Misoginia: “As mulheres são desonestas por natureza”

“Uma parte do opressor está instalada profundamente em cada uma de nós” (Audre Lorde) e …os esforços contra a igualdade “estão codificados e interiorizados, são difusos e camaleônicos” (Susan Faludi).

Los parroquianos de McSorley’s Old Ale House se mofan de Lucy Komisar, una de las primeras mujeres en beber en el pub después de que la ciudad de Nueva York aprobó una ley antidiscriminación. Antes de esto, el bar –abierto desde 1854– no admitía mujeres. Un camarero intentó impedir la entrada de Komisar y una vez que estuvo dentro algunos clientes la abuchearon y otro le volcó una cerveza en la cabeza. 10 de agosto de 1970. Barton Silverman/The New York Times

¿Cómo luce la misoginia?

La misoginia está en todas partes. O más bien, “misoginia” está en todas partes. La palabra, que convencionalmente significa el odio hacia las mujeres, solía ser una acusación radical. Sin embargo, ahora parece haber eclipsado a los más amables “sexismo” y “chauvinismo” en el habla popular. Ahora llama poco la atención encontrar “misoginia” en un titular y mucho menos en un tuit.

De un lado del espectro, el término se usa para describir la desigualdad societal evidente, por ejemplo, en la brecha salarial, las dificultades para encontrar atención médica adecuada y las prerrogativas dehombres como Les Moonvesque destruyen la carrera de quienes los denuncian.

“Desafortunadamente, la misoginia violenta no es nueva en la política”, decíaun encabezadode CNN en 2018. “La misoginia aviva la autogestión de las mujeres”,titulabaThe Guardian a finales de agosto. Unacolumna de opiniónen The New York Times exploraba “La misoginia reservada especialmente para las madres”. Kim Schrier, una pediatra que se postulaba al congreso –hoy congresista demócrata– calificó sin rodeos a Donald Trump como “misógino jefe” en untuitdel año pasado.

Una mirada a las fotografías de archivo, incluidas las de The New York Times, revela cómo, mientras el término se popularizó, la misoginia también ha formado parte del panorama visual, desde los titulares noticiosos hasta la experiencia cotidiana.

Sin embargo, como tanto de lo que ocupa el discurso actual, la resonancia del vocablo oscila entre lo importante y lo susceptible al meme. Un reportaje sugería que unamangosta en Keniapodía ser misógina. “Bájale a la misoginia”, dice una camiseta de venta en Etsy. Y cómo olvidar la taza con un tiburón tan caprichoso como concientizado que dice: “Aleta contra la misoginia”.

El desdén hacia las mujeres, suele argumentarse, también es el motivo por el cual se rechazan ciertos rincones de la cultura popular. “¿Será que mi misoginia interior me ha impedido leer novelas de romance toda la vida?”, se preguntaba una escritora.Odiar a las Kardashiantambién se interpreta como antimujer, porque al hacerlo reducimos a las célebres hermanas a simples estereotipos. Es la lógica de muñeca rusa del momento: despreciar cualquier refugio que tienen las mujeres de la misoginia –ya sea la telerrealidad, un régimen de belleza o la astrología– es en sí mismo misógino.

Así que, en más de un sentido, la misoginia ahora está de moda, pero también tiene una larga historia.

El término surgió en el siglo XVII, como respuesta a un panfleto antimujer escrito por un maestro de esgrima inglesa llamado Joseph Swetnam. El folletín de 1615, titulado en parteProceso a las mujeres lascivas, ociosas, desobedientes e inconstantes, se publicó en medio de una prematura ansiedad moderna y del debate sobre el sitio que las mujeres debían ocupar en la sociedad. Era más que nada un compendio de chistes sexistas, una obra indigesta dirigida a una audiencia de “jóvenes insensatos”. También fue muy popular.

“Las mujeres son deshonestas por naturaleza”, escribió Swetnam, como unprotoincel. Para él, “la mujer más bella tiene algo de vulgaridad en ella”. Desde Eva, la mujer “tan pronto fue creada, centró su mente en la maldad, pues las aspiraciones de su mente y su voluntad de desenfreno trajeron desgracia para el hombre que siguió la misma línea de su primera lideresa”. Eran como piedras pómez porque tenían el corazón lleno de huecos, escribió; como barcos pintados porque lucían hermosas pero contenían solo plomo. No es ninguna sorpresa que el folleto suscitara varias respuestas escritas por parte de mujeres. En una obra anónima tituladaSwetnam, el odiador de mujeres es procesado por las mujeres, el personaje que hace de Swetnam se llamaba Misogynos.

Durante los siguientes siglos misoginia se usó poco, pero su popularidad se disparó a mediados de la década de los setenta, y más o menos se instaló en el léxico del feminismo de la segunda ola con la crítica de Andrea Dworkin de 1974Woman Hating. En el libro, Dworkin argumenta que el prejuicio profundo y arraigado contra las mujeres informa distintos aspectos de la sociedad, desde la legislación hasta la cohabitación. Dos años más tarde, lo resumía así: “Como mujeres vivimos en medio de una sociedad que nos ve como despreciables. Se nos menosprecia… Somos víctimas de una violencia continua, malévola y autorizada en contra nuestra”. (Una idea que no resulta ajena para mujeres como Kathrine Switzer, quien aparece en la fotografía de abajo, que fue célebremente acosada cuando fue una de las primeras mujeres en correr la maratón de Boston de 1967).

Jock Semple, oficial del Maratón de Boston, intentó expulsar de la pista a la fuerza a Kathrine Switzer. Switzer completó la carrera, pero no fue sino hasta 1972 que a las mujeres se les permitió participar. 19 de abril de 1967.

En los años ochenta y noventa, leer a Dworkin se convirtió para muchas en un rito de iniciación universitario desconcertante y estimulante. Su escritura es una mirada estridente y salvaje al sesgo sistémico que afecta la experiencia cotidiana de las mujeres. ¿Era odio verdadero eso que se agazapaba debajo de cada reunión con tu jefe, en cada cita, sermón, novela, comercial televisivo? Sí, insistía Dworkin. En aquella época era una idea radical. Para muchos todavía lo es.

Este entendimiento de la misoginia se convirtió en una idea común entre las feministas: el asunto era estructural. La sociedad estaba organizada en modos misóginos, incluso si sus miembros no se concibieran a sí mismos como seres que odiaban a las mujeres. La escritora y activista Audre Lorde escribió en 1980 que existe “una parte del opresor que está plantada profundamente en cada una de nosotras”. Susan Faludi, autora del libro de 1991Reacción: la guerra no declarada contra la mujer moderna,hizo eco de la idea y argumentó que los esfuerzos contra la igualdad “están codificados e interiorizados, son difusos y camaleónicos”.

De modo similar a “racista” –que antes se usaba sobre todo para describir a ciertos alguaciles, políticos o vecinos–, “misógino” ahora se usa con frecuencia tanto para el sistema de instituciones que hacen de Estados Unidos un país desigual como para sus individuos. En este sentido amplio resultan involucrados hombres felizmente casados, hombres con hijas e incluso mujeres. La palabra se está usando de un modo en que no hay que odiar a las mujeres para ser misógino, a pesar de la definición que ofrece hasta hoy elDiccionario Webster.

Pero ¿puede una sola palabra con todo este trabajo? ¿Puede describir algunos de los peores y más violentos impulsos en nuestro mundoytambién los actos cotidianos de sesgo de género? ¿Deberíamos usar el término tanto para describir la violación conyugal como la ausencia de protagonistas femeninas poderosas en la televisión? Resulta que ya lo hace y ya la usamos así.

Algunos diccionarios ya lo han notado. William Safire, el columnista de The New York Times que durante décadas escribió sobre la textura de nuestro lenguaje, notó en 2008 que elDiccionario Oxfordhabía ampliado su definición en 2002 para incluir “prejuicio en contra de las mujeres” como una de las acepciones de la palabra. “Sexista y misógino ahora son en cierto sentido sinónimos”, escribió. “Como ‘sexista’ se ha utilizado de forma tan amplia, parece que la palabra ‘misógino’ –en el mismo sentido que ‘prejuicio’ mas que ‘odio’– ahora conlleva la misma fuerza, para quienes están familiarizados con la palabra”.

El vocablo solía ser una condena fuerte y personal, espantosa tan pronto nos llegaba al oído. Ahora resulta una palabra menos áspera cuando la escuchamos. Pero paradójicamente, incluso cuando se vuelve más común también es más incisiva. Captura la disonancia cognitiva de nuestra era, en la que las mujeres –tan vilipendiadas como veneradas– postulan a la presidencia al mismo tiempo que batallan por alcanzar la licencia de maternidad remunerada.

Esta holgura parece apropiada para estos tiempos, ya que la noción de Dworkin de misoginia –alguna vez radical– ahora se ha vuelto mucho más aceptada.

Consideremos esta cita de Dworkin de 1997: “Las mujeres parecemos fracasadas y atroces cuando estamos tristes. Las mujeres somos patéticas cuando estamos enfadadas. Las mujeres somos ridículas cuando militamos. Las mujeres somos desagradables cuando nos amargamos sin importar la causa de nuestra amargura. Las mujeres son unas trastornadas cuando anhelan justicia. Las mujeres odian a los hombres cuando las mujeres buscan respeto y responsabilidad de parte de los hombres”.

Suena muy parecido a una publicidad reciente que Nike difundió durante la ceremonia de los Oscar y que gozó de una cálida acogida. “Si mostramos emoción nos dicen dramáticas” dice la voz enoffde Serena Williams. “Si queremos jugar contra los hombres, somos dementes. Y si soñamos con igualdad de oportunidades estamos delirando. Si defendemos algo, somos unas desquiciadas. Si somos demasiado buenas, algo anda mal con nosotras. Y cuando nos enfadamos, somos histéricas, irracionales o simplemente estamos locas”.

Por: Nina Renata Aron
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“A liderança é uma espécie de armadilha para as mulheres”. Entrevista com Virginia García Beaudoux

O#8Mmais uma vez revela a desigualdade de gênero, em particular, ostetos de cristalque as mulheres enfrentam na vida cotidiana, bem como no âmbito político. Evidência, sobretudo, a necessidade urgente de promover uma agenda de gênero com enfoque em direitos humanos que não só atenda de maneira urgente o impacto que supõe forçar uma menina estuprada a continuar uma gravidez contra sua vontade, mas também asdesigualdades estruturaisque arrastam as sociedades, produto de uma cultura patriarcal tão arraigada, como imperceptível e invisibilizada.

A entrevista é deNatalia Aruguete, publicada porPágina|12, em 11-03-2019. A tradução é doCepat.

