Nesta igreja não é necessário crer em Deus

É presbiteriana mas frequentada por católicos romanos, judeus e ateus. Não é necessário compartilhar uma crença no deus cristão nem em qualquer outro. Sua agenda social é mais importante do que a religiosa.

Gabby Jones para The New York Times

La iglesia activista donde no importa si crees en Dios

En las reuniones en la Rutgers Presbyterian siempre hay fieles presbiterianos, claro. Sin embargo, la mayor parte del tiempo, también hay católicos romanos y judíos, así como algunas personas que se consideran a sí mismas solo algo espirituales. En un sermón dominical reciente, en el que se habló de los peligros de los vegetales genéticamente modificados, estaba Valerie Oltarsh-McCarthy, quien en realidad es atea.

“Nunca pensé que fuera a suceder esto”, comentó Oltarsh-McCarthy, en referencia al vínculo que ha forjado con la comunidad de la iglesia, aunque no con los dogmas de su fe. Según la mujer, lo que la llevó a la iglesia fue “algo en el espíritu de Rutgers y algo en el espíritu del mundo exterior”.

Katharine Butler, una artista, se sintió atraída a asistir a Rutgers Presbyterian cuando pasó caminando al lado de un letrero en la calle que promocionaba el activismo ambientalista de la iglesia. Pronto, Butler también se involucró en aspectos más tradicionales del recinto religioso.

“No puedo creer que esté haciendo esto; cantando y participando en todas esas cosas”, dijo Butler. “Fue maravilloso encontrar toda una colectividad involucrada en la comunidad y en ayudar”.

Normalmente, el tejido conectivo para cualquier congregación es tener una fe compartida.

No obstante, Rutgers, una iglesia relativamente pequeña ubicada en el Upper West Side de Manhattan, funciona distinto. No es necesario compartir una creencia en el dios cristiano ni en cualquier otro. En cambio, la comunidad está unida por otras convicciones y se reúne para trabajar en iniciativas de justicia social, activismo de combate al cambio climático, programas de alimentación para personas indigentes y un grupo de apoyo a familias refugiadas.

Los lugares de culto —entre ellos iglesias cristianas de una gran variedad de denominaciones, así como sinagogas— se han posicionado en Estados Unidos como fuerzas impulsoras de ciertos temas progresistas, pues en ese país promueven el activismo en causas de justicia social e invitan a unirse a la comunidad LGBTQ. Sin embargo, los académicos especializados en religión afirman que Rutgers parece estar en una nueva posición: su agenda social en ciertos aspectos ensombrece a la religiosa.

“Rutgers se ha reinventado de forma periódica a medida que el Upper West Side ha pasado por cambios como este”, dijo James Hudnut-Beumler, un profesor de historia religiosa estadounidense en la Universidad Vanderbilt. “Esta no es su primera reinvención, pero es una de las más interesantes”.

El enfoque de Rutgers refleja cómo han cambiado fundamentalmente aspectos de la espiritualidad. En Nueva York, quien sea que entra en el santuario modesto de ladrillos y caliza ubicado en la calle 73 Oeste encuentra un lugar donde hay más eventos de recaudación de fondos, de activismo y de vínculos con el vecindario que sermones.

“La gente que por lo regular se siente marginada o rechazada en las congregaciones típicas —gente más reflexiva, por así decirlo, o a la que le gusta más cuestionar temas de la fe— comenzó a reunirse en nuestra congregación”, dijo el reverendo Andrew Stehlik, el pastor de mayor jerarquía en Rutgers. “Los llamamos amigos de la iglesia. A menudo, son una parte considerable de la comunidad que acude al templo”.

Las denominaciones protestantes como el presbiterianismo han visto una reducción en el número de sus seguidores en años recientes. Para abordar el problema, algunos pastores están en busca de nuevas formas de usar sus iglesias y redefinir el significado de “hermandad”.

Después de todo, las iglesias tienen el espacio y la buena voluntad para comprometerse con los trabajos comunitarios, la justicia social o los proyectos artísticos o educativos. Además, abrir las puertas de esta manera puede atraer a aquellos que buscan algo más que una clase de estudio de la Biblia.

“Solo basta darles la bienvenida a quienes son inquiridores”, mencionó Stehlik.

