A internet, o ódio, os racistas, os xenófobos, os antissemitas e os supremacistas brancos

“As plataformas e os algoritmos que prometiam melhorar nossas vidas, na realidade podem amplificar nossas piores tendências humanas”.  A democracia está em jogo… e também as vidas de muitas pessoas.

“Double Poke in the Eye II”, de Bruce Nauman (1985) 2018 Bruce Nauman/Artists Right Society (ARS), Nueva York, vía Sperone Westwater, Nueva York

El internet será nuestra perdición

Nora Ephron alguna vez escribió un ensayo brillante sobre cómo ella y muchas otras personas pasaron de estar enamoradas del correo electrónico, cuando sentían la emoción de descubrir una nueva y veloz manera de mantenerse en contacto, a odiar el infierno de no poder desactivarlo.

He llegado a tal punto que todo el internet me hace sentir así.

Al inicio era un sueño dorado de conocimiento expandido y conexión mejorada.Ahora se ha convertido en una pesadilla de sesgos manipulados y odio expandido como una metastasis.

Antes de que al parecer comenzara a enviarlesartefactos explosivos por correo a Barack Obama, Hillary Clintonyotros,Cesar Sayocencontró motivación en línea —quizá no en la forma de instrucciones para fabricar explosivos, sino en el sentido de que podía vociferar sus resentimientos ante un auditorio que no lo repudiaba, sino que se hacía eco de los mismos mensajes—. Los validaba y los cultivaba. Absorbía algo oscuro y lo convertía en algo aún más lúgubre.

“Para cuando lo arrestaron en Florida el viernes”,reportóThe New York Times,“Sayoc parecía encajar con el perfil ya conocido por todos de un extremista moderno, radicalizado en línea y atrapado en un vórtice de furor partidista”.

Robert Bowers, acusado de asesinar a once judíos estadounidenses en Pittsburgh la mañana después del arresto de Sayoc, alimentó su locura y estimuló sus fantasías sangrientas en ese mismo vórtice digital. Mientras Sayoc creaba nichos terribles en Facebook y Twitter,Bowers encontró un refugio para sus pasiones racistas, xenofóbicas y antisemitas en Gab, una red social que se lanzó hace dos años y que ha servido de criadero para los nacionalistas blancos.Ahí se congregaron, se lamentaron y se alentaron —sin restricciones— con una eficacia que simplemente no existe fuera de la web.

Fue en internet, con su privacidad y su anonimato, que Dylann Roof investigó sobre la supremacía blanca y adquirió su convicción malvada de que la violencia era necesaria. Después entró a una iglesia histórica en Charleston, Carolina del Sur, y les disparó a muerte a nueve feligreses afroestadounidenses en junio de 2015.

Fue en internet —en Facebook, para ser exactos— que Alek Minassian publicó un juramento de lealtad a la “rebelión de los célibes involuntarios”, que se refiere a los resentimientos de los hombres “involuntariamente célibes” que no pueden lograr que las mujeres tengan sexo con ellos. Después usó una furgoneta para atropellar y asesinar a diez personas en Toronto en abril.

Los enclaves de internet deformaron las cosmovisiones de todos estos hombres, y los convencieron de la prioridad y la pureza de su furia.La mayoría de nosotros jamás habíamos escuchado el término “célibe involuntario” antes de la masacre de Toronto. Sin embargo, fue la pieza central de la vida de Minassian.

La mayoría de nosotros no estaba familiarizado con HIAS, un grupo judío que reubica refugiados. Sin embargo, esas iniciales dominaron las teorías conspirativas antisemitas de Bowers. Eso refleja el poder que internet tiene para presentar los agravios falsos como si fueran obsesiones legítimas y darles a los prejuicios la apariencia de ser ideales.

La tecnología siempre ha sido un arma de doble filo: el potencial y el peligro. Eso es lo que Mary Shelley exploró enFrankenstein, que este año celebra suaniversario doscientos, y desde entonces ha sido el tema principal de la ciencia ficción.

Internet es la paradoja más monstruosa de la tecnología escrita. Es una herramienta inigualable e itinerante para el aprendizaje y para el surgimiento de comunidades constructivas. Sin embargo, también es inigualable en la divulgación de mentiras, la reducción de los intereses y la erosión de la causa común. Es un bufé glorioso, pero lleva a los usuarios a los extremos: solo la carne o solo los vegetales. Estamos ridículamente sobrealimentados y desastrosamente desnutridos.

Crea terroristas. Y, por si fuera poco, siembra hostilidad al mezclar la información y la desinformación a tal punto que no hay forma de diferenciar lo real de lo ruso.

