O ódio à ciência

“Se Jesús não ensinou idiomas, literatura, física ou química, por que ensinar?”  Cada vez mais o pensamento racional se encontra ameaçado por um grupo maior de diversas religiões que se esforçam para lavar o cérebro de crianças, atrofiando sua capacidade de discernimento.

El odio por la ciencia de la fundadora del adventismo

La señora Elena G. de White nació un 26 de noviembre de 1827 y llegaría a ayudar a establecer la Iglesia Adventista del Séptimo Día, una variante del cristianismo nacido en el siglo XIX.
Para los adventistas la figura de Elena G. de White es muy importante porque para ellos es considerada como "profeta", elemento que los distancia de otros grupos protestantes. Sin embargo, un análisis escéptico a la vida y obra de la señora White nos muestra que su fanatismo y alucinaciones visuales y auditivas, se enmarcan con una epilepsia de lóbulo temporal, así como causa sobresalto sus predicciones incumplidas y sus posturas fanáticas en las que despreció la lucha por la igualdad racial y la emancipación de la mujer a cambio de defender la predicación de un inminente fin del mundo. En este artículo revisaremos las recomendaciones dadas al sistema de educación adventista.En el libro llamado "La educación cristiana" se muestra una torcida visión de la educación, en la que se promueve el lavado cerebral y el adoctrinamiento, en lugar del libre pensamiento, la lectura crítica y la ciencia.Nótese la siguiente declaración: "¿Qué es la educación superior? Ninguna puede ser llamada así a menos que lleve la semejanza del cielo, a menos que encamine a los jóvenes de ambos sexos a ser semejantes a Cristo, y los habilite para ponerse a la cabeza de sus familias, en lugar de Dios.Si, durante su vida escolar, un joven ha dejado de adquirir un conocimiento del griego o del latín y los sentimientos contenidos en las obras de autores incrédulos, no ha sufrido mucha pérdida. Si Jesucristo hubiera considerado esencial esta clase de educación, ¿no la hubiera dado a sus discípulos a quienes estaba educando para que hiciesen la obra más grande que jamás se haya encargado a los mortales, la de representarlo ante el mundo? Empero, en lugar de ella, puso la verdad sagrada en sus manos para que la diesen al mundo en su sencillez. EC 236.3 A veces son necesarios los eruditos en griego y latín. Alguien ha de estudiar estos idiomas. Eso está bien. Pero no todos, ni tampoco muchos, deben estudiarlos. Los que creen que el conocimiento del griego y el latín es esencial para una educación superior, no pueden ver muy lejos.Ni tampoco es necesario un conocimiento de los misterios de aquello que los hombres y el mundo llaman ciencia, para entrar en el reino de Dios.Satanás es el que llena la mente de sofismas y tradición, que excluyen la verdadera educación superior y perecerán con el estudiante" Es decir, si Jesús no le enseñó idiomas, literatura, física o química ¿para qué enseñarlos?. Noten el grado de lavado cerebral que desea inducir esta señora. Y para evidenciar, aún más, su desprecio por la ciencia, luego remata:"Muchos educadores de escuelas de la actualidad están practicando el engaño al guiar a sus alumnos a terrenos de estudio comparativamente inútiles, estudios que exigen tiempo, concentración y recursos que debieran emplearse en la obtención de aquella educación superior que Cristo vino a dar [...] El llamado árbol de la ciencia, se ha convertido en un instrumento de muerte. Satanás se ha entretejido artificiosamente, juntamente con sus dogmas y falsas teorías, en la instrucción impartida. Desde el árbol de la ciencia emite las lisonjas más agradables respecto a la educación superior. Millares participan del fruto de este árbol; mas ese fruto significa muerte para ellos.Cristo les dice: “Gastáis el dinero en lo que no es pan. Estáis empleando los talentos que Dios os ha confiado en la obtención de una educación que Dios considera como locura”.Estas ideas son tomadas literalmente por muchos adventistas, especialmente un grupo denominado "Movimiento de reforma" o reformistas. En estos grupos los niños asisten a escuelas adventistas, o incluso se les niega el derecho a la educación para ser educados en casa en el sistema de Home Schooling, además de negarse a usar medicamentos y oponerse a la vacunación. Cada vez el pensamiento racional se encuentra más amenazado por un grupo mayor de diversas religiones que apuntan sus esfuerzos en lavar el cerebro a niños pequeñas atrofiando su capacidad de discernimiento.Ver también: Elena G. de White y su temor por el racionalismo Elena G. de White: ¿Profeta de Dios o epiléptica de lóbulo temporal? Elena G. de White y los adventistas del séptimo día
En este artículo revisaremos las recomendaciones dadas al sistema de educación adventista. En el libro llamado “La educación cristiana” se muestra una torcida visión de la educación, en la que se promueve el lavado cerebral y el adoctrinamiento, en lugar del libre pensamiento, la lectura crítica y la ciencia.

