Por que uma mulher comeria sua placenta?

“Quando as minhas pacientes começaram a perguntar se podiam comer suas placentas, devo admitir que fiquei estupefacta. E estou acostumada a enterarme de coisas sobre o corpo que a maioria das pessoas nem imagina.”

Ilustración por Claire Milbrath

Gracias por no comerte tu placenta

En el hospital canadiense donde fui residente de ginecobstetricia, a inicios de los años noventa, teníamos un congelador para placentas.

Después de los partos, las placentas que no tuvieran que ser revisadas por un patólogo para ver si tenían infecciones o algún otro problema médico se guardaban en el congelador. El hombre de la placenta (lo llamábamos así en lugar usar su nombre) llegaba cuando ya había muchos de esos discos rojos congelados y se los llevaba a una empresa que al parecer los convertía en extracto de placenta.

Según nos contaron las enfermeras obstetras, ese era el ingrediente secreto de muchas cremas que combatían las arrugas y otras molestias del envejecimiento que aquejan a las mujeres.

Nunca usé humectantes o cremas faciales durante la residencia. Las ginecólogas y obstetras no somos tan adeptas a la placenta como la industria de los cosméticos de aquel entonces.

Aunque es cierto que da oxígeno y nutrientes al feto en desarrollo, ningún otro animal tiene una placenta tan demandante. Las mujeres tienen el revestimiento uterino más grueso de todos los mamíferos, así que, para tener acceso al flujo sanguíneo, la placenta del humano debe ser muy agresiva; imaginen una carrera armamentista en términos evolutivos (una que puede provocar complicaciones muy serias, como la preeclampsia).

Parece que el extracto de placenta ya no es un ingrediente tan común en los humectantes actuales.Algunas de mis pacientes comenzaron a preguntarme si podían llevarse su placenta para enterrarla, lo cual es una costumbre enalgunas culturas.

Y luego empezaron a preguntar acerca de comerse las placentas.

Como alguien que se especializa en enfermedades infecciosas y salud sexual, estoy acostumbrada a enterarme de cosas sobre el cuerpo que la mayoría de la gente ni se imaginaría. Pero debo admitir que me quedé estupefacta.

Las placentas suelen estar colonizadas por bacterias. Muchas están infectadas. Como regla general, es mejor no comer algo que tal vez esté atestado de bacterias, sobre todo si muchas de ellas pueden ser patogénicas (es decir: pueden causar enfermedades).

“¿Por qué una mujer se comería su placenta?”, pregunté.

“Los mamíferos lo hacen”, me respondieron.

Suspiré.

Es cierto que muchos mamíferos se comen su placenta. Pero hay muchas diferencias entre nosotros y otros mamíferos: unos tienen camadas, otros tienen úteros de diferentes formas con placentas menos invasivas. También en general tienen ciclos estrales, y no menstruales, lo cual quiere decir que suelen tener sexo únicamente cuando están en celo.

Es decir, la mayoría de los mamíferos tienen una fisiología reproductiva completamente diferente, sin mencionar comportamientos absolutamente distintos a los nuestros.

Cuando tenía 5 años, mi hámster se estresó y se comió a todas sus crías. Últimamente, mi gata come pasto. Eso la hace vomitar porque los gatos, como son carnívoros obligados, no pueden digerir el pasto.

Me imagino que mi gata hace esto cuando anda mal del estómago, aunque también es posible que quiera echarme su comidagourmeten mis zapatos por algo que no haya sido de su agrado. Con los gatos nunca se sabe.

Imagínense que su gastroenterólogo les sugiriera comer pasto cuando están mal del estómago solo porque los gatos lo hacen.

No me viene a la mente ninguna hipótesis de la obstetricia moderna, ni qué decir de la medicina moderna, que se haya contestado diciendo: “Bueno, los mamíferos lo hacen”.

Otra razón que he escuchado para defender la placentofagia —comerse la placenta— es el típico comentario de “es una práctica muy antigua”.

Pero no lo es.

Muchas terapias biológicamente inverosímiles o con poca evidencia de su efectividad, como la homeopatía, la naturopatía y el reiki, son consideradas ancestrales, pero la más vieja de estas es la homeopatía, que surgió apenas en los inicios del siglo XIX. El reiki data de principios del siglo XX y la placentofagia es todavía más reciente.