No me crean a mí. Créanlo por lo que ha dicho un gigante de Silicon Valley cuyos softwares dependen de nuestra adicción al internet. En una conferencia en Bruselas,Tim Cook, director ejecutivo de Apple, advirtió: “Las plataformas y los algoritmos que prometían mejorar nuestras vidas en realidad pueden amplificar nuestras peores tendencias humanas”.

“Los actores deshonestos e incluso los gobiernos se han aprovechado de la confianza de los usuarios para agravar las divisiones, incitar la violencia e incluso socavar nuestro sentido de lo verdadero y lo falso”, agregó.

Esto fue hace una semana, antes del arresto de Sayoc, antes del ataque de Bowers, antes de queJair Bolsonaro, un populista de extrema derecha,ganara la elección presidencial de Brasil. Como loinformó The New York Times, las fuerzas a favor de Bolsonaro al parecer intentaron afectar a sus oponentes y ayudarloinundando WhatsApp, la aplicación de mensajería propiedad de Facebook, “con un torrente de contenido político que dio información errónea sobre las direcciones y los horarios de las casillas electorales”.

Ese mismoartículode The New York Times señaló que, el lunes, una búsqueda de la palabra “judíos” en Instagram, el sitio para compartir fotografías, daba como resultado 11.696 publicaciones con la etiqueta #JewsDid911 (los judíos son responsables del 11s), con la que se culpaba de manera demencial a ese grupo religioso por los ataques del 11 de septiembre de 2001, junto con imágenes y videos grotescos que satanizaban a los judíos. El antisemitismo podrá ser antiguo, pero este sistema para expresarlo es completamente moderno.

Además, es profundamente aterrador. No sé exactamente cómo relacionar la libre expresión y la libertad de expresarse —que son primordiales— con una mejor vigilancia de internet, pero estoy seguro de que debemos abordar ese desafío con más apremio del que hemos mostrado hasta ahora. La democracia está en juego… y también las vidas de muchas personas.

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“Não há nada de mau em ser racista”

Extremistas, intolerantes defensores do ódio, em sua maioria conservadores, nazistas, racistas y fanáticos, entre os candidatos às eleições deste ano…

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Los candidatos y marchas nazis aumentan en Estados Unidos (Twitter).

Nazis, racistas y fanáticos, entre los candidatos a las elecciones de Estados Unidos

Arthur Jones es un nazi declarado. John Fitzgerald dice que el Holocausto es un mito. Rick Tyler quiere hacer a “Estados Unidos blanco otra vez”.

Sus ideas marginales son reminiscencias de otros tiempos, pero todos estos hombres que las apoyan serán candidatos en las elecciones de este año en Estados Unidos.

Extremismo e intolerancia, e incluso supremacía blanca y antisemitismo, han renacido en la política estadounidense del siglo XXI, en la era del presidente Donald Trump, trascendiendo la retórica tóxica de algunos fanáticos ignotos.

Estas ideas han tenido más repercusión este año en la escena nacional que nunca antes en la historia reciente. Y los defensores del odio, en su mayoría conservadores que se postulan en cargos legislativos, están demostrando ser una gran vergüenza para el Partido Republicano.

extr2Arthur Jones es un nazi declarado. Y no lo oculta (Captura de TV).

En Illinois, Jones, quien llamó al Holocausto “la mentira más grande y oscura de la historia”, e incluso una vez publicó un aviso en un periódico con una gran cruz esvástica, se ha convertido en el candidato republicano para disputar un lugar en el Congreso. En este distrito de mayoría demócrata, Jones ganó las primarias del partido por no tener competencia.

Russel Walker, quien compite por una banca en Carolina del Norte, proclama que “no hay nada de malo en ser racista”, y que los judíos son “descendientes de Satán”.

En Wisconsin, Paul Nehlen, el principal candidato republicano para ocupar el escaño en el Congreso, actualmente en manos del presidente saliente de la Cámara, Paul Ryan, se ha convertido en un líder del movimiento alternativo. Sus críticos advierten que Nehlen quiere proporcionar a los nacionalistas blancos y antisemitas un apoyo más fuerte en la cultura y en la política de Estados Unidos.

El sitio de internet de la campaña de Tyler, simpatizante de Trump que se postula para el Congreso en Tennessee, exhibe la bandera confederada (considerada un símbolo de odio racial) flameando en lo alto de la Casa Blanca. Uno de sus carteles de campaña dice: “Haz Estados Unidos blanco otra vez”.

Expertos dicen que hay un número sin precedentes de candidatos fanáticos este año, y que su motivador principal bien podría ser el presidente de Estados Unidos.

extr3Jones llamó al Holocausto “la mentira más grande y oscura de la historia”, e incluso una vez publicó un aviso en un periódico con una gran cruz esvástica (Captura de TV).