O teto de cristal na política

Depois de, há quase 30 anos, ter se especializado em opinião pública e consultoria de comunicação estratégica,Virginia Garcia Beaudouxteve uma reviravolta substancial em sua trajetória profissional que atinge profundamente a vida política da região. Com o amparo institucional de organizações internacionais, como aONU Mulheres,PNUD,OEAeNIMD, assessora as mulheres políticas em grande parte daAmérica LatinaeEuropa, com objetivo de alcançar uma verdadeira paridade de gênero nas instâncias de decisão política, quebrando os tetos de cristal que impõem limites para o crescimento das mulheres na vida cotidiana – especialmente em espaços profissionais -, combater os estereótipos de gênero e reverter a vulnerabilidade que imprime a “dupla minoria”, em referência a mulheres pobres pertencentes a minorias étnicas ou raciais. Por ter assessorado mais de 1500 mulheres políticas,García Beaudouxfoi premiada na categoria ” mulheres influentes na política” pelaAcademia de Artes e Ciência Política de Washington. Além de consultora, é pesquisadora daCONICETe professora regular daUniversidade de Buenos Aires. Entre suas publicações, destaca-se seu recente livro¿Quién teme el poder de las mujeres? Bailar hacia atrás con tacones altos (Editora: Grupo 5).

Virginia Garcia Beaudoux, conversou com oPágina/12sobre a situação das mulheres políticas na região: os limites que impedem o seu desenvolvimento em termos de liderança, a falta de uma paridade substantiva em termos de participação política e a obrigação social de buscar uma igualdade real como um princípio constitucional.

Eis a entrevista.

Quais são os obstáculos estruturais que as mulheres enfrentam na vida cotidiana e na vida política?

Não havia percebido a magnitude da desigualdade de gênero até que comecei a trabalhar com mulheres na política, em consultoria com oPNUDemHonduras, emEl Salvador, naGuatemala. Em minha jornada pela América Latina, entendi que a dimensão da desigualdade é enorme e que, independentemente do país, todas as mulheres me falaram sobre os mesmos obstáculos dentro dos partidos e, acima de tudo, sobre confiança e o financiamento de suas campanhas eleitorais. Encontrei um denominador comum que foi além da política. Me deparei com um estereótipo muito marcado: a crença estendida e construída culturalmente de que a liderança é masculina. Se perguntarmos a uma pessoa três características do que consideramos masculino, dirá “força, assertividade, capacidade de tomar decisões”. Entre essas respostas, encontraremos uma sobreposição quase perfeita entre a descrição do masculino e a liderança. Por outro lado, quase nunca coincide o que nós estabelecemos que é feminino e a liderança. Este tem sido um grande obstáculo para as mulheres em todas as áreas do desenvolvimento. AUniversidade de Oxfordlevou 800 anos para nomear uma reitora. AUniversidade de Buenos Airesnão teve uma diretora feminina em toda a sua existência, quando a maioria dos professores universitários são mulheres…

Mas não são a maioria dos titulares de cátedras universitárias.

Exatamente. Esses tetos supostamente invisíveis – que chamamos de tetos de cristal – são tremendamente resistentes, é por isso que é muito difícil rompê-los e atravessá-los. Apenas 5% dos prêmiosNobelforam para mulheres. OFórum Econômico de Davosde 2018 foi considerado um sucesso retumbante porque 21% dos participantes eram mulheres. Então, a ideia de que bons líderes são homens continua a ser um dos estereótipos que mais complica o desenvolvimento das mulheres.

Como se traduzem esses estereótipos no plano cotidiano?

Estereótipos não só descrevem, também prescrevem. Se um estereótipo descreve que as mulheres são mais sensíveis do que os homens, a prescrição é que, diante da doença de uma criança ou de um idoso, é a mulher que deve assumir o controle porque é sensível e empática. Essas tarefas de cuidado atribuídas como naturais às mulheres acabam dificultando sua inserção na cadeia produtiva em igualdade de condições. Entre as pessoas sem educação formal, ao não poder terceirizar tarefas de cuidado, devem aceitar trabalhos de tempo parcial com salários muito mais baixos, a tal ponto que a diferença salarial entre os gêneros nesse setor chega a 35%.

Ou seja, as consequências do estereótipo de gênero não são homogêneas, mas, ao contrário, afetam mais os setores mais pobres.

Sim, claro. Mas ao mesmo tempo afeta a todas e a todos. Eu tive que entrevistar um homem na Holanda, onde 70% das mulheres trabalham em tempo parcial, trabalham quatro dias por semana e um daqueles dias dedicam aos filhos ou ao que quiserem. Os homens podem fazer o mesmo, mas quase nenhum homem escolhe trabalhar em tempo parcial. Quando este senhor disse em seu local de trabalho que queria começar a trabalhar em meio expediente, a primeira pergunta que fizeram foi: “Sua esposa está bem?” E a segunda: “Por que você quer trabalhar meio período, se não está se divorciando e nem sua esposa tem algum problema de saúde? Como este senhor queria ser pai além dos fins de semana, interpretaram que ele não gostava tanto de sua profissão. Isso quer dizer que esse estereótipo também prejudica os homens. O que acontece é que essas consequências são muito mais marcantes entre as mulheres, em termos de desigualdade política e econômica.

Quais elementos dessa desigualdade de gênero você observa em seu trabalho com mulheres políticas na América Latina?

Quanto mais tradicional é um país, mais difícil é superar os estereótipos. E nos países onde a religião tem muito peso, isso se torna mais complicado.É claro que temos diferenças sexuais, as mulheres podem gestar e os homens tendem a ter mais força física. Mas uma coisa é sexo e outra é o gênero como uma construção cultural. Em alguns países, onde as construções de gênero são muito mais binárias e onde há uma valorização dessa diferença, vale mais ser homem do que ser mulher. Mas também em países considerados paraísos de igualdade, como aSuéciaou aHolanda, encontramos essas características estereotipadas na distribuição de papéis. Há algumas questões interessantes a destacar nesse sentido.

Na América Latina, 52% da militância dos partidos políticos são mulheres, enquanto menos de 15% dos secretários gerais e presidentes de partidos políticos são mulheres. Isso é um claro teto de cristal na política. Não é natural que, diante de 52% das mulheres militantes, as cúpulas não reflitam essas proporções. NaGuatemala, perguntei: “Quantos partidos políticos existem?” A resposta foi: “35”. “E quantos são liderados por mulheres?”, complementei. “Quatro”, responderam. O mesmo naSuécia. “Quantos partidos políticos são liderados por mulheres?” “Nenhum”, disseram. E corrigiram: “Sim, existe um: oPartido Feminista“.

Quais são os outros aspectos que você mencionou como interessantes para analisar essas diferenças?

A primeira questão é ter cuidado em assimilar a igualdade numérica com a igualdade substantiva. Fizemos progressos em termos de igualdade numérica, porque as leis de paridade garantem que as listas sejam constituídas em 50% por homens e 50% por mulheres. Mas, além dessa igualdade numérica, que é importante, se trata de construir posições de poder e influência política. A formação das comissões parlamentares é um espaço onde são reproduzidos esses estereótipos. As mulheres são responsáveis pelaComissão de Saúde,Educação,Infância,MulhereseDeficiência, enquanto os homens estão noOrçamento,Obras Públicas,Trabalho. Então, devemos trabalhar nas dimensões da liderança para tender à paridade substantiva.

Quais características você encontra entre as mandatárias mulheres? O que as distingue?

Há muita diversidade nos estilos de liderança, a liderança é uma espécie de armadilha para as mulheres.

Em que sentido?

Se uma mulher mostra atributos considerados femininos, ela é vista como uma líder fraca. Mas se apresenta atributos “ao estiloAngela Merkel“, que são vistos como masculinos, ela é rotulada como desagradável ou não feminina. Como a liderança é pensada a partir de categorias definidas como masculinas, é difícil para uma mulher não ser criticada por seu estilo de liderança. No ano passado, havia apenas 15 chefes de Estado no mundo, há muito poucas mulheres no comando dos executivos.

Seguindo esse raciocínio, como as mulheres são representadas na política no geral, e nos meios de comunicação, em particular?

Existe um duplo padrão. A todo tempo vemos que as mulheres aparecem em sua qualidade como mães. Os meios de comunicação geralmente enfatizam o vínculo que elas têm com seus filhos ou o tempo que a maternidade as ocupa. QuandoHillary Clintonfoi avó, vários meios de comunicação nosEstados Unidosse perguntaram se, por ter se tornado avó, estaria em condições de ser presidenta. A revistaTimespublicou um artigo sobre os prós e contras de uma presidenta avó. Então me ocorreu olhar o que havia sido escrito sobre os homens que eram avós e que haviam chegado à Presidência dos Estados Unidos. Não escreveram uma só linha.Mitt Romneyapresentou 18 netos em campanha, ele tirou foto com 18 netos e ninguém se perguntou: “Pode um avô ser Presidente dos Estados Unidos?”.

Sabemos que é normal tanto para homens como para mulheres serem apadrinhados na política. No entanto, no caso das mulheres, o questionamento dos meios de comunicação é maior: “é a afilhada política de”, “é a esposa ou é filha de” … Quando uma mulher assume uma presidência ou um governo é mais frequente que se pergunte se estará realmente preparada para esse desafio. O mesmo não ocorre com um homem. A isso se soma comentários sobre seu guarda-roupa, aparência física, penteado, maquiagem. Como consequência, os eleitores, em suas avaliações, começam a vê-las com menos credibilidade, como menos confiáveis, menos fortes e diminuem a intenção de votar nas mulheres. Esse tipo de cobertura dos meios de comunicação as empurram mais para o mercado doméstico do que para o político.

Em sua experiência com mulheres políticas em países latino-americanos, você nota diferenças entre os países no estilo patriarcal de fazer política? Quais fatores incidem essas diferenças, se houver?

Em países com uma população nativa significativa e onde as mulheres vivem em uma situação econômica de maior vulnerabilidade – o que tecnicamente chamamos de “dupla minoria” – é claro que o desafio ainda é muito maior do que se fosse uma mulher branca de classe média. Efetivamente, as condições étnicas e a situação socioeconômica dentro do tecido social influenciam o grau de dificuldade, visibilidade e consideração que uma mulher tem dentro de um partido político na hora de adicioná-la a uma lista eleitoral.

Nesses lugares com uma dupla minoria, você observa conquistas a partir do trabalho que está sendo realizado?

Em todos os países se vê muitas mudanças e muito favoráveis, para todo o trabalho que está sendo feito. Embora sejam mais lentas do que gostaríamos, porque levará tempo para isso. Claramente as mulheres estão tendo mais voz, mais acesso, estão se tornando conscientes de seu papel e do espaço que tem para reivindicar o princípio constitucional, mas aqui há espaços em que elas terão que lutar e a luta não será fácil. EmHonduras, uma senhora me contava que quando faltavam medicamentos no estoque era ela que conseguia, que quando havia problemas com a água potável, era ela quem conseguia o caminhão cisterna, que quando alguém teve que transportar alguém, ela sabia onde encontrar a ambulância, mas a cada quatro anos um político homem veio e lhe pediu para conseguir votos das pessoas que ela ajudava. Até que um dia ela se perguntou por que ela não poderia ser a pessoa votada por aquela população. Todas essas mudanças geram uma maior consciência do valor político que essas mulheres têm para suas comunidades.

Essa consciência é suficiente?

Não. Também não impede que, depois de se tornar consciente, você enfrente uma sociedade que é patriarcal e um sistema político machista.