La historia de la iglesia Rutgers se remonta a 1798; su nombre proviene de la calle en el Lower Manhattan donde abrió su primer santuario. La congregación ha rendido culto en el Upper West Side desde 1888 y ahora tiene poco más de cien miembros. La iglesia ya lleva décadas cerca de la intersección bulliciosa de la calle 73 Oeste y Broadway, donde se exhibe su actitud “progresista sin remordimientos”, como lo describe Stehlik.

Un inmenso cartel de Black Lives Matter (La vida de personas negras importa, movimiento que aboga por un mejor trato del sistema judicial hacia la comunidad afroestadounidense) está colgado al frente de la iglesia, y cerca hay coloridas banderas de plegarias tibetanas. En el interior, hay broches con las que los devotos declaran suidentidad de género: él, ella, elle. Y durante los servicios, los fieles recitan alternativas al Padre Nuestro que usan un lenguaje más incluyente.

Gabby Jones para The New York Times

 

Para algunos, el atractivo de Rutgers se origina en las frustraciones y ansiedades que se han enraizado en años recientes en los vecindarios con tendencias izquierdistas como el Upper West Side, las cuales han sido avivadas por las políticas y la retórica del gobierno de Donald Trump. La iglesia, cuya comunidad mayoritariamente blanca proviene del vecindario que la rodea, se ha vuelto un santuario político para los llamados miembros asociados, que son parte de la congregación, pero no tienen la misma fe.

“De alguna manera, es parte de su ADN el que siempre estén pensando en los demás y en cómo hacer que el mundo sea justo”, mencionó Katharine Butler, la artista y una de las integrantes asociadas. “Aunque no lo hacen solo mediante el proselitismo y la denuncia, sino al poner manos a la obra. Hay muy poca moralización o cuestiones como las que me desanimaban cuando era más joven”.

Clare Hogenauer entiende el atractivo del espíritu progresista de la iglesia. Como abogada, se ha manifestado en contra de la pena de muerte y hace algunos años protestó sin ropa en Times Square en apoyo a artistas cuyo cuerpo desnudo había provocado controversia. Sin embargo, el activismo no es la razón por la que es una asistente regular a Rutgers.

“Lo que más me gusta es el aspecto social”, afirmó Hogenauer, de 71 años, quien ahora depende de una andadera y llegó a la iglesia por primera vez simplemente porque está cerca de su apartamento. “Me importan mucho las personas, y yo les importo a ellas”.

Durante un servicio dominical reciente, le pidieron a la gente que compartiera sus alegrías, penas y preocupaciones.

Hogenauer habló sobre su dilema de salud. Dijo que un medicamento que le recetaron para tratar un dolor severo funcionaba, pero también la hacía sentir cansada y atontada. No sabía qué importaba más: el alivio de un malestar físico intenso o una mente despejada.

Dijo que lo quería compartir con ellos pues quería que su comunidad supiera lo que estaba pasando en su vida. No pedía sus plegarias, mencionó, pero rezaron por ella de todas formas.

Por: Rick Rojas
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Ministra diz que um filme converte meninas heterossexuais em lésbicas

A pastora evangélica e ministra da Mulher, da Família e dos DDHH assegura que a rainha Elsa, da película da Disney “Frozen” é lésbica.“Sabem por que ela termina só num castelo de gelo? ¡Porque é lésbica!”

Ministra de la Mujer brasileña asegura que “Frozen” convierte a las niñas en lesbianas

La pastora evangélica y ministra de la Mujer y Familia asegura que la reina Elsa, de la exitosa película de Disney "Frozen" es lesbiana. Las bromas y burlas en el internet no se han hecho esperar.

Damares Alves era pastora evangélica antes de que Jair Bolsonaro la pusiera en el Ministerio de la Mujer, Familia y Derechos Humanos. Se ha hecho famosa por hacer afirmaciones como que ha visto a Jesucristo subir en un árbol de guayabas, o que “las niñas deben vestir de rosa y los niños de azul”.

Ahora, ha trascendido un video en el que se le ve asegurando que la película “Frozen” convierte a las niñas en lesbianas.

“¿Saben por qué ella termina sola en un castillo de hielo? ¡Porque es lesbiana!”, dijo Alves sobre el persona de la reina Elsa, durante un acto público celebrado el año pasado.

También se atrevió a decir -jugando de guionista futuróloga- que Elsa volverá para despertar a la Bella Durmiente con un “beso lésbico”. De acuerdo a sus declaraciones, las mujeres de antaño “soñaban con su príncipe” pero las de hoy en día, por culpa de las películas animadas, las chicas jóvenes esperan por su “encantadora princesa”.

