales más elevadas no obtuvieron mejores resultados que sus compañeros en un ejercicio de cultura general. Sin embargo, nuevamente, la mayoría estaba segura de que le había ido mejor.

En un intento por entender las implicaciones del exceso de confianza, los investigadores llevaron a cabo una entrevista de trabajo falsa. A todos los estudiantes se les hizo la misma pregunta y se les grabó contestándola. Después, un grupo de personas que no los conocían vieron los videos y calificaron a los candidatos. El comité de selección por lo general optó por las mismas personas que habían sobrestimado sus capacidades en el ejercicio de cultura general.El exceso de confianza se interpretó como aptitud.

Carey no estaba convencida de qué tanto demostraba el experimento de la entrevista de trabajo falsa sobre la vida real. Además, le preocupaban los hallazgos del primero sobre los cuatro experimentos que en su opinión dependían demasiado del sentido propio de pertenencia a una clase social de los participantes.

“Sin embargo, lo que sí demuestran de manera consistente es que la clase social está vinculada al exceso de confianza”, afirmó. Otros estudios también han demostrado que a la gente que confía en exceso en sus capacidades se le percibe como más competente. Carey sugirió que podría ser que “en el contexto de una clase más baja, el costo es mayor si te equivocas cuando cometes un error”.

Además, no todos los grupos de clase valoran que “finjas algo hasta que te salga” explicó Belmi. “Crecí en Filipinas con la idea de que si no tenías nada que decir, mejor te quedaras callado y escucharas”.

Los investigadores dicen que esperaban que la conclusión no fuera que había que esforzarse en ser arrogante. Las guerras, las caídas de los mercados bursátiles y muchas otras crisis pueden atribuirse al exceso de confianza, afirmaron.Entonces, ¿cómo pueden evitar gerentes, empleados, electores y consumidores sobrevalorar la clase social y ser embaucados por gente rica e incompetente? Kennedy mencionó que se sentía motivada al descubrir que si le muestras a la gente hechos verdaderos sobre una persona, el estatus elevado derivado de la arrogancia suele desvanecerse.

“Tal vez también necesitemos castigar el comportamiento arrogante más de lo que lo hacemos ahora”, concluyó.