“Juizes e advogados não tem boa formação em violência de gênero”

“O curso de Direito é bom para resolver questões de herança, como cobrar um cheque ou solucionar um problema de direito comercial, mas a formação em violencia de gênero, que para mim é de direitos humanos, é escassa ou nula”.

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 “Dudo que la ley de violencia de género se pueda aplicar”

El ministro del Tribunal de Apelaciones cree que las organizaciones feministas deberían abordar de forma más científica el problema de la violencia doméstica

Eduardo Cavalli es uno de los seis ministros del Tribunal de Apelaciones de Familia, lo que lo coloca como una de las mayores autoridades en esta materia que aborda temas tan variados como la tenencias de niños, las obligaciones legales de sus padres o tutores, casos de violencia doméstica y situaciones de menores de edad en infracción con la ley. Por esa razón, fue uno de los tres integrantes del Poder Judicial que participó de las discusiones para definir el presupuesto necesario para implementar la ley de violencia hacia las mujeres basada en género, aprobada el 13 de diciembre en el Parlamento, a pesar de las advertencias sobre que su costo haría muy difícil su puesta en marcha.

La cifra de $ 950 millones (unos US$ 30 millones) requerida para la creación de juzgados especializados en violencia doméstica tal cual lo ordena la norma no fue considerada en esta Rendición de Cuentas, pese a que es considerado apenas un mínimo por el Poder Judicial.

En entrevista con El Observador, Cavalli habló de las dificultades para aplicar esta norma desfinanciada, la crisis de la familia en Uruguay, las debilidades del sistema procesal que atiende a las víctimas de violencia doméstica, y por qué cree que las organizaciones feministas deberían analizar este fenómeno de forma más científica.

¿Cuáles son las situaciones que enfrenta con mayor frecuencia el Tribunal de Apelaciones en materia de familia?

Los casos de disputa por el régimen de visitas, y los de padres que incumplen el pago de pensiones alimenticias. El niño como rehén de una disputa entre adultos en materia de justicia de Familia es pan de todos los días. Tenemos conflictos entre madres y padres, o padres y abuelos, donde planteas una situación de visitas controladas en presencia de un tercero, y no se cumplen y siempre hay una excusa, un problema. Hay niños que pasan toda la infancia judicializados, porque los padres están enfrentados. En materia de tenencia lo más frecuente es que las mujeres impidan que los hombres vean a sus hijos.

Pero una prueba de que vivimos en una sociedad patriarcal son los casos de padres que incumplen el pago de pensiones alimenticias. Hay situaciones frecuentes de padres que se desentienden o que tienen un conflicto con la madre de los niños y que para castigarla le niegan alimentos. No están enfrentados con sus hijos, pero los afectan a ellos. Me parece que como país nos provoca un desgaste descomunal. La familia uruguaya se hizo añicos.

Uno de los temas que aborda un tribunal de familia es el de la violencia doméstica, ¿cómo evalúa el trabajo que se ha hecho con operadores de la Justicia para educarlos en esta materia?

Me di cuenta de que en los años de 1970 era machista. Es que hay cuestiones de la cultura patriarcal que uno las tiene en el ADN porque se crió en una sociedad así. Por eso siempre hay que estar aprendiendo en esta materia. Lo ideal es que hubiera una capacitación sistemática en todo el sistema de justicia porque jueces, abogados, fiscales y técnicos estamos formados en facultades que no encaran esta problemática de género. La Facultad de Derecho en Uruguay te forma muy bien para resolver situaciones como quién hereda qué, o cómo se cobra un cheque, o a solucionar un problema de derecho comercial, pero la formación en casos de violencia de género, que para mí son de derechos humanos, es escasísima o nula.

¿Por qué cree que el tema no cobró esa relevancia?

Por la cultura patriarcal. Pienso que en la Universidad de la República sigue estando. ¿Dónde lo veo? Los problemas de familia son prácticamente la mitad de los asuntos del Poder Judicial, entonces uno pensaría que eso tendría que ser la mitad de la formación, pero el tiempo dedicado al tema es mínimo. Puede que algún profesor lo haga, pero la exigencia con la que se da la materia es muy poca. ¿Cuántos libros escritos por abogados hay publicados por temas de violencia de género? Son poquísimos. Otras materias como en la penal, el derecho laboral o civil, vas encontrar muchas más publicaciones.

Sin embargo, los grupos feministas tienen actividades entorno a las universidades.

