As pessoas vs a tecnologia

Por: Rosie Bennett
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Ideologia de gênero parece ideologia mas é religião

O papa Bento XVI – Ratzinger – começou a usar a expressão para advertir dos “perigos” do feminismo, especialmente para a família tradicional.ide1

                        Parece ideología, pero es religión

Igual lo has leído en las noticias, se lo has escuchado a los políticos o incluso lo has usado en alguna conversación sin saber muy bien qué significaba. Es el término “ideología de género” que nada tiene que ver con “estudios de género” o “teoría de género”. Se parecen, pero no. Pablo Casado lo ha resucitado en las últimas semanas en su campaña para las primarias del PP, como si fuera un monstruo al que abatir. Literalmente, dijo que era “un colectivismo social que el centro derecha tiene que combatir”. Lo hizo en una entrevista en esRadio, en el programa de Federico Jiménez Losantos.

Pero, ¿qué es la ideología de género de la que habla Pablo Casado? Resulta que el término tiene más que ver con la religión que con la teoría académica, aunque ha terminado siendo política. Se popularizó principalmente cuando el papa Benedicto XVI – Ratzinger- empezó a usarla para advertir de los “peligros” que podría traer el feminismo, especialmente contra la familia tradicional. En España, los sectores de derechas y ultracatólicos lo adoptaron para oponerse a la ampliación de la Ley del aborto, como recoge esta columna de 2009 de Concha Caballero:

La derecha social y eclesial ha acuñado un término con el que designan los males sociales actuales y que denominan “la peligrosa ideología de género” que está impregnando las leyes actuales. Los think tank del pensamiento ultraconservador elaboran documentos, libros y artículos con un argumento común, tan fácil de comprender como un cuento infantil: la familia tradicional es la fuente de toda felicidad y fuera de ella sólo hay soledad y conflicto social”.

“En el contexto de la política hacer alusiones a combatir la ideología de género hace mención a ir en contra de los avances en igualdad de los derechos de las mujeres que se han producido fundamentalmente en el siglo XX como el acceso a la educación, a la igualdad de derechos civiles, y de forma más específica contra los avances sociales y leyes relacionadas con la salud sexual y reproductiva de las mujeres, la lucha contra la violencia machista o los derechos del colectivo LGTBI”, explica Rosa San Segundo, catedrática y directora del Instituto de Estudios de Género de la Universidad Carlos III.

Los que hablan de la ideología de género suelen acompañarlo de palabras como “adoctrinamiento” “radical” y tildarla como “peligrosa”. También aseguran que existe una agenda perfectamente planificada para imponer sus planteamientos a través de leyes innecesarias y adoctrinar a los niños en las escuelas sin el consentimiento de sus padres.

“En el fondo, muestra mucho desconocimiento y es un mal uso de la palabra. Creo que es una confusión con un uso interesado porque todos tenemos ideología, está implícita en todo lo que hacemos. Siempre nos educan con una perspectiva ideológica. En este caso, usan ideología de género para hablar del pensamiento feminista y sus logros, como para desacreditarlo”, opina Asunción Bernárdez Rodal, directora del Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense. “Pero ellos también tienen ideología de género, todos la tenemos, solo que la de los sectores más religiosos es una ideología basada en la desigualdad de la mujer”.

La prueba de Google también lo demuestra: la búsqueda “ideología de género” remite a resultados de páginas como conelpapa.com o catholic.net. Cuando alguien utiliza este término está eligiendo de manera consciente la idea que quiere transmitir y dónde se sitúa respecto al mensaje feminista. Y es importante. Pero cada vez que resucita ese término, que vuelve a tomar fuerza en el debate público, también resucita un histórico cántico de las manifestaciones “fuera los rosarios de nuestros ovarios”.

Fonte: EL PAÍS
Por: Mari Luz Peinado
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Para muchos hombres blancos del mundo occidental, los derechos y privilegios especiales alguna vez fueron un derecho obtenido por el acto mismo de nacer. Incluso aquellos que carecían de riquezas o poder tenían garantizado un estatus que estaba por encima del de las mujeres y las minorías.

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Una protesta en la Universidad de California, campus Santa Bárbara, en 2014, después de que un hombre asesinó a seis personas aparentemente motivado por la ideología “incel”. Monica Almeida/The New York Times

 Los extremistas de internet que odian a las mujeres

Un asesinato masivo en Toronto hace poco (una embestida contra peatones en una calle concurrida) fue realizado por un sospechoso que alguna vez incitó en redes a que hubiera una “rebelión de los inceles”, término que se deriva de las siglas en inglés de involuntary celibacy, o celibato involuntario. Este suceso ha atraído la atención hacia una comunidad en línea de hombres que lamentan no tener relaciones sexuales y que anhelan un orden social que les permita tener relaciones con las mujeres de su elección.

Puede que tal grupo parezca un sector radical estrafalario y pequeño, una expresión de opiniones y resentimientos añejos compartidos por un puñado de hombres solitarios.

Lo es. Sin embargo, los célibes involuntarios son también la más reciente manifestación de un movimiento mucho mayor que se asoma por debajo de la superficie de las cortesías sociales. Los expertos dicen que los inceles son solo una parte de un conjunto de ideologías, la cual ha aumentado en tamaño e influencia, que encapsula resentimientos más amplios entre los hombres de las sociedades occidentales.