Damares Alves es el prototipo de pastora evangélica neopentecostal y, según ella misma dice, la mujer cristiana “debe ser sumisa al hombre” en el matrimonio. Afirma que, gracias a que Bolsonaro es creyente en Dios, Brasil está entrando en una “nueva era” donde el sexo homosexual se entiende como una “aberración”. A pesar de que asegura ser una mujer estudiada, cuando se le pidieron sus atestados aseguró que su conocimiento se basa en “títulos bíblicos”.

A Paixão de Cristo seria a origem do antissemitismo?

“O antissemitismo moderno tem mais a ver com uma concepção política e de raça, do que com uma discriminação religiosa”. No império romano não era bem visto o monoteísmo da religião judaica e a “crença de que era o povo escolhido por Deus”.

La coronación de espinas, la flagelación y la crucifixión hacen parte del padecimiento que se relata en la Biblia.

Semana Santa: por qué algunos consideran que la pasión de Cristo es el origen del antisemitismo

Antes de que la película “La pasión de Cristo”, de Mel Gibson, llegara a la pantalla grande en 2004, varias agrupaciones judías en Estados Unidos intentaron boicotear su estreno.

La mayoría de estos grupos argumentaba que la película, que relata de manera bastante cruda los últimos momentos de Jesucristo según los evangelios canónicos, promovía el antisemitismo.

Es decir, que servía para promover -con el alcance global del cine de los grandes estudios- el rechazo contra el pueblo judío y su cultura.

Al final el boicot no ocurrió y, en cambio, “La pasión de Cristo” se convirtió en la película para mayores de 18 años más taquillera en la historia del mercado de EE.UU. y Canadá hasta la fecha de su estreno.

Sin embargo, aquella polémica por la película dejó plantada la semilla del debate sobre una antigua cuestión:¿es la narración de la pasión de Cristo la fuente del antisemitismo moderno?

El relato de los eventos que según la creencia cristiana culminaron en la muerte de Jesús, que se conocen como la pasión y están en el centro de las conmemoraciones de la Semana Santa, es presentado en los llamados evangelios canónicos (los cuatro aceptados como legítimos por la Iglesia).

“Pero no es posible dar una respuesta simple a una pregunta como esa. Antes tenemos que definir de qué estamos hablando, ¿de antijudaísmo clásico o antisemitismo moderno?”, le dijo a BBC MundoJonathan Elukin,profesor de historia judeocristiana del Trinity College de Connecticut.

“El antisemitismo moderno tiene que ver más con una concepción política y de raza, que con una religiosa”, explicó el académico.

“Hay que hacer una profunda revisión de la historia donde hay elementos que afirman y a la vez niegan ese vínculo”, señaló al hablar sobre el relato evangélico y el sentimiento de recelo hacia los judíos.

Antisemitismo vs. antijudaísmo

Pero recurramos a las definiciones, en primer término. Antisemita se llama al “enemigo de los judíos, de su cultura o de su influencia”, según el diccionario de la Real Academia Española.

Y el término fue popularizado por el periodista alemánWilhelm Marren varios artículos publicados en el siglo XIX, en donde sugería que la amenaza de los judíos hacia Alemania era racial.

Sin embargo, existen registros documentados de varios escritos antiguos en los que se habla de este “rechazo” y “temor” al pueblo judío, en lo que se conoció como antijudaísmo clásico.

Por ejemplo, el periodista español César Cervera señala que el escritor griegoDiodoro Sículoanotó en su documento “Biblioteca histórica”, del siglo I antes de Cristo, que “los judíos han elevado su odio a la humanidad al nivel de una tradición”.

Varios historiadores, como el alemánPeter Schäfer, también indican el creciente desprecio al judaísmo que se expresaba durante la época de la helenización de Oriente a cargo de Alejandro Magno.

O dentro del Imperio romano, donde no era bien visto el carácter monoteísta de la religión judía como tampoco lo que Schäfer señala como “la creencia de que eran el pueblo escogido por Dios”.

“Es cierto que los romanos no veían bien las costumbres judías, ni el hecho de que solo adoraran a un solo Dios, pero tampoco creo que eso los llenara de temor. Mientras no generaran una rebelión, los romanos tenían cosas más importantes de qué ocuparse que los judíos”, explicó Elukin.

Sin embargo, son varios los académicos que señalan que, tras la muerte de Cristo y la publicación de las primeras versiones de los evangelios, el sentimiento se elevó aún más debido a textos como los del mártir Justino y el propio San Agustín de Hipona.

