A eutanásia, a religião, os cuidados paliativos e a educação

“Um “declínio na religiosidade” explica em parte um aumento da aceitação da eutanásia” na Europa Ocidental.

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Cuidados paliativos e eutanásia não são práticas contraditórias

Segundo um estudo publicado no ano passado na revista internacional Palliative Medicine, a percentagem de pessoas que teve acesso a cuidados paliativos na Bélgica é superior entre os que solicitaram eutanásia do que na restante população que não morre de morte repentina.

Um dos autores deste estudo, o sociólogo belga Joachim Cohen, refere que, na Bélgica, a eutanásia acontece depois de os doentes terem acesso a cuidados paliativos com qualidade.

O estudo, publicado em 2017 e que analisou a realidade belga, mostra que, de todos os utentes de cuidados paliativos, houve 14% que solicitaram eutanásia.

Em resposta escrita à agência Lusa, o sociólogo, que trabalha num centro dedicado às questões de fim de vida, refere ter estudos e análises de dados que demonstram que as pessoas que procuram a eutanásia são sobretudo doentes mais informados e com níveis de educação elevados.

Os doentes oncológicos e pessoas entre os 65 e os 79 anos estão também entre os grupos mais relevantes quanto aos pedidos de eutanásia, segundo o estudo, após análise a mais de 6.800 casos de vários tipos de mortes na Bélgica.

Os autores destacam ainda que, no país, as federações de cuidados paliativos aceitam que a eutanásia aconteça no contexto de bons cuidados paliativos.

“Num contexto de eutanásia legalizada, a eutanásia e os cuidados paliativos não surgem como práticas contraditórias. Uma proporção substancial de pessoas que realizou pedido de eutanásia era seguida por serviços de cuidados paliativos”, refere uma das conclusões do estudo.

Joachim Cohen e a equipa do End-of-Life Care Research Group analisaram também a posição das sociedades e dos países relativamente à eutanásia e à morte medicamente assistida.

“A aceitação pública aumentou ao longo do tempo, mas com variações consideráveis entre os países”, concluiu o investigador.

Nesta análise coube ainda a procura pelas razões desta variação, sendo que a religiosidade surgiu como um dos fatores que influencia a posição sobre a eutanásia.

De acordo com Joachim Cohen, um “declínio na religiosidade” explica em parte um aumento da aceitação da eutanásia” na Europa Ocidental.

Outro dos fatores que influencia a posição sobre a eutanásia é a tolerância à autonomia e à liberdade de escolha.

Num outro artigo científico em que Joachim Cohen participou, de 2016, mostra que nem sempre as opiniões dos cidadãos e dos médicos sobre a eutanásia são coincidentes, podendo ser mais fácil despenalizar a eutanásia quando essa diferença de opinião não é tão significativa.

Fonte: Atlas de Saúde Pt
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Eutanásia gratis para enfermos incuráveis ou discapacitados graves

Um passo adiante inspirado na legislação belga para ajudar a morrer os pacientes que solicitem e preencham todos os requisitos. Que ocorra com todas as garantias possíveis.

marJavier Bardem y Belén Rueda en una imagen de Mar adentro.

            La eutanasia que lanza el PSOE: gratis y para enfermos incurables o                                                                 discapacitados graves

La propuesta de los socialistas, “muy garantista”, se inspira en legislaciones como la belga para dar vida a un nuevo derecho aplicable solo a aquellos mayores, capaces y que reúnan los requisitos

“Un paso adelante” que hasta ahora el PSOE no había dado. La regulación de la eutanasia como un derecho cubierto por el Sistema Nacional de Salud, dirigido a aquellos enfermos incurables que padecen un gran sufrimiento o para aquellos con una discapacidad grave crónica. Los socialistas no habían plasmado antes sobre el papel una proposición de ley para legalizar esta práctica médica para ayudar a morir a los pacientes que lo soliciten y que cumplan todos los requisitos, y que a la vez se haga con “todas las garantías” posibles. Pero ahora ese papel ya existe, y se registró este jueves en el Congreso.

“El Estado ya no puede mirar para otro lado” hacia una realidad que cuenta, esgrimen desde la dirección del PSOE, con un alto respaldo social y profesional. Ha llegado el momento. Esa es la razón de ser de la propuesta, que emana del 39º Congreso Federal del partido, a la que se comprometió el propio Pedro Sánchez ante Izquierda Unida hace casi un año, y que este jueves explicaron en rueda de prensa en Ferraz el secretario de Justicia y Nuevos Derechos del PSOE, el exeurodiputado y abogado valenciano Andrés Perelló, y la responsable de Sanidad y Consumo, la senadora y médica asturiana Luisa Carcedo. Se trata de dar vida a “un nuevo derecho efectivo e individual”, al que creen que no deberían poner pegas los grupos parlamentarios que no son democristianos, por lo que estiman que Ciudadanos, cuyo concurso sería necesario —se trata de una proposición de ley orgánica, que necesita de la mayoría absoluta de las Cortes—, no tiene motivos para oponerse.