“El uso poco ortodoxo del lenguaje racista y anti musulmán, todo ese lenguaje propio del fanatismo, ha abierto una puerta en la política que antes no estaba abierta”, explicó Heidi Beirich, quien como experta en el Southern Poverty Law Center (SPLC) ha rastreado grupos promotores del odio desde 1999.

“Siempre hemos tenido algunos neonazis … pero esto (el nuevo discurso político) está volviendo la situación mucho peor de lo que era antes”, señaló.

La abierta intolerancia de un candidato hubiera sido hasta hace poco tiempo su “sentencia de muerte”, recordó Beirich. Pero en el entorno político hiper-partidista de hoy, tal retórica puede no representar más un factor de ruptura.

“Derribando esos tabúes, y ganando la presidencia, Trump ha mostrado un camino de éxito electoral que la gente asumía que no funcionaría”, argumentó la experta.

extr4Rick Tyler quiere hacer a “Estados Unidos blanco otra vez” (Captura de TV).

El fanatismo se ha difundido en la vida pública. Varios videos en los que gente blanca acusa a inmigrantes o afroamericanos se han vuelto virales.

Uno de ellos, en el que se ve a oficiales sacando a dos hombres negros esposados de un local de Starbucks (sin que hubieran cometido ningún delito), hizo estallar un debate nacional sobre la raza.

Las divisiones raciales y étnicas están instaladas en la escena política en lugares como Virginia, donde el candidato republicano al Senado, el supervisor antinmigración del condado de Corey Stewart, está bajo fuego por sus provocativas compañías.

Stewart ha dicho que Nehlen es uno de sus “héroes personales”, y se ha mostrado con Jason Kessler, el hombre que organizó una manifestación de supremacía blanca en Charlottesville en agosto de 2017.

Desde entonces, Stewart ha renegado de ambos extremistas, y la jugada puede haber influido en algunos votantes. El 20 de junio, Steward ganó las primarias republicanas para el Senado.

extr5En Wisconsin, Paul Nehlen, el principal candidato republicano para ocupar el escaño en el Congreso, se ha convertido en un líder del movimiento alternativo. Nehlen quiere proporcionar a los nacionalistas blancos y antisemitas un apoyo más fuerte en la cultura y en la política de Estados Unidos.

En un debate realizado la semana pasada, Stewart insistió en que “no hay un hueso racista” en su cuerpo. Pero se mantuvo como un vigoroso defensor de la “herencia” de Virginia.

Los candidatos extremistas tienden a multiplicarse cuando ellos y sus seguidores se sienten ignorados o no representados por los principales partidos, sea el Republicano o el Demócrata.

En 2016, Trump apeló a millones de votantes “de cuello azul”, mineros de carbón, desempleados, o trabajadores de fábricas o agricultores, a quienes el magnate unió a su causa bajo la etiqueta de “hombre olvidado”.

extr6el ex alguacil de Arizona Joe Arpaio, que dirigió cárceles similares a campos de concentración para inmigrantes indocumentados y se postula ahora para el Senado. AFP

Stewart dice que el fracaso de los demócratas en llegar a esos votantes contribuyó a un escenario en el que los candidatos de extrema derecha pueden prosperar.

El Partido Republicano ha desautorizado a varios candidatos extremistas, incluidos Jones y Nehlen.

Pero Trump ha abrazado a republicanos controvertidos, como el ex alguacil de Arizona Joe Arpaio, que dirigió cárceles similares a campos de concentración para inmigrantes indocumentados y se postula ahora para el Senado.

Según Beirich, ese es un mensaje a los marginales del partido Republicano, de que hay espacio para ellos en la política.

Fonte: Clarín
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O fascismo, o nazismo e as discriminações

Nos EUA um negro era linchado pelo boato de flertar com uma branca. Hitler dizia que os judeus conspiravam para usar soldados negros para estuprar as puras mulheres arianas.

Nazi uniforms and a Swastika flag that were confiscated by the Berlin police during raids against German neo-Nazis are presented to the public during an open day at a police barracks in Berlin, September 7, 2014. REUTERS/Fabrizio Bensch (GERMANY - Tags: SOCIETY)
Nazi uniforms and a Swastika flag that were confiscated by the Berlin police during raids against German neo-Nazis are presented to the public during an open day at a police barracks in Berlin, September 7, 2014. REUTERS/Fabrizio Bensch (GERMANY – Tags: SOCIETY)

Uniformes nazistas confiscados pela polícia de Berlim

 Filósofo explica retorno de políticas fascistas nos Estados Unidos

Jason Stanley, professor na Universidade de Yale e autor de ‘How Fascism Works’, mostra como identificar o fascismo atual.