Como as mulheres políticas experimentam o financiamento de suas campanhas? Também nesse aspecto, seus direitos são violados?

Normalmente, as mulheres políticas perdem em matéria de financiamento: são enviadas para os distritos onde tem mais probabilidade de perder e, portanto, contam com menos recursos para suas campanhas eleitorais. O dinheiro que contam define uma posição de poder, assim, a distribuição de recursos simbólicos e econômicos tem um impacto significativo.

Quais medidas concretas estão sendo tomadas?

Para começar, está se trabalhando muito no nível de formação e treinamento de habilidades para mulheres no mundo público. As mulheres vêm com atraso em termos do número de redes que construímos na política. Eu não gosto de falar de “capacitação” porque creio que as mulheres são tremendamente capacitadas, o que fazemos é na verdade treinar habilidades que já temos e que nunca treinamos porque não tivemos a oportunidade de usá-las na política. Habilidades de liderança, negociação, comunicação, organização de uma campanha eleitoral, organização de uma equipe de voluntários para uma campanha, uso de redes sociais. Diferentes organizações, como asNações Unidase aOEA, estão investindo esforços em toda a América Latina para que as mulheres possam aperfeiçoar essas habilidades em campanhas eleitorais.

Outra linha visa propor que os partidos financiem atividades para as mulheres e que elas participem da montagem das listas eleitorais, além de treinar seus quadros masculinos em questões de gênero, porque senão as únicas que avançam em questões de saúde sexual e reprodutiva, de cuidado ou seja o que for, são mulheres.

E em relação aos estereótipos dos meios de comunicação?

Está se trabalhando com os meios de comunicação para deixarem de ser um obstáculo. São realizadas oficinas com jornalistas, editores e gestores dos veículos de comunicação, onde são trabalhadas as características da cobertura e, dentro desta, os preconceitos em relação às mulheres políticas. E onde se pensa o que pode ser feito para melhorar esses tratamentos dos meios de comunicação. Eles mesmos começaram a gerar certas diretrizes: não tirar uma foto de uma mulher que não tiraria de um homem, não chegar com um microfone quando elas estão saindo da escola com seus filhos, estabelecer limites para que não haja diferenças entre uns e outras.

Como chamam a transversalidade da abordagem de gênero?

Aponta para mudanças no enfoque em matéria de políticas públicas. Por exemplo, no que diz respeito à licença-maternidade, se trata de pensar também em uma mudança na licença-paternidade para que as mulheres não sejam as únicas que cuidem de seus filhos. No campo econômico, é preciso buscar a forma em que as mulheres sejam mais favorecidas. Transversalizar o enfoque de gênero exige pensar que o cenário atual não é igual para homens e mulheres e devemos pensar em como nivelá-los. Os sistemas de orientação são muito bons. Trata-se de que as mulheres que já têm experiência na política podem orientar e ajudar aquelas que têm menos experiência.

Fonte: IHU
Por:Natalia Aruguete
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O feminismo não originou apenas reações de adesão ou rechaço. Provocou a necessidade de uma revisão do modelo tradicional de homem e de masculinidade. Obrigou a revisar estereótipos e a buscar alternativas ao macho ibérico.

Para questionar masculinidades tóxicas e machistas e reconstruir a hombridade, há poucos dados objetivos sobre o que se entende como valores e modelos característicos do gênero masculino. Mas o fato é que algo está mudando. Uma pesquisa da empresa 40dB encomendada pelo EL PAÍS, um ano após o histórico protesto feminista na Espanha, reflete como no país os homens jovens não definem suas peculiaridades da mesma forma que os mais velhos. Mas a reação mais tímida dessa geração a situações de assédio e comentários machistas é escassa. Evoluímos, mas parece que não foi suficiente, e as mulheres tampouco percebem essa transformação com a mesma intensidade que eles.

Os estereótipos continuam presentes nas respostas dos homens com mais de 65 anos. Hércules e Apolo já não são mais ícones de masculinidade. Mas ser corajoso e forte durante uma crise, ter segurança em si mesmo e ser heterossexual são características associadas à masculinidade, segundo os idosos.

Os mais jovens discordam não só deste modelo, como tampouco acham que não ter sucesso profissional ou não ser o provedor econômico da casa sejam situações que desvirtuem seu gênero. A moda do papel dominante passou.

Um dos dados mais contundentes que a pesquisa oferece está nas respostas às perguntas formuladas apenas aos homens. Quase 86% declaram que o fortalecimento do feminismo não tornou mais difícil estabelecer relações com as mulheres. A maioria tampouco teme uma denúncia injusta. E mais de 85% dos homens afirmam não mudar seu comportamento quando não há mulheres presentes, e que tampouco utilizam em grupos masculinos do WhatsApp expressões que não diriam pessoalmente.

O desafio deveria estar na reação a quem faz isso, porque só metade chama a atenção dos seus amigos quando fazem comentários ofensivos. E são justamente os jovens, apesar de mais distantes dos padrões rançosos de masculinidade, menos propensos a reprovar essas ofensas e micromachismos. E não só nestes casos.

Frente a uma situação de perseguição ou agressão sexual presenciada, 23% dos homens decidem não intervir, e também nesse caso os mais velhos são mais propensos a fazê-lo.

Isso é destacável porque as definições de assédio para os homens mais idosos é menos rigorosa que para os jovens, que opinam de forma majoritária que comentar o aspecto físico de uma colega de trabalho ou elogiá-la é assédio. Uma coisa é a teoria, e outra é a prática.

Os homens admitem que o modelo do seu gênero está mudando. E atingem essa conclusão ao responder como se veem atualmente em comparação aos seus antecessores. A maioria acredita que melhoraram em inteligência emocional e que compartilham, em maior grau, as tarefas e o cuidado dos filhos. Entretanto, as mulheres não respaldam estas respostas na mesma proporção que eles. Apreciam uma melhora na inteligência emocional, sim, mas nem tanto.

Também há discrepâncias em questões de tratamento. Quase metade dos pesquisados admite não ter certeza sobre como agir com as mulheres. E, quando elas são perguntadas, essa percentagem sobe quatro pontos. Eles também dizem reconhecer suas fraquezas em maior medida que os homens de antes, mas as mulheres não estão tão de acordo. A autorrepressão do afeto também começa a ser superada, e frente a esta transformação os homens não se sentem mais “moles” que os de antes.

Os dândis provocaram uma mudança radical na masculinidade no século XVIII. A moda é um dos setores que mais impulsionam a revisão de suas características, ao menos na aparência. E a inquietação com a presença física continua ocupando o topo das preocupações. Homens e mulheres coincidem em valorizar o interesse pelo aspecto físico e a aparência. Todos apontam que aumentou com relação a seus antecessores. E é motivo de insegurança.

O peso está acima de uma boa situação profissional como causa de inseguranças. E, depois do salário, a calvície se situa como outro dos motivos pelos quais os homens tremem. Os seguintes: as relações sexuais, a personalidade, o jeito de se vestir e o pênis, membro que lhes preocupa mais que a inteligência.

Ficha técnica da pesquisa

ÂMBITO: Espanha. UNIVERSO: população geral residente na Espanha de 18 anos ou mais. AMOSTRA: 2.000 entrevistas. Estratificação por sexo, idade, porte do município e comunidade autônoma. PROCEDIMENTO: entrevista on-line. MARGEM DE ERRO: ±2,19% (95% de confiança). TRABALHO DE CAMPO: sondagem realizada pela 40dB de 24 a 31 de janeiro de 2019.

Ficha técnica

ÂMBITO: Espanha. UNIVERSO: população geral residente em Espanha de 18 anos ou mais. AMOSTRA: 2.000 entrevistas. Quotas por sexo, idade e tamanho de habitat e de comunidade autônoma. PROCEDIMENTO: entrevista on-line. ERRO MUESTRAL: ± 2,19% (95% de confiança). TRABALHO DE CAMPO: sondagem realizada por 40dB do 24 ao 31 de janeiro de 2019.

Por:María Fabra
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Quizá no haya una mujer más apta que Serena Williams para encabezar la batalla a fin de reivindicar la palabra “loca”. En los últimos seis meses, ha sido penalizada, multada y criticada por lo que ha dicho, hecho,vestido y por cómo se ve, mientras sus detractores la llaman una “loca”.

Su capacidad para florecer a pesar de todo ha hecho que sus legiones de seguidores la aprecien más, así que no fue una sorpresa que sus admiradoras se volvieranlocas —por así decirlo— la noche del 24 de febrero cuando el nuevo comercial de Nike donde solo hay mujeres, Dream Crazier, se estrenó en los Premios Oscar (ya tiene seis millones de reproducciones en YouTube).

El anuncio es un montaje de algunas de las mejores atletas del mundo en el que hacen lo que mejor hacen y desafían a la autoridad mientras lo logran. Williams lo narra y dice que las mujeres que expresan sus emociones, su pasión y sus opiniones han sido llamadas dramáticas, dementes, delirantes, trastornadas, irracionales o locas; al parecer va más allá del mundo del deporte y también se refiere a cómo todo tipo de mujeres han sido tratadas a lo largo del tiempo.

A las mujeres se les ha llamado locas o histéricas para rebajarlas desde hace siglos. La “histeria” — que viene del griego,hystera, útero — fue una de las primeras enfermedades mentales que únicamente se atribuía a las mujeres.

“La idea era que cualquier desplante emocional que sobrepasara los límites estrictos de lo aceptable se podía considerar ‘histeria’”, según me dijo esta semana Elaine Showalter, una académica feminista que escribió un ensayo tituladoHysteria, Feminism and Gender. (Por ejemplo, unas cartas recién publicadas de Charles Dickens revelan que intentó hacer que su esposa, la madre de sus diez hijos, fuera recluida en un manicomio mientras él vivía un amorío. En ese tiempo, era suficiente decir que su esposa sufría de “exceso de emoción” para determinar que estaba “neurasténica”, y esa fue la razón que él dio.)

La verdadera politización de la palabra, explicó Showalter, se dio en 1890 cuando comenzaba el movimiento de las Sufragistas y surgía la “nueva mujer”: una mujer independiente, desafiante, segura de sí misma, osada y dueña de sus emociones.

“De eso se trataba el comercial”, dijo Showalter, quien también es profesora emérita de Literatura Inglesa en la Universidad de Princeton.

Durante ese tiempo, los calificativos de “histérica” y “loca” se usaban principalmente para atacar a dos grupos de mujeres: las que exigían un lugar en la universidad —sobre todo en la facultad de Medicina (un argumento en contra era: “Van a fatigar sus cerebros”)— y las mujeres que hablaban en público (a ellas se les consideraba “anormales, amenazantes y repulsivas”, de acuerdo con Showalter).

“Hablar en público era un tabú muy grande y se consideraba muy poco femenino; no importaba cómo se hiciera, se atacaba por ser una muestra de histeria”, afirmó Showalter.