Fonte: El Confidencial Esp
Por: Juanma Romero
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“O maior segredo da Medicina”

“Creo que hemos perdido la inmensa sabiduría humana para tomar la muerte de una forma normal. Nosotros hemos dejado de hablar sobre la muerte. Y, en mi humilde opinión, esto no tiene por qué ser así”.

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Kathryn Mannix, cree normalizar nuestra relación con la muerte, beneficia tanto a la persona enferma como a sus familiares y amigos.

“El secreto mejor guardado de la medicina: morir no es tan malo como se cree”

“En mi humilde opinión, morir no es tan malo como uno esperaría”.

Así ve la muerte Kathryn Mannix, una médica británica pionera en cuidados paliativos, que ha dedicado su carrera a tratar pacientes con enfermedades incurables o en los últimos estadios de su vida.

Para la autora de “With the End in Mind: Dying, Death, and Wisdom in an Age of Denial” (Con la muerte en mente: morir, muerte y sabiduría en la era de la negación), la sociedad nos lleva a evitar hablar de este proceso e incluso a reemplazar la palabra muerte con eufemismos.

Esto, explica, hace que nos resulte mucho más difícil lidiar con la pérdida de un ser querido.

BBC Ideas, una plataforma de videos cortos de la BBC que explora ideas que cuestionan las verdades establecidas, recogió su testimonio.

“Nosotros hemos dejado de hablar sobre la muerte.
Hemos dejado de usar la palabra morir (que en inglés dying) y usamos otras similares.

En vez de decir que alguien se está muriendo, decimos que está ‘seriamente enfermo’.

Y las familias no entienden que se acerca el momento de la muerte cuando se usan estas palabras.

Eso es un gran problema, porque cuando la familia está junto a la cama de alguien muy enfermo, que está por morir, no saben qué decirse entre ellos o a la persona que se está muriendo.

La persona que se está muriendo tampoco sabe qué decir, ni qué esperar, y puede que esté preguntándose si esta es su última respiración.

Esta es una escena marcada por la tristeza, la ansiedad y la desesperanza.

Y, en mi humilde opinión, esto no tiene por qué ser así.

Tan natural como nacer

Creo que hemos perdido la inmensa sabiduría humana para tomar la muerte de una forma normal.

Creo que es hora de volver a hablar de la muerte y de recuperar esa sabiduría.

¿Cómo sería morir normalmente?

Morir, así como nacer, es sencillamente un proceso.

Gradualmente, la gente se va cansando, agotando.

A medida que pasa el tiempo la gente va durmiendo más y está menos tiempo despierta.

La familia puede ir aprendiendo en qué momento deben darle (al enfermo) las medicinas y cuándo dejar pasar a las visitas.

A veces puede ocurrir que llegue una visita o que sea la hora de darle un medicamente (al enfermo) cuando está dormido.

Ahí es cuando podemos darnos cuenta de que algo ha cambiado.

Es un cambio pequeño pero muy significativo.

Y es que en vez de estar dormida, esta persona está -temporalmente- inconsciente.

No los podemos despertar y no les podemos dar su medicina. No les podemos decir que ha llegado una visita.

Luego, cuando ellos se despiertan, nos cuentan que han dormido muy bien.

Por eso sabemos que este estado de coma no es aterrador.

Solo que nosotros no notamos este momento de pérdida de conciencia en el momento en que ocurre.

Sonido de la muerte

Así que a medida que pasa el tiempo, están menos despiertos, más tiempo dormidos, hasta que, al final, están inconscientes todo el tiempo.

Y el paciente se sentirá tan relajado que no aclarará su garganta y seguirá respirando con un poco de moco o saliva en la parte trasera de la garganta.

Puede que eso genere un ruido extraño.

La gente habla de ese sonido de la muerte como algo raro.

Pero eso quiere decir que el paciente está tan relajado, en un estado de inconsciencia tan profundo, que ni siquiera la saliva en la garganta les hace cosquillas, cuando las burbujas de aire entran y salen de los pulmones.

En los últimos momentos de vida, hay un período de respiración superficial y luego una exhalación a la que ya no le sigue una inhalación.

A veces es tan suave que las familias no se dan cuenta.

Por eso, la muerte normal, es realmente un proceso tranquilo, algo que podemos reconocer, para lo que podemos prepararnos y algo con lo que podemos lidiar.

Y esto debería ser algo para celebrar.

Algo con lo que podemos consolarnos los unos a los otros.

Pero como hablar de la muerte se ha tornado en algo incómodo, es, de hecho, el secreto mejor guardado de la medicina.

Por eso, en mi opinión, morir de esta manera es algo que deberíamos recuperar, es algo de lo que deberíamos hablar y algo en lo que deberíamos consultarnos mutuamente.

Haz clic aquí para ver el testimonio de Kathryn Mannix en video (en inglés)

Fonte: BBC Mundo
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O nível raso de reflexão leva a encenar a alegria e a encobrir a solidão

Nós, cobaias de um nível raso de reflexão, somos levados a trocar, compulsivamente, de objetos, roupas, companhias, empregos, de acordo com as flutuações da indústria do consumo.

