A maçã, a desobediência, a inveja, a angustia, o vazio, a vaidade, as drogas e a morte

O Poder e o dinheiro são drogas mais perigosas do que o álcool, o tabaco, a coca, a morfina e a maconha. Nada se compara com o que o poderoso Hitler fez ao assassinar milhares de pessoas.

 

Anestesia para la Vida

En la manzana y su mordisco encontramos lo propio del hombre: La Desobediencia. Cuestionar todo lo que se nos propone como un posible hacer, por lo demás, donde hay poder hay resistencia. Sabido es que el bípedo humano tiene un aparato de confrontaciones llamado cerebro. En aquel primer acto de simbolismo cristiano no sólo encontramos la desobediencia sino que ésta misma está imbestida de envidia, de imitación, se quiere tener el mismo poder o las mismas facultades de aquel otro que se presume como superior, queremos ser como el otro al que admiro, al que quiero imitar. Cuando no se logra emular o superar el objeto de deseo, entonces la envidia frustrada estalla en violencia. Acá el deseo inmediato es el de la imitación, pero existe el que se corresponde con devenires, con flujos de deseos, con torbellinos que simplemente van copando una existencia, una manera de existir, como Alicia en el País de las Maravillas en donde la imaginación crea mundos posibles por irreales que parezcan.

También compete a la existencia humana no sólo el querer imitar sino también la angustia, ese miedo hacia el vacío espiritual o de sentirnos que tenemos que darle cuerda al reloj de la vida, ha de recordarse que lo propio de lo humano es la consciencia del tiempo, de saberse finito, de saberse que sus pasos avanzan hacia su destino final qué es la muerte, por eso apuramos los pasos queriendo inmortalizarnos en alguna vanidad que puede ser el Poder… acumular poder para hacernos importantes y recordados por esos otros que rodean y celebran a su jefe, el poderoso que se inmortaliza sumando las servidumbres voluntarias de quienes precisan de los amos.

Otras drogas además del Poder, está el dinero y el trabajo mismo, éstas más peligrosas que otras que consideramos inofensivas comparadas con aquellas, las que habitualmente conocemos como drogas: alcohol, tabaco, coca, morfina, marihuana. Decimos inofensivas porque no se puede comparar una matanza de millones de personas del poderoso Hitler con una raponada de una pulsera que pueda hacer un insignificante marihuanero, como tampoco se puede comparar al ladronzuelo hambriento con el opulentto terrateniente que masacra campesinos para quedarse con sus tierras, o la de los grandes capitalistas que usurpan los recursos de la naturaleza y hacen morir de hambre a millones de miserables que nada tienen.

Éste preámbulo, está antesala para develar la fragilidad de la existencia humana que se soporta en la angustia existencial y en su manera de remediarlo, de darle solución mediante las drogas. Si tenemos dolor existencial se procura entonces de suministrar anestesia que alivie nuestra angustia, por ello la tesis serresiana de que somos seres drogos o toxicómanos, vivimos en medio del desespero aliviando el miedo a morirnos y a tratar de que el reloj no se detenga o no vaya demasiado rápido y nos arroje en la tumba de la nada o del olvido.

Otra gran proposición sería la manera como la humanidad misma ha dado soluciones a esta condición humana de la gran angustia, de seres temerosos porque se acaba el tiempo y porque la muerte nos espera sin importar qué atajos escojamos. Por ejemplo, remontando la mirada observamos grandes sistemas de organización social predominantes y publicitados. Quién no ha escuchado de sistemas esclavistas, hombres dueños de otros hombres de pies a cabeza, de toda su energía, los podían disponer como cargueros humanos o para lo que fueran, tomarlos o dejarlos, en plaza pública eran exhibidos, ofertados y entregados el mejor postor. Eso en el sistema social esclavista. Luego conocemos el feudalismo, los señores dueños de la tierra, los pequeños feudos, la explotación de la tierra y las manos campesinas que la araban. El otro gran sistema social es el más conocido y el que aún tenemos que basa la explotación no ya en la tierra, en los feudos, sino en el mundo fabril, en las urbes están las fábricas con sus ejércitos de obreros, no ya de campesinos, no, allí son humanos que no tienen tierra, su mayor riqueza son sus brazos para alquilarlos a la fábrica.