El gran talón de Aquiles de los movimientos feministas es que no han sabido reflexionar científicamente cómo deberían ser los procesos de protección de los derechos a nivel de la Justicia. En un juicio se puede tratar a las personas como sujetos de protección o como objetos de protección. Para nuestra justicia las víctimas de violencia doméstica son objetos.

Por ejemplo, cuando querés reclamar la plata de alguien que te chocó el auto primero hablás con tu abogado, que te pregunta qué pruebas tenés y te aconseja sobre qué se debe conseguir, presenta una demanda escrita en la que detalla el tipo de resarcimiento que quiere recibir, la defensa de la otra parte la lee y presenta su respuesta y recién ahí se hace una audiencia en la que el denunciante no habla ante el juez, lo hace su abogado. El juez allí solo decide si el denunciante tiene razón o no.

En violencia doméstica, la presunta víctima si tiene suerte la citan al juzgado, allí al mismo tiempo que ve al juez ve a su abogado, y ahí mismo cuenta su situación. El juez no sabe si lo que ella dice es cierto o no, por lo que se tiene que poner a averiguar. Por eso, el denunciante es una persona que ya en el interrogatorio es mirada con duda por el juez y muchas veces cuando hay personas de situación de contexto desfavorecido esa es la manera de callarla.

¿Cómo cree que debería hacerse?

Nosotros propusimos que antes de pasar por el juez se entrevistara con el abogado defensor, y que este le desarrollara una estrategia de defensa. De esta forma, cuando vaya ante el juez podrá presentar las medidas de protección que pretende para sí. El juez lee eso y después debe escuchar al marido. El marido se defenderá y con base en eso se define.

Decía que las mujeres van a los juzgados “si tienen suerte”, ¿a qué se refirió?

Los jueces de violencia doméstica reciben entre 70 y 80 llamadas por día, y después llevan a sus juzgados a entre 10 y 15. Todas las demás cuestiones, si la Policía no les contó que hay una situación de riesgo no la llevan al juzgado, porque no pueden tomar tantos casos, es un tema de organización del trabajo.

¿Qué sucede en esos casos?

Imaginate una mujer de la campaña que va a una comisaría del pueblo para denunciar una situación de violencia doméstica. Los policías llaman al tipo, que niega todo. Con esa breve indagatoria policial se llama al juez y este responderá en función de cómo le cuentan el cuento. Capaz que el Policía le dice que el muchacho es bárbaro y que la mujer es rara. Hubo un caso que el juez entendió que la situación no era grave y a través de la policía intimó a la pareja a no agredirse más. Horas más tarde el hombre fue y mató a la mujer.

¿Puede hoy una mujer negarse a ser protegida o dar marcha atrás en una denuncia?

Sí puede, pero con una aclaración.

Puede retirar la denuncia si el juez entiende que lo hizo porque está amenazada o porque culturalmente está acostumbrada al maltrato, entonces tiene la obligación de fijar medidas de protección, como tobillera, medidas de alejamiento. Hace poco llegó la apelación de una mujer que ejercía la prostitución y que pedía que se le quitara la custodia policial. El caso empezó cuando su última pareja le causó lesiones graves. La mujer hizo la denuncia, y se resolvió ponerle tobillera al agresor. El hombre se rompió la tobillera tres veces, por lo que se le puso custodia. La mujer no quería que los policías la siguieran al prostíbulo porque le espantaban los clientes .

El ministro del Interior, Eduardo Bonomi, dijo que por qué los jueces no envían a la cárcel a quienes rompen sus tobilleras, si están incurriendo en un delito de desacato a una orden judicial.

Pienso que algo de razón tenía. La Fiscalía como dice (el fiscal de Corte) Jorge Díaz es única y se expresa a través de sus agentes, por lo que tendría que tener una política más o menos coordinada, que permitiera que los fiscales de violencia doméstica puedan derivar el tema a los fiscales penales.

En la Rendición de Cuentas el Ministerio del Interior incluyó un artículo que pretende que los jueces solo puedan disponer custodias policiales o tobilleras en casos de violencia doméstica si cuenta con un informe técnico favorable elaborado por técnicos de la cartera.

¿Qué opina de esta medida?

Me parece que corresponde. Por algo hay separación de poderes. Son temas del Poder Judicial, si un juez resuelve poner la tobilleras el Ministerio del Interior en todo caso podría recurrir a esa decisión, pero no meterse en si puede o no. Es como si mañana el Ministerio del Interior dijera que los jueces solo van a enviar a prisión cuando tenga plazas suficientes en la cárcel.

¿Los jueces disponen demasiadas tobilleras?