Nótese la siguiente declaración:

“¿Qué es la educación superior? Ninguna puede ser llamada así a menos que lleve la semejanza del cielo, a menos que encamine a los jóvenes de ambos sexos a ser semejantes a Cristo, y los habilite para ponerse a la cabeza de sus familias, en lugar de Dios. Si, durante su vida escolar, un joven ha dejado de adquirir un conocimiento del griego o del latín y los sentimientos contenidos en las obras de autores incrédulos, no ha sufrido mucha pérdida.Si Jesucristo hubiera considerado esencial esta clase de educación, ¿no la hubiera dado a sus discípulos a quienes estaba educando para que hiciesen la obra más grande que jamás se haya encargado a los mortales, la de representarlo ante el mundo?Empero, en lugar de ella, puso la verdad sagrada en sus manos para que la diesen al mundo en su sencillez. EC 236.3
A veces son necesarios los eruditos en griego y latín. Alguien ha de estudiar estos idiomas. Eso está bien. Pero no todos, ni tampoco muchos, deben estudiarlos. Los que creen que el conocimiento del griego y el latín es esencial para una educación superior, no pueden ver muy lejos.Ni tampoco es necesario un conocimiento de los misterios de aquello que los hombres y el mundo llaman ciencia,para entrar en el reino de Dios. Satanás es el que llena la mente de sofismas y tradición, que excluyen la verdadera educación superior y perecerán con el estudiante”
Es decir, si Jesús no le enseñó idiomas, literatura, física o química ¿para qué enseñarlos?. Noten el grado de lavado cerebral que desea inducir esta señora. Y para evidenciar, aún más, su desprecio por la ciencia, luego remata:
“Muchos educadores de escuelas de la actualidad están practicando el engaño al guiar a sus alumnos a terrenos de estudio comparativamente inútiles, estudios que exigen tiempo, concentración y recursos que debieran emplearse en la obtención de aquella educación superior que Cristo vino a dar […]

El llamado árbol de la ciencia, se ha convertido en un instrumento de muerte. Satanás se ha entretejido artificiosamente, juntamente con sus dogmas y falsas teorías, en la instrucción impartida. Desde el árbol de la ciencia emite las lisonjas más agradables respecto a la educación superior. Millares participan del fruto de este árbol; mas ese fruto significa muerte para ellos. Cristo les dice: “Gastáis el dinero en lo que no es pan. Estáis empleando los talentos que Dios os ha confiado en la obtención de una educación que Dios considera como locura”.Estas ideas son tomadas literalmente por muchos adventistas, especialmente un grupo denominado “Movimiento de reforma” o reformistas. En estos grupos los niños asisten a escuelas adventistas, o incluso se les niega el derecho a la educación para ser educados en casa en el sistema deHome Schooling,además de negarse a usar medicamentos y oponerse a la vacunación.
Cada vez el pensamiento racional se encuentra más amenazado por un grupo mayor de diversas religiones que apuntan sus esfuerzos en lavar el cerebro a niños pequeñas atrofiando su capacidad de discernimiento.
 
Por: Ferney Yesyd Rodríguez
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Biólogos alemães defendem fim do termo ′raça′ para humanos

Não há base biológica para raças, e nunca houve uma. O conceito de raça é resultado do racismo
não seu pré-requisito”. A simples remoção da palavra “raça” do vocabulário acadêmico não evitará o racismo
mas pode contribuir para garantir que esse preconceito “não possa mais ser invocado por nós como uma justificativa”

Classificação biológica de pessoas em raças é uma forma de racismo, defendem especialistas

Biólogos alemães defendem fim do termo ‘raça’ para humanos

Em manifesto, pesquisadores afirmam que não há base biológica para classificação da humanidade em raças e que conceito é resultado do racismo, além de ter sido usado para justificar perseguições e escravidão.

Cientistas da Universidade de Jena, localizada no leste da Alemanha, afirmaram que não há base biológica para a classificação da humanidade em raças e lançaram um manifesto pedindo que o termo deixe de ser usado na descrição humana.