¿Suena conocido? En 2017, la senadora Kamala Harris fue llamada “histérica” por el antiguo ayudante de Trump, Jason Miller, solo por cumplir con su trabajo (durante una audiencia, a los senadores del Comité del Senado sobre Inteligencia se les dio tiempo para preguntar a Jeff Sessions, quien entonces era el fiscal general, sobre su vinculación con los rusos en las elecciones de 2016). Cuando se le insistió para que explicara por qué decía que estaba histérica, Miller respondió: “O sea, hacía unas preguntas muy difíciles”.

Desde hace mucho Serena Williams ha alentado a las mujeres jóvenes para que sean asertivas, como lo hicieron antes otras lideresas. Las Sufragistas más experimentadas les daban valor a las más jóvenes, sostuvo Showalter. “Solían decir: ‘No tengas miedo, vas a tener que hacerlo. Ve y habla en público, di lo que piensas y sé directa’”.

Por: Maya Salam
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Cortou o pênis do marido…e agora

Ela foi motivo de deboche e manchetes em jornais: cortou o pênis do seu então marido. As violações e abusos a que a era submetida não foram mencionadas na época. Agora…

Lorena Bobbitt y el camino a ser reconocida como víctima

Hace veinticinco años, la migrante ecuatoriana fue motivo de burlas y titulares de tabloides: le cortó el pene a su entonces marido. Lo que no se contaba eran las violaciones y abusos a los que él la había sometido. Ahora quiere contar su historia.

MANASSAS, Virginia — Lorena lo cuenta de manera muy prosaica. Mientras nos conducía en su Kia una tarde reciente, señaló sin más el hospital; ahí, dijo, le reimplantaron el pene a John Wayne Bobbitt después de que ella se lo cortó con un cuchillo de cocina mientras dormía, la noche del 23 de junio de 1993.

A quince minutos de ahí, cerca de Maplewood Drive, señaló el campo de césped y grava donde arrojó el pene amputado desde la ventana del auto. Le pregunté por qué lo aventó. “Tenía que manejar, claro, pero no podía porque tenía esa cosa en la mano, así que me deshice de ella”. Ah, ¡claro!

Por el mismo camino se encuentra el salón de manicura donde trabajaba y hacia el que huyó esa noche. “No soy una mujer vengativa, porque les dije dónde estaba”, indicó Lorena Gallo, como ahora se le conoce. Se refiere a los oficiales de policía que, poco después de las cuatro y media de la mañana, se pusieron a buscar el pene amputado entre la maleza, a un costado de la carretera. Lo encontraron, lo pusieron en hielo en una caja para hot dogs de un 7-Eleven cercano y lo llevaron de inmediato al hospital, donde, gracias a un milagro de la cirugía plástica y la urología, lo reimplantaron y le devolvieron (casi) toda su capacidad.

Estos detalles, que Lorena relata con el estoicismo de un mesero que recita el menú del día, son los que conoce la mayoría de la gente que siguió la cobertura. Pero Lorena quería hablar de la historiaverdadera: la de una joven inmigrante que sufrió violencia doméstica durante años, que fue violada por su marido esa noche sin tener adónde ir y ya no pudo más.

“Siempre se enfocan eneso”, dijo, en referencia al pene de su esposo, el amputado, reimplantado y, un par de años más tarde, agrandado en una cirugía. Antes de que grupos de mujeres salieran a manifestarse en masa contra la violencia y del movimiento #MeToo, en esas épocas de pensamiento menos evolucionado, los medios solo querían hablar deeso. “Y es como si no querían darse cuenta o no les importaba por qué lo hice”, comentó.

Lorena, originaria de Ecuador, tiene razón en que la mayoría de las personas obvia que, antes de que ella fuera enjuiciada por lo sucedido en junio de 1993, su entonces marido John fue imputado por violación conyugal (y exonerado del cargo). En ese entonces, el abuso sexual doméstico acababa de ser tipificado como delito en los cincuenta estados de Estados Unidos; en Virginia era casi imposible comprobarlo. En los medios hubo quienes se cuestionaron si el delito no se trataba de un oxímoron. “¿Violación conyugal? ¿Quién realmente sale jodido?”, decía unacolumna de la revista Penthouse. Lo sucedido con Lorena fue parodiado enSaturday Night Live; en una escena el personaje Stuart Smalley, interpretado por Al Franken, le pide a Lorena que se disculpe con el pene de John.

Lorena también tiene razón al comentar que a la gente se le olvida que un jurado la declaró no culpable en el juicio; alegó demencia temporal. Se nos olvida que los testigos en el proceso declararon que habían notado varios hematomas en sus brazos y cuello, que ella había llamado al 911 en repetidas ocasiones y que John les había presumido a sus amigos que obligaba a su esposa a tener sexo. En los años posteriores al juicio, él fue arrestado varias veces y estuvo en la cárcel acusado de violencia contra dos mujeres más (él niega las denuncias).

“Esto se trata de una víctima y una sobreviviente, y de lo que está pasando en el mundo actualmente”, dijo Lorena.

Esa historia, la suya, es la que cuenta en un nuevodocumentalen cuatro partes producido porJordan Peeledisponible el 15 de febrero en Amazon Prime Video. Y para contar esa historia se tomó un descanso de Lorena’s Red Wagon, su organización sin fines de lucro que ayuda a las sobrevivientes de violencia doméstica, para darme un recorrido por la comunidad de Manassas, en las afueras de Washington D. C., donde todo ocurrió.

Han pasado veintiséis años desde que Lorena Bobbitt, una mujer de 24 años con mirada inocente, cabello oscuro y ojos penetrantes, quedó tan plasmada en los anales de la cultura popular que aparece tanto en unanovela de Philip Rothcomo en unacanción de Eminem. Hoy en día, Lorena es tímida y pequeña; portaba un saco negro, zapatos de tacón elegantes, arracadas de diamante y un bolso Louis Vuitton. (Pesa 53 kilogramos, cifra que me compartió como comparativo; pesaba 43 kilos en 1993, cuando John, exsoldado de los marines estadounidenses, dijo que ella lo había atacado). Se ha transformado físicamente y ahora es una madre suburbana de clase alta con cabello rubio, aunque aún tiene los mismos ojos grandes, tristes y oscuros.

Pese a que ahora usa su apellido de soltera, la gente que se encuentra a Lorena por Manassas no tarda en hacer la conexión: esesaLorena. “Vivo aquí. Esta es mi casa. ¿Por qué tiene que ser él quien ríe al último?”, dijo cuando le pregunté por qué no se mudó.

Sabe que no puede escaparse del apellido y de sus connotaciones fálicas, incluso cuando no quiere que John continúe teniendo peso en su vida (él siguió buscándola en el salón de manicura después del juicio y de vez en cuando aún le escribe cartas de amor). “Sé que todavía soy Lorena Bobbitt. Es el nombre que conoces, el que aquí es conocido”, dijo. Y pese a que ha sido blanco constante de bromas, Lorena “Bobbitt” Gallo es sincera, abierta y cariñosa.

En 1994, después de pasar un periodo breve y obligatorio en un hospital psiquiátrico, Lorena retomó su vida y regresó al trabajo de manicurista. Después comenzó a trabajar como peluquera y agente de bienes raíces. Asistía con regularidad a su iglesia y tomaba clases en una universidad técnica, donde conoció a David Bellinger. Fueron amigos durante años antes de comenzar una relación. Lorena contó que nunca salió con nadie más porque, pues, ¿cómo conseguir una cita si eresesaLorena? La pareja ahora tiene una hija de 13 años y vive en una casa de ladrillos.

“Cuando terminó el juicio, vaya, en un inicio ni siquiera podía ir a la tienda porque la gente decía: ‘Ay Dios mío, yo te conozco’. Me daban ganas de soltar mis bolsas e irme a casa”, dijo Lorena. “Solo quería cuidarme a mí y a mi familia. Así podría reintegrarme a la normalidad y a la vida cotidiana”.

John se hizo protagonista de películas pornográficas (comoJohn Wayne Bobbitt: sin cortesyJohn Wayne Bobbitt: Frankpene). Lorena tuvo algo de contacto con la prensa, pero en su mayor parte rechazó ofertas para convertir su incidente de castración en una película o una serie de televisión. Rechazó un millón de dólares para posar en Playboy. “Un millón de dólares es un millón de dólares”, dijo. “Habría sido genial, pero no me educaron así”.

Los cineastas que se comunicaron con ella a lo largo de los años no querían concentrarse en el abuso, la historia de la que ella sí quería hablar.

“A nadie le importaba nada más que John y su cirugía y su ‘pérdida’”, lamentó Kim A. Gandy, antes presidenta de la National Organization for Women (NOW), sobre el intento de dirigir el diálogo hacia el abuso doméstico. “Hicimos varias entrevistas y siempre nos decían algo como: ‘Bueno, pero si esto es lo que querían las feministas’”.

Entonces, en 1994, el Congreso de Estados Unidos aprobó la Ley sobre la Violencia Contra la Mujer. Katie Ray-Jones, directora ejecutiva de laLínea de Ayuda Nacional contra la Violencia Doméstica, afirma que la historia de Lorena, junto con las denuncias de acoso sexual de Anita Hill contra el magistrado Clarence Thomas y el juicio a O. J. Simpson en el que fue exonerado del homicidio de su exesposa, “finalmente crearon un discurso nacional que le dio algo de impulso en materia legislativa”.

Así que, aunque la mayoría de las representaciones de Lorena la hacían parecer, según dice, “una mujer loca y celosa”, el juicio del caso Bobbitt ayudó a que cambiaran las leyes sobre abuso doméstico y contra las mujeres.

Yesoes lo que quería contar Joshua Rofé, realizador del documental sobre jóvenes en prisiónLost for Life. Buscó a Lorena en diciembre de 2016, después de leer acerca de su trabajo con víctimas de violencia doméstica en Lorena’s Red Wagon. Hablaron durante casi un año antes de que Lorena, motivada por su indignación respecto a la elección de Donald Trump y por el movimiento #MeToo, decidiera que era el momento adecuado para contar su versión.

Dio la casualidad de que casi al mismo tiempo salieron varias películas, documentales y pódcasts (Yo, Tonya;The Clinton Affair,oSlow Burn) que miraban con nuevos ojos a las mujeres involucradas en escándalos de la década de los años noventa (Tonya HardingyMonica Lewinsky, respectivamente). Lorena se identificó: “Los medios nos satanizaron y eso es muy triste. Solo les pasa a las mujeres”. Pensó que, quizá, su historia por fin superaría el protagonismo del pene de John.

El documental se desarrolla en su mayor parte en 1993, cuando empezaban los programas de juicios televisados y las series matutinas de chismes y tabloides. Como lo retratan Rofé y Jordan Peele (el productor, conocido porGet Out), el ciclo noticioso de veinticuatro horas es voraz hacia Lorena, un monstruo de muchas cabezas que termina por envolverlo todo. “Hay un tercer personaje en esta historia además de Lorena y John: nosotros, la sociedad, y lo que hicimos con la información que teníamos disponible”, dijo Peele.