Se trata del encuentro de dos de las fuerzas más perturbadoras de la sociedad moderna: el enojo entre muchos hombres por los cambios sociales que perciben como una amenaza y el auge de las redes sociales, que cambia drásticamente cómo las ideas se diseminan y cómo se forman las comunidades. El resultado es que movimientos como el de los célibes involuntarios se están volviendo más accesibles y más extremos a la vez.

Aunque no son tan comunes ataques como el de Toronto, que dejó sin vida a diez personas, el odio que se disemina en línea está conduciendo con mayor frecuencia a amenazas y llamados a la violencia. La mayoría de las veces, las amenazas tienen como blanco a las mujeres.

Una ‘ataque’ al privilegio

Para muchos hombres blancos del mundo occidental, los derechos y privilegios especiales alguna vez fueron un derecho obtenido por el acto mismo de nacer. Incluso aquellos que carecían de riquezas o poder tenían garantizado un estatus que estaba por encima del de las mujeres y las minorías.

Aunque todavía gozan de una condición preferencial en casi todos los ámbitos, desde las salas de juntas empresariales hasta los tribunales, fuerzas sociales como el movimiento #MeToo (#YoTambién) han puesto en entredicho ese estatus. Para algunos, cualquier paso tomado que busque lograr la equidad, aunque sea modesto, representa una amenaza.

“Tienen esta sensación de que ‘solíamos estar a cargo, y ahora ya no lo estamos, así que nos están atacando’”, dijo Lilliana Mason, una científica social de la Universidad de Maryland que estudia la identidad grupal y política.

“Si percibes que se te debe algo, de que tu condición merecida está bajo amenaza, entonces comienzas a luchar por ella”, comentó Mason.

Con frecuencia, esa lucha se da con ataques a integrantes de cualquier grupo social que se atreva a desafiar la jerarquía establecida.

“Uno pensaría que la sociedad debería tratar bien a los hombres jóvenes porque son los constructores y los protectores de la civilización”, escribió un usuario de nombre connorWM1996 en r/MGTOW, un foro de mensajes dentro de Reddit pensado para hombres que tratan de escapar de lo que consideran opresión por parte de una sociedad dominada por las mujeres. “Pero nos tratan como idiotas buenos para nada”.

En particular, el movimiento incel promueve entre sus simpatizantes la percepción de que las reglas de la sociedad actual están pensadas para impedirles que tengan sexo. Esa manera de ver el mundo les permite pensarse como víctimas, que quedan en la soledad a causa de una conspiración, y como personas superiores a otras, porque tienen una supuesta comprensión único de cómo son las cosas.

Algunos de estos hombres terminan buscando ideologías más extremas que den cabida a sus sentimientos de enojo y pérdida que parezcan ofrecerles una solución. Otros solamente se topan con ellas sin haberlas buscado.

Se aviva la llama extremista

El extremismo siempre ha existido, pero hasta hace poco su propagación era limitada. Existía el desafío básico de reunir a gente con ideas afines desperdigada a lo largo de grandes distancias. Más allá de eso, estaba el estigma social en contra de ideas que se perciben como ajenas a la corriente dominante. Las redes sociales han disminuido ambas barreras.

Ahora, los hombres que buscan explicar —y justificar— su enojo solo necesitan unos cuantos clics para encontrar comunidades enteras que se crean en torno a promesas de restaurar el poder y el control masculinos. En el pasado, quizá habrían estado relegadas a unos cuantos bares y salas de estar, pero ahora existen en rincones más oscuros de algunos de los sitios de las redes sociales más populares.

Aunque puede que esos hombres nunca se reúnan en persona, esas redes les permiten desarrollar una identidad poderosa. Los hombres que antes se sintieron desconectados y perdidos, ahora pueden tener una sensación de pertenencia e importancia.

“Estas comunidades en línea tienen una función muy importante en ese respecto”, comentó Michael Kimmel, sociólogo que dirige el Centro para el Estudio del Hombre y las Masculinidades de la Universidad Stony Brook. “La gente te alienta a sentir más y con mayor intensidad, y después valoran eso que dices que se siente más y es más intenso”.

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Una protesta en Francia con pancartas que dicen: “No más acoso”, “Una violación cada 8 minutos en Francia” y “Rompamos juntos el silencio”, el 29 de octubre de 2017. Claude Paris/Associated Press

Violencia para ‘desquitarse’

El control sobre las mujeres ha sido desde hace mucho tiempo una forma en la que los hombres muestran su estatus, comentó Kimmel. Eso ha hecho que las ideologías que prometen salvaguardar el poder que tienen los hombres sobre las mujeres sean especialmente atractivas para algunos.

Los célibes involuntarios son solo un subgrupo particularmente extremo de la “hombrósfera”, un conjunto de ideologías en línea que también incluye a los grupos para “salvaguardar” los derechos de los hombres y los conocidos como “artistas del ligue”. En esas comunidades, los adeptos pueden encontrar uno de los antídotos más poderosos para el sentimiento de que la sociedad los ha dejado atrás: la sensación de pertenecer a algo poderoso.