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A geração Y e o tabu da morte

Quando o funcionário do cemitério nos informou que não havia quem carregasse o caixão de meu avô e eu, em silêncio, me vi segurando uma de suas quatro alças, percebi que não tinha mais volta: com exatos vinte anos, cruzei a linha da juventude e, à força, me tornei adulto.

A fila seguiu: não demorou para que a vida começasse a ser, de fato, uma sucessiva despedida daqueles que tanto amava. Assisti ao fim de minha avó materna, seu rosto calmo, frio – que bonita era ela! – e, mais recentemente, coube a mim reconhecer o corpo de meu outro avô, que, além de pai de meu pai, era também meu melhor amigo.

E foi, assim, agora com vinte e sete anos, sensibilizado e confrontado por questões que só morte de alguém querido pode trazer à mente, que me veio a curiosidade um tanto aflitiva: como a minha geração – a tal da Geração Y – irá lidar com o próprio envelhecimento e com a percepção incontornável, assombrosa, de que um dia, enfim, seremos velhos? Como uma juventude obcecada pela novidade vai encarar o seu próprio fim, seu prazo de validade?

Vamos aos poucos: faço parte um grupo de pessoas – e de uma bolha social – que veio ao mundo com a curiosa singularidade de ter vivido, na primeira infância, a transição concreta do analógico para o digital, mudança esta que as décadas anteriores vivenciaram somente como ensaio.

Para além dos discursos saudosistas de nossos pais – que, se são verdadeiros, são também fantasias de passado -, a prática nos colocou, dentre tantos outros, ao menos dois desafios ambivalentes.

Em primeiro lugar, com o advento da internet, vimos a completa reformulação dos conceitos de esfera pública e privada. Sem manual de instruções, nascemos como pessoas públicas, construindo nossas imagens na virtualidade de salas de bate-papo, ICQ, MSN e redes sociais. Se, por um lado, isso significou confinamento e individualização de experiências, não é menos verdade que reforçou também a louvável preocupação com questões de identidade.

Afinal, à medida que passamos a nos expor e a nos reconhecer dentre milhões de desconhecidos virtuais, questões que anteriormente eram tabus puderam ocupar a arena pública: dentro de uma bolha específica, ao menos, crescemos dispostos a afirmar ideais libertários, desafiar padrões de gênero e encontramos ambiente possível (mas nem por isso fácil) para defendê-los.

A segunda consequência desta virada geracional evidenciou o outro polo: nosso apreço cego à novidade e o consequente descarte de tudo o que é tido como velho e obsoleto. Em um nível raso de reflexão, esta configuração nos leva a trocar, compulsivamente, de objetos, roupas, companhias, empregos, de acordo com as flutuações da indústria do consumo.

Soterrado em uma camada mais profunda, no entanto, um eterno fantasma ganhou novos significados: como, insisto, lidaremos com o envelhecimento e com a morte, tendo sido criados em um contexto complemente hostil à ideia da finitude? Nós, cobaias de um novo tipo de sociabilidade, nos tornamos uma juventude ansiosa pelo rápido consumo de prazeres e produtos, que, embora acostumada a colocar todas as cartas íntimas na mesa, insiste em esconder a solidão.

Encenamos a alegria, nos expomos em selfies e stories, desafiamos o conservadorismo e as formas típicas de sexualidade, mas evitamos a comunhão pública das experiências do vazio – justos estas que são a nossa única certeza e destino comum. O medo da disfuncionalidade, de tornar-se obsoleto feito o (pen)último produto da prateleira, permanece como um dos últimos itens trancafiados na intimidade.

O quão absurdo seria imaginar um cenário em que as redes sociais fossem tomadas por registros de tristeza e desânimo, da mesma maneira em que vemos imagens de homens e mulheres desafiando padrões de comportamento? Sob quais argumentos isso se explica se não pela aversão a todo estado emocional que pareça contradizer nossa mocidade e sua promessa de felicidade incondicional? Por que a exposição da própria sexualidade, por exemplo, goza de um espaço privilegiado ao qual melancolia não tem direito?

Quando, por fim, contei aos meus amigos que, ao final de 2018, meus avós fariam setenta anos de casado, foi comum escutar que nossa geração jamais chegará a esta data. Alguns acham que morremos antes, outros estão certos de que os laços afetivos modernos jamais alcançarão esta barreira; a maioria, no entanto, diz preferir evitar o tema.

E foi por isso, acredito, que me dispus a reconhecer o corpo de meu avô: olhar para a frieza da morte é como olhar em um espelho que nos devolve, refletida, a imagem de um futuro terrível, impossível de ser postado, mas, que quando verbalizado ou encarado frente-a-frente, deixa de ser somente assombro para tornar-se também processo.

Desestigmatizar a morte e o envelhecimento, encarando de olhos e braços abertos naqueles que mais amamos, me parece, hoje, uma das mais fortes transgressões possíveis.
Fonte: Carta Capital
Por: Felipe Arrojo Poroger
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