A reportagem é de Lúcia Guimarães, publicada por O Estado de S. Paulo, 30-06-2018.

Uma nova pesquisa revelou que 8 em 10 americanos temem pela democracia no país e dois terços acreditam que o sistema democrático está enfraquecido. A pesquisa foi encomendada por um grupo bipartidário, o Democracy Project, que envolve o ex-presidente George W. Bush e o ex-vice presidente Joe Biden. A mais longa campanha presidencial da história dos Estados Unidos, que começou em 2015, reintroduziu no discurso político americano palavras que muitos acreditavam pertencer ao passado. Especialmente duas palavras carregadas de temor histórico, fascismo e nazismo.

Mas o triste retorno não se deveu apenas à vitimização desonesta de tragédias históricas, como usar as palavras para xingar qualquer pessoa não identificada com a esquerda.

Simpatizantes do fascismo e do nazismo não foram erradicados nos EUA. A diferença, na eleição de 2016, é que eles deram apoio aberto a um candidato e passaram a ter mais visibilidade em comícios e na mídia digital de direita, inclusive no site do então futuro alto assessor presidencial Steve Bannon. E o candidato republicano não se indignava com o apoio. Republicanos moderados e democratas liberais tentaram ver neste súbito protagonismo de extremistas antes marginalizados uma anomalia passageira. Afinal, como disse o ex-diretor do FBI James Comey, a sem precedentes interferência russa na eleição a favor do ex-apresentador de O Aprendiz podia ser investigada sem alarde porque nem ele, nem boa parte dos observadores políticos imaginavam que Hillary Clinton não seria eleita.

Mas, mesmo antes de começar a campanha presidencial, a semente do renovado namoro com o fascismo foi plantada pelo birtherismo, teoria conspiratória segundo a qual o primeiro presidente negro do país não teria nascido no Havaí e sim no Quênia. Em março de 2011, Donald Trump disse à rede ABC que estava pensando em se candidatar e, sim, era preciso duvidar que Obama era cidadão americano, uma acusação que manteve acesa até, sem a menor sinceridade, renunciar a ela dois meses antes de ser eleito.

O birtherismo chamou atenção do filósofo e professor da Universidade de Yale Jason Stanley, um filho de refugiados da 2.ª Guerra e neto de Ilse Stanley, a atriz judia alemã que salvou centenas de judeus posando como oficial nazista em campos de concentração e narrou suas memórias em The Unforgotten, publicado em 1957. Jason Stanley lançou, no final de 2016, o elogiado How Propaganda Works (Como Funciona a Propaganda), um livro sobre a fragilidade das democracias sob a difusão de propaganda.

Em setembro, sai nos Estados Unidos How Fascism Works: The Politics of Us and Them (Como Funciona o Fascismo: A Política de Nós e Eles), a nova obra do filósofo. O livro oferece contexto e referências históricas, mas não é uma história do fascismo, é um guia de identificação de políticas fascistas no mundo contemporâneo. Numa entrevista exclusiva ao Aliás, Jason Stanley refletiu sobre o peso da palavra fascismo. Ela teria perdido o impacto? “Não”, responde resoluto. “Era a palavra apropriada em 2016. É possível ser fascista, como já aconteceu na Inglaterra, na década de 1930, e não se engajar em crimes.” O autor lembra que a origem italiana da palavra (fascio, feixe, ajuntamento) faz com que seja evitada por nacionalistas brancos, os neofascistas americanos.

Apesar do mea culpa coletivo pela complacência com o autoritarismo anunciado na campanha, o professor Stanley cobra mais sobriedade dos jornalistas. “Veja a semana que passou, quanto tempo foi dedicado à jaqueta da primeira dama, que dizia ‘Eu não me importo e você?’ Alguém notou o plano de cortar o programa de nutrição que atende a 12% da população? Os jornalistas aderiram a esta política simbólica preferida dos dependentes químicos da indignação,” denuncia.

Stanley cita Hungria, Polônia, Turquia e Rússia como exemplos de países onde políticas fascistas têm sucesso pela via eleitoral. Assim como no slogan da campanha americana de 2016, Faça a América Grande de Novo, que romantiza o país dos anos 1950, um recurso crucial da política fascista é promover a volta ao passado que não aconteceu. “É o passado mítico, glorioso”, explica. “Daí vem o outro ingrediente importante do fascismo que é a oposição à ciência e a uma educação pública liberal. A ciência e a educação ampla desmentem o passado fictício. A escola pública é inimiga, coloca pessoas de grupos e classes diferentes em contato e, se você interage com o outro, tem menos chances de considerá-lo uma ameaça.”

