Para multinacionais de alimentos e bebidas processadas a resposta para a obesidade é só exercício…

Nestlé, McDonald’s, Pepsi Co., Yum Brands, Coca-Cola e outros gigantes ocidentais de alimentos e bebidas processadas são contra a classificação de alimentos e de impostos aos refrigerantes. Estas empresas formatam, há décadas, a ciência e as políticas públicas da China, no que diz respeito a obesidade e as doenças relacionadas com a alimentação como o diabetes tipo 2 e a hipertensão.

La obesidad aumenta en China; para Coca-Cola la respuesta es hacer ejercicio

La campaña del gobierno chino Diez Minutos Felices, que animaba a los niños de edad escolar a hacer ejercicio durante diez minutos al día, lucía como una medida loable para mejorar la salud pública en un país que enfrenta tasas alarmantes de obesidad infantil.

Sin embargo, lo más notorio de la iniciativa, y de otros esfuerzos que enfatizaban el ejercicio como la mejor manera de perder peso, es lo que no mencionaba: la importancia de comer menos comida chatarra y bebidas azucaradas altas en calorías, productos que se han vuelto omnipresentes en la segunda economía más grande del mundo.

Resulta que el mensaje en China acerca de que el ejercicio por sí solo es la mejor opción fue producto de Coca-Cola y otros gigantes occidentales de alimentos y bebidas procesadas, de acuerdo con un par de estudios que documentan cómo estas empresas han ayudado a dar forma a décadas de ciencia y políticas públicas en China respecto de la obesidad y las enfermedades relacionadas con la alimentación, como la diabetes tipo 2 y la hipertensión.

Los hallazgos, publicados en las revistasThe BMJyThe Journal of Public Health Policyel 9 de enero, indican que Coca-Cola y otras empresas multinacionales alimentarias operaron a través de un grupo llamadoInstituto Internacional de Ciencias de la Vidapara conseguir que funcionarios chinos rebatieran una iniciativa a favor de la regulación de los alimentos y los impuestos a los refrescos, resultados de un movimiento que ya ha sido impulsadoen otras partes del mundo.

El grupo, conocido como ILSI, es una organización internacional con sede en Washington, financiada por muchos de los grandes nombres en el sector de los alimentos procesados, entre ellos Nestlé, McDonald’s, Pepsi Co. y Yum Brands, además de Coca-Cola. Tiene diecisiete filiales, la mayoría en economías emergentes como México, India, Sudáfrica y Brasil. Se promueve como un puente intermediario entre los científicos, los funcionarios de gobierno y las empresas multinacionales de alimentos.

En China, ILSI está tan bien posicionado que dirige sus operaciones desde el interior del Centro para el Control y Prevención de las Enfermedades del gobierno, en Pekín. Cuando se envió una solicitud al Ministerio de Salud para que hiciera comentarios acerca de los estudios, el ministerio envió un correo electrónico firmado por el director de ILSI en China, no por el secretario de Salud.

Chen Junshi, el director de ILSI, señaló que el grupo siempre había enfatizado la importancia tanto del ejercicio como de una dieta equilibrada, y que sus actividades “están basadas en la ciencia y no se ven afectadas por ningún negocio”.

La relación cercana del instituto en China y las multinacionales con quienes hacen política pública en el más alto nivel es considerablemente más estrecha que la que existe en otros lugares.

Coca-Cola probó tácticas similares en Estados Unidos al asociarse con científicos influyentes para crear una organización sin fines de lucro llamada Global Energy Balance Network, con el fin de promover el mensaje de que la solución a la crisis de obesidad de ese país es el ejercicio y no la dieta. No obstante, en 2015, después de la publicación de unartículode The New York Times en torno a estas iniciativas y la indignación de los defensores de la salud pública, la empresa desmanteló la organización.

Desde finales de la década de 1990, ILSI ha organizado conferencias sobre obesidad en China, les ha pagado a científicos chinos para que asistan a los eventos y ha ayudado a crear campañas nacionales de salud con el objetivo de abordar la epidemia de obesidad del país, de acuerdo con Susan Greenhalgh, científica social y experta en China de la Universidad de Harvard, autora de los nuevos estudios.

Las iniciativas de salud pública de China casi siempre promueven el ejercicio y rara vez mencionan el valor de reducir las calorías o el consumo de alimentos procesados y bebidas azucaradas; según muchos expertos, hacer lo segundo es esencialpara perder peso,mantenerlo a rayay mejorar la salud.

