Como lidar com um cretino sem tornar-se um também

Em algum momento é provável que tenhamos que interagir com um cretino. São pessoas que humilham e tratam os outros sem nenhum respeito, como se fossem lixo. Não se dão conta ou não se importam como agem.

Till Lauer

Cómo lidiar con un cretino sin convertirte en uno tú también

Hace unos años, hablaba frente al público sobre un estudio acerca de los hábitos de los grandes compositores musicales, cuando una persona me interrumpió.

“¡Eso no es cierto!”, exclamó. “¡Habla como todo un ignorante, no sabe lo que dice!”.

Al principio de mi carrera profesional, permití que algunas personas desagradables me pisotearan. En cierta ocasión, un cliente me reprendió por un error en un anuncio que había cometido mi predecesor y yo cedí y le ofrecí devolverle todo su dinero. En otro momento, un jefe amenazó con despedirme por defender a un colega a quien habían tratado mal, y me quedé callado. Pero cuando se presentó esta situación en particular, ya estaba preparado: había recibido formación como mediador en casos de conflicto, había trabajado como negociador y estudiado psicología organizacional.

En algún momento de nuestra carrera profesional, es probable que tengamos que interactuar con un cretino. Ese tipo de persona que humilla y no muestra ningún respeto. Sus actitudes pueden variar desde adjudicarse el crédito por nuestras acciones, culparnos por sus errores, invadir nuestra privacidad o faltar a sus promesas, hasta hablar mal de nosotros, gritonearnos y denigrarnos. En palabras del psicólogo organizacional Bob Sutton, estas personas tratan a los demás como basura y ni siquiera se dan cuenta, o no les importa.

Por supuesto, la respuesta natural es ponerse a la defensiva, pero así solo conseguimos escalar el ciclo de agresión. Tomemos como ejemploun estudioclásico en el que los investigadores registraron el comportamiento de negociadores con distintos niveles de desarrollo. Los negociadores promedio terminaron sumidos el triple de veces que los expertos en círculos viciosos de defensa-ataque. Los expertos no se dejaron llevar por la agitación del momento y además lograron calmar a su interlocutor. Con toda serenidad analizaron sus reacciones ante el comportamiento del otro y exploraron distintas razones para explicar qué pretendía comunicar la otra persona.

Llevaba varios años estudiando esas pruebas y dando cursos basado en ellas. Era la oportunidad perfecta para poner esos conceptos en práctica. Le pedí al público que tomáramos un descanso, caminé hasta el lugar donde estaba la persona que me interrumpió y le dije: “Claro que puede estar en desacuerdo con los datos, pero no me parece que haya sido una manera respetuosa de expresar su opinión. Al menos a mí, no me enseñaron a sostener un debate intelectual de esa manera. ¿A usted sí?”.

Mi intención era iniciar una conversación acerca de la conversación, es decir, cambiar nuestra atención del tema en sí para reflexionar acerca del tono del diálogo. Para mi sorpresa, funcionó.

“Bueno, no…”, tartamudeó, “Solo me parece que está equivocado”. Más tarde, le envié los datos y respondió con una disculpa.

Esa persona que me interrumpió se ajusta a la definiciónde “cretino temporal” de Sutton. Todos podemos desplegar ese comportamiento y arrepentirnos más tarde.Un estudiodemostró que cuando los líderes actúan de manera abusiva, al concluir el día se sienten menos competentes y menos respetados en el lugar de trabajo, además de que les resulta más difícil relajarse al llegar a casa.

Sin embargo, en algunas ocasiones nos topamos con uncretino certificado, una persona que acostumbra humillar a los demás y faltarles al respeto. Hace unos años, tuve un colega que tenía la reputación de gritarle a los demás en las juntas. Después de verlo con mis propios ojos, reflexioné sobre lo que había atestiguado y le llamé para hacerle notar que su actitud no me parecía profesional. Mi colega se puso a la defensiva: “¡Fue necesario para explicar mi postura!”.

Varias investigaciones sobre la psicología de loscretinos certificados revelan que acostumbranracionalizar la agresión.Están convencidos de que solo si actúan de esa forma conseguirán los resultados que desean. Apenas hace poco descubrí cómo responder ante algo así, cuando entrevisté a Sheila Heen, experta en mediación de conflictos, para un episodio de mi pódcastWorkLifesobre los cretinos con quienes convives en la oficina.Su propuesta es que tratemos de encontrar la manera de cuestionar con sutileza su creencia de que la agresión es necesaria: “¿De verdad? Me extraña, mi impresión es que eres una persona inteligente y creativa, así que no me cabe la menor duda de que puedes encontrar mejores estrategias para lograr la misma claridad sin tener que recurrir a atacar a alguien más”.

No es tan difícil visualizar ese tipo de conversación con un colega. ¿Pero qué puedes hacer si elcretino es tu jefeo tu superior y no tienes la opción de renunciar?

Algunasinvestigacionesrealizadas en bancos y empresas inmobiliarias han identificado dos formas efectivas de acabar con un patrón de supervisión abusiva. Una es ser menos dependiente del jefe. Si logras minimizar las interacciones, los daños serán menores. La otra es lograr que tu jefe dependa más de ti. Si te necesita, es menos probable que te trate mal.

Si todo lo demás falla, Sutton recomienda cambiar tu actitud con respecto a la situación: finge ser un especialista en cretinos y piensa en lo afortunado que eres por tener la oportunidad de ver de cerca a ese ejemplar tan espectacular y extraordinario.