Al parecer no hay ninguna sociedad preindustrial en la que las personas comieran placenta. Es cierto que la obstetricia moderna ha estropeado muchas buenas prácticas de la partería, pero casi todas aún se llevan a cabo de manera clandestina o alternativa.

Si bien no está claro exactamente cuándo inició la práctica moderna de la placentofagia, entre los primeros reportes que hay en la literatura médica tenemos uno de 1973. Se trata de una experiencia narrada en la revista Rolling Stone en 1972, sobre un parto en una comuna, donde cocinaron al vapor la placenta después del nacimiento y luego se la comió la madre y la “compartió con amigas”.

Parece lógico pensar que, si la placenta tuviera algún valor nutricional, históricamente las mujeres se la habrían comido después de dar a luz, sobre todo en época de hambrunas, pero no hay informes que lo reporten.

En la medicina tradicional se han usado pequeñas cantidades de placenta (pero no para las madres recién paridas) y al parecer la membrana amniótica también se usaba con fines medicinales y se vendía para prevenir el ahogamiento, así que está claro que la gente no se oponía a comerciar o vender recuerdos del parto. Incluso en la literatura se habla de las membranas amnióticas, como en los libros de Charles Dickens (David Copperfield) y Stephen King (El resplandor). ¿Pero de la placentofagia? No tanto.

Si bien las afirmaciones falsas de que es una práctica antigua y el grito de guerra de “¡Los mamíferos lo hacen!” han creado cierto interés, nosotros los médicos ahora tenemos que lidiar con ese caballo de Troya que son las recomendaciones con base en anécdotas que se cuentan con la promesa de tener resultados increíbles.

En el caso de la placentofagia, el gancho es que mejora el humor, la fatiga, el dolor y la cantidad de leche materna, que son algunas de las principales preocupaciones de las mujeres puérperas o recién paridas.

La primera vez que escuché sobre la placentofagia, me dio la impresión de que la mayoría la cocinaba. Esto ha dado pie a la placenta encapsulada, un proceso mediante el cual una placenta cocinada al vapor y deshidratada (aunque a veces puede estar cruda) se muele y coloca en cápsulas de gelatina para consumirlas así. Además de que son un posible peligro biológico, no hay normas que regulen el procesamiento de placenta para el consumo humano por medio de la encapsulación.

¿Por qué ese cambio a cápsulas? Es imposible asegurar algo al respecto, pero yo me pregunto si no estará relacionado con una fuerte promoción de aquellos con un interés financiero en su comercialización. Encapsular la placenta puede costar entre 200 y 400 dólares.

Asarla en una sartén no deja tantas ganancias.

Hay pocos estudios, pero parece que la placenta encapsulada tieneun poco de hierro, aunque no tanto como para tratar la anemia. Tal vez también haya suficiente estradiol y progesterona, que son dos hormonas reproductivas, para crear un posibleefecto clínico.

En términos biológicos, esto es preocupante, pues dosis farmacológicas de estrógeno en el primer mes del posparto pueden tener un impacto negativo en la cantidad de leche, y en teoría podrían incrementar el riesgo de coágulos sanguíneos.

También se han encontrado rastros de elementos potencialmente nocivos, como arsénico, mercurio y plomo. Pero se desconoce si en una cantidad suficiente para causar daño a la madre.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos reportaron un caso de sepsis neonatal ligada a la ingesta o manipulación materna de placenta encapsulada que estaba contaminada con estreptococo del grupo B.

Habrá defensores de la placentofagia que cuando lean este artículo me acusarán de ser una herramienta del patriarcado o una ludita que quiere privar a las mujeres de nuevos tratamientos.

Sé que el puerperio es difícil para muchas mujeres, si no es que para la mayoría, y necesitamos más estudios sobre cómo proporcionar ayuda durante esta etapa. Las nuevas madres podrían beneficiarse de recibir visitas posparto y apoyo por vía telefónica de gente capacitada, así como de una licencia adecuada de maternidad.

Sin embargo, un tratamiento nuevo basado en anécdotas sin una preparación ni un método estandarizado y seguro no es la respuesta. Sabemos tan poco sobre los efectos de comer la placenta que ni siquiera sabemos lo que no sabemos.