El documental no toma bandos en la historia. Usa videos de las noticias de la época, así como entrevistas con Lorena, sentada en su sala. A John lo entrevistan también, sentado en su sofá en su casa de Las Vegas. Él sigue diciendo que planeaba divorciarse de Lorena y que, después de que él no quiso tener sexo ella tuvo un ataque de ira vengativa.

“A ella nunca la maltraté; ella siempre fue la violenta y me cortó el pene porque iba a dejarla”, aseguró John en una entrevista telefónica, en la que dijo que los cineastas del documental le habían tendido una trampa para hacerlo ver mal.

De regreso en el auto, mientras Lorena señalaba el hospital en el que John fue operado y donde, en ese mismo pasillo, a ella le hicieron una prueba para comprobar la violación, le pregunté si se arrepentía de lo que hizo. “¿Cómo puedes arrepentirte de algo que no tuviste la intención de hacer?”, dijo. Explicó, de nuevo, lo que le dijo al jurado en 1994. John regresó a casa borracho. La violó. Ella fue a la cocina por un vaso de agua, vio el cuchillo en la cocina y se sintió rebasada por años de abusos. No recuerda nada después de eso. “Para mí, el arrepentimiento es decir: ‘Ay, compré un auto negro en vez de un auto rojo’, cuando no elegiste lo correcto”, comentó Lorena. “Pero yo no estaba consciente”.

Sin embargo, no solo me refería a si se arrepentía de haberlo hecho. Quise preguntarle si se arrepentía de haber hecho famoso a John Wayne Bobbitt. ¿Se arrepentía de haberle dado un poco de fama y una fuente de ingresos pequeña pero constante? Pero Lorena no piensa así las cosas. De nuevo, me dijo, solo hay decisiones; el auto negro o el rojo. “Él puede elegir. Es su vida. No creo tener nada que ver con lo que elija hacer él con su vida después del incidente”, comentó.

“El incidente”, así se refiere Lorena al crimen impactante que aún hace que muchos hombres toquen aterrados sus genitales y supongan que ella está cumpliendo una cadena perpetua en la cárcel.

Peele dijo queLorenava en línea con su misión de hacer filmes que les den voz a personas marginadas, pero que es imposible hacer caso omiso a que la historia tiene los elementos de un filme tragicómico, como algo hecho por los hermanos Coen. Al fin y al cabo en el primer episodio del documental vemos a los policías de una pequeña ciudad buscar un pene amputado en un campo. “Te mentiría si te dijera que no hay humor en esta historia”, comentó Peele. Le preguntó a Lorena si eso le parecía bien. Ella le dijo que sí.

“Yo fui objeto de muchísimas bromas en los noventa y, para mí, eso fue cruel”, dijo. “No entendían. ¿Por qué se reían de mi sufrimiento?”. Unas décadas más tarde, después de mucha terapia, ahora Lorena tiene otra perspectiva. Comprende que la razón por la que tiene una plataforma para algo como Lorena’s Red Wagon es por el pene amputado, la caja de hot dogs,Frankenpeney ese apellido inolvidable. “Soportaré las bromas y todo eso si me da la oportunidad de decir algo sobre la violencia doméstica, los ataques sexuales y la violación conyugal”, dijo.

Se me ocurrió que no habría documental ni bromas, que el caso Bobbitt no tendría lugar en la cultura popular estadounidense, si John le hubiera cortado alguna parte del cuerpo a Lorena.

“Se ríen”, dijo ella durante nuestra tarde juntas. “Siempre se ríen”.

Por: Amy Chozick

Ideologia de gênero parece ideologia mas é religião

O papa Bento XVI – Ratzinger – começou a usar a expressão para advertir dos “perigos” do feminismo, especialmente para a família tradicional.ide1

                        Parece ideología, pero es religión

Igual lo has leído en las noticias, se lo has escuchado a los políticos o incluso lo has usado en alguna conversación sin saber muy bien qué significaba. Es el término “ideología de género” que nada tiene que ver con “estudios de género” o “teoría de género”. Se parecen, pero no. Pablo Casado lo ha resucitado en las últimas semanas en su campaña para las primarias del PP, como si fuera un monstruo al que abatir. Literalmente, dijo que era “un colectivismo social que el centro derecha tiene que combatir”. Lo hizo en una entrevista en esRadio, en el programa de Federico Jiménez Losantos.

Pero, ¿qué es la ideología de género de la que habla Pablo Casado? Resulta que el término tiene más que ver con la religión que con la teoría académica, aunque ha terminado siendo política. Se popularizó principalmente cuando el papa Benedicto XVI – Ratzinger- empezó a usarla para advertir de los “peligros” que podría traer el feminismo, especialmente contra la familia tradicional. En España, los sectores de derechas y ultracatólicos lo adoptaron para oponerse a la ampliación de la Ley del aborto, como recoge esta columna de 2009 de Concha Caballero:

La derecha social y eclesial ha acuñado un término con el que designan los males sociales actuales y que denominan “la peligrosa ideología de género” que está impregnando las leyes actuales. Los think tank del pensamiento ultraconservador elaboran documentos, libros y artículos con un argumento común, tan fácil de comprender como un cuento infantil: la familia tradicional es la fuente de toda felicidad y fuera de ella sólo hay soledad y conflicto social”.

“En el contexto de la política hacer alusiones a combatir la ideología de género hace mención a ir en contra de los avances en igualdad de los derechos de las mujeres que se han producido fundamentalmente en el siglo XX como el acceso a la educación, a la igualdad de derechos civiles, y de forma más específica contra los avances sociales y leyes relacionadas con la salud sexual y reproductiva de las mujeres, la lucha contra la violencia machista o los derechos del colectivo LGTBI”, explica Rosa San Segundo, catedrática y directora del Instituto de Estudios de Género de la Universidad Carlos III.

Los que hablan de la ideología de género suelen acompañarlo de palabras como “adoctrinamiento” “radical” y tildarla como “peligrosa”. También aseguran que existe una agenda perfectamente planificada para imponer sus planteamientos a través de leyes innecesarias y adoctrinar a los niños en las escuelas sin el consentimiento de sus padres.

“En el fondo, muestra mucho desconocimiento y es un mal uso de la palabra. Creo que es una confusión con un uso interesado porque todos tenemos ideología, está implícita en todo lo que hacemos. Siempre nos educan con una perspectiva ideológica. En este caso, usan ideología de género para hablar del pensamiento feminista y sus logros, como para desacreditarlo”, opina Asunción Bernárdez Rodal, directora del Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense. “Pero ellos también tienen ideología de género, todos la tenemos, solo que la de los sectores más religiosos es una ideología basada en la desigualdad de la mujer”.

La prueba de Google también lo demuestra: la búsqueda “ideología de género” remite a resultados de páginas como conelpapa.com o catholic.net. Cuando alguien utiliza este término está eligiendo de manera consciente la idea que quiere transmitir y dónde se sitúa respecto al mensaje feminista. Y es importante. Pero cada vez que resucita ese término, que vuelve a tomar fuerza en el debate público, también resucita un histórico cántico de las manifestaciones “fuera los rosarios de nuestros ovarios”.

Fonte: EL PAÍS
Por: Mari Luz Peinado
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“Juizes e advogados não tem boa formação em violência de gênero”

“O curso de Direito é bom para resolver questões de herança, como cobrar um cheque ou solucionar um problema de direito comercial, mas a formação em violencia de gênero, que para mim é de direitos humanos, é escassa ou nula”.

dudo

 “Dudo que la ley de violencia de género se pueda aplicar”

El ministro del Tribunal de Apelaciones cree que las organizaciones feministas deberían abordar de forma más científica el problema de la violencia doméstica

Eduardo Cavalli es uno de los seis ministros del Tribunal de Apelaciones de Familia, lo que lo coloca como una de las mayores autoridades en esta materia que aborda temas tan variados como la tenencias de niños, las obligaciones legales de sus padres o tutores, casos de violencia doméstica y situaciones de menores de edad en infracción con la ley. Por esa razón, fue uno de los tres integrantes del Poder Judicial que participó de las discusiones para definir el presupuesto necesario para implementar la ley de violencia hacia las mujeres basada en género, aprobada el 13 de diciembre en el Parlamento, a pesar de las advertencias sobre que su costo haría muy difícil su puesta en marcha.

La cifra de $ 950 millones (unos US$ 30 millones) requerida para la creación de juzgados especializados en violencia doméstica tal cual lo ordena la norma no fue considerada en esta Rendición de Cuentas, pese a que es considerado apenas un mínimo por el Poder Judicial.

En entrevista con El Observador, Cavalli habló de las dificultades para aplicar esta norma desfinanciada, la crisis de la familia en Uruguay, las debilidades del sistema procesal que atiende a las víctimas de violencia doméstica, y por qué cree que las organizaciones feministas deberían analizar este fenómeno de forma más científica.

¿Cuáles son las situaciones que enfrenta con mayor frecuencia el Tribunal de Apelaciones en materia de familia?

Los casos de disputa por el régimen de visitas, y los de padres que incumplen el pago de pensiones alimenticias. El niño como rehén de una disputa entre adultos en materia de justicia de Familia es pan de todos los días. Tenemos conflictos entre madres y padres, o padres y abuelos, donde planteas una situación de visitas controladas en presencia de un tercero, y no se cumplen y siempre hay una excusa, un problema. Hay niños que pasan toda la infancia judicializados, porque los padres están enfrentados. En materia de tenencia lo más frecuente es que las mujeres impidan que los hombres vean a sus hijos.

Pero una prueba de que vivimos en una sociedad patriarcal son los casos de padres que incumplen el pago de pensiones alimenticias. Hay situaciones frecuentes de padres que se desentienden o que tienen un conflicto con la madre de los niños y que para castigarla le niegan alimentos. No están enfrentados con sus hijos, pero los afectan a ellos. Me parece que como país nos provoca un desgaste descomunal. La familia uruguaya se hizo añicos.

Uno de los temas que aborda un tribunal de familia es el de la violencia doméstica, ¿cómo evalúa el trabajo que se ha hecho con operadores de la Justicia para educarlos en esta materia?

Me di cuenta de que en los años de 1970 era machista. Es que hay cuestiones de la cultura patriarcal que uno las tiene en el ADN porque se crió en una sociedad así. Por eso siempre hay que estar aprendiendo en esta materia. Lo ideal es que hubiera una capacitación sistemática en todo el sistema de justicia porque jueces, abogados, fiscales y técnicos estamos formados en facultades que no encaran esta problemática de género. La Facultad de Derecho en Uruguay te forma muy bien para resolver situaciones como quién hereda qué, o cómo se cobra un cheque, o a solucionar un problema de derecho comercial, pero la formación en casos de violencia de género, que para mí son de derechos humanos, es escasísima o nula.

¿Por qué cree que el tema no cobró esa relevancia?

Por la cultura patriarcal. Pienso que en la Universidad de la República sigue estando. ¿Dónde lo veo? Los problemas de familia son prácticamente la mitad de los asuntos del Poder Judicial, entonces uno pensaría que eso tendría que ser la mitad de la formación, pero el tiempo dedicado al tema es mínimo. Puede que algún profesor lo haga, pero la exigencia con la que se da la materia es muy poca. ¿Cuántos libros escritos por abogados hay publicados por temas de violencia de género? Son poquísimos. Otras materias como en la penal, el derecho laboral o civil, vas encontrar muchas más publicaciones.