Los magistrados uruguayos son muy de ante el más mínimo riesgo aplicar medidas de separación, incluso hasta por teléfono. Antes de llevar a la víctima al juzgado ya se tomaron medidas. Pero solo cuando logran tener peritos que le den un informe de la situación de alto riesgo colocan la tobillera. Prácticamente no se coloca tobillera si no se ve una situación potencialmente homicida.

¿Hay suficientes técnicos para hacer esos informes?

No, no los hay. Por eso lo que se suele hacer es que pedir ante situaciones que se entienden como graves, es que los expertos hagan un informe rápido. Pero no creo que se entreguen demasiadas. No no hay. En general tiene que pedir específicamente en situaciones que entienden como graves que se coloque. Si tenés 30 femicidios por año no es tan disparatado que se coloquen 300 aparatos a la vez. No solo evitas un homicidio, prevenís que un hombre le haga la vida imposible a la mujer.

El Poder Judicial solicitó un incremento presupuestal de poco más de $ 943 millones para cumplir con la “violencia hacia las mujeres basada en género” que fija entre otros puntos la creación de juzgados especializados en violencia basada en género, doméstica y sexual. Sin embargo, este dinero no fue considerado por el Poder Ejecutivo.

Los números son estos: cada 14 minutos hay una denuncia de violencia de género. Esos son 40 mil denuncias anuales. La ley prevé además otro tipo de violencia como por ejemplo gritarle a un una mujer que sea arbitro de fútbol, por lo que se va a agregar una cantidad de denuncias que ahora no existe. Pero además van a ser competentes en casos de abuso sexual infantil. Estimamos unas 120 mil audiencias anuales. Cada juez puede hacer cuatro diarias, y además se necesitan peritos, psiquiatras y psicólogos. ¡Es descomunal!

¿Cree que es aplicable?

Es muy cara, habría que darle un presupuesto enorme. Por eso miro con mucha reserva que sea aplicable. Habrá que hacer lo mejor posible.

Participó de las discusiones sobre este punto cuando la ley era analizada por el Parlamento, ¿se alertó sobre el alto costo que tendría?

Fui por la Asociación de Magistrado y les hice ver estos detalles. Me dijeron que era un problema de presupuesto y no de la ley en sí. Para mi fue medio doloroso, porque a raíz del conflicto por salarios el presupuesto para el Poder Judicial es muy bajo. No hubo aumento en años. Pero es el sistema político quien puede decir qué hacer, porque la gente los eligió. Ahora hay que sentarse a hacer cuentas y ver qué se puede aplicar. Tampoco es que sea una cifra tan escandalosamente alta, aunque si muy alta para el Presupuesto que se le asigna al Poder Judicial.

Fonte: El Observador Uy
Por: Guillermo Losa
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As 10 maiores “machistadas” da Biblia

Que la Biblia es un libro muy machista no lo puede negar nadie. Para empezar, habla de un Dios al que se le llama “Señor”, no “señora”, que además cuando decide bajar al mundo no lo hace en forma de mujer, sino de hombre, un tipo de Galilea que va por ahí de gira con doce amigotes.

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Las 10 machistadas más grandes de la Biblia

A lo largo de todo el libro sagrado, Dios va diciendo a su pueblo que se puede vender a tu hija como esclava, que si violas a una mujer luego puedes casarte con ella pagando cincuenta siclos de plata al padre, y en definitiva, que puedes hacer lo que te dé la gana con ellas porque no son más que algo similar a una vaca o un buey o una cosa propiedad del varón, que si se quiere se toma y si no, se vende o se regala.

Hoy os traigo un ranking con los diez momentos más machistas de la Biblia:

10. Génesis, 3;16. Tu marido te dominará.

Ya desde el principio, en el primer libro de la Biblia, la cosa empieza empieza mal para la mujer, a la que el mismo Dios sitúa por debajo del hombre:

“A la mujer le dijo: Multiplicaré los dolores de tu preñez, parirás tus hijos con dolor; desearás a tu marido, y él te dominará.”

9. Carta de San Pablo a Timoteo 2:11-15. La mujer es la culpable del pecado.

En efecto, la mujer le dio la manzana al varón, se la lió parda, algo parecido a cuando Pandora abrió la caja con todos los males de la humanidad. Por tanto:

“Que la mujer aprenda sin protestar y con gran respeto. No consiento que la mujer enseñe ni domine al marido, sino que debe comportarse con discrección. Pues primero fue formado Adán, y después Eva. Y no fue Adán el que se dejó engañar, sino la mujer que, seducida, incurrió en la transgresión. Se salvará, sin embargo, por su condición de madre, siempre que persevere con modestia en la fe, el amor y la santidad.”