No me puedo imaginar recetando un fármaco —sobre todo durante el periodo inmediatamente posterior a dar a luz— del que se tiene tan poca información y que se ha investigado tan poco como las placentas encapsuladas.

Lo que sí sé con toda seguridad es que ninguna mujer se ha beneficiado con información insuficiente, más si se trata de algo que va a ingerir.

12 mitos sobre as frutas desmentidos por especialistas

Quatro especialistas em Nutrição e Endocrinologia esclarecem as dúvidas mais frequentes sobre o consumo de frutas.

12 mitos sobre la fruta, desmentidos por expertos

Que si puede producir diabetes, que si tomarla en la cena provoca indigestión, que si hay que evitar el plátano y el aguacate porque engordan… Las frutas están entre los alimentos más saludables y, al mismo tiempo, muchas veces se ven envueltas en una maraña de dudas y mitos (generalmente falsos).

Hay gente que todavía no tiene claro por qué el azúcar de la fruta y el de los dulces es distinto o por qué no vale sustituir una pieza por un vaso de zumo.El HuffPostse ha puesto en contacto con cuatro expertos en Nutrición y Endocrinología para resolver estas y otras de las cuestiones que más preocupan sobre las frutas.

MITO 1.

Comer melón o sandía por la noche es indigesto

FALSO

“En realidad depende de la tolerancia individual de las personas. Y el melón y la sandía no son alimentos que la gente tolere especialmente mal, pero por algún motivo están criminalizados”, señala Aitor Sánchez, dietista, nutricionista y autor de Mi dieta cojea. “Se ha dado mucho bombo al ‘me sienta mal el melón por la noche’, pero luego hay quien se toma una pizza, un kebab y ungin tonicantes de irse a la cama y parece que eso no nos sienta mal”.

Además, “el melón y la sandía son de las frutas que menos calorías tienen”, recalca la endocrinóloga María José Tapia Guerrero, miembro del área de nutrición de laSociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN). “Se pueden tomar a cualquier hora del día; no tiene ninguna base científica creer que son más indigestos que otras”, confirma. Lo único que se podríaachacara estas frutas es que “son alimentos muy diuréticos y por su alto contenido en agua y minerales, te harán orinar más”, apunta la tecnóloga de alimentos Beatriz Robles.

MITO 2.

Comer frutas de noche o de postre engorda

FALSO

“En la alimentación, el orden de factores no suele alterar el producto. Existen múltiples mitos que recomiendan comer la fruta al principio de la comida, pero el orden de su consumo no va a modificar que se gane más o menos peso; dependerá de la cantidad y tipo de alimento consumido”, indica María José Tapia. De hecho, “cualquier momento del día es bueno para comer fruta fresca”, corrobora la experta.

Por otro lado, apunta el nutricionista Carlos Ríos, “no hay un alimento que te haga engordar por sí solo y menos por tomarlo a una hora. Lo que te puede engordar son patrones y conductas de alimentación, no un alimento concreto”. A esto se suma que “las frutas son de los alimentos menos calóricos; por tanto, la afirmación es menos lógica todavía” —añade Ríos—, “no tiene un respaldo científico”.

MITO 3.

Comer mucha fruta puede producir diabetes

(MUY) FALSO

“Con ese tema llevamos años luchando”, reconoce Beatriz Robles. “A día de hoy todavía hay personal sanitario que recomienda limitar la ingesta de fruta a una o dos piezas al día en pacientes con diabetes. Cuando, al contrario, deberían potenciar su consumo“, destaca.

En la misma línea va Carlos Ríos, que desmiente tajantemente el mito: “Es falso. La fruta incluso puede prevenir la aparición de enfermedades crónicas no transmisibles como la diabetes tipo 2, porque es fuente de fibra, de antioxidantes, de vitaminas, minerales… Y además por la baja densidad calórica hace que sea protectora contra enfermedades como la obesidad y el síndrome metabólico”.

MITO 4.

Engorda igual el azúcar de la fruta que el de las galletas

(MUY) FALSO

“Es completamente falso, una falacia como un templo”, afirma rotundo Aitor Sánchez. “Básicamente porque son productos contrarios; las galletas y bollería están asociadas al sobrepeso y a la obesidad, mientras que la fruta y la verdura se utilizan para combatirlos”.