Sin embargo, los grupos feministas tienen actividades entorno a las universidades.

El gran talón de Aquiles de los movimientos feministas es que no han sabido reflexionar científicamente cómo deberían ser los procesos de protección de los derechos a nivel de la Justicia. En un juicio se puede tratar a las personas como sujetos de protección o como objetos de protección. Para nuestra justicia las víctimas de violencia doméstica son objetos.

Por ejemplo, cuando querés reclamar la plata de alguien que te chocó el auto primero hablás con tu abogado, que te pregunta qué pruebas tenés y te aconseja sobre qué se debe conseguir, presenta una demanda escrita en la que detalla el tipo de resarcimiento que quiere recibir, la defensa de la otra parte la lee y presenta su respuesta y recién ahí se hace una audiencia en la que el denunciante no habla ante el juez, lo hace su abogado. El juez allí solo decide si el denunciante tiene razón o no.

En violencia doméstica, la presunta víctima si tiene suerte la citan al juzgado, allí al mismo tiempo que ve al juez ve a su abogado, y ahí mismo cuenta su situación. El juez no sabe si lo que ella dice es cierto o no, por lo que se tiene que poner a averiguar. Por eso, el denunciante es una persona que ya en el interrogatorio es mirada con duda por el juez y muchas veces cuando hay personas de situación de contexto desfavorecido esa es la manera de callarla.

¿Cómo cree que debería hacerse?

Nosotros propusimos que antes de pasar por el juez se entrevistara con el abogado defensor, y que este le desarrollara una estrategia de defensa. De esta forma, cuando vaya ante el juez podrá presentar las medidas de protección que pretende para sí. El juez lee eso y después debe escuchar al marido. El marido se defenderá y con base en eso se define.

Decía que las mujeres van a los juzgados “si tienen suerte”, ¿a qué se refirió?

Los jueces de violencia doméstica reciben entre 70 y 80 llamadas por día, y después llevan a sus juzgados a entre 10 y 15. Todas las demás cuestiones, si la Policía no les contó que hay una situación de riesgo no la llevan al juzgado, porque no pueden tomar tantos casos, es un tema de organización del trabajo.

¿Qué sucede en esos casos?

Imaginate una mujer de la campaña que va a una comisaría del pueblo para denunciar una situación de violencia doméstica. Los policías llaman al tipo, que niega todo. Con esa breve indagatoria policial se llama al juez y este responderá en función de cómo le cuentan el cuento. Capaz que el Policía le dice que el muchacho es bárbaro y que la mujer es rara. Hubo un caso que el juez entendió que la situación no era grave y a través de la policía intimó a la pareja a no agredirse más. Horas más tarde el hombre fue y mató a la mujer.

¿Puede hoy una mujer negarse a ser protegida o dar marcha atrás en una denuncia?

Sí puede, pero con una aclaración.

Puede retirar la denuncia si el juez entiende que lo hizo porque está amenazada o porque culturalmente está acostumbrada al maltrato, entonces tiene la obligación de fijar medidas de protección, como tobillera, medidas de alejamiento. Hace poco llegó la apelación de una mujer que ejercía la prostitución y que pedía que se le quitara la custodia policial. El caso empezó cuando su última pareja le causó lesiones graves. La mujer hizo la denuncia, y se resolvió ponerle tobillera al agresor. El hombre se rompió la tobillera tres veces, por lo que se le puso custodia. La mujer no quería que los policías la siguieran al prostíbulo porque le espantaban los clientes .

El ministro del Interior, Eduardo Bonomi, dijo que por qué los jueces no envían a la cárcel a quienes rompen sus tobilleras, si están incurriendo en un delito de desacato a una orden judicial.

Pienso que algo de razón tenía. La Fiscalía como dice (el fiscal de Corte) Jorge Díaz es única y se expresa a través de sus agentes, por lo que tendría que tener una política más o menos coordinada, que permitiera que los fiscales de violencia doméstica puedan derivar el tema a los fiscales penales.

En la Rendición de Cuentas el Ministerio del Interior incluyó un artículo que pretende que los jueces solo puedan disponer custodias policiales o tobilleras en casos de violencia doméstica si cuenta con un informe técnico favorable elaborado por técnicos de la cartera.

¿Qué opina de esta medida?

Me parece que corresponde. Por algo hay separación de poderes. Son temas del Poder Judicial, si un juez resuelve poner la tobilleras el Ministerio del Interior en todo caso podría recurrir a esa decisión, pero no meterse en si puede o no. Es como si mañana el Ministerio del Interior dijera que los jueces solo van a enviar a prisión cuando tenga plazas suficientes en la cárcel.

¿Los jueces disponen demasiadas tobilleras?

Los magistrados uruguayos son muy de ante el más mínimo riesgo aplicar medidas de separación, incluso hasta por teléfono. Antes de llevar a la víctima al juzgado ya se tomaron medidas. Pero solo cuando logran tener peritos que le den un informe de la situación de alto riesgo colocan la tobillera. Prácticamente no se coloca tobillera si no se ve una situación potencialmente homicida.

¿Hay suficientes técnicos para hacer esos informes?

No, no los hay. Por eso lo que se suele hacer es que pedir ante situaciones que se entienden como graves, es que los expertos hagan un informe rápido. Pero no creo que se entreguen demasiadas. No no hay. En general tiene que pedir específicamente en situaciones que entienden como graves que se coloque. Si tenés 30 femicidios por año no es tan disparatado que se coloquen 300 aparatos a la vez. No solo evitas un homicidio, prevenís que un hombre le haga la vida imposible a la mujer.

El Poder Judicial solicitó un incremento presupuestal de poco más de $ 943 millones para cumplir con la “violencia hacia las mujeres basada en género” que fija entre otros puntos la creación de juzgados especializados en violencia basada en género, doméstica y sexual. Sin embargo, este dinero no fue considerado por el Poder Ejecutivo.

Los números son estos: cada 14 minutos hay una denuncia de violencia de género. Esos son 40 mil denuncias anuales. La ley prevé además otro tipo de violencia como por ejemplo gritarle a un una mujer que sea arbitro de fútbol, por lo que se va a agregar una cantidad de denuncias que ahora no existe. Pero además van a ser competentes en casos de abuso sexual infantil. Estimamos unas 120 mil audiencias anuales. Cada juez puede hacer cuatro diarias, y además se necesitan peritos, psiquiatras y psicólogos. ¡Es descomunal!

¿Cree que es aplicable?

Es muy cara, habría que darle un presupuesto enorme. Por eso miro con mucha reserva que sea aplicable. Habrá que hacer lo mejor posible.

Participó de las discusiones sobre este punto cuando la ley era analizada por el Parlamento, ¿se alertó sobre el alto costo que tendría?

Fui por la Asociación de Magistrado y les hice ver estos detalles. Me dijeron que era un problema de presupuesto y no de la ley en sí. Para mi fue medio doloroso, porque a raíz del conflicto por salarios el presupuesto para el Poder Judicial es muy bajo. No hubo aumento en años. Pero es el sistema político quien puede decir qué hacer, porque la gente los eligió. Ahora hay que sentarse a hacer cuentas y ver qué se puede aplicar. Tampoco es que sea una cifra tan escandalosamente alta, aunque si muy alta para el Presupuesto que se le asigna al Poder Judicial.

Fonte: El Observador Uy
Por: Guillermo Losa
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“Não deveria ter que me preparar para ser estuprada quando vou trabalhar na Faculdade de Medicina”.

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Maior relatório já feito sobre assédio sexual na ciência dos EUA revela um abuso sistemático

Seus amigos, aqueles que não tinham nada a ver com a medicina, não podiam acreditar. “Você está de brincadeira, né?”, perguntaram-lhe. Já os colegas e funcionários da faculdade onde trabalhava pediam para deixar para lá. “Se você relatar isso vai se dar mal. Você não vai querer armar um escândalo.” Essa mulher, membro de uma faculdade de Medicina nos Estados Unidos, sabia que seus colegas da instituição tinham razão, mas sabia também que o que havia ocorrido, e continuava ocorrendo, era demais: “Não deveria ter que me preparar para ser estuprada quando vou trabalhar”.

Este é só um entre dezenas de depoimentos citados no relatório intitulado Assédio Sexual Contra as Mulheres: Clima, Cultura e Consequências nas Academias de Ciência, Engenharia e Medicina, que essas três instituições norte-americanas publicaram na terça-feira. Trata-se da análise mais exaustiva já escrita sobre o tema, trabalhada durante mais de dois anos e baseada em centenas de estudos, entrevistas, estatísticas e relatórios feitos desde a década de oitenta. Suas conclusões apenas salientam uma realidade cada vez mais visível e menos surpreendente: mais de metade das mulheres nesses três âmbitos, e em todos os níveis (alunas e professoras), já sofreram algum tipo de assédio – trabalhista, sexual ou ambos –, abusos, agressões sexuais, desprezo ou menosprezo profissional e pessoal durante sua formação ou no exercício da profissão.

 

“Embora haja cada vez mais mulheres nos campos científicos, assumindo responsabilidades e liderando pesquisas, os dados indicam que isto ocorre com muita frequência”, comentava na terça-feira Marcia McNutt, presidenta da Academia Nacional de Ciências, segundo quem essa “cultura” provoca uma clara devastação nas mulheres, tanto em nível pessoal quanto profissional, e na sua saúde física e psíquica. “É também uma perda tremenda dos recursos humanos, de potencial, de talento e de investimento nesse talento.” Com a agravante de que as políticas e os protocolos atuais para controlar esta situação não dão sinais de funcionar, e as consequências costumam ser o freio às carreiras profissionais das mulheres ou mesmo o abandono.

Para a presidenta, o relatório foi publicado na hora certa, depois que o movimento Me Too rompeu o obscurantismo e o silêncio de milhões de mulheres no mundo, dando início a um movimento global e crescente de conscientização e rechaço a essa violação constante de seus corpos, suas aptidões e suas vontades. Frente a isto, a resposta das instituições é contundente: mudar é não só urgente como também imprescindível. E para essa mudança, observou McNutt, as academias e as organizações públicas e privadas devem criar um ambiente totalmente diferente, que consiga evitar esse assédio a partir do primeiro indício: “Nosso relatório oferece soluções específicas para os diferentes espaços, para poder reduzir ou eliminar esse assédio. É necessária uma cultura baseada na diversidade, na inclusão e no respeito”. Algo que, no momento, não ocorre.

mac2Uma das infografias que a Academia preparou para resumir algumas das recomendações que apontam no relatório.