Esta gran caricatura para mostrar los encuadramientos, las maneras en que los hombres son encuadrados u organizados, todo entroncamiento a la perfección con lo que venimos sugiriendo: un hombre angustiado y con miedo necesita de un entretenimiento, de un algo con lo que pueda llenar su tiempo, con lo que pueda llenar su existencia, y el trabajo sí que ocupa la vida y la llena de esperanza, tal y como lo conocemos en estos sistemas de organización social: todo el tiempo se está preparando la vida. Naces y se te dispone una escuela para que te apropies de unas competencias para la vida, tienes que ser útil, el trabajo significa la existencia, recibirás un salario con el cual vas materializando sueños que la cultura tiene en alta estima: te casarás, contraerás matrimonio, tendrás hijos, te sentirás realizado, comprarás un carro, te endeudará en una casa, en la vivienda ideal que publicitan los grandes constructores de las familias sonrientes de la felicidad plena.

En el capitalismo será muy importante la propiedad privada, acumular, el progreso es sinónimo de mayor acumulación, no importa lo absurdo que sea, no importa si no alcanzas a gastarte tu fortuna en vida tal y como le sucede al 1% de la población, extremadamente rica, y en el otro extremo el 99% que nada tiene y que por el contrario vive sorteando la miseria, la escasez. Incluso acá una pregunta es pertinente, qué pasa para que ésta desproporción, para que ésta inequidad se mantenga, qué pasa que ese 99% no de releva contra ese 1%?

Si el deseo de imitar al otro, si la angustia es constante en nuestra existencia humana, nada raro que estos sistemas sean la gran anestesia que nos alivie del sufrimiento, es comprensible que dediquemos todas nuestras existencias a las servidumbres voluntarias, de estar atados, encadenados a todo aquello que se nos presenta como normal y nos ofrece seguridades  así sólo sean imaginarias, paradigma de la vida, que se nos presenta como grandes logros: tener un trabajo, una familia que nos infla el ego, que nos enorgullece, mi hijo estudia tal o cual profesión, está en aquella empresa, es importante político que amasó grandiosa fortuna.  La mayoría soñadores en que algún día alcanzarán un mejor vivir sirviendo a los de arriba de la pirámide social. Todos vamos en carrera loca por alcanzar un algo de tener, recordemos que la propiedad privada es el templo del capitalismo, por ella nos batimos a muerte, nos peleamos contra quién de manera ventajosa correo los linderos sobre nuestra propiedad, o salimos de huídas del asesino o paramilitar o terrateniente que nos amenaza de muerte sino nos dejamos robar la propiedad.

La anestesia alivia el miedo que le tenemos a morir, de sabernos que el tiempo se nos acaba, que nos llegará el final, nos llegará la existencia de la nada. La anestesia nos alivia de la angustia de vivir. Pero una cosa sí es legítima, y es poder reclamar el tipo de vida que queremos llevar, si preferimos seguir como borregos con las servidumbres voluntarias que nos vuelven simples piezas de máquinas bien sea empresariales, de gobierno o de politiqueros baratos de esos antilibros, antiacedemia… Decíamos de lo legítimo que es seguir como borregos, obedientes sirviendo toda una vida o revelarnos y construir existencias más libres, más éticas, más estéticas, más dignas, en fin escoger nuestra propia droga, nuestra propia anestesia.

Por: Mauricio Castaño H., Historiador
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Como identificar os sabotadores da sua vida (Pessoas tóxicas*)

Estas pessoas podem impedir o seu crescimento. Ter a capacidade de identificar e administrar os sabotadores que nos cercam é uma das chaves mais importantes para nos sentirmos melhor conosco mesmos.

Rubén Montenegro

 

Como identificar os sabotadores da sua vida (mesmo se estiverem camuflados)

Estas pessoas podem impedir o seu crescimento

Crescer depende da nossa capacidade de nos afastar de quem nos boicota e da nossa habilidade de alimentar as relações com que nos incentiva.