8. Eclesiastés, 7:28. No hay mujer buena.

Uno de los libros considerados más “sabios de la Biblia” suelta esta perla sobre el género femenino:

“Por más que busqué no encontré; entre mil se puede encontrar un hombre cabal, pero mujer cabal, ni una entre todas.”

7. Levítico, 12: 1-5. Impura.

La mujer que da a luz es impura, pero si encima da a luz a una niña, doblemente impura:

“El Señor dijo a Moisés: – Di a los israelitas: la mujer que conciba y dé a luz un varón, quedará impura durante siete días, como cuando tiene la menstruación.”

“Si da a luz una niña, quedará impura durante dos semanas.”

6. Éxodo 20:17. El Mandamiento que cosifica a la mujer.

La Iglesia ha maquillado el décimo Mandamiento reduciéndolo a “No codiciarás los bienes ajenos”, pero lo que realmente dice la Biblia es esto:

“No codiciarás la casa de tu prójimo, ni su mujer, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada de lo que le pertenezca”

Es decir, la mujer es una cosa, propiedad del hombre.

5. Levítico 27:1. El precio de las personas.

Aquí Dios se pone en plan comerciante y se dedica a tasar a las personas en gramos de plata, y por supuesto, la mujer vale mucho menos:

“El Señor dijo a Moisés: – Di a los israelitas: Cuando alguien haga al Señor una promesa ofreciendo una persona, la estimación de su valor será la siguiente: el hombre entre veinte y sesenta años, quinientos gramos de plata, según las pesas del santuario; la mujer, trescientos; el joven entre los cinco y los veinte años, si es muchacho, doscientos gramos, y si es muchacha, cien; entre un mes y cinco años, si es niño, cincuenta gramos, y treinta gramos de plata si es niña; de sesenta años para arriba, el hombre, ciento cincuenta gramos y la mujer, cincuenta.”

4. Deuteronomio 21:11-15.

Si te gusta una mujer de entre tus enemigos, le rapas la cabeza y te la quedas.

“Si ves entre los prisioneros una mujer hermosa, te enamoras de ella y deseas hacerla tu esposa, la llevarás a tu casa, se rapará la cabeza y se cortará las uñas, se quitará el vestido de cautiva, se quedará en tu casa y llorará a su padre y a su madre durante un mes. Luego podrás unirte a ella. Si deja de gustarte, le darás la libertad, pero no la venderás por dinero ni sacarás provecho alguno, pues ya la has humillado.”

3. Deuteronomio 25:11-12. Si te agarra el pene le cortas la mano.

El pene es sagrado:

“Si dos hombres se están pegando, se acerca la mujer de uno de ellos y, para liberar a su marido del que lo golpea, mete la mano y agarra al otro por sus partes, le cortarás a ella la mano sin compasión.”

2. Jueces 21:10. Matad a todas menos las vírgenes.

El libro de los Jueces cuenta que se produjo una guerra civil entre los propios israelitas, enfrentándose todas las tribus contra la de Benjamín. Tras la derrota de los benjaminitas, a sus hermanos les dio pena ver que no tenían mujeres, y siguiendo el ejemplo de lo que tantas veces el Señor les había dicho que hicieran, tomaron esta bonita determinación:

“- Id y pasad a cuchillo a todos los habitantes de Yabés de Galaad, incluidas mujeres y niños. Consagraréis al exterminio a todos los varones y a todas las mujeres casadas, pero dejaréis con vida a las vírgenes.”

Problema, no había vírgenes suficientes para todos. Así que un poco más adelante les dijeron a los benjaminitas:

“Id y escondeos entre las viñas. Os quedáis observando, y cuando veáis que las jóvenes de Siló salen a bailar, salís a las viñas, os lleváis cada uno una muchacha de Siló y volveís a vuestra tierra.”

1. Carta de San Pablo a los Corintios, 14:34. La mujer, calladita.

“Que las mujeres guarden silencio en las reuniones; no les está pues, permitido hablar, sino que deben mostrarse recatadas, como manda la ley. Y si quieren aprender algo, que pregunten en casa a sus maridos, pues no es decoroso que la mujer hable en la asamblea.”