“No puedes usar solo la actividad física para deshacerte de la obesidad, la hipertensión o la diabetes”, dijo Barry Popkin, profesor de Nutrición en la Universidad de Carolina del Norte, campus Chapel Hill.

Popkin no participó en el estudio, pero ha pasado décadas trabajando en China para ayudar a que el país desarrolle lineamientos de nutrición y políticas de alimentos, dijo que tales iniciativas a menudo eran frenadas por altos funcionarios que trabajan de la mano con ILSI.

“A lo largo de varias décadas, Coke e ILSI han trabajado para frenar cualquier tipo de política en materia de alimentos que beneficie la salud pública”, aseguró. “Lo que han estado haciendo en China es insidioso”.

Mediante una declaración, ILSI comentó que estaba comprometido a respaldar “investigaciones basadas en evidencia sobre alimentos y nutrición” y que no realizaba actividades de cabildeo ni recomendaciones sobre políticas en los países donde opera.

“ILSI no afirma haber sido perfecto en sus cuarenta años de historia; no es de sorprender que haya habido errores a lo largo del camino”, indica la declaración. “Por eso, ILSI ha analizado las mejores prácticas y se ha comprometido con asegurar la integridad científica en las investigaciones respecto al sector alimentario y la nutrición”.

Coca-Cola aseguró en un comunicado que también ha estado cambiando la manera en que financia investigaciones científicas, a través de una mayor transparencia y al poner fin a la práctica de costear la mayor parte de ciertos estudios. La empresa también señaló que en años recientes ha buscado abordar el problema creciente de la obesidad en China con una oferta de bebidas sin azúcar y a través de un mejor etiquetado de información nutrimental en sus productos. “Reconocemos que demasiada azúcar no es buena para nadie”, indica el comunicado.

Los hallazgos de Greenhalgh en los nuevos estudios se basaron en entrevistas con funcionarios y científicos chinos, así como una reseña de documentos públicos emitida por Coca-Cola e ILSi.

Dijo que los esfuerzos de la industria han sido muy exitosos, en parte porque China no tiene medios ni organizaciones de vigilanciacon amplia libertadque habrían analizado o sido críticos de los vínculos con ILSI.

En las últimas décadas, China ha pasado de ser un país afectado por la escasez de alimentos a uno que padece niveles cada vez más altos de obesidad y enfermedades crónicas vinculadas con una mala dieta. Más del 42 por ciento de los adultos en China tienen sobrepeso o son obesos, de acuerdo con investigadores chinos, más del doble de la tasa de 1991. En las ciudades chinas, casi una quinta parte de los niños es obesa, de acuerdo con encuestas del gobierno.

Debido a que el consumo de bebidas azucaradas ha disminuido en países como Estados Unidos o las naciones de Europa, Coca-Cola considera que China y otros países en vías de desarrollo sonesencialespara mantener sus ganancias. China es el tercer mercado más grande de la compañía.

Martin McKee, profesor de Salud Pública Europa en la London School of Hygiene and Tropical Medicine y quien escribió un artículo de acompañamiento al estudio enThe JML, dijo que ILSI y otros grupos financiados por la industria que representan los intereses de las empresas de tabaco, alcohol o la comida rápida han encontrado terreno fértil en los países que tienen burocracias débiles en cuanto a la salud pública. Estos grupos, dijo, aseguran que son independientes pero se rehúsan a revelar información detallada acerca de su financiamiento, mientras que apoyan y promocionan estudios científicos cuyos resultados a veces enturbian la percepción sobre temas polémicos como el tabaquismo o elconsumo de alcoholy refrescos.

“A menudo filtran datos de maneras que confunden, mientras presentan estos temas como problemas tan complejos que nada puede hacerse”, comentó.

Por:Andrew Jacobs
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Na origem da obesidade moderna entra em jogo, cada vez mais clara e decisivamente, a questão da rentabilidade e da tecnologia. A modernidade nos mostra que o capital se agranda e se expande com o uso de tecnología. A tecnologia é usada a serviço da rentabilidade. Trata-se de produzir alimentos rentáveis, não (necessariamente) sadios. E mais, se a tecnologia produz alimentos insanos, mas de maior rendimento, adiante! O critério declarado será a saúde, mas o praticado será a rentabilidade.