Justino, quien murió hacia el año 168 d. C., es reconocido como uno de los primeros apologistas cristianos y señaló en varios textos quelos judíos eran culpables de perseguir cristianos, y que lo habían hecho desde que “habían matado a Jesús”.

Mientras que San Agustín, uno de los principales pensadores cristianos de la Edad Media, señaló que -aunque había que promover la coexistencia pacífica con los judíos-“ellos no podrán escapar al castigo divino de ser culpables de la muerte de Cristo”.

“Desde el siglo II,la Iglesiacatólica desarrolló una teología altamente hostil al judaísmo“, escribió la historiadora italiana Anna Foa.

“Y se desarrolló la que fue llamada ‘Teología de la sustitución’: con la llegada de Cristo, Dios habría reemplazado la antigua elección (o preferencia) por los judíos con su nuevo favoritismo por los cristianos”, agregó.

Después de que, pasada la Edad Media,el judaísmo volviera a obtener su condición de “igualdad”, avanzara la secularización y dejara de ser una minoría perseguida, comenzó otro tipo de recelo: el económico y racial.

“Desde el siglo XIX, comenzaron a verse en Europa nociones en contra del pueblo judío como una amenaza económica y política que debía ser erradicada”, anotó Elukin.

“Ahí es cuando se comienza a hablar de antisemitismo moderno, que alcanzó su máximo punto con el holocausto nazi”, añadió.

¿Tuvo algo que ver la Pasión de Cristo?

Durante la Edad Media, el judaísmo se convirtió en una religión minoritaria en Occidente, dominado por el cristianismo.

Pero muchos historiadores rechazan la versión de que los evangelios, los escritos de Justino -que hacían especial énfasis en el papel de los judíos en la pasión y muerte de Jesús- y algunos textos de San Agustín generaran un sentimiento antijudío.

“Es seguro que los evangelios no tienen nada que ver con este sentimiento. El de San Juan, supuestamente el antisemita, afirma que la salvación viene de los judíos”, le dijo a BBC Mundo el académico mexicano Jean Meyer.

Meyer, que escribió el libro “La Fábula del crimen ritual: el antisemitismo europeo 1880-1914”, había señalado en un artículo publicado en el diario El Universal que hasta el propiopapa emérito Benedicto XVI había dicho que “esa afirmación no tiene fundamento y que ningún cristiano puede responsabilizar a los judíos de la muerte de Jesús”.

“La muerte de Cristo,lo dice el propio catecismo de la Iglesiacatólica, fue el efecto de su voluntad y no de la violencia de sus enemigos“, agregó el experto mexicano.

A esta teoría se suma Elukin, quien hace referencia a San Agustín.

“Es cierto que en algunos escritos de San Agustín hay referencias que podrían verse como antijudías, pero lo claro es que él siempre señaló al pueblo judío como responsable de la salvación en la que creen los católicos”, dijo.

Y añadió: “San Agustín marca, por ejemplo, que el cristianismo toma el Antiguo Testamento de la tradición judía, otorgándole de esta manera (al judaísmo) una condición de religión ancestral”.

Del otro lado

Sin embargo, hay posturas que apoyan, desde el punto de vista histórico, que el origen del antisemitismo descansa no tanto en el acontecer de la pasión de Cristo como tal, sino en las interpretaciones de esos momentos que varios autores hicieron a través de los siglos.

“El origen del antisemitismo se radicaen los primeros años de la cristiandad, pero no tanto por el hecho de la pasión de Cristo, sino por los debates que se extendieron por siglos entre el judaísmo y el nuevo cristianismo”, le dijo a BBC Mundo Monika Schwarz-Friesel, experta en temas religiosos de la Universidad Técnica de Berlín.

En su libro “Dentro de la mente del antisemitismo”, Schwarz-Friesel señala que el “antisemitismo tiene un origen que se puede revisar dos milenos para atrás,que no se limita a acciones concretas sino a simple verbalizaciones-frases despectivas sobre los judíos- que se han hecho comunes a través de los años”.

“Y todo esto ocurrió cuando el judaísmo y el cristianismo se separaron, y el odio religioso pasó de mano en mano,en una seguidilla que tuvo una duración de 2.000 años”, explicó.

“Entre muchas cosas, la acusación de que Jesús fue asesinado por los judíos de acuerdo a su ley hebraica tuvo que ver con este odio primario”, agregó la académica.