Fonte: Atresmedia
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  A CENSURA DA VÍTIMA E AS LÁGRIMAS DO AGRESSOR

(“(…) quem comeu uma mulher dos 20 aos 40 anos, comeu tudo o que há para comer”)…Ao que parece, não compareceu na posição de arguido e agressor, mas na pele de vítima que perdeu a sua família, a casa e, numa curiosa menção, os livros – este ponto é fulcral para que não nos esqueçamos de que não é um homem comum nem corresponde ao protótipo de um agressor, mas antes um ex-ministro da cultura, professor catedrático “querido pelos alunos” e um intelectual por excelência. Juntando estas notáveis características à sua frágil constituição física, parece difícil crer que fosse capaz, sequer, de uma palavra grosseira dirigida à ex-cônjuge.

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Em dois acórdãos distintos, Manuel Maria Carrilho foi caracterizado como se agregasse duas personalidades inimigas. No acórdão em que foi absolvido, na Secção Criminal da Instância Local de Lisboa, assinado pela juíza Joana Ferrer, “agiu sob a pressão dos acontecimentos e da completa e súbita alteração da sua vida, operada em outubro de 2013, factos que o desnortearam a ponto de carecer de ajuda psiquiátrica, pois já apresentava ideação suicida e com plano de concretização; mas, sobretudo, sob o sofrimento resultante de não ver os seus filhos”, sendo, ademais, valorizada a forma como prestou declarações, nomeadamente a “voz embargada” e os “olhos lacrimejantes”. Ao que parece, Carrilho não compareceu na posição de arguido e agressor, mas na pele de vítima que perdeu a sua família, a casa e, numa curiosa menção, os livros – este ponto é fulcral para que não nos esqueçamos de que Carrilho não é um homem comum nem corresponde ao protótipo de um agressor, mas antes um ex-ministro da cultura, professor catedrático “querido pelos alunos” e um intelectual por excelência. Juntando estas notáveis características à sua frágil constituição física, parece difícil crer que fosse capaz, sequer, de uma palavra grosseira dirigida à ex-cônjuge.

Acontece que, a par do que sucede com a figura mística da vítima perfeita, não existe um agressor-padrão.

No anterior acórdão, presidido pela juíza Emília Costa, a 31 de Outubro, Carrilho assumia outra personalidade, negando os factos pelos quais estava a ser acusado, não manifestando sinais de arrependimento e mostrando-se agressivo e, inclusive, “desagradável”. Ora, a não ser que estejamos perante um estranho caso de transtorno dissociativo de identidade e Carrilho tenha incorporado o polido Dr. Jekyll e o sinistro Mr. Hyde em diferentes cenários, terá aprendido com a anterior condenação a manipular, com uma postura e voz dócil, o tribunal, usando as mesmas tácticas que parece ter utilizado a fim de manipular Bárbara Guimarães. Note-se, contudo, que as lágrimas e a voz embargada estão ausentes da narrativa da sentença anterior.

São estas as manobras commumente usadas pelo agressor para manter a vítima num círculo vicioso – após uma fase de violência física e/ou psicológica, que começa subtilmente e se vai intensificando, surge o pedido de desculpas e a promessa de que foi apenas um deslize emocional que não se repetirá, bem como a conveniente transferência de culpa do agressor para a conduta da vítima, que o terá levado a tal comportamento.

Acresce que existem quatro factores que potencialmente influenciarão o poder do agressor sobre a vítima no contexto matrimonial: (i) o sexo; (ii) a idade; (iii) poder económico e (iv) estatuto social. Pese embora a maior parte dos crimes conjugais seja praticada pelo sexo masculino e uma significativa diferença de idades implique um maior domínio de uma pessoa em relação à outra, pela sua experiência de vida, será nos últimos pontos que nos iremos concentrar.

É o próprio agressor quem rebaixa a capacidade intelectual da ex-cônjuge ao afirmar que é “incrivelmente ignorante e inculta”, enquanto mantém a sua própria intelectualidade intacta (independentemente de ter perdido o acesso aos seus livros), ao citar H. Miller para insultar tanto Bárbara como o seu namorado (“(…) quem comeu uma gaja dos 20 aos 40 anos, comeu tudo o que há para comer”). Isto desfaz o barro estereotipado do agressor: é possível insultar a inteligência da ex-mulher e descer à vulgaridade com recurso à intelectualidade. Por analogia, é possível ser misógino e profundamente letrado, o que implica que o misógino não tenha de ser um ignorante, mas, ao invés, um machista com excelentes referências bibliográficas. Carrilho não mudou de personalidade – é a mesma pessoa.