“A justificativa primariamente biológica para definir grupos humanos em raças, por exemplo, com base na cor de pele ou de seus olhos ou no formato de seus crânios, levou à perseguição, escravização e matança de milhões de pessoas”, diz um trecho do manifesto intitulado Declaração de Jena.

“Não há base biológica para raças, e nunca houve uma. O conceito de raça é resultado do racismo, não seu pré-requisito”, acrescenta o texto. Segundo os pesquisadores signatários do manifesto, a categorização hierárquica de grupos de pessoas com base em seus traços biológicos supõe relações evolutivas entre as espécies, sendo assim uma forma de racismo.

A Declaração de Jena foi elaborada pelos biólogos, especializados em evolucionismo, Martin Fischer, Uwe Hossfeld e Johannes Krause, da Universidade Friedrich Schiller de Jena, e Stefan Richter, da Universidade de Rostock. O manifesto foi apresentado no âmbito do 100º aniversário da morte de Ernst Haeckel, que foi considerado por muitos a versão alemã de Charles Darwin.

Haeckel foi um notório zoólogo e biólogo que teria contribuído para a biologia nazista. O cientista categorizou os humanos em 12 “espécies” e 36 “raças”, afirmando inclusive que grupos indígenas e negros seriam menos civilizados que europeus.  Por meio de uma suposta classificação científica de “raças humanas” em “árvores genealógicas”, Haeckel contribuiu para “uma forma de racismo aparentemente baseada na ciência”, ressalta o manifesto.

O biólogo Uwe Hossfeld afirmou que Haeckel era um “racista naturalista”, pregando ideias do seu tempo, e que o atual manifesto é uma revisão crítica da tradição da disciplina.

Pesquisas científicas sobre variações genéticas de seres humanos apontaram que “em vez de limites definidos, os gradientes genéticos ocorrem entre grupos humanos”, segundos os pesquisadores. “Para ser explícito, não apenas não há um único gene que sustente as diferenças ‘raciais’, como não existe nem mesmo um único par de bases”, explicaram.

O manifesto carrega um peso adicional na Alemanha, onde, durante o regime nazista, a eugenia, um conjunto de crenças e práticas que visava melhorar a qualidade genética de uma população humana, e a higiene racial foram amplamente aplicadas para promover o dogma ideológico nazista de manter uma raça matriz pura e biologicamente superior a outras.

O presidente da Universidade de Jena, Walter Rosenthal, admitiu que a simples remoção da palavra “raça” do vocabulário acadêmico não evitará o racismo, mas pode contribuir para garantir que esse preconceito “não possa mais ser invocado por nós como uma justificativa”.

Na Declaração de Jena, o grupo de cientistas estabeleceu uma ligação entre as formas atuais de racismo e “disciplinas aparentemente científicas”, como higiene racial e eugenia. “Designar ‘os africanos’ como uma suposta ameaça à Europa e atribuir certas características biológicas a eles está na tradição direta do pior racismo do nosso passado. Portanto, vamos garantir que as pessoas nunca mais sejam discriminadas com base em especificações biológicas”, concluíram os cientistas.

Para animais domésticos, o termo raça ainda é adequado. Segundo Hossfeld, isso ocorre porque as raças nestes casos são resultado de criação e não de um processo biológico natural. “A qualificação geográfica não se aplica a animais domésticos. Não existem dachshunds de Gilbratar que migraram para o norte”, acrescentou o biólogo.

“Nature” publica guia sobre pensamento crítico

Experiências pessoais e relatos isolados, por si sós, não provam nada. O fato de uma solução/terapia/intervenção ser usada há décadas ou séculos não implica que ela seja segura ou eficiente. O fato de uma solução/terapia/intervenção ser baseada numa nova descoberta científica ou numa tecnologia maravilhosa não implica que ela seja segura ou eficiente. Opiniões de especialistas, autoridades ou celebridades não bastam para embasar uma alegação.

A revista “Nature” publicou, no início do mês, um artigo de opinião, assinado por 25 pesquisadores, sugerindo uma série de critérios e advertências para a tomada de decisão em questões de política e pública e saúde, adaptados do padrão-ouro da pesquisa médica, o teste controlado, randomizado, duplo-cego com grupo placebo, o popular RCT. 

O artigo todo é muito bom e vale a leitura, mas como é longo e está em inglês, vamos dar um resumo por aqui. O princípio básico é de que alegações de eficácia e propostas para a solução de problemas – médicos, sociais, econômicos, domésticos, você escolhe – devem, sempre que possível, ser baseadas em evidência produzida preferencialmente por comparações justas.