Un grupo de Reddit, r/TheRedPill, tiene más de un cuarto de millón de suscriptores, y ofrece una cosmovisión que coincide hasta cierto punto con la de los célibes involuntarios. Promete a sus seguidores que, si cumplen sus reglas de vida, muchas de las cuales incluyen manipular o ejercer presión contra las mujeres para que tengan sexo con ellos, se volverán machos “alfa” de estatus elevado (su nombre hace referencia al momento en la película Matrix cuando el protagonista toma la píldora roja y con ello empieza a ver la naturaleza falsa de su mundo).

“Ya sea que estemos hablando de grupos en pro de los derechos masculinos o del movimiento de los célibes involuntarios o la píldora roja”, dijo Kimmel, “detrás de ese privilegio ofendido subyace buena parte de ese enojo masculino”.

Y cuando los grupos extremistas diferencian entre mujeres y hombres como “ellas” y “nosotros”, eso puede convertirse en una vía para justificar la violencia.

Ocho de las diez personas atropelladas en Toronto cuando el conductor arremetió contra los peatones eran mujeres. Otras formas de violencia de género, que incluyen la violación y el abuso doméstico, son mucho más comunes que un ataque como ese. Cuando a las mujeres se les retrata como el enemigo opresor, a sus atacantes se les facilita tratar de legitimar sus acciones ante sí mismos, comentó Kimmel.

“Lo presentan como que ‘ellas’ los hacen sentir ‘menos’”, explicó el sociólogo. “Entonces la violación es como creen que pueden quedar en el mismo terreno. La violencia es la manera en la que se desquitan. ‘Ella tiene el poder y lo voy a reclamar’”.

Fonte: The New York Times
Por: Amanda Taub
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Científicamente comprovado: és uma pessoa melhor quando estás enamorado(a)

“Enamorarse activa no solo el cerebro emocional, sino las regiones involucradas con actividades intelectuales y de cognición de alto nivel. “Eso significa que es posible que el amor tenga una función real: no solo poderse conectar emocionalmente con las personas, sino mejorar nuestro comportamiento”

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Stephanie Cacioppo y su esposo, John Cacioppo, son neurocientíficos de la Universidad de Chicago. Whitten Sabbatini para The New York Times

 Científicamente comprobado: eres una mejor persona cuando estás enamorado

“Durante años, la ciencia ha relegado al amor a un instinto básico, casi como una adicción que no tiene cualidades que la compensen”.

Así lo dice Stephanie Cacioppo. No es una evangelista del movimiento New Age predicando enfrente de parejas durante un retiro espiritual, sino una neurocientífica de la Universidad de Chicago que ha dedicado buena parte de su carrera a mapear las interacciones que provoca el amor en el cerebro. Sus investigaciones y algunas otras teorías que ha desarrollado la han confrontado con otros científicos que describen el amor romántico como una emoción o impulso primitivo, incluso una droga.

Con el uso de escaneos cerebrales, la Dra. Cacioppo ha recopilado datos que sugieren que enamorarse activa no solo el cerebro emocional, sino las regiones involucradas con actividades intelectuales y de cognición de alto nivel. “Eso significa que es posible que el amor tenga una función real: no solo poderse conectar emocionalmente con las personas, sino mejorar nuestro comportamiento”, dijo.
La Dra. Cacioppo afirma que hay beneficios mentales y físicos de todo tipo que provienen de estar enamorado. Dice que puede ayudarnos a pensar más rápido, a anticipar mejor los pensamientos y comportamiento de los otros o a recuperarnos con mayor rapidez de una enfermedad. “Las pruebas empíricas que he hecho en mi laboratorio sugieren que, de muchas maneras, cuando estás enamorado eres una mejor persona”, dijo.

Hablar por solo un rato con la Dra. Cacioppo es suficiente para comprender lo optimista que es respecto al romance tradicional, sobre todo en un mundo en el que el divorcio es común, las tasas de casamiento han bajado y cada vez hay más formas de relacionarse, como el poliamor. Aunque reconoce que es saludable que haya muchas maneras de estar en relaciones, cree que todos estamos en busca de ese “amor verdadero” que nos va a completar, que los humanos estamos predispuestos a la monogamia y que hay evidencia biológica indirecta de cosas sacadas de los cuentos de hadas como el amor a primera vista.

El primer caso que estudió fue el de sus propios padres. Creció a las afueras de Chambéry en los Alpes franceses y recuerda que sus padres se quedaban viendo con ensueño a los ojos y que siempre estaban agarrados de las manos. Cuando era niña pensaba que el vínculo entre sus padres era casi mágico, como si hubieran desarrollado una conexión telepática.

Y después estudió la biología detrás de ese comportamiento, que también es bastante mágica: hay maneras, dijo, en las que el sistema de neuronas espejo nos ayuda a predecir lo que va a hacer una pareja antes de que lo haga, mientras que verse a los ojos o darse las manos aumenta los niveles de oxitocina, un neuropéptido que incrementa los sentimientos de empatía y confianza hacia alguien.

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En un experimento de la Dra. Cacioppo y de su equipo, los participantes usan capuchas con sensores para electroencefalogramas mientras ven diferentes imágenes y se estudian sus movimientos oculares con un sistema infrarrojo. Stephanie Cacioppo

Su primer gran hallazgo en temas del amor surgió a principios de su carrera, cuando era una investigadora de posdoctorado en Dartmouth College. En varios experimentos le mostró a los participantes imágenes y nombres de personas –de desconocidos, de amigos neutros y de sus parejas– y usó técnicas de resonancia magnética para ver qué secciones del cerebro se activaban al verlas.