“No es lo mismo 100 kilocalorías de plátano que 100 kilocalorías de galletas, porque es diferente el origen, la matriz alimentaria”, coincide la tecnóloga de alimentos Beatriz Robles. “Los alimentos ultraprocesados producen a medio y largo plazo resistencia a la insulina, lo cual predispone a la aparición de diabetes y enfermedades cardiovasculares. El mensaje es: hay que fijarse en los alimentos en su conjunto, no en sus nutrientes por separado”, indica.

María José Tapia va más allá: “Las galletas aportan hidratos de carbono de absorción rápida; en cambio, las frutas, siempre que las tomemos enteras (no en forma de zumo) aportan hidratos de carbono de absorción lenta”. “Los hidratos de carbono refinados o de absorción rápida (azúcares, alimentos ricos en harinas, bollería) siempre van a producir una mayor ganancia de peso debido a que su densidad calórica es mayor. Pero los hidratos de carbono de absorción lenta (legumbres, fruta) producen un mayor efecto saciante y, habitualmente, poseen una menor densidad calórica”, argumenta.

MITO 5.

La piña es diurética y ayuda a adelgazar

VERDADERO Y FALSO

“Casi todas (o todas) las frutas y verduras son diuréticas y ayudan al tránsito”, afirma Aitor Sánchez. “Pero parece que algunos le dan más fama a la piña, a la alcachofa o al kiwi”, lamenta. “En cuanto a adelgazar, no podemos atribuirles propiedades adelgazantes, pero sí se puede decir que previenen el sobrepeso, y sí se utilizan como medio en dietas adelgazantes”, explica.

Además, “bajar de peso no equivale a adelgazar”, apunta Beatriz Robles. “Al eliminar líquido (por el efecto diurético, en este caso), pierdes peso, pero eso luego se recupera al beber agua, por ejemplo. La piña no es ni adelgazante ni quemagrasas, como ningún producto lo es. Lo que sí está demostrado es que una dieta rica en fruta y verduras está asociada a un menor peso y a menor probabilidad de obesidad”, aclara la experta.

MITO 6.

Es mejor no mezclar fruta

(MUY) FALSO

“Una dieta variada, rica en frutas y verduras diferentes, que aportan distintos nutrientes, se asocia con un mayor beneficio que consumir sólo un tipo de fruta o verdura”, asegura María José Tapia, de SEEN.

“No hay ninguna evidencia, así que no es ni rebatible”, coincide el nutricionista Aitor Sánchez. “Es lo que repiten muchos gurús, pero porque está de moda lo de mezclar y no mezclar”.

MITO 7.

Si estás a dieta, no comas ni plátano ni aguacate

FALSO

Beatriz Robles lo tiene claro: “Eso se dice porque, en proporción, tienen más kilocalorías que otras frutas. El plátano tiene más hidratos de carbono y el aguacate es una fruta grasa. Pero no deben eliminarse de las dietas. Antes se utilizaba la teoría del balance energético (las calorías que entran por las que salen), pero ya está superada. Lo que importa es el efecto metabólico; hay que valorar los alimentos en su conjunto y no mirar la cantidad de calorías, grasas e hidratos por separado. Por ejemplo: el aguacate tiene grasa, sí, pero es ácido oleico, el mismo que el aceite de oliva virgen extra. Y los plátanos contienen fibra, micronutrientes, flavonoides, no producen picos de glucemia, sus componentes se absorben más lentamente y tienen un efecto saciante”.

MITO 8.

Comer más de cinco piezas de fruta al día es demasiado

(MUY) FALSO

Los cuatro especialistas señalan que esta cifra es un mínimo, no un máximo. “Lo mínimo para preservar la salud es ese consumo de cinco raciones de fruta y verdura al día”, explica Carlos Ríos. “Sería ‘comer demasiada fruta’ si con esas piezas estás desplazando otros alimentos de interés o si estás sustituyendo proteínas o grasas necesarias, pero este no suele ser el caso. Si por comer fruta lo que estás desplazando son yogures o natillas, bienvenida sea”, matiza Aitor Sánchez, que en un vídeo de YouTube resuelve esta duda:

https://youtu.be/2V4R8Gvapko

Sánchez admite que a veces hay confusión entrepiezasyraciones. ¿A qué equivaldría este último término? “Una ración de fruta sería una pieza mediana (como una naranja o una manzana), un bol de cerezas o una rodaja de sandía, y una ración de verduras sería una ensalada, un gazpacho o una guarnición de verdura”, responde.