Carrilho sabe que está em vantagem. Por muito culta que Bárbara possa ser, o que não vem ao caso, não é o “ex-ministro da cultura”, como incansavelmente repete a imprensa, embora não esteja a ser acusado nessa qualidade, mas a apresentadora de televisão cuja vida privada é constantemente escrutinada e exposta pelas revistas cor-de-rosa. Esquecemo-nos que Carrilho sempre nos é apresentado como um ser intelectualmente superior. É essa diferença de estatuto que é evidenciada pelo tratamento dos dois em tribunal: Bárbara é tratada pelo primeiro nome, ao passo que Manuel Maria Carrilho é o “Senhor Professor” – pode parecer um pormenor sem importância, mas contribui para um desequilíbrio entre as pessoas envolvidas.

Por outro lado, e não obstante a disparidade de estatuto entre ambos, Bárbara não corresponde ao estereótipo de vítima perfeita. Não só é privada do comando da sua própria narrativa como é descredibilizada pela sua posição – já recentemente o Tribunal de Viseu considerou que uma “mulher moderna e autónoma” não poderia ser vítima de violência doméstica, por ser empregada e com salário próprio, isto é, insubmissa ao marido. O discurso feminista é, como em tantas outras circunstâncias, convenientemente deturpado para benefício da parte mais forte: é plausível que uma mulher sem recursos económicos e, portanto, financeiramente dependente do cônjuge, seja vítima de violência doméstica, uma vez que não se lhe pode exigir que simplesmente abandone o lar, mas se essa mulher for independente, tiver uma formação académica ou for apenas informada, não é credível que tolere passivamente uma agressão, sem apresentar queixa ou sem tomar uma rápida decisão que solucione o problema.

Esta suposta facilidade em apresentar queixa pressuporia um não questionamento da conduta da vítima durante o processo e uma maior sensibilidade dos juízes perante a fragilidade emocional de quem recorre aos tribunais, o que não se tem verificado.

De facto, existe uma maior divulgação do crime de violência doméstica e dos procedimentos a tomar em relação ao mesmo, mas, aparentemente, não o bastante – apesar de todas as alterações legislativas e formação complementar na Ordem dos Advogados sobre o tema, persiste uma ignorância sobre o processo emocional vivenciado pela vítima. Salientamos ainda que este é um período em que a defesa de princípios constitucionais elementares é desvalorizada e categorizada como doutrina do politicamente correcto, por contraponto com uma misoginia mascarada de liberdade de expressão, culminando na publicação de teses de mestrado que vitimizam directamente o agressor (in casu, “A discriminação do gênero-homem no Brasil em face à Lei Maria da Penha”, de autoria do juiz criminalista Gilvan Macêdo dos Santos).

No presente caso, Joana Ferrer emociona-se perante as lágrimas ensaiadas de Carrilho, mas desconsidera a versão de Bárbara, uma mulher “destemida e senhora da sua vontade”.

Ao tecer um padrão de fragilidade na pele das vítimas de violência doméstica e “elogiar” a personalidade destemida da assistente, que estaria a mentir por facilmente poder libertar-se da situação, Joana Ferrer demonstra não estar capacitada para julgar um crime desta natureza. A sua parcialidade e julgamento de um caso concreto a partir de critérios arbitrários acerca da personalidade da vítima e do agressor dão origem a um desconhecido critério de exclusão da culpa do arguido – o carácter destemido da assistente. Como terá aferido a douta juíza esta característica em Bárbara Guimarães (ou em qualquer outra vítima)?

Ao presumir, puramente a partir da sua convicção pessoal, que Bárbara é uma mulher auto-suficiente e que a sua personalidade forte não lhe permitiria permanecer naquela relação, está a afirmar, por maioria de razão, que o Direito não protege as vítimas que sejam autónomas, informadas e financeiramente estáveis, assumindo que a violência estará circunscrita às classes sociais mais baixas.

O princípio da independência dos juízes, defendido aquando do acórdão de Neto de Moura, não pode justificar uma aparente institucionalização da violência exercida contra a vítima e a naturalização de decisões judiciais perpetuadoras de noções estereotipadas de vítimas enquanto meios de prova.

Uma formação adequada e consequente sensibilização no que respeita a este crime e o psicológico dos seus afectados tolheriam a magistrada de proferir afirmações que colocam em causa o discurso da vítima. A argumentação de que Bárbara, enquanto mulher informada, deveria ter apresentado queixa corresponde à idêntica transferência de culpa que o agressor pratica no decurso do círculo. Sabendo-se de