Utilizó los datos para diferenciar el amor pasional y romántico –de otras emocionas más básicas (como la felicidad) y de otros tipos de amor (el maternal, por ejemplo)–, pero también para identificar doce diferentes regiones cerebrales que eran activadas por este tipo de amor.

“Lo que se me hizo fascinante es que podías ver que el amor tiene su propio patrón cerebral, como un plano”, dijo la doctora. (Según algunos investigadores, otras emociones como el enojo y el desagrado también muestran oscilaciones eléctricas cerebrales propias).

Después utilizó electrodos para medir qué tan rápido se activaba esta “red neuronal del amor” cuando los participantes veían a alguien de quien estaban enamorados. El resultado la sorprendió: “Tardó menos de medio segundo, lo que es preconsciente. Entonces tu cerebro ya sabe que amas a esa persona antes de que tú mismo lo sepas”.

Claro que el ambiente estéril de un laboratorio de neurociencias es muy distinto al del mundo real. Pero estos experimentos permitieron que la Dra. Cacioppo y sus colegas pudieran identificar un área específica del cerebro –el giro o circunvolución angular– que parece ser más sensible al amor. Mientras más apasionadamente enamorada decía estar una persona, más se prendía esta zona.

Ubicado detrás de la oreja, el giro angular solo se encuentra en simios y humanos, lo que significa que se desarrolló durante una etapa tardía de la evolución, y ha sido vinculada a la creatividad y el pensamiento abstracto.

A la Dra. Cacioppo le gusta llamar a esta zona “el pequeño robot en tu cabeza”: aquel que nos ayuda a procesar los idiomas y números y que gestiona datos autobiográficos complejos y profundos, como la percepción de uno mismo y la “teoría de la mente”, la capacidad para reconocer y atribuir ciertos estados mentales (como los deseos y pensamientos) a uno mismo o a otros.

Así que enamorarse, según la Dra. Cacioppo, es como ejercitar intensamente el giro angular. “La manera en la que lo fortaleces es al formar nuevas asociaciones… aprender, viajar, explorar nuevos conceptos y culturas y, sí, enamorándote”, dijo. “Y dado que el giro angular está conectado a tantas partes integrales del cerebro, el hacer conexiones ahí te ayuda a ser más sagaz para otras situaciones que no necesariamente tienen que ver con tu pareja sentimental”.

Espera que su investigación invite a la gente a tener un punto de vista más abarcador sobre el valor del amor romántico.

“La gente tiene esta idea equivocada de que, cuando estás en las primeras etapas del amor, estás distraído y no te concentras en el trabajo, pero al contrario”, dijo. “Con base en esta ciencia, quizá queramos contratar a personas que están apasionadamente enamoradas porque probablemente estarán más motivadas y serán más creativas en el aspecto laboral”.

Amor o lujuria

La neurociencia involucra algo de trabajo de detective; hay que seguir corazonadas, revisar mucha evidencia y eliminar pistas falsas. Para dilucidar bien cómo influye el amor en el cerebro, la Dra. Cacioppo necesitaba hacer más que identificar las regiones cerebrales que se activan con estar enamorado: tenía que separar el amor de su compañera cercana, la lujuria.

Una zona del cerebro que tiene algo de pistas sobre la relación entre el romance y el deseo se llama la ínsula, dentro de la corteza cerebral. Se divide en dos partes: una ínsula posterior más pequeña (que registra el dolor, el calor y el contacto sensual) y una ínsula anterior algo más grande que puede ayudarnos a entender esos sentimientos y que, se cree, está involucrada en el pensamiento abstracto.

En sus estudios con resonancia magnética funcional (fMRI, por su sigla en inglés), la Dra. Cacioppo halló que la ínsula posterior se estimulaba más por sentimientos de deseo sexual y la ínsula anterior, por los de amor. Esta investigación apuntaba a que la ínsula está relacionada, de alguna manera, con nuestra capacidad de formar y mantener relaciones amorosas.

En vez de ver el deseo sexual como un opuesto total al amor, la investigación de la Dra. Cacioppo la ha llevado a pensar en ambos como parte de un espectro. Las sensaciones más viscerales relacionadas a la lujuria a veces pueden llevar a sentimientos más abstractos de amor. “Un deseo sexual fuerte, cuando es correspondido y coactivado con el amor, puede promover la fidelidad, un amor duradero y la monogamia”, dijo.

Pero, aunque el amor y la lujuria se complementan, la doctora advierte que no son requisitos previos el uno para el otro y que son sentimientos complejos que pueden cambiar con el paso del tiempo: el amor puede profundizarse y el deseo sexual desvanecerse.

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The Cacioppos share the same office and even the same desk. “I wouldn’t necessarily try this at home,” John joked. Whitten Sabbatini for The New York Times

Resultados a partir de la ciencia

Cacioppo, de 43 años, ha dedicado buena parte de su vida académica al amor, pero por mucho tiempo no tuvo un contacto personal con el fenómeno. Salía con personas de vez en cuando y nunca tuvo un novio en serio.