O pesquisador Kevin Swartout, da Universidade Estadual da Geórgia, foi o encarregado de montar o quebra-cabeça com os dados dos sistemas da Universidade do Texas, aos quais foram posteriormente acrescentados os da Universidade Estadual da Pensilvânia, para oferecer uma visão mais ampla; uma base de mais de 10.000 graduandos, pós-graduandos e professores que revelou um comportamento constante de assédio por parte do professorado ou dos outros funcionários. “Cerca de 20% das estudantes de ciências (graduação e pós) já o sofreram, mais de uma quarta parte das alunas de engenharia, e mais de 40% das estudantes de medicina”, diz o relatório, referindo-se à pesquisa da instituição texana. “Na Pensilvânia, realizou-se uma pesquisa similar, que encontrou resultados parecidos: 33% das estudantes de graduação, 43% das pós-graduandas e 50% por cento das estudantes de medicina.”

Não foram obtidas cifras conclusivas com relação a grupos minoritários, mas o estudo indica que as mulheres pertencentes a coletivos LGTBIQ ou da raça negra são alvos mais habituais do que qualquer mulher branca e heterossexual. Outros dados da pesquisa revelam as mesmas percentagens, e os autores consideram que isso não deveria surpreender. “Os funcionários de instituições acadêmicas têm a segunda maior taxa de assédio sexual [nos Estados Unidos], com 58% (os militares têm a taxa mais alta, 69%)”.

As pesquisas foram completadas com quarenta entrevistas com profissionais de todos os campos, de diferentes idades e níveis. Cerca de metade denunciou algum tipo de assédio físico, mas o psíquico também se revela como uma importante aresta a aparar. “A maioria deles degrada a mulher, encerrando-a no local de trabalho, menosprezando-a frente a outros colegas, dizendo-lhes que não são tão capazes como os outros, ou falando mal delas para o resto… Não é só tocar ou invadir sexualmente, é algo em nível mais intelectual. Tentam fazer esses jogos mentais para que você não possa se defender fisicamente”, aponta uma professora-assistente de Engenharia entrevistada no estudo.

Comentários sexistas, piadas reiteradas e alusões que degradam as mulheres no âmbito pessoal ou profissional foram uma constante que os pesquisadores encontraram ao reunir essa informação. Eles citam quatro aspectos que se dão nesses locais de trabalho como algumas das causas destas atitudes: “A dependência em relação aos assessores e orientadores para o avanço profissional; o sistema de meritocracia que não leva em conta a diminuição na produtividade como resultado do assédio sexual; a cultura machista em alguns campos; e a rede informal de comunicações, através da qual se difundem rumores e acusações dentro e através de programas e campos especializados”. E acrescentaram cinco fatores que poderiam explicar, em parte, esse assédio generalizado: a percepção de tolerância frente a tais atitudes, uma maioria de homens nesse entorno, a férrea hierarquia – que além disso costuma concentrar muito poder em poucas mãos –, sem a educação nem as ferramentas para lutar contra isto, e um enfoque ruim das leis que regulam o assédio nas instituições.

O estudo explica que, muito frequentemente, a interpretação judicial dessas leis incentiva as instituições a criarem políticas que se centram mais em um cumprimento simbólico da legislação e em evitar a responsabilidade do que em realmente prevenir o assédio. Ou seja, normas que acabam protegendo quem comete o assédio, e não a vítima, o que foi definido como “desalentador”. “Ao mesmo tempo em que se investe tanto dinheiro e energia em atrair e reter as mulheres nestes campos, frequentemente elas são intimidadas ou expulsas de sua carreira. Mesmo quando permanecem, sua capacidade de contribuir e avançar pode se ver limitada como consequência do assédio sexual, seja de forma direta, pelo assédio ambiental no entorno em seu departamento, programa ou disciplina, ou através de represálias e por serem tratadas como traidoras depois de relatarem formalmente o assédio”.

Por isso, entre outros estudos, Fazer Frente ao Assédio Sexual: Reconceitualizar a Resistência das Mulheres (2002), de Vicki J. Magley, descobriu, com uma base de dados de mais de 15.000 mulheres, que com frequência as respostas eram ignorar ou tentar apaziguar o assediador. Raras vezes ele era confrontado, e sempre havia uma tentativa de manter boas relações com ele. “Por exemplo, 74,3% das mulheres em um dos sete conjuntos de dados analisados por Magley evitavam o seu autor, 72,8% se distanciaram psicologicamente da situação, 69,9% suportaram a situação sem tentar resolver o problema, e 29,5% tentaram acalmar o seu algoz inventando uma desculpa para explicar seu comportamento.”

A história de sempre. Culpabilização, medo de não serem acreditadas num primeiro momento e do descrédito posterior, e de serem pisoteadas, maltratadas ou de suportarem represálias depois. Algo que está bem refletido no testemunho de uma pesquisadora de medicina que, após sofrer vários tipos de assédio trabalhista e sexual, acabou informando ao diretor de seu programa, que deixou o assunto nas mãos do chefe da instituição em questão; foi ele quem lhe disse que ela recordava a sua ex-mulher – “a quem todos sabíamos que odiava”, comenta a médica no relatório – e que se ela chorasse menos talvez tivesse mais amigos. “A partir daí, a qualificação que fazia do meu trabalho simplesmente foi ladeira abaixo.”

mac3O iceberg do assédio.

Algo incompreensível em todos os níveis. Décadas de pesquisa demonstraram como a indústria e a pesquisa ganham em qualidade quando sua força trabalhista é diversificada. “Esse assédio contínuo tem consequências para o avanço do bem-estar econômico e social do país e sua saúde pública em geral”, sentencia o estudo.

O panorama propõe uma série de mudanças profundas, estruturais, que segundo a Academia devem ser levadas em conta desde já e que se resumem em 15 recomendações não só para sua própria organização, mas também para outros órgãos federais, e políticas para que essa guinada rumo a um mundo mais inclusivo possa chegar a todos os cantos. Entre essas recomendações estão: abordar de forma direta o assédio sexual e ir além do mero cumprimento das leis para alterar pela raiz a cultura e o ambiente nessas instituições; gerar ambientes mais diversificados, inclusivos e respeitosos; melhorar a transparência e a responsabilidade em todos os níveis; reduzir ao máximo essas relações hierárquicas tóxicas que se dão entre as alunas e o professorado, com um poder tremendamente concentrado e que paira sobre o futuro das estudantes; sempre dar apoio à vítima; começar investigações que possam continuar revelando essa realidade; e iniciar mudanças legislativas e políticas para paliá-la.

Há muitos detalhes e conselhos oferecidos nas mais de 300 páginas deste trabalho, que começou a ser preparado há mais de dois anos, quando o Comitê de Mulheres em Ciência, Engenharia e Medicina propôs a criação de um grupo especial para analisar o passado e o presente do assédio sexual em suas áreas, avaliar o impacto que ele causa e estabelecer as bases para sua prevenção e erradicação no ambiente acadêmico. Cientistas, engenheiros, médicos, especialistas no tema, juristas e psicólogos se puseram então a colher e esmiuçar a literatura existente. E, embora tenham radiografado também a si mesmos, esqueceram uma das engrenagens do seu próprio maquinário.

Parte da comunidade científica, sobretudo mulheres, notaram a ironia da publicação deste relatório quando entre suas próprias fileiras há cientistas que pedem demissão ou são demitidos de seus empregos após serem acusados por estas condutas, mas continuam vinculados à Academia. É o caso do caçador de planetas Geoff Marcy, que se demitiu de seu cargo em Berkeley (Califórnia) em outubro de 2015, do neurocientista Thomas Jessell, despedido em abril da Universidade de Columbia, e de Inder M. Verma, o biólogo molecular que está em “licença” no Instituto Salk de Estudos Biológicos, onde trabalha desde a década de setenta, e que renunciou em 1º. de maio ao posto de editor da revista Proceedings, da própria Academia Nacional de Ciências, depois que a publicação Science denunciou que oito mulheres o haviam acusado de abusos sexuais.

Mas há mais. A cientista Julie Libarkin, da Universidade Estadual de Michigan, que criou em 4 de junho um site para denunciar o assédio em sua área, o MeTooSTEM, vem desde a década de oitenta ampliando uma base de dados sobre o assédio sexual que já acumula mais de 600 casos. A revisão desses nomes pelo The Washington Post revelou que há até cinco homens já punidos por assédio sexual que continuam sendo membros das Academias Nacionais norte-americanas, e três que ainda fazem parte de pesquisas com subvenção pública. A Academia Nacional de Ciências, criada pelo Congresso dos Estados Unidos em 1863, tem como acadêmico médio um homem branco de mais de 70 anos; os novos membros são escolhidos pelos atuais, e suas vagas são vitalícias. Haja o que houver.

Em maio, BethAnn McLaughlin, professora-assistente de neurologia na Universidade Vanderbilt, iniciou uma petição no Change.org para exigir às academias que destituam seus membros se tiverem sido condenados por assédio sexual ou trabalhista ou por agressões, algo que atualmente, conforme seus próprios estatutos, encalhados em algum ponto do século XX, é impossível. Os presidentes das três academias aludiram ao assunto no final de maio e asseguraram que tinham começado a tratar o tema dos “padrões de conduta profissional para os membros”. Outras instituições, como a Sociedade Astronômica Americana e a União Geofísica Americana, já alteraram pelos mesmos motivos suas políticas de expulsão. Talvez as Academias Nacionais também devessem começar por aí.

Fonte: Instituto Humanitas Unisinos
Fonte original: El País
Por: Isabel Valdés
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Homens ressentidos com “privilégios” das mulheres

Para muchos hombres blancos del mundo occidental, los derechos y privilegios especiales alguna vez fueron un derecho obtenido por el acto mismo de nacer. Incluso aquellos que carecían de riquezas o poder tenían garantizado un estatus que estaba por encima del de las mujeres y las minorías.

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Una protesta en la Universidad de California, campus Santa Bárbara, en 2014, después de que un hombre asesinó a seis personas aparentemente motivado por la ideología “incel”. Monica Almeida/The New York Times

 Los extremistas de internet que odian a las mujeres

Un asesinato masivo en Toronto hace poco (una embestida contra peatones en una calle concurrida) fue realizado por un sospechoso que alguna vez incitó en redes a que hubiera una “rebelión de los inceles”, término que se deriva de las siglas en inglés de involuntary celibacy, o celibato involuntario. Este suceso ha atraído la atención hacia una comunidad en línea de hombres que lamentan no tener relaciones sexuales y que anhelan un orden social que les permita tener relaciones con las mujeres de su elección.

Puede que tal grupo parezca un sector radical estrafalario y pequeño, una expresión de opiniones y resentimientos añejos compartidos por un puñado de hombres solitarios.

Lo es. Sin embargo, los célibes involuntarios son también la más reciente manifestación de un movimiento mucho mayor que se asoma por debajo de la superficie de las cortesías sociales. Los expertos dicen que los inceles son solo una parte de un conjunto de ideologías, la cual ha aumentado en tamaño e influencia, que encapsula resentimientos más amplios entre los hombres de las sociedades occidentales.

Se trata del encuentro de dos de las fuerzas más perturbadoras de la sociedad moderna: el enojo entre muchos hombres por los cambios sociales que perciben como una amenaza y el auge de las redes sociales, que cambia drásticamente cómo las ideas se diseminan y cómo se forman las comunidades. El resultado es que movimientos como el de los célibes involuntarios se están volviendo más accesibles y más extremos a la vez.