Hambre y obesidad

Con motivo del Día Mundial de la Alimentación, 16 de octubre, que patrocina la FAO, esta red mundial perteneciente a la ONU ha hecho públicos los guarismos dehambre y obesidad mundiales: 811 millones de seres humanos y 665 millones, respectivamente.

Podríamos decir, que si antes teníamos un gran problema –el hambre− ahora tenemos dos.

En el penoso tema del hambre, se puede, en rigor es necesario, distinguir el hambre endémica, tradicional, que castigaba a todas las poblaciones humanas (y en general vivas) del hambre moderna, resultado de la interrelación asimétrica entre sociedades y pueblos, lo que se conoce históricamente como colonialismo e imperialismo.

La primera hambre histórica tiene que ver con la escasez de nutrientes y la humanidad la ha ido resolviendo con sus piernas, en una primera y muy prolongada era, de migraciones, y con su propia inventiva, poco a poco, que le fue permitiendo reconocer alimentos saludables y facilitar su crecimiento; la agricultura y la cría de animales domésticos. Si el recurso de las piernas fue usado durante un millón de años, el de la cría de animales y cultivos no tiene más de diez mil años.

En ninguno de tales momentos, la obesidad fue un problema; al contrario; basta ver lo que nos ha permitido conocer la fotografía desde mediados del s. XIX, apenas desde hace 150 años, para advertir que los oriundos o establecidos de cualquier lado tenían cuerpos sin grasa, piernas musculosas.

La segunda variante del hambre, poco tiene que ver con la escasez y mucho con la rapacidad humana: el colonialismo fue un proceso mediante el cual un pueblo dominando se apropia de excedentes, o no tanto, de un pueblo dominado. Frances Moore Lappé,1una investigadora norteamericana, ha registrado que los años de mayor hambruna en la India a lo largo del siglo XIX y primera mitad del XX, coinciden con los años de mejores cosechas. ¿Cómo es eso? Porque los años de cosechas excelentes eran los que aprovechaban los ingleses para cargar sus barcos y llevarse “a casa” tal producción.

Así que el hambre moderna tiene que ver mucho con el poder y la política.Veamos lo que pasa con la obesidad.

Lars Berg,2un estudioso sueco nos habla que el pasaje del mundo de las migraciones a la sedentarización significó una primera revolución alimentaria.

No hay empero un corte entre la sociedad más primitiva y la asentada, porque actividades como el cuidado de animales domésticos se va gestando en aquel mundo nómade, y por ese lado, el ingreso de lácteos y de carnes de animales domésticos en la dieta humana estaba ya presente antes de la sedentarización y la agricultura.

De todos modos, lo que Berg caracteriza como primera revolución alimentaria es el pasaje de una dieta basada en la recolección de frutos, vegetales y animales, pesca y caza, a una alimentación más bien basada en cereales y lácteos (y carne, cada vez menos de caza y más de animales domésticos, domesticados).

Y Berg nos dice que con la modernidad a pleno, en el cambio de siglo del XIX a XX, y fundamentalmente en EE.UU., se produjo una segunda revolución alimentaria. Ya no regida por la escasez sino por la abundancia. Las dietas de los habitantes romanos, medievales y decimonónicos se parecían más entre sí que con la dieta que se va imponiendo en la modernidad tardía,american. Esta dieta, hoy día la nuestra, se caracteriza por disponer de mucha más grasas y azúcares.

Esos ingredientes, aclara Berg, son muy apetitosos. La gente se tienta más. En EE.UU., para promover el consumo, para agrandar ganancias de los productores, se ha empleado la política; por ejemplo, se ha dispuesto el agrandamiento de los diámetros de los platos a 30 cm, para dar “sitio” a porciones mayores.

Con esta “segunda revolución alimentaria” empezamos a comprender más fácilmente el origen de la obesidad moderna.

Pero ahora tenemos, como dijimos, dos problemas. ¿Por qué se nos suman, complicando un cuadro de por sí ya atroz?

Aquí entra en juego cada vez más clara y decisivamente la cuestión de la rentabilidad y la tecnología. La modernidad nos muestra que el capital se agranda y expande con el uso de tecnología. La tecnología usada al servicio de la rentabilidad. Se trata de producir alimentos rentables, no (necesariamente) sanos. Incluso más, si la tecnología produce alimentos insanos, pero de mayor rendimiento, ¡adelante! El criterio declarado será la salud, pero el practicado será la rentabilidad.