Ter a capacidade de identificar e administrar os sabotadores que nos cercam é uma das chaves mais importantes para nos sentirmos melhor conosco mesmos.O neurologista Juan Fueyo sugere em seu livro Te Dirán Que Es Imposible(Planeta, 2019, em espanhol, algo como “te dirão que é impossível”) as chaves para ter sucesso no que fazemos. Entre outras coisas, ele fala da importância de sabermos nos cercar de ambientes onde possamos crescer. Baseia-se nas biografias de pessoas bem-sucedidas como cientistas, escritores e empresários, e também em sua própria vida. Não é para menos: Fueyo é uma eminência mundial no campo da medicina. Esse asturiano e sua esposa, Candelaria Gómez Manzano, trabalham no Centro Oncológico M. D. Anderson da Universidade do Texas. Em 2003, desenvolveram um vírus modificado, ainda um ensaio clínico, para combater um dos cânceres cerebrais mais agressivos. Fueyo reconhece que ao longo de sua vida teve que ignorar muitas vezes quem lhe dizia que era impossível fazer o que ele imaginava.

“Sabotador é uma palavra drástica”, observa Fueyo. Às vezes é difícil imaginar que um amigo ou um familiar possa ser um sabotador, mas acontece. Os sabotadores podem ser pessoas que desejam o melhor para nós, mas seus medos são maiores que a confiança. O sabotador expressa sentimentos negativos de maneira constante, às vezes de forma inconsciente: “Não dá”; “é impossível”. São pessoas que incentivam você a permanecer em sua zona de conforto e, claro, não expressam confiança nas possibilidades que alguém tem. Um sabotador, no fundo, fala de si mesmo e de suas inseguranças. Em algumas ocasiões, sobretudo se forem familiares, é sua forma de expressar carinho, embora não estejam conscientes do preço que estão pagando.

Devemos diferenciar um sabotador de alguém que nos diz coisas que não queremos escutar. No fundo, quem nos dá um feedbacknegativo nos oferece um presente. Temos que discernir o que há por trás de suas dúvidas ou de seus comentários: se é medo ou se é algo que não estamos vendo e que pode nos ser útil para aprender. Existem várias estratégias para reduzir o impacto dos sabotadores. Uma delas é afastar-se deles ou pôr seus comentários de quarentena.Fueyo explica isso com uma experiência pessoal de quando era adolescente. Gostava de escrever poesia, e um dia fez um experimento com alguns de seus críticos. Passou-lhes uns versos pouco conhecidos do consagrado poeta espanhol Miguel Hernández, dizendo que eram obra dele próprio, e que queria saber a opinião dos conhecidos a respeito. Como imaginava, os comentários foram desoladores. Aquilo lhe permitiu perceber que muitas vezes os sabotadores não criticam uma obra, eles expressam seu medo, seu mal-estar ou seu preconceito, independentemente do que seja.

Se tivermos sabotadores em nossa vida, talvez um colega de trabalho, nosso chefe ou algum amigo, é melhor se afastar dele. Se forem familiares ou pessoas que não podemos evitar, então é preciso deixar seus comentários em quarentena ou olhá-los com compaixão: falam do seu próprio medo.Outra estratégia consiste em compensar o impacto dos sabotadores com incentivadores, pessoas que lhe ajudarão a chegar mais longe graças ao seu otimismo, aos seus conselhos e, inclusive, aos seus feedbacksnegativos, que lhe farão crescer mesmo que você não goste de ouvi-los. Estas pessoas enxergam a campeã ou campeão que temos dentro de nós, ressalta Fueyo. Por isso vale a pena cuidar e cultivar o relacionamento, dedicar tempo a essas pessoas e na medida do possível agir de maneira recíproca.

Como revela Fueyo, “o coletivo é mais inteligente que o indivíduo, e a osmose social define o que você tem e quem você é como indivíduo”. Crescer como pessoas, mas também como profissionais, depende de nossa capacidade de nos afastarmos dos boicotadores (ou olhá-los com compaixão se forem familiares) e de nossa habilidade para alimentar as relações com nossos incentivadores.

*Pessoas tóxicas

Fonte: EL PAÍS
Por: Pilar Jericó
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