Aunque no son tan comunes ataques como el de Toronto, que dejó sin vida a diez personas, el odio que se disemina en línea está conduciendo con mayor frecuencia a amenazas y llamados a la violencia. La mayoría de las veces, las amenazas tienen como blanco a las mujeres.

Una ‘ataque’ al privilegio

Para muchos hombres blancos del mundo occidental, los derechos y privilegios especiales alguna vez fueron un derecho obtenido por el acto mismo de nacer. Incluso aquellos que carecían de riquezas o poder tenían garantizado un estatus que estaba por encima del de las mujeres y las minorías.

Aunque todavía gozan de una condición preferencial en casi todos los ámbitos, desde las salas de juntas empresariales hasta los tribunales, fuerzas sociales como el movimiento #MeToo (#YoTambién) han puesto en entredicho ese estatus. Para algunos, cualquier paso tomado que busque lograr la equidad, aunque sea modesto, representa una amenaza.

“Tienen esta sensación de que ‘solíamos estar a cargo, y ahora ya no lo estamos, así que nos están atacando’”, dijo Lilliana Mason, una científica social de la Universidad de Maryland que estudia la identidad grupal y política.

“Si percibes que se te debe algo, de que tu condición merecida está bajo amenaza, entonces comienzas a luchar por ella”, comentó Mason.

Con frecuencia, esa lucha se da con ataques a integrantes de cualquier grupo social que se atreva a desafiar la jerarquía establecida.

“Uno pensaría que la sociedad debería tratar bien a los hombres jóvenes porque son los constructores y los protectores de la civilización”, escribió un usuario de nombre connorWM1996 en r/MGTOW, un foro de mensajes dentro de Reddit pensado para hombres que tratan de escapar de lo que consideran opresión por parte de una sociedad dominada por las mujeres. “Pero nos tratan como idiotas buenos para nada”.

En particular, el movimiento incel promueve entre sus simpatizantes la percepción de que las reglas de la sociedad actual están pensadas para impedirles que tengan sexo. Esa manera de ver el mundo les permite pensarse como víctimas, que quedan en la soledad a causa de una conspiración, y como personas superiores a otras, porque tienen una supuesta comprensión único de cómo son las cosas.

Algunos de estos hombres terminan buscando ideologías más extremas que den cabida a sus sentimientos de enojo y pérdida que parezcan ofrecerles una solución. Otros solamente se topan con ellas sin haberlas buscado.

Se aviva la llama extremista

El extremismo siempre ha existido, pero hasta hace poco su propagación era limitada. Existía el desafío básico de reunir a gente con ideas afines desperdigada a lo largo de grandes distancias. Más allá de eso, estaba el estigma social en contra de ideas que se perciben como ajenas a la corriente dominante. Las redes sociales han disminuido ambas barreras.

Ahora, los hombres que buscan explicar —y justificar— su enojo solo necesitan unos cuantos clics para encontrar comunidades enteras que se crean en torno a promesas de restaurar el poder y el control masculinos. En el pasado, quizá habrían estado relegadas a unos cuantos bares y salas de estar, pero ahora existen en rincones más oscuros de algunos de los sitios de las redes sociales más populares.

Aunque puede que esos hombres nunca se reúnan en persona, esas redes les permiten desarrollar una identidad poderosa. Los hombres que antes se sintieron desconectados y perdidos, ahora pueden tener una sensación de pertenencia e importancia.

“Estas comunidades en línea tienen una función muy importante en ese respecto”, comentó Michael Kimmel, sociólogo que dirige el Centro para el Estudio del Hombre y las Masculinidades de la Universidad Stony Brook. “La gente te alienta a sentir más y con mayor intensidad, y después valoran eso que dices que se siente más y es más intenso”.

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Una protesta en Francia con pancartas que dicen: “No más acoso”, “Una violación cada 8 minutos en Francia” y “Rompamos juntos el silencio”, el 29 de octubre de 2017. Claude Paris/Associated Press

Violencia para ‘desquitarse’

El control sobre las mujeres ha sido desde hace mucho tiempo una forma en la que los hombres muestran su estatus, comentó Kimmel. Eso ha hecho que las ideologías que prometen salvaguardar el poder que tienen los hombres sobre las mujeres sean especialmente atractivas para algunos.

Los célibes involuntarios son solo un subgrupo particularmente extremo de la “hombrósfera”, un conjunto de ideologías en línea que también incluye a los grupos para “salvaguardar” los derechos de los hombres y los conocidos como “artistas del ligue”. En esas comunidades, los adeptos pueden encontrar uno de los antídotos más poderosos para el sentimiento de que la sociedad los ha dejado atrás: la sensación de pertenecer a algo poderoso.

Un grupo de Reddit, r/TheRedPill, tiene más de un cuarto de millón de suscriptores, y ofrece una cosmovisión que coincide hasta cierto punto con la de los célibes involuntarios. Promete a sus seguidores que, si cumplen sus reglas de vida, muchas de las cuales incluyen manipular o ejercer presión contra las mujeres para que tengan sexo con ellos, se volverán machos “alfa” de estatus elevado (su nombre hace referencia al momento en la película Matrix cuando el protagonista toma la píldora roja y con ello empieza a ver la naturaleza falsa de su mundo).

“Ya sea que estemos hablando de grupos en pro de los derechos masculinos o del movimiento de los célibes involuntarios o la píldora roja”, dijo Kimmel, “detrás de ese privilegio ofendido subyace buena parte de ese enojo masculino”.

Y cuando los grupos extremistas diferencian entre mujeres y hombres como “ellas” y “nosotros”, eso puede convertirse en una vía para justificar la violencia.

Ocho de las diez personas atropelladas en Toronto cuando el conductor arremetió contra los peatones eran mujeres. Otras formas de violencia de género, que incluyen la violación y el abuso doméstico, son mucho más comunes que un ataque como ese. Cuando a las mujeres se les retrata como el enemigo opresor, a sus atacantes se les facilita tratar de legitimar sus acciones ante sí mismos, comentó Kimmel.

“Lo presentan como que ‘ellas’ los hacen sentir ‘menos’”, explicó el sociólogo. “Entonces la violación es como creen que pueden quedar en el mismo terreno. La violencia es la manera en la que se desquitan. ‘Ella tiene el poder y lo voy a reclamar’”.

Fonte: The New York Times
Por: Amanda Taub
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Como prevenir o machismo com violência se ninguém entende o que é?

Universitários americanos: 13% estuprariam uma mulher, se não houvesse consequências. Jovens brasileiros: 38% já cometeram algum tipo de violência contra mulheres no ambiente universitário e 13% cometeram violência sexual.

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Uma garota cola cartazes contra estupro em tapume no MASP, na avenida Paulista. São Paulo, maio de 2016.

Jovens não sabem diferenciar sexo de estupro – e o Escola sem Partido quer impedir que aprendam

UMA MENINA de 12 anos, no Tocantins, sofria abusos recorrentes do padrasto. Ao assistir a uma palestra no colégio sobre violência sexual, foi inevitável se reconhecer nas falas dos oradores. Sua aflição chamou atenção dos profissionais, que a chamaram para conversar. Foi então que se deu conta: era uma vítima de estupro.

A dificuldade para identificar o crime não está restrita às crianças. Sem acesso à educação sexual, muitas jovens não sabem que são estupradas – e muitos agressores não sabem que estupram. E, se depender do movimento Escola sem Partido, não terão chance alguma de entender.

Em 2014, uma pesquisa com universitários americanos revelou que 13% estuprariam uma mulher, se não houvesse consequências. Alheios ao fato de que sexo sem consentimento é estupro, um terço respondeu que forçaria alguém a transar. No Brasil, 13% dos jovens já cometeram violência sexual contra uma mulher na universidade, segundo dados de 2015 do Instituto Avon. O mesmo estudo mostra que um terço de nossos universitários acha que abusar de uma garota alcoolizada não é um ato violento. Acreditando que estupros são cometidos por estranhos armados em becos escuros, nenhum desses homens se vê como um criminoso.

Igualmente expostas ao estereótipo da violência sexual, muitas mulheres também não se veem como vítimas. Elas sentem o trauma do abuso e seus efeitos devastadores, mas não pensam no que aconteceu como estupro.

“A gente acha que tem que satisfazer o parceiro. Aconteceu algumas vezes do meu ex-namorado me pegar contra minha vontade. Na época, eu não sabia que aquilo estava errado”, contou uma garota de 21 anos a pesquisadores do Instituto Énois em 2015. Segundo o psicólogo David Lisak, especialista em estupros cometidos por conhecidos, isso é muito comum. “Com frequência, a experiência delas não se encaixa nos moldes que têm em mente [do que seria um estupro]”, explicou.

Se homens e mulheres não entendem os limites entre sexo e da violência, é preciso ensiná-los. Nas escolas, porém, sexo costuma ser tema restrito às aulas de biologia, em que é discutido sob o ponto de vista da reprodução humana e da prevenção de doenças. As formas saudáveis de estabelecermos relações sexuais e afetivas, a importância do consentimento e a definição de violência sexual ainda passam longe das salas de aula.

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Se bem-sucedido, o projeto de lei do Escola sem Partido acabará com qualquer possibilidade de prevenção efetiva da violência sexual. O PL pretende, entre outras medidas, proibir a educação sexual nas escolas e deixá-la inteiramente a cargo das famílias.

Segundo o Ipea, um quarto dos estupros de crianças, como o da menina de Tocantins, são cometidos no núcleo familiar. Ainda que não fosse assim: em tempos da retomada moralista e conservadora, quantos pais estão dispostos a falar abertamente sobre sexualidade com seus filhos? E, quando um terço dos brasileiros culpa as mulheres por serem estupradas, quantos estão preparados para ensinar as diferenças entre sexo e abuso?

No Brasil, quase metade das brasileiras de 14 a 24 anos, com renda familiar de até R$ 6 mil, já foram estupradas por um parceiro. Se concretizado, o silenciamento dos professores só irá contribuir para a perpetuação desses números. É simples: não se pode prevenir aquilo que ninguém entende o que é.

A ONU Mulheres, em 2017, alertou que “para prevenir a violência decorrente do machismo, é necessário promover a igualdade de gênero em escolas e universidades” – compromisso assumido internacionalmente pelo Brasil, por exemplo, na Convenção Interamericana para Prevenir, Punir e Erradicar a Violência contra a Mulher. No ano anterior, a organização afirmou que o Escola sem Partido “viola frontalmente a Constituição e os tratados internacionais ratificados pelo Estado brasileiro”.

Em 8 de maio, o projeto recebeu parecer favorável de seu relator – o deputado Flavinho, do Partido Social Cristão – na comissão especial que o analisa. Ainda não há previsão para a votação em plenário.

Correção: 

Uma versão anterior desse texto afirmava que 38% dos jovens brasileiros já cometeram violência sexual contra uma mulher na universidade. Na verdade, 38% já cometeram algum tipo de violência contra mulheres no ambiente universitário. 13% cometeram violência sexual.

Fonte: The Intercept
Por: Bruna de Lara
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