Si los aditivos que prolongan la durabilidad de un alimento, son tóxicos, se usarán igual. Si los empaques que se usan para transportar alimentos para extender su alcance, son tóxicos, se usarán igual. Si los ingredientes que se agregan a un alimento para facilitar determinados procesos (de estiba, de conservación, de apariencia de frescura) son tóxicos, se usarán igual, si mejoran la rentabilidad.

¿Cómo es eso posible, admisible? Desde hace décadas lo conocemos: mediante la asignación de “límites de seguridad”.Si el veneno es chiquitito, se podrá usar, hasta determinado límite.

Claro que nuestros cuerpos van a ir recibiendo pequeñísimas magnitudes de cada tóxico, pero una cantidad inimaginable de veces y tóxicos en todos y cada uno de nuestros alimentos.

Esa sinergia no se mide. Ahí está una al menos de las trampas que le permite a cada industrializador de alimentos mantener su conciencia tranquila y sobre todo, no sentirse un delincuente, que es la tipificación de cualquier ser humano dedicado a intoxicar a otros.

¿Qué está pasando en nuestras sociedades (un proceso que con diferente intensidad y tiempos distintos abarca a todo el planeta)? En primer lugar, un proceso que hemos llamado de campesinicidio.La eliminación progresiva de quienes están dedicados a la producción rural en unidades pequeñas. Y su sustitución por la agroindustria que en nuestro país se atribuye la calidad de “agricultura inteligente”, una forma elegante de decir que la cultura campesina es de imbéciles.

Aunque justamente la agricultura de los pequeños cultivadores y granjeros da lugar a la producción de alimentos con menos agregados químicos, y es la agroindustria −que se considera “inteligente”− la que se ha “casado” con los desarrollos tecnológicos de mayor avanzada, valida de una enorme batería de productos químicos, que cada vez más, está imposibilitando una alimentación sana. Porque lo que los progresistas creen “parte de la solución” ha resultadotambiénparte del problema.Porque se ha tratado de un desarrollo tecnológico movido por la rentabilidad y no, por ejemplo, por la salud planetaria.

La expansión desenfrenada de la agroindustria, que nuestros políticos progresistas ven natural y positiva, es la que nos está dando alimentos cada vez más problemáticos, pero eso sí, con abundancia de grasas y azúcares. Lo que los dietólogos denominan“comida chatarra”y, podríamos agregar, el “mundillo de las golosinas”.

El avance de comida con enorme peso de productos químicos, de cultivos transgénicos, de uso cada vez mayor de plaguicidas y fertilizantes, ha ido generando una cultura de la góndola, y quebrando la cultura de lo artesanal (maduraciones y desecados, por ejemplo, naturales, en lugar de procesos estimulados y ayudados con aditivos y “maravillas” tecnológicas).

En muchas familias de origen rural es fácil rastrear ese proceso: cuando muere quien hacía los dulces caseros, los embutidos caseros, los encurtidos, las pasas de frutas y verduras, el secado de hongos, quienes han vivido en esa familia, si son jóvenes, suelen abandonar todo ese trajinar y pasan a comprar, a buscar en la góndola “lo mismo”. El detalle es que lo que ofrece la agroindustria y los grandes consorcios transnacionales dedicados a la alimentación,noes lo mismo.

El abuelo hacía en casa pan fresco. Dos días después, hacía otra vez pan fresco.Grandes transnacionales te ofrecen “pan fresco” todos los días, elaborado hace semanas o meses… ¿cómo pan fresco? Porque no es pan fresco, pero parece.Está igualmente tierno, ¿entonces? ¿Magia? No, aditivos. ¿Saludables? No tanto, pero es legal, porque está por debajo de los límites de seguridad que las autoridades bromatológicas han establecido.

Pero entonces, ¿es tan saludable?

A la obesidad me remito. Para abrir siquiera una discusión celosamente escamoteada por reformistas, progresistas y tantos titulares de la fraseología burocrática de organizaciones tipo FAO, que en cada encuentro mundial parecen haber descubierto la piedra filosofal de la cuestión alimentaria que tendrán que sustituir en un próximo encuentro…

18 10 18

http://revistafuturos.noblogs.org

1Frances Moore Lappé,L’industrie de la faim, Éditions L’etincelle, Quebec, Canadá, 1978.

2Lars Berg, “El estómago, los alimentos y el poder”,futuros, no6, Río de la Plata, 2004.

Fonte:Alainet
Por:Luis E. Sabini Fernández
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