Como explicar a devoção cultista do eleitor do atual presidente diante de políticas como as que cortam acesso a assistência médica, benefícios e a guerra comercial que deve provocar alta de preços e desemprego? Afinal, dizia o clichê, na Itália de Benito Mussolini, ao menos os trens estavam sempre no horário. A devoção, afirma Jason Stanley, é racial, ilustrada, segundo ele, por 53% de mulheres brancas que votaram no presidente e mais de 90% de mulheres negras que votaram em Hillary Clinton. Mas, se o patriarcado é um dos elementos do fascismo, como ele explica tanto apoio feminino a Trump? De novo, raça, ele afirma. O patriarca protege o grupo interno da ameaça externa.

No epílogo de How Fascism Works, Stanley responde à possível crítica de que exagera o retrocesso democrático em curso. O problema da normalização é real, ele argumenta, e cita um estudo recente de dois acadêmicos de Yale sobre o “julgamento da normalidade.” Nossa percepção do que é normal depende, além de nossos princípios, do que consideramos estatisticamente normal. “Quando a crueldade se torna mais frequente,” ele diz, como no caso das crianças tomadas dos pais na fronteira, “ela se torna mais aceitável. É um caminho para transformar uma política fascista numa realidade fascista.”

Pergunto ao professor Stanley, que tem alunos entre 18 e 21 anos e dá um curso chamado Propaganda, Ideologia e Democracia, se está otimista com a consciência democrática de seus estudantes. “Não”, dispara. “Há dois anos, minhas turmas estavam perturbadas com a direção da nossa política. Os calouros que entraram este ano não conheceram outro presidente. Não têm memória, parecem achar isso tudo normal.”
Jason Stanley indica como reconhecer um fascista em dez etapas:

Fetiche do passado

A gênese do fascismo está no passado mítico, quando havia pureza étnica, religiosa ou cultural. A mitologia é intencional, para provocar nostalgia pelo que não aconteceu.

Propaganda

Criar um problema, como uma crise de imigração fictícia e unificar um grupo em torno do combate à invasão de estrangeiros.
Anti-intelectualismo. Para erodir o discurso público bem informado, é preciso minar a ciência, a educação liberal, o conhecimento especializado.

Irrealidade

Uma vez que o anti-intelectualismo é bem sucedido, o debate racional é substituído por medo e raiva, o estímulo de um sentimento de perda para o qual é preciso encontrar culpados.

Hierarquia

A natureza impõe hierarquias de domínio que são incompatíveis com a aspiração de igualdade diante da lei que vinha se expandindo sob a democracia liberal.

Vitimização

Aumento de representação de minorias provoca um sentimento de vítima entre maiorias pressionadas a compartilhar poder. O coração do fascismo é lealdade à tribo – étnica, religiosa, cultural.

Lei e ordem

Esse slogan mascara a licença para violar a lei e a ordem. Impunidade de assassinatos policiais, abusos carcerários são vistos como necessários para proteger a sociedade virtuosa.

Ansiedade sexual

Se o demagogo é o pai da nação, qualquer ataque ao patriarcado e à família tradicional é uma ameaça. É preciso sexualizar o outro com fantasias de agressão e “desvio” sexual. Hitler dizia que os judeus conspiravam para usar soldados negros para estuprar as puras mulheres arianas. Linchamentos de negros no sul dos EUA ocorriam pelo simples boato de que um negro teria tentado flertar com uma mulher branca.

Nós e os outros

É preciso desumanizar segmentos da população, o “outro” como imigrantes latinos, muçulmanos, o que ajuda a justificar o tratamento destes grupos.

Fonte: Instituto Humanitas Unisinos
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Nazistas no Rio Grande do Sul

Nazistas desfilaram no campo do Renner, um time de futebol de Porto Alegre e o antissemitismo não deixou de cobrar seu preço: um dos casos mais famosos foi o afastamento de Robert Löw, imigrante tcheco de origem judia, por ser casado com uma “ariana pura”, da direção do Die Serra-Post, um dos mais importantes jornais em língua alemã do interior gaúcho.

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(Bruno Algarve/Superinteressante)

 

Nazistas entre nós
Na carona da imigração alemã, o Partido Nazista do Brasil foi a maior filial formal do grupo de apoio a Hitler fora da Alemanha.

No Dia do Trabalho de 1937, personalidades da política do Rio Grande do Sul decidiram celebrar a data em meio a uma comunidade conhecida no Estado por seu empreendedorismo e dedicação – os imigrantes alemães. O presidente da Assembleia Legislativa, os comandantes da 3ª Região Militar e da polícia, e até mesmo um representante do general Flores da Cunha, então governador gaúcho, dirigiram-se ao campo do Renner, um time de futebol de Porto Alegre, para as festividades de 1º de maio.