“Parecía que estaba casada con mi trabajo”, dijo.

Hasta hace seis años cuando, durante una conferencia en Shangái, terminó sentada junto al neurocientífico de la Universidad de Chicago John Cacioppo.

Él dedicaba su investigación a lo opuesto que ella: la soledad. En un principio, no tenían en mente estar juntos; incluso cada uno llegó a decir que nunca tendría planes de casarse. Aunque la investigación de ambos demuestra la importancia de establecer conexiones humanas y del posible daño al no hacerlo. Algunos de los datos de los estudios de John Cacioppo mostraban que quienes sufren de soledad son más propensos a morir de manera prematura.

Aun así, ambos pensaban que estaban felices con sus vidas académicas solitarias y ninguno se sentía solo. “Uno de los secretos para una buena relación es que te atraiga alguien por elección y no por necesidad”, dijo John, de 66 años. “No estábamos corriendo de algo, sino moviéndonos a algo que sería único”.

Las primeras citas fueron durante las conferencias científicas, pues él estaba en Chicago y ella en la Universidad de Ginebra, en Suiza. Pero cada vez se volvía más difícil separarse. Se casaron en 2011 en París y Cacioppo dejó atrás su apellido de soltera, Ortigue, y se sumó al equipo de la Facultad de Medicina Pritzker de la Universidad de Chicago, donde ahora dirige el Laboratorio de Dinámica Cerebral.

Ahí comparten oficina –la señalización de la puerta dice “Los Cacioppos”– y hasta escritorio.

“No recomiendo intentar esto en casa”, bromeó John, al decir que la sinergia que tiene con su esposa no necesariamente es la idónea para otras parejas ni la típica para todos los romances pasionales.

Retos no anticipados

Una enfermedad grave es la pesadilla de cualquier pareja y algo que enfrentaron los Cacioppo en 2015, cuando a John lo diagnosticaron con una forma agresiva y poco común de cáncer de las glándulas salivales. Se sometió a una cirugía, seguida de siete rondas de un tratamiento de quimioterapia y radiación, de catorce días de duración cada una. No podía comer por sí solo y tuvo que recibir alimentos por un tubo durante meses.

Mientras más se debilitaba, más se respaldaban él y la Stephanie. Compartían la cama del hospital, caminaban de la mano hacia la sala de tratamiento cada día y, según el oncólogo Everett Vokes, coordinaban sus atuendos.

“Tenemos muchos pacientes en los que una de las personas está involucrada y es servicial, hasta demasiado, mientras espera que la otra mejore”, dijo el Dr. Vokes. “Pero John y Stephanie eran otra cosa. Era casi como si le estuviéramos dando tratamiento a dos personas”.

El Dr. Vokes y sus colegas lograron que el cáncer estuviera en remisión total, con lo que John pudo regresar a dar clases e investigar a tiempo completo.

Para su esposa, fue un recordatorio de la capacidad del amor no solo de expandir nuestras mentes, como muestra su investigación, sino de, en algunos casos, ayudar a sanar nuestros cuerpos. Incluso citó estudios de que las personas casadas, en comparación con individuos solteros, tienen menos problemas físicos y sufren menos enfermedades de largo plazo, además de que la tasa de mortandad es menor y la tasa de supervivencia en caso de enfermedad es mayor.

Aunque la Dra. Cacioppo enfatizó que no se trata del tipo de relación, sino de la calidad de esta, lo que puede traer estos resultados. “El estado civil –si estás ‘casado’ o no– no es ni necesario ni suficiente para que haya estos beneficios de salud”, dijo.

“Se trata más bien de qué tan conectado o desconectado se siente uno de su pareja”.

Fonte: New York Times
Por: Stephen Heyman
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Por que alguns são amigos próximos e outros são só conhecidos?

Si necesitas mover muebles, dice el dicho, llama a un amigo; si requieres mover un cadáver, contacta a un buen amigo. Y es que, si ponemos de lado escrúpulos morales, ese buen amigo sin duda estará de acuerdo en que la víctima era un patán intolerable que se lo merecía y, caray, no debiste hacerlo, pero ¿dónde guardas las palas?

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Keith Negley

       En las mejores amistades se comparten hasta las ondas cerebrales

Desde hace tiempo, los investigadores saben que elegimos amigos que son muy parecidos a nosotros en una amplia gama de características: edad, religión, nivel socioeconómico, educativo, preferencias políticas, grado de pulcritud e, incluso, la fuerza de agarre al dar la mano. El impulso hacia la homofilia —es decir, a vincularnos con quienes son, en la medida de lo posible, lo menos diferentes a nosotros— ha sido hallado por igual entre grupos de cazadores y recolectores que en sociedades capitalistas más modernas.

Según nuevas investigaciones, las raíces de la amistad se extienden incluso más profundo de lo que se sospechaba. Los científicos han descubierto que los cerebros de los amigos cercanos responden de maneras sorprendentemente similares al observar videos cortos: los mismos reflujos y oleadas de atención y distracción, el mismo punto máximo de procesamiento de la recompensa por aquí y las mismas alertas de aburrimiento por allá.