MITO 9.

Es bueno tomar zumo de limón en ayunas

FALSO

“Es otro mito más”, confirma Ríos. “A la gente le gusta creer en cosas concretas que le den beneficios extraordinarios. Al fin y al cabo, es más fácil creer que un limón por la mañana te puede hacer X que aceptar que lo que hace bien a tu salud es un cúmulo de actos que llevas a cabo a lo largo del día. Habría que verlo desde una perspectiva más general”.

MITO 10.

Es igual comer fruta que tomar zumo o batidos

FALSO

“En un zumo exprimido —ya sea hecho en casa o salido de un brik—, los azúcares son libres (como en los refrescos), no son los intrínsecos a la matriz de la fruta“, explica Beatriz Robles. Además, al tomar un zumo “pierdes la fibra de la fruta natural y la sensación de saciedad que produce al masticarla” —detalla—; “no es lo mismo comerte una naranja entera en cinco minutos que beberte en 15 segundos tres naranjas exprimidas”.

Asimismo, “la absorción de los azúcares del zumo se realiza de forma más rápida que en la fruta y su ingesta supone un pico de glucosa notable”, añade María José Tapia.

Otro caso es el de la fruta triturada o simplemente machacada, prosigue Robles: “Por ejemplo, en un gazpacho con pepino sin pelar o en una manzana asada machacada con piel, el azúcar sí sería el mismo que el de la fruta y también se mantiene la fibra”.

MITO 11.

Hay fruta tan genéticamente modificada que es mejor no comerla

FALSO

Para Aitor Sánchez, esto es “completamente falso”. “La fruta ha ido cambiando a lo largo del tiempo y se han ido seleccionando especies, pero eso no hace que deje de ser buena. Por ejemplo, antes las fresas eran piezas ornamentales y ahora se pueden comer”, sostiene el nutricionista.

“Desde el punto de vista sanitario, no hay ningún peligro ni riesgo para salud. No hay manera de que el ADN de una fruta se incorpore a nuestro ADN”, zanja Beatriz Robles. Y coincide con ella Carlos Ríos: “El debate en cuanto a salud no se puede plantear; el hecho de que sea genéticamente modificada no influye en sus valores nutritivos, no tiene ningún componente perjudicial”.

MITO 12.

Es mejor comer la fruta con piel

MÁS VERDADERO QUE FALSO

“Las que se pueden comer con piel, lávalas bien y cómelas con piel, porque tendrás un aporte extra de fibra”, recomienda Carlos Ríos.

Beatriz Robles explica que “los nutrientes se distribuyen por el fruto de distinta forma, aunque parezca muy homogéneo”. De este modo, al pelar la fruta se pierde “la fibra insoluble (celulosa, hemicelulosa, lignina), la que tiene mayor efecto sobre el estreñimiento”. Y también “una parte de la pectina, un tipo de fibra soluble con efectos positivos sobre el control de la glucemia”. Además de fibra, en la piel “se concentran pigmentos colorantes como las antocianinas, que son compuestos antioxidantes”.

“La gente también se pregunta si conviene comerse la fruta entera, teniendo en cuenta los productos fitosanitarios” que se emplean en la agricultura, comenta la experta. Para despejar dudas, Robles cita a la Agencia Española de Consumo y Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN), que aconseja lavar siempre las frutas antes de consumirlas, con el fin de “eliminar residuos de plaguicidas, suciedades y restos de tierra que pueden aportar al alimento bacterias, virus, parásitos y contaminantes como el plomo”. “Las frutas y verduras deben lavarse colocándolas bajo un chorro de agua. Si están muy sucias pueden sumergirse o emplearse desinfectantes como la lejía de uso alimentario”, precisa AECOSAN.

Fonte: Huffpost Es
Por: Marina Velasco Margarita Lázaro
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