Sin embargo, Schwarz-Friesel concluye que esa visión -que los judíos eran los culpables- cambió con los años dentro de la Iglesia católica, especialmente por la evidencia de que era poco probable que se aplicara la ley judía cuando la región estaba bajo el total control de los romanos.

Lo cierto es que el debate continúa en un momento en que el sentimiento antisemita vuelve a crecer de manera alarmante en Europa y tanto la Iglesia católica y como los referentes del judaísmo intentan aumentar las instancias de diálogo para erradicar ese sentimiento.

Fonte: BBC Mundo

Por: Alejandro Millán Valencia
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Os castigos e a cura para homossexualidade através da fé

Há catorze anos fui a Birmingham para deixar de ser homossexual. Fala-se da Igreja Católica por ser a que tradicionalmente tem mais fiéis em Portugal, no entanto, eu pertencia a uma minoria religiosa, o que contribuiu ainda mais para o meu isolamento quando tomei consciência de que era lésbica.

CASTIGOS E A CURA PARA A HOMOSSEXUALIDADE ATRAVÉS DA FÉ

Recuemos até ao ano de 1983, altura em que a minha avó conheceu a Igreja de Jesus Cristo dos Santos dos Últimos Dias, vulgarmente conhecida por Igreja Mórmon e, juntamente com o meu pai e mãe, fui batizada aos oito anos. Ao longo do meu percurso religioso fui educada e preparada para ser esposa e mãe, ensaiando todos os atributos que são necessários para manter um lar em que o marido é a figura principal. Nunca pus a hipótese de me sentir atraída por raparigas, pois essa era uma realidade distante e nunca abordada no meio que eu frequentava. Às vezes contavam-se histórias, mas que não passavam disso mesmo. Eram “mitos urbanos” ou “provações diabólicas” que acabavam sempre de forma trágica.

Aos dezoito anos, já na faculdade, envolvi-me com uma colega. Dois anos mais tarde, com uma prima distante, embora eu fosse escrevendo uma história muito inocente e acanhada, sem perceber muito bem o que me acontecia e porque motivo as minhas relações heterossexuais duravam tão pouco, tendo em conta o nível de atração e afeição que tinha sentira por aquelas duas jovens mulheres que deixaram uma marca tão grande no meu espírito.

Em duas ocasiões diferentes, tive que me dirigir ao meu bispo, o líder máximo da cidade em que vivia e confessar-lhe o que havia feito. Sentei-me num gabinete, à frente de um grupo de homens sem qualquer tipo de formação para gerir as informações que lhes transmitiria e contei-lhes as minhas duas histórias, sendo-me pedido que descrevesse os níveis de intimidade, os contornos da relação e até as posições sexuais que tinhamos experimentado. Foi-me aplicado uma espécie de castigo, o chamado “período probatório”, em que eu poderia frequentar as reuniões da igreja, não podendo participar ativamente nas atividades em que estava habitualmente envolvida.Este período duraria três meses, o que não era uma pena pesada, comparativamente a outras situações semelhantes. Depois de uma pesquisa extensiva, percebi o porquê: na Igreja Mórmon não havia muitas normas escritas relativamente às relações homossexuais no feminino – uma consequência da invisibilidade das mulheres – pois, visto que não incluíam penetração peniana, então não eram consideradas relações sexuais mas apenas “intimidade física”. Isso trouxe-me, indubitavelmente, uma penalização mais leve e, como eu já era adulta, o bispo não me obrigou a contar o sucedido à minha mãe.Por outro lado, tendo em conta que a comunidade Mórmon é muito pequena, quase toda a gente reparou que algo se passava comigo, pois sendo eu uma pessoa muito ativa nas cerimónias religiosas, tinha sido remetida ao silêncio e à contrição, o que me fazia sentir observada e humilhada.

Cumpri o meu castigo de forma exemplar, pois queria voltar a participar de todas as cerimónias e aulas, buscando o objetivo máximo de casar e ter filhos. Aquela era a minha realidade, o que me era compulsivamente ensinado desde os oito anos. Acabei a faculdade e dediquei-me, parcialmente, ao proselitismo. Na minha cabeça, se me entregasse inteiramente à Igreja, não haveria espaço para ceder à minha maior fraqueza.

No final do Verão de 2005, recebi a carta que vinha de Salt Lake City (onde se situa a sede da Igreja) que me dizia que eu iria servir uma missão de dezoito meses, partilhando as minhas crenças com os demais. Achava que o meu plano era infalível, pois não poderia estar mais protegida. Tinha vinte e dois anos. No entanto, a minha perspectiva carregava um filtro que alterava as cores que o mundo tinha, deixando-o a preto e branco.