Se comprobó que los patrones de respuesta neuronal evocados por los videos —sobre temas tan diversos como los peligros del fútbol americano colegial, cómo se comportan gotas de agua en el espacio exterior y Liam Neeson tratando de hacer comedia de improvisación— coincidían tanto entre amigos, comparados con patrones entre personas que no lo eran, que los investigadores podían predecir qué tan fuerte era el vínculo social entre dos personas únicamente con base en sus lecturas cerebrales.

“Me sorprendió la excepcional magnitud de la similitud entre amigos”, comentó Carolyn Parkinson, científica cognitiva de la Universidad de California en Los Ángeles. Los resultados “fueron más convincentes de lo que había imaginado”. Parkinson y sus colegas, Thalia Wheatley y Adam M. Kleinbaum, de Dartmouth College, dieron a conocer sus resultados en la revista Nature Communications.

Los hallazgos ofrecen evidencia prometedora para sustentar la vaga idea que tenemos acerca de que la amistad es más que intereses compartidos o de tener ciertas coincidencias en nuestros perfiles de Facebook. Se trata de lo que denominamos buena química.

“Nuestros resultados sugieren que los amigos son similares en cuanto a la forma en que ponen atención y procesan el mundo que los rodea”, explicó Parkinson. “Ese procesamiento compartido podría hacer que la gente se vincule más fácilmente y tenga el tipo de interacción social sin roces que puede ser tan gratificante”.

El nuevo estudio es parte del auge del interés científico en la naturaleza, la estructura y la evolución de la amistad. Detrás del entusiasmo hay una montaña virtual de evidencia demográfica que muestra que la carencia de amigos puede ser sumamente dañina; cobra un precio físico y emocional comparable con el de factores de riesgo más conocidos como la obesidad, la hipertensión, el desempleo, la falta de ejercicio y el tabaquismo.

Los científicos quieren saber exactamente qué hace a la amistad tan saludable y al aislamiento tan nocivo, y están recabando pistas provocadoras, aunque no necesariamente definitivas.

Nicholas Christakis, autor de Connected: The Power of Our Social Networks and How They Shape Our World y biosociólogo de la Universidad de Yale, y sus colegas demostraron recientemente que la gente que tiene fuertes vínculos sociales tiene, en comparación, bajas concentraciones de fibrinógeno, una proteína asociada con el tipo de inflamación crónica que se cree origina muchas enfermedades. Sigue siendo una incógnita por qué la sociabilidad podría ayudar a bloquear la inflamación.

Los investigadores también se han mostrado intrigados por las evidencias de amistad entre los animales y no solamente en aquellos conocidos por su sociabilidad, como los primates, los delfines y los elefantes.

Gerald G. Carter, del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, en Panamá, y sus colegas reportaron el año pasado que los murciélagos vampiro hembra cultivan relaciones estrechas con otras hembras con las que no tienen parentesco y comparten dosis de sangre con ellas en tiempos difíciles, un acto que les salva la vida a estos animales, que no pueden pasar más de un día sin alimento.

No obstante, si se trata de la profundidad y complejidad de los vínculos, los humanos no tienen igual. Parkinson y sus colegas habían demostrado previamente que la gente tiene un entendimiento automático y profundo de cómo encajan los actores en su esfera social, y los científicos querían saber por qué algunos integrantes de una red son amigos cercanos y otros son solo conocidos.

Por eso decidieron explorar las reacciones neurales a los estímulos cotidianos y naturales. En estos días, eso significa ver videos.

Los investigadores comenzaron con una red social definida: una generación de 279 estudiantes universitarios en una universidad que el estudio no nombra, pero los neurocientíficos reconocen fue la Escuela de Negocios de Dartmouth. A los estudiantes, que se conocían entre sí y en muchos casos compartían dormitorios, se les pidió que llenaran cuestionarios. ¿Con cuáles de sus compañeros de estudio socializaban (compartían alimentos, iban al cine, invitaban a sus casas)? A partir de esa encuesta, los investigadores hicieron un mapeo de una red social con distintos grados de conexión: amigos, amigos de amigos, amigos en tercer grado.

Después se les pidió que participaran en un escaneo cerebral; 42 de ellos aceptaron. Mientras un dispositivo de resonancia magnética funcional rastreaba el flujo sanguíneo en sus cerebros, los estudiantes observaron una serie de videos de varias extensiones, una experiencia que Parkinson comparó con ver distintos canales de televisión cuando alguien más tiene en sus manos el control remoto.

Al analizar los escaneos de los estudiantes, Parkinson y sus colegas encontraron fuertes concordancias entre los patrones de flujo sanguíneo —una medida de actividad neural— y el grado de amistad entre los participantes, incluso después de controlar otros factores que podrían explicar similitudes en las respuestas neuronales, como la etnicidad, la religión o el ingreso familiar.

Los investigadores identificaron patrones particularmente reveladores de concordancia entre amigos en zonas como el núcleo accumbens, que es clave para procesar la recompensa y la motivación, y el lóbulo parietal superior, donde se decide cómo distribuir la atención que se presta al entorno externo.

Con ayuda de los resultados, los investigadores pudieron crear un algoritmo de computadora para predecir, según una tasa muy por encima de la casualidad, la distancia social entre dos personas con base en la similitud relativa de sus patrones de respuesta neuronales.