A ideia de comparação justa – em que os grupos avaliados têm formação semelhante, encontram-se em condições iguais e são tratados de forma idêntica, exceto no que diz respeito à intervenção testada – é a base dos RCTs médicos. Generalizar o procedimento específico dos testes clínicos para questões sociais pode ser complicado (embora não impossível), mas o princípio é algo que vale a pena ter em mente, ainda que como um ideal a ser alcançado.

Fazem também parte do guia uma série de princípios que, neste alvorecer do século 21, quatrocentos anos após a Revolução Científica e quase duzentos anos depois de a profissão médica ter se convencido de que lavar mãos salva vidas, deveriam ser tão óbvios quanto o fato de que galinhas têm penas e porcos não voam. Mas não são. São princípios que precisam ser aprendidos, repetidos, e defendidos com unhas e dentes no debate público. Alguns deles:

Experiências pessoais e relatos isolados, por si sós, não provam nada;

O fato de uma solução/terapia/intervenção ser usada há décadas ou séculos não implica que ela seja segura ou eficiente;

O fato de uma solução/terapia/intervenção ser baseada numa nova descoberta científica ou numa tecnologia maravilhosa não implica que ela seja segura ou eficiente;

Opiniões de especialistas, autoridades ou celebridades não bastam para embasar uma alegação;

E, o clássico absoluto:

Correlação não implica relação de causa e efeito! 

Ou, como os autores do guia escrevem, “muitas pessoas não percebem que duas coisas podem estar associadas sem, necessariamente, uma causar a outra”.

O artigo na “Nature” chama atenção para o fato de que a mídia – incluindo publicações universitárias e o material de divulgação produzido por institutos de pesquisa e enviado para a imprensa – perpetua esse falso elo entre associação e causação, principalmente como estratégia para “esquentar” matérias sobre dietas, saúde e hábitos de consumo.

Notando que o público tem dificuldade em discriminar o grau de confiabilidade de diversos tipos de evidência, o guia cita pesquisa realizada no Reino Unido que apontou que apenas pouco mais de um terço da população britânica confia em pesquisa médica, enquanto que dois terços confiam nas experiências pessoais de amigos e familiares com remédios e tratamentos.

Nem todos os problemas, porém, estão no senso-comum do público em geral, não escolado nas sutilezas do método científico ou nas críticas clássicas de David Hume (1711-1776) à facilidade com que fazemos inferências injustificadas sobre regularidades da natureza e relações de causa e efeito.

Há princípios no guia que dizem respeito a alguns maus hábitos que volta e meia se instalam na prática científica, por exemplo:

Mais dados não são, necessariamente, dados melhores;

Deve-se dar atenção aos resultados principais, não a indicadores indiretos (por exemplo, aumentar a sobrevivência do paciente é mais importante do que melhorar os resultados de seu exame de sangue);

Estudos pequenos podem levar a conclusões erradas;

Os resultados de um único estudo, tomados de forma isolada, podem levar a conclusões erradas;

Declarar um resultado “estatisticamente significativo” ou “não significativo” pode levar a conclusões erradas;

Revisão pelos pares e publicação num periódico científico não são garantia de que a comparação foi justa.

Estes últimos pontos são especialmente importantes hoje em dia, quando vendedores de panaceias, milagres estéticos diversos e defensores de terapias alternativas se esmeram em reunir “evidência científica” a favor de suas gororobas.

A própria “Nature”, para ficar no mesmo periódico, já publicou artigos, revisados pelos pares e nunca retratados, afirmando que o ilusionista israelense Uri Geller era capaz de, por meios paranormais, adivinhar corretamente os resultados de dados agitados dentro de uma caixa fechada; e que água é capaz de reter a “memória” de materiais com que já teve contato.

Vistos isoladamente, cada um desses trabalhos pode parecer revolucionário. No contexto maior da ciência, reduzem-se a curiosidades históricas e lições práticas sobre erros de metodologia.

Seria muito bom se o guia publicado agora fosse disseminado e passasse a embasar discussões, não só de ciência, mas também de política pública – e também, na medida do possível, os processos de tomada de decisão por que todos passamos no dia a dia. Seria uma lufada de ar puro, em meio ao miasma atual de preconceito e arrogância que passa por evidência no discurso público em que, para o bem ou para o mal, todos estamos inseridos.