Enquanto me preparava para partir, conheci uma missionária americana de quem me tornei muito próxima. Ela acabou por me contar algumas das suas histórias pessoais e isso fez com que se desenvolvesse um laço muito emotivo entre nós, envolto numa espiritualidade latente. Mais uma vez, senti uma clara atração física e isso acabou por resultar numa troca de afeto que ia muito para lá da amizade. Ela funcionou como uma espécie de cavalo de Tróia no meu percurso religioso e seguiram-se semanas de culpa e de frustração, pois sentia-me impura e indigna de partir em missão. Decidi confessar-me, pela terceira vez, a um terceiro bispo e, daquela vez, por ser reincidente, enfrentei um tribunal composto por três homens.Sem qualquer tipo de cuidado perante as implicações emocionais e psicológicas que as suas decisões pudessem ter, fui sentenciada a dezoito meses de “desassociação”, não podendo ter qualquer tipo de cargo ou responsabilidade na Igreja, sem poder dar aulas dominicais ou envolver-me na música ou no coro, sem poder discursar perante a congregação ou participar de outras reuniões específicas. Achei que não conseguiria suportar aquela pena e lembrei-me do que havia sentido dois anos antes, do quanto desejei morrer se isso significasse não pecar mais, e de me sentir um vaso estilhaçado, sem qualquer possibilidade de recuperação.

Estávamos em Novembro e tinham expirado os prazos para me inscrever numa pós-graduação. A americana tinha sido enviada para casa, proibida de me contactar e eu era aconselhada a casar-me, visto que tinha diversos homens religiosamente “dignos”, interessados em mim. Decidi que ia trabalhar, juntar algum dinheiro e viajar até Birmingham, Inglaterra, onde se encontravam os “LDS Family Services”, serviço prestado pela Igreja com psicólogas formadas que ajudavam as famílias Mórmons em alguns problemas “mais graves”. O meu bispo havia falado nessa hipótese e eu decidi ir.

Voei para Inglaterra e fiquei na casa de amigos Mórmons. Paguei pela minha estadia, paguei pelas viagens e transportes e paguei também duas consultas que tive com a terapeuta. Contei-lhe a minha história e ela disse-me que iria ajudar-me a “resistir à tentação”, que eu poderia desenvolver mecanismos para não ceder aos impulsos que sentia. Na altura, reli os diários que escrevia desde os meus sete anos e apercebi-me de como tinha ignorado os inúmeros sinais sobre a minha sexualidade, ao longo da vida. Na verdade, eu nunca me tinha dado a oportunidade de sentir fosse o que fosse e de me conhecer sem me condenar e culpabilizar de forma imediata. Tinham-me traçado um percurso igual ao de todas as outras meninas Mórmons, e se eu pintasse fora do risco, só me restava retratar-me ou, por anátema, excluir-me-iam. Felizmente, contrariando a vida de angústias constantes que me esperaria, descobri um terceiro caminho e disse à psicóloga que queria regressar a Portugal, para viver uma vida escolhida por mim. Telefonei à minha mãe e disse-lhe isso, questionando se ela me aceitaria em casa, ao que ela respondeu que sim, embora pouco convencida.

O dinheiro que eu tinha juntado e convertido em libras, esgotou-se, por isso deixei a minha máquina fotográfica como forma de pagamento da terceira semana de estadia e liguei à minha mãe para me ajudar a pagar a passagem de regresso: “Filha, se queres voltar, arranja uma maneira”. Percebi rapidamente que me queriam obrigar a ficar ali, a trabalhar e a procurar a ajuda da Igreja. Afinal de contas, o que sabia eu do mundo fora da realidade Mórmon, da sociedade suja e cheia de predadores? Eu seria uma “flor no meio do entulho que rapidamente murcharia” – palavra de bispo. Há tantas histórias por aí , tantas que se escondem em gabinetes de seitas obscuras e imersas em ignorância.

Telefonei ao meu pai, que havia deixado a igreja pouco antes de se divorciar da minha mãe, e ele comprou-me o bilhete de avião. Dormi a minha última noite numa sala de espera de Stansted, aterrei no aeroporto Sá Carneiro, apanhei o comboio para Lisboa e depois o autocarro para Setúbal, fazendo o resto do percurso até casa, caminhando.