São maus os tempos para a paciência

É difícil recusar algo que se deseja e se consegue imediatamente. Por que esperar se é possível disfrutar já? Isto, do ponto de vista hedonista, é inquestionável e sempre foi posto em questão ao longo da história pela religião, pela filosofia e mais recentemente pela psicologia.

Las secuelas de vivir bajo un estado de urgencia pueden extenderse a otras circunstancias vitales.

Corren malos tiempos para la paciencia

En unas horas llegará un mensajero a mi casa con el último libro del tres veces Pulitzer, Thomas Friedman. Lo compré esta mañana en Amazon. La operación me llevó menos de un minuto porque opté por pulsar el botón de “comprar en un click”. Hasta que llegue, me entretendré viendo otro capítulo deTheSinneren Netflix. Pulsaré el botón de “Omitir Introducción”, pero le diré que no a la propuesta de continuar con el siguiente capítulo una vez terminado este, eso creo.

Desear algo y disponer de ello de manera casi inmediata es difícil de rechazar. ¿Para qué esperar si puedo disfrutarlo ya?

Esta afirmación que desde un punto de vista hedonista resulta incuestionable, ha sido, sin embargo, puesta en cuestión a lo largo de la historia, desde la religión, la filosofía y más recientemente la psicología.

Todos los grandes cultos predican las virtudes de la paciencia. El Antiguo Testamento, por ejemplo, en su libro Proverbios, recoge esta cita: “Más vale ser paciente que valiente. Más vale dominarse a sí mismo que conquistar ciudades”. Resulta lógico que desde los púlpitos se exhorte a desdeñar las prisas y abrazar la templanza, básicamente porque todas las religiones propugnan la reflexión como método de entrar en contacto con sus divinidades.

La filosofía, por su parte, también ha abordado la importancia de dominar las pulsiones internas. Sirvan estos ejemplos: en la Grecia Clásica el estoicismo defendía la necesidad de tener una vida contenida. Siglos después, Kant enunciaba este aforismo: “La paciencia en la fortaleza del débil”. Rousseau decía “La paciencia es amarga, pero su fruto dulce”. Nietzsche, a su vez, proponía “Ver, pensar y hablar con calma”. En un momento más contemporáneo, en el año 1947, el laureado Rafael Sánchez Ferlosio escribía en la revista Alférez: “Anda muy escasa la virtud de la paciencia”.Despotricar, por tanto, contra el modo en que la sociedad actual abraza la inmediatez no es nada original.

Detengámonos ahora con más interés en el tratamiento que da la psicología a la actitud de urgencia, por su vigencia y, sobre todo, por su base científica.

En los últimos 50 años se han llevado a cabo numerosos estudios para poner de manifiesto qué consecuencias tiene sobre la persona el ritmo con el que aborda las tareas cotidianas.

Quizás la investigación más emblemática que se conoce es la que llevó a cabo el profesor de Stanford Walter Mischel a finales de la década de 1960. Seguro que lo recuerdan. A unos niños de entre 3 y 6 años se les dio a elegir entre tomarse un dulce en ese momento o esperar 15 minutos y recibir dos. El autor hizo un seguimiento de los niños durante 20 años y concluyó que aquellos que demoraron la gratificación habían tenido más éxito académico.

Ya en nuestro siglo, los estudios realizados coinciden al identificar dos tipos de beneficios asociados a la paciencia.En primer lugar, los individuos con una actitud más serena, menos dados a la urgencia, muestran una marcada inclinación hacia la cooperación y la empatía.Es decir, son capaces de interiorizar mejor cómo se sienten los demás y ofrecer ayuda allá donde haga falta, por lo que desarrollan relaciones de mayor calidad.

En segundo lugar, estos mismos sujetos más tranquilos se benefician de disfrutar de una estabilidad emocional mayor, menor propensión a la depresión y a las emociones negativas.

Las secuelas de vivir bajo un estado de urgencia, de aquí y ahora, pueden extenderse a otras circunstancias vitales. La principal consecuencia de la inmediatez es que no deja espacio a la reflexión. Comprar tan rápido mi libro del principio no me ha permitido ver otras opciones que me ofrece Amazon y que pueden ser más interesantes. Saltar de un capítulo a otro de mi serie de Netflix, cercena el espacio necesario para analizar y poner en orden lo que acabo de terminar de ver.

Todos los días nos enfrentamos a situaciones que nos obligan a reflexionar: qué camisa me pongo, qué como hoy, quedo o no quedo con Juan, qué veo en la tele. En muchos casos son situaciones intrascendentes que no nos traerán grandes males si las abordáramos de manera impulsiva.

No obstante, hay otros momentos en la vida que sí exigen detenerse un tiempo, como dicen los toreros son instantes de parar, templar y mandar. Se trata de situaciones que van a marcar una parte de nuestra vida o toda ella, que van a implicar a otras personas o que pueden hacernos llevar la cruz del arrepentimiento durante años. Hablamos, por ejemplo, de elegir una carrera, hacer una inversión importante, tener hijos con alguien en concreto, o realizar una práctica deportiva de riesgo.

Actuar con paciencia permite disponer de un espacio de análisis que ubica al actor en el camino correcto hacia su objetivo. Un estudio suficiente de los antecedentes y probables consecuencias de cualquier iniciativa no solo genera una dulce sensación de seguridad, sino que, y más importante, empodera a la persona como ideólogo de sus actos.

Cualquier acción viene siempre precedida de una decisión y esta de un análisis, superficial, casi inexistente o más profundo. Cuando una persona toma una decisión impulsiva, impaciente, irreflexiva es porque alguien la está tomando por ella.

Fonte: Huffpost
Por:Antonio Pamos Doctor en Psicología y profesor de la Universidad Camilo José Cela
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