Seria uma formalidade qualquer, mas, dentro de campo, o patriotismo alemão era exibido com bandeiras pintadas com suásticas e com o braço direito estendido ao alto para saudar um ausente Adolf Hitler. A cena parece chocante nos dias de hoje, mas, naquela época, antes do início da 2a Guerra, não causou estranheza. Membros do Partido Nazista do Brasil organizaram a cerimônia e em nenhum momento foram questionados pelas autoridades. A normalidade com que tudo aconteceu refletia uma constante no País. Em um tempo em que Getúlio Vargas flertava com ideias totalitárias, o nazismo era tolerado no Brasil. Até 1937, sucursais do partido de Hitler existiam havia quase uma década por aqui, espalhadas em 17 Estados.

O primeiro registro de um Partido Nazista em solo brasileiro é de 1928, no município de Timbó, em Santa Catarina. Logo a sede estadual se mudaria para a vizinha Blumenau, a 30 quilômetros dali, presidida por Otto Schinkel, um veterano da 1a Guerra. Na década de 1930, emissários de Hitler que passassem por Santa Catarina faziam visita obrigatória a Blumenau e às indústrias fundadas ali por alemães, como a companhia têxtil Hering. Em seus primeiros dias de Brasil, o partido não parecia diferente de outras organizações fundadas para congregar os recém-chegados da Europa e seus descendentes: era uma forma de manter a comunidade unida na nova terra.

Diferentemente de outros grupos de viés fascista dessa época, como a Ação Integralista Brasileira, os nazistas nunca tentaram se envolver na política nacional. A vocação da instituição era de aproximar o povo germânico em torno de uma mesma ideologia. Só os imigrantes alemães de primeira geração eram bem-vindos ao braço tupiniquim do Partido Nazista, que por aqui também disseminava a ideologia de superioridade racial e combate ao comunismo. Os descendentes diretos tinham espaço em outras organizações ligadas ao partido, como a Frente Alemã para o Trabalho e o Círculo da Juventude Teuto-Brasileira.

No Brasil, a estrutura era muito menos centralizada do que na Alemanha. Os núcleos formados em cada cidade se organizavam da maneira que dava e, até 1934, sequer existia uma orientação unificada para os partidos nazistas de cada Estado. Sua tática para obter poder entre os imigrantes, porém, seguia um padrão: os seguidores do Führer buscavam posições de liderança nas associações e clubes alemães que já existiam no Brasil.

Por trás dessa estratégia estavam dois conceitos: volksgemeinschaft (comunidade nacional) e volksgenosse (compatriota). Todos os alemães eram parte da primeira, mas, na visão do nacional-socialismo, só aqueles que concordassem com a ideologia do partido e aceitassem Hitler como seu líder poderiam ser vistos como volksgenosse. O que o Führer tentava, tanto na Europa quanto entre seus cidadãos emigrados, era igualar a noção da pátria alemã à do Partido Nazista – os dois deveriam ser vistos como a mesma coisa.

Pregar a superioridade racial em um país marcado pela miscigenação não era um tema fácil. No Brasil, o mito nacionalista apontava em outra direção: a força da “raça brasileira” viria da mestiçagem. Muitas vezes, a ideologia nazista original foi adaptada e suavizada.

Por aqui, os discursos de pureza racial e contra os judeus apareciam menos do que na Europa. Isso fazia parte da estratégia internacional do nazismo para a América Latina. Cada vez mais pensando em uma futura guerra de influência com os Estados Unidos, a ordem do dia era não criar problemas demais com as autoridades locais.

Mesmo assim, o antissemitismo não deixou de cobrar seu preço em solo brasileiro: um dos casos mais famosos foi o afastamento de Robert Löw, imigrante tcheco de origem judia, da direção do Die Serra-Post, um dos mais importantes jornais em língua alemã do interior gaúcho.

Casado com uma “ariana pura”, Löw era visto como um mau exemplo para os demais imigrantes, e seu afastamento da publicação foi resultado de pressão direta do consulado alemão e de grupos nazistas locais.

nazi2 (Bruno Algarve/Superinteressante)

Na carona de Hitler

Adolf Hitler chegou ao poder na Alemanha em janeiro de 1933. O vácuo de poder causado pela Grande Depressão fez o então presidente Paul von Hindenburg nomeá-lo chanceler para tentar contornar a crise. Hitler, que já era um nome popular, deveria ser uma liderança “acima dos partidos”. Mas, em março, quando os nazistas conquistaram a maioria das cadeiras no Parlamento germânico, seu verdadeiro plano tornou-se claro. Após a morte de Hindenburg, em 1934, os nazistas proibiram qualquer oposição, ocuparam todos os cargos de poder e alçaram Hitler à condição de Führer (líder) da nação. O Partido Nazista se tornou a única organização política permitida, e a própria bandeira alemã foi abolida: o novo símbolo seria o estandarte do nacional-socialismo, vermelho com uma suástica dentro de um círculo branco ao centro.