Um matrimonio perfeito: os evangélicos, os conservadores e as discriminações

Católicos e evangélicos organizaram marchas contra o movimento LGBT no México, Peru, Colombia, Costa Rica e República Dominicana. No Brasil a bancada evangélica foi contra ações legislativas a favor da população LGBT.

Un matrimonio perfecto: evangélicos y conservadores en América Latina

AMHERST, Massachusetts — Las iglesias evangélicas protestantes, que por estos días se encuentran en casi cualquier vecindario en América Latina, están transformando la política como ninguna otra fuerza. Le están dando a las causas conservadoras —en especial a los partidos políticos— un nuevo impulso y nuevos votantes.

En América Latina, el cristianismo se asociaba con el catolicismo romano. La Iglesia católica tuvo prácticamente el monopolio de la religión hasta la década de los ochenta. Al catolicismo solo lo desafiaban el anticlericalismo y el ateísmo. Nunca había habido otra religión. Hasta ahora.

Hoy en día los evangélicos constituyen casi el20 por cientode la población en América Latina, mucho más que el tres por ciento de hace seis décadas. En algunos cuantos países centroamericanos, están cerca de ser la mayoría.

La ideología de los pastores evangélicos es variada, pero en términos de género y sexualidad por lo general sus valores son conservadores, patriarcales y homofóbicos. Esperan que las mujeres sean totalmente sumisas a sus esposos evangélicos. En todos los países de la región, sus posturas en contra de los derechos de las personas homosexuales han sido las más radicales.

El ascenso de los grupos evangélicos es políticamente inquietante porque están alimentando una nueva forma de populismo. A los partidos conservadores les están dando votantes que no pertenecen a la élite, lo cual es bueno para la democracia, pero estos electores suelen ser intransigentes en asuntos relacionados con la sexualidad, lo que genera polarización cultural. La inclusión intolerante, que constituye la fórmula populista clásica en América Latina, está siendo reinventada por los pastores protestantes.

Brasil es un buen ejemplodel aumento del poder evangélico en América Latina.Labancada evangélica, los noventa y tantos miembros evangélicos del congreso, han frustrado acciones legislativas a favor de la población LGBT, desempeñaron un papel importante en la destitución de la presidenta Dilma Rousseff y cerraron exposiciones en museos.Unalcalde evangélicofue electo en Río de Janeiro, una de las ciudades del mundo más abiertas con la comunidad homosexual. Sus éxitos han sido tan ambiciosos, que los obispos evangélicos de otros países dicen que quieren imitar el “modelo brasileño”.

Ese modelo se está esparciendo por la región.Con la ayuda de los católicos, los evangélicos también han organizado marchas en contra del movimiento LGBT en Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Perú y México. EnParaguayy Colombia pidieron que los ministerios de educación prohibieran los libros que abordan la sexualidad. En Colombia incluso semovilizaronpara que se rechazara el acuerdo de paz con las Farc, el mayor grupo guerrillero en América Latina, con el argumento de que los acuerdos llevaban muy lejos los derechos feministas y de la comunidad LGBT.

¿Cómo es que los grupos evangélicos han adquirido tanto poder político? Después de todo, incluso en Brasil, las personas que se identifican como evangélicos siguen siendo una minoría y en la mayoría de los países el ateísmo va en aumento. La respuesta tiene que ver con sus nuevas tácticas políticas.

Ninguna de esas estrategias ha sido tan transformadora como la decisión de establecer alianzas con partidos políticos de derecha.

Históricamente, los partidos de derecha en América Latina tendían a gravitar hacia la Iglesia católica y a desdeñar el protestantismo, mientras que los evangélicos se mantenían al margen de la política. Ya no es así. Los partidos conservadores y los evangélicos están uniendo fuerzas.

Las elecciones presidenciales de Chile en 2017 ofrecen un ejemplo claro de esta unión entre los obispos evangélicos y los partidos. Dos candidatos de derecha, Sebastián Piñera y José Antonio Kast, buscaron ganarse el favor de los evangélicos. El ganador de las elecciones, Piñera, teníacuatro pastores evangélicoscomo asesores de campaña.

Hay una razón por la cual los políticos conservadores están abrazando el evangelicalismo. Los grupos evangélicos están resolviendo la desventaja política más importante que los partidos de derecha tienen en América Latina: su falta de arrastre entre los votantes que no pertenecen a las élites. Tal como señaló el politólogo Ed Gibson, los partidos de derecha obtenían su electorado principal entre las clases sociales altas. Esto los hacía débiles electoralmente.