Parkinson enfatizó que el estudio era un “primer paso, una prueba de concepto” y que ella y sus colegas todavía no saben qué significan los patrones de respuesta neuronal: qué actitudes, opiniones, impulsos o jugueteo mental derivado del ocio podrían estar detectando los escaneos.

Ahora planean hacer el experimento a la inversa: escanear a estudiantes que todavía no se conocen y ver si los que tienen patrones neuronales más coincidentes acaban volviéndose buenos amigos.

“Me parece que es un artículo increíblemente ingenioso”, comentó Christakis, biosociólogo de la Universidad de Yale. “Sugiere que los amigos se parecen no solo de manera superficial, sino también en su estructura cerebral”.

Fonte: New York Times
Por: Natalie Angier
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“O maior segredo da Medicina”

“Creo que hemos perdido la inmensa sabiduría humana para tomar la muerte de una forma normal. Nosotros hemos dejado de hablar sobre la muerte. Y, en mi humilde opinión, esto no tiene por qué ser así”.

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Kathryn Mannix, cree normalizar nuestra relación con la muerte, beneficia tanto a la persona enferma como a sus familiares y amigos.

“El secreto mejor guardado de la medicina: morir no es tan malo como se cree”

“En mi humilde opinión, morir no es tan malo como uno esperaría”.

Así ve la muerte Kathryn Mannix, una médica británica pionera en cuidados paliativos, que ha dedicado su carrera a tratar pacientes con enfermedades incurables o en los últimos estadios de su vida.

Para la autora de “With the End in Mind: Dying, Death, and Wisdom in an Age of Denial” (Con la muerte en mente: morir, muerte y sabiduría en la era de la negación), la sociedad nos lleva a evitar hablar de este proceso e incluso a reemplazar la palabra muerte con eufemismos.

Esto, explica, hace que nos resulte mucho más difícil lidiar con la pérdida de un ser querido.

BBC Ideas, una plataforma de videos cortos de la BBC que explora ideas que cuestionan las verdades establecidas, recogió su testimonio.

“Nosotros hemos dejado de hablar sobre la muerte.
Hemos dejado de usar la palabra morir (que en inglés dying) y usamos otras similares.

En vez de decir que alguien se está muriendo, decimos que está ‘seriamente enfermo’.

Y las familias no entienden que se acerca el momento de la muerte cuando se usan estas palabras.

Eso es un gran problema, porque cuando la familia está junto a la cama de alguien muy enfermo, que está por morir, no saben qué decirse entre ellos o a la persona que se está muriendo.

La persona que se está muriendo tampoco sabe qué decir, ni qué esperar, y puede que esté preguntándose si esta es su última respiración.

Esta es una escena marcada por la tristeza, la ansiedad y la desesperanza.

Y, en mi humilde opinión, esto no tiene por qué ser así.

Tan natural como nacer

Creo que hemos perdido la inmensa sabiduría humana para tomar la muerte de una forma normal.

Creo que es hora de volver a hablar de la muerte y de recuperar esa sabiduría.

¿Cómo sería morir normalmente?

Morir, así como nacer, es sencillamente un proceso.

Gradualmente, la gente se va cansando, agotando.

A medida que pasa el tiempo la gente va durmiendo más y está menos tiempo despierta.

La familia puede ir aprendiendo en qué momento deben darle (al enfermo) las medicinas y cuándo dejar pasar a las visitas.

A veces puede ocurrir que llegue una visita o que sea la hora de darle un medicamente (al enfermo) cuando está dormido.

Ahí es cuando podemos darnos cuenta de que algo ha cambiado.

Es un cambio pequeño pero muy significativo.

Y es que en vez de estar dormida, esta persona está -temporalmente- inconsciente.

No los podemos despertar y no les podemos dar su medicina. No les podemos decir que ha llegado una visita.

Luego, cuando ellos se despiertan, nos cuentan que han dormido muy bien.

Por eso sabemos que este estado de coma no es aterrador.

Solo que nosotros no notamos este momento de pérdida de conciencia en el momento en que ocurre.

Sonido de la muerte

Así que a medida que pasa el tiempo, están menos despiertos, más tiempo dormidos, hasta que, al final, están inconscientes todo el tiempo.

Y el paciente se sentirá tan relajado que no aclarará su garganta y seguirá respirando con un poco de moco o saliva en la parte trasera de la garganta.

Puede que eso genere un ruido extraño.

La gente habla de ese sonido de la muerte como algo raro.

Pero eso quiere decir que el paciente está tan relajado, en un estado de inconsciencia tan profundo, que ni siquiera la saliva en la garganta les hace cosquillas, cuando las burbujas de aire entran y salen de los pulmones.

En los últimos momentos de vida, hay un período de respiración superficial y luego una exhalación a la que ya no le sigue una inhalación.

A veces es tan suave que las familias no se dan cuenta.

Por eso, la muerte normal, es realmente un proceso tranquilo, algo que podemos reconocer, para lo que podemos prepararnos y algo con lo que podemos lidiar.

Y esto debería ser algo para celebrar.

Algo con lo que podemos consolarnos los unos a los otros.

Pero como hablar de la muerte se ha tornado en algo incómodo, es, de hecho, el secreto mejor guardado de la medicina.