Os nazistas brasileiros incentivaram campanhas de votação em Hitler por meio da embaixada alemã e, em alguns casos, até mesmo financiaram viagens de retorno à Alemanha para os imigrantes que apoiavam o Terceiro Reich. Ao mesmo tempo, a relação com os políticos brasileiros era de tolerância: assim como ocorria em outros lugares do mundo, o expansionismo alemão demorou para causar alarme e encontrou conivência e silêncio por parte de Vargas e outros líderes locais, simpáticos ao novo regime.

No auge, o Partido Nazista chegou a contar com mais de 2,9 mil membros no Brasil, um número pequeno frente aos 87 mil alemães natos que, segundo o Censo de 1939, viviam no País. Mas era impossível determinar o total de simpatizantes e adeptos das ideias de superioridade racial. Em geral, aqueles que efetivamente se filiaram ao partido eram adultos jovens de até 35 anos, moradores de áreas urbanas. São Paulo contou com o maior número de membros (785), seguido por Santa Catarina (528), Rio de Janeiro (447), Rio Grande do Sul (439) e Paraná (192). Conforme os nazistas ganharam influência na Alemanha, também se estruturaram melhor pelo mundo. Seções do Partido Nazista começaram a aparecer em outros países e a ser coordenadas pela Organização para o Exterior (Auslands-Organisation, ou AO), parte do Ministério das Relações Exteriores de Hitler, que coordenava “filiais” em 83 nações.

A partir de 1934, a AO passou a exercer a direção política formal dos vários braços nazistas em solo brasileiro, ajudando a coordenar o recrutamento e a circular propaganda favorável ao Terceiro Reich, sob o comando do adido cultural da Embaixada Alemã no Rio, Hans Henning von Cossel. Apenas os grupos conectados por meio da AO eram considerados sucursais oficiais do Partido Nazista. Assim, embora houvesse coalizões nacional-socialistas mais numerosas na Europa (na Holanda, por exemplo, o movimento hitlerista teve mais de 100 mil membros), o Brasil contou com o maior Partido Nazista formal fora da Alemanha.

A comunidade teuto-brasileira exercia importante influência econômica, principalmente no Sul. Em Porto Alegre, a lista de anunciantes do jornal Für Dritte Reich (“Pelo Terceiro Reich”) incluía várias empresas fundadas ou trazidas por imigrantes: entre elas, os Laboratórios Bayer, o Banco Alemão Transatlântico, a fábrica de tintas Renner, a Companhia de Eletricidade Siemens-Schuckert (atual Siemens) e a Viação Aérea Rio-Grandense (Varig), fundada pelo alemão Otto Ernst Meyer. Brasil e Alemanha eram “nações amigas”. Sozinha, a Alemanha comprava cerca de 20% das exportações brasileiras. Os nazistas não queriam se indispor com as autoridades brasileiras, e a recíproca era verdadeira. Em 25 de julho de 1936, o governador gaúcho Flores da Cunha discursou: “Eu poderia, como homem de Estado, ser colocado como cego se eu não quisesse ver e reconhecer que Hitler, com sua visão de mundo nacional-socialista, salvou a Alemanha e a cultura do caos”, bradou, sob os aplausos do grande líder do nazismo em seu Estado, Walter Horning. A semente estava plantada em solo brasileiro.

Outros grupos alemães

Organizados pelo próprio partido como órgãos de apoio, ou de forma autônoma por dissidentes, eles também mobilizaram os imigrantes alemães.

Frente Alemã para o Trabalho: na Alemanha, ela funcionava como uma espécie de “sindicato estatal”, substituindo todas as uniões de trabalhadores que existiram antes da ascensão nazista. No Brasil, serviu como fachada para os nazistas que não queriam apoiar Hitler abertamente, e seguiu funcionando mesmo após o fechamento do partido no País.

Schützenvereine: as sociedades de tiro eram tradicionais entre os alemães do sul do Brasil. Locais de congregação da comunidade, foram das primeiras organizações que os grupos nazistas tentaram aparelhar para conquistar apoiadores para o partido.

Círculo da Juventude Teuto-Brasileira: organização para reunir os jovens filhos de imigrantes, era a versão nacional da Juventude Hitlerista.