Los evangélicos están cambiando ese escenario. Están consiguiendo votantes entre gente de todas las clases sociales, pero principalmente entre los menos favorecidos. Están logrando convertir a los partidos de derecha en partidos del pueblo.

Este matrimonio de los pastores con los partidos no es un invento latinoamericano. Desde la década de los ochenta sucede en Estados Unidos, conforme la derecha cristiana poco a poco se convirtió en lo que puede llamarse el electorado más confiable del Partido Republicano. Incluso Donald Trump —a quien muchos consideran la antítesis de los valores bíblicos— hizo su campaña con una plataforma evangélica. Escogió a su compañero de fórmula, Mike Pence, por su evangelicalismo.

No es accidental que Estados Unidos y América Latina tengan experiencias similares en cuanto a la política evangélica. Los evangélicos estadounidenses instruyen a sus contrapartes latinoamericanos sobre cómo coquetear con los partidos, convertirse en cabilderos y combatir el matrimonio igualitario.Hay muy pocos grupos de la sociedad civil que tengan vínculos externos tan sólidos.

Además de establecer alianzas con los partidos, los grupos evangélicos latinoamericanos han aprendido a hacer las paces con su rival histórico, la Iglesia católica. Por lo menos en cuanto al tema de la sexualidad, los pastores y los sacerdotes han encontrado un nuevo terreno común.

El ejemplo más reciente de cooperación ha sido en el enfoque: el lenguaje que los actores políticos utilizan para describir sus causas. Para los sociólogos, mientras más actores logren enfocar un asunto para que resuene entre múltiples electorados, y no solo el principal, más probable es que influyan en la política.

En América Latina, los clérigos tanto católicos como evangélicos han encontrado un enfoque eficaz para su conservadurismo: la oposición a lo que han bautizado como “ideología de género”.

Este término se usa para etiquetar cualquier esfuerzo por promover la aceptación de la diversidad sexual y de género. Cuando los expertos argumentan que la diversidad sexual es real y la identidad de género es un constructo, el clero evangélico y católico dice que no se trata de algo científico, sino de una ideología.

A los evangélicos les gusta enfatizar la palabra “ideología” porque les da el derecho, argumentan, de protegerse a sí mismos —y en especial a sus hijos— de la exposición a esas ideas. La ideología de género les permite encubrir su homofobia con un llamado a proteger a los menores.

La belleza política de la “ideología de género” es que ha dado a los clérigos una forma de replantear su postura religiosa en términos laicos: como derechos de los padres. En América Latina, el nuevo lema cristiano es: “Con mis hijos no te metas”. Es uno de los resultados de esta colaboración entre evangélicos y católicos.

Políticamente, podríamos ser testigos de una tregua histórica entre los protestantes y los católicos en la región: mientras que los evangélicos acordaron adoptar la fuerte condena de la Iglesia católica al aborto, el catolicismo ha adoptado la fuerte condena de los evangélicos a la diversidad sexual y, juntos, pueden confrontar la tendencia en aumento hacia la secularización.

Esta tregua plantea un dilema para el papa Francisco, que está por terminar una gira por América Latina. Por una parte, ha expresado su rechazo al extremismo y su deseo de conectar con los grupos más modernos y liberales de la Iglesia. Por la otra, este papa ha hecho de los “encuentros cristianos” un sello distintivo de su papado, y él mismo no es del todo alérgico al conservadurismo cultural de los evangélicos.

Como actor político, el papa también se preocupa por la decreciente influencia de la Iglesia en la política, así que una alianza con los evangélicos parece el antídoto perfecto contra su declive político. Una cuestión apremiante que el papa necesita ponderar es si está dispuesto a pagar el precio de un mayor conservadurismo para reavivar el poder cristiano en Latinoamérica.

El evangelicalismo está transformando a los partidos y posiblemente a la Iglesia católica. Los partidos políticos se concebían a sí mismos como el freno esencial de la región en contra del populismo. Ese discurso ya no es creíble. Los partidos están dándose cuenta de que unirse a los pastores genera emoción entre los votantes —incluso si es solo entre quienes asisten a los servicios— y la emoción es equivalente al poder.

Por: Javier Corrales, profesor de Ciencias Políticas en Amherts College, es coautor, junto con Michael Penfold, de “Dragon in the Tropics: The Legacy of Hugo Chávez in Venezuela”, y es articulista regular del The New York Times en Español.
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