Por eso, en mi opinión, morir de esta manera es algo que deberíamos recuperar, es algo de lo que deberíamos hablar y algo en lo que deberíamos consultarnos mutuamente.

Haz clic aquí para ver el testimonio de Kathryn Mannix en video (en inglés)

Fonte: BBC Mundo
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A geração Y e o tabu da morte

Quando o funcionário do cemitério nos informou que não havia quem carregasse o caixão de meu avô e eu, em silêncio, me vi segurando uma de suas quatro alças, percebi que não tinha mais volta: com exatos vinte anos, cruzei a linha da juventude e, à força, me tornei adulto.

A fila seguiu: não demorou para que a vida começasse a ser, de fato, uma sucessiva despedida daqueles que tanto amava. Assisti ao fim de minha avó materna, seu rosto calmo, frio – que bonita era ela! – e, mais recentemente, coube a mim reconhecer o corpo de meu outro avô, que, além de pai de meu pai, era também meu melhor amigo.

E foi, assim, agora com vinte e sete anos, sensibilizado e confrontado por questões que só morte de alguém querido pode trazer à mente, que me veio a curiosidade um tanto aflitiva: como a minha geração – a tal da Geração Y – irá lidar com o próprio envelhecimento e com a percepção incontornável, assombrosa, de que um dia, enfim, seremos velhos? Como uma juventude obcecada pela novidade vai encarar o seu próprio fim, seu prazo de validade?

Vamos aos poucos: faço parte um grupo de pessoas – e de uma bolha social – que veio ao mundo com a curiosa singularidade de ter vivido, na primeira infância, a transição concreta do analógico para o digital, mudança esta que as décadas anteriores vivenciaram somente como ensaio.

Para além dos discursos saudosistas de nossos pais – que, se são verdadeiros, são também fantasias de passado -, a prática nos colocou, dentre tantos outros, ao menos dois desafios ambivalentes.

Em primeiro lugar, com o advento da internet, vimos a completa reformulação dos conceitos de esfera pública e privada. Sem manual de instruções, nascemos como pessoas públicas, construindo nossas imagens na virtualidade de salas de bate-papo, ICQ, MSN e redes sociais. Se, por um lado, isso significou confinamento e individualização de experiências, não é menos verdade que reforçou também a louvável preocupação com questões de identidade.

Afinal, à medida que passamos a nos expor e a nos reconhecer dentre milhões de desconhecidos virtuais, questões que anteriormente eram tabus puderam ocupar a arena pública: dentro de uma bolha específica, ao menos, crescemos dispostos a afirmar ideais libertários, desafiar padrões de gênero e encontramos ambiente possível (mas nem por isso fácil) para defendê-los.

A segunda consequência desta virada geracional evidenciou o outro polo: nosso apreço cego à novidade e o consequente descarte de tudo o que é tido como velho e obsoleto. Em um nível raso de reflexão, esta configuração nos leva a trocar, compulsivamente, de objetos, roupas, companhias, empregos, de acordo com as flutuações da indústria do consumo.

Soterrado em uma camada mais profunda, no entanto, um eterno fantasma ganhou novos significados: como, insisto, lidaremos com o envelhecimento e com a morte, tendo sido criados em um contexto complemente hostil à ideia da finitude? Nós, cobaias de um novo tipo de sociabilidade, nos tornamos uma juventude ansiosa pelo rápido consumo de prazeres e produtos, que, embora acostumada a colocar todas as cartas íntimas na mesa, insiste em esconder a solidão.

Encenamos a alegria, nos expomos em selfies e stories, desafiamos o conservadorismo e as formas típicas de sexualidade, mas evitamos a comunhão pública das experiências do vazio – justos estas que são a nossa única certeza e destino comum. O medo da disfuncionalidade, de tornar-se obsoleto feito o (pen)último produto da prateleira, permanece como um dos últimos itens trancafiados na intimidade.

O quão absurdo seria imaginar um cenário em que as redes sociais fossem tomadas por registros de tristeza e desânimo, da mesma maneira em que vemos imagens de homens e mulheres desafiando padrões de comportamento? Sob quais argumentos isso se explica se não pela aversão a todo estado emocional que pareça contradizer nossa mocidade e sua promessa de felicidade incondicional? Por que a exposição da própria sexualidade, por exemplo, goza de um espaço privilegiado ao qual melancolia não tem direito?

Quando, por fim, contei aos meus amigos que, ao final de 2018, meus avós fariam setenta anos de casado, foi comum escutar que nossa geração jamais chegará a esta data. Alguns acham que morremos antes, outros estão certos de que os laços afetivos modernos jamais alcançarão esta barreira; a maioria, no entanto, diz preferir evitar o tema.

E foi por isso, acredito, que me dispus a reconhecer o corpo de meu avô: olhar para a frieza da morte é como olhar em um espelho que nos devolve, refletida, a imagem de um futuro terrível, impossível de ser postado, mas, que quando verbalizado ou encarado frente-a-frente, deixa de ser somente assombro para tornar-se também processo.

Desestigmatizar a morte e o envelhecimento, encarando de olhos e braços abertos naqueles que mais amamos, me parece, hoje, uma das mais fortes transgressões possíveis.
Fonte: Carta Capital
Por: Felipe Arrojo Poroger
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