Der Kompass: o jornal Der Kompass (“A Bússola”), de Curitiba, era publicado em língua alemã e foi um dos principais órgãos de oposição ao regime, tornando-se o veículo mais importante de questionamento às políticas de Hitler entre os imigrantes.

Nazistas do século 21

Criado em 2012 pelo técnico em informática Harryson Almeida Marson, paulista de Monte Santo de Minas (MG), o Partido Nacional-Socialista dos Trabalhadores Brasileiros promete levar adiante as ideias de Hitler no País. Sem qualquer relação com o partido original, o PNSTB não tem registro no TSE, mas já anunciou até o número com que concorreria às eleições: 88 (referência à oitava letra do alfabeto, “H”, formando a sigla para “Heil Hitler”). No Brasil, existe desde 1994 o “crime de divulgação do nazismo”, com pena de dois a cinco anos de reclusão. As páginas do PNSTB nas redes sociais chegaram a ser suspensas, mas voltaram ao ar e continuavam funcionando até agosto de 2017.

Fonte: Superinteressante
Por: Maurício Brum
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Possessões demoníacas, psiquiatras, exorcistas e charlatões

Críticos apontam que a comunidade LGBT e pessoas com problemas psiquiátricos podem estar sendo vítimas de charlatões, camuflando uma forma de abuso espiritual, que os convencem de uma suposta possessão demoníaca.

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A mão do Diabo: Instalação artística de Arnaud Labelle-Rojoux.Centre Pompidou / Centre Pompidou    

 Possessões demoníacas fazem Vaticano organizar curso de exorcismo

O jornal britânico The Guardian desta sexta-feira (30/3/18) noticia que o Vaticano vai organizar, em abril, um curso de exorcismo para preparar novos padres para atuar na “crescente onda de possessões demoníacas”.

A Associação Internacional de Exorcistas (AIE), entidade reconhecida pelo Vaticano, que representa mais de 200 religiosos católicos, anglicanos e ortodoxos, alerta: estamos diante de uma “emergência pastoral”.

Na Itália, segundo a AIE, o número de pessoas que alegam estar possuídas triplicou para 500 mil nos últimos doze meses, enquanto na Irlanda, os padres informam que a quantidade de pedidos de exorcismo tem crescido exponencialmente.

Indústria do exorcismo

Segundo o instituto cristão de pesquisas Theos, baseado na Grã-Bretanha, o número de exorcismo tem crescido, sobretudo, nas igrejas pentecostais.

Alguns padres, no entanto, advertem que a prática do exorcismo pode camuflar uma forma de abuso espiritual. Críticos apontam que a comunidade LGBT e as pessoas com problemas psiquiátricos podem estar sendo vítimas de charlatões, que os convencem de uma suposta possessão demoníaca.

Exorcismo oficial

O curso oferecido pelo Vaticano, entre 16 e 21 de abril, focará no exorcismo e na oração da salvação, uma oração tradicionalmente dita em casos de possessão demoníaca.

“A luta contra o Mal começou na origem do mundo, e deve durar até os fins dos tempos”, disse o padre Cesare Truqui ao Vatican News. “Mas agora estamos num momento crucial da história: poucos cristãos acreditam na existência do Diabo, poucos exorcistas são formados e não há mais jovens padres interessados em aprender a doutrina e a prática da redenção das almas”.

O próprio papa Francisco já disse que, se um padre tomar conhecimento de um caso “genuíno de distúrbios espirituais, ele não deve hesitar em contatar a diocese, transferindo o caso para aqueles que foram treinados na prática do exorcismo”.

Abusos espirituais

De acordo com um relatório da Theos sobre Cristianismo e Saúde Mental, o aumento de pedidos de exorcismo na Grã-Bretanha tem sido registrado, sobretudo, “entre imigrantes africanos que frequentam as igrejas pentecostais, que oferecem serviços de exorcismo”.

O autor do relatório, Ben Ryan, aponta que as igrejas carismáticas e pentecostais chegam a anunciar o exorcismo na fachada das suas sedes.

“Alguns cristãos estão tratando doenças mentais como se tudo se tratasse do espírito. Assim, quando alguém diz ao pastor que está sofrendo de depressão, o pastor pode pedir à pessoa que se cure através da oração ou, em caso mais extremos, pelo exorcismo”, explica Ryan.

A falta de religiosos treinados para a prática do exorcismo tem levado a um crescente número de amadores e charlatões na Europa, que se oferecem para livrar as pessoas do capeta, cobrando-lhes até € 500 por uma sessão de exorcismo, segundo a revista britânica The Economist.

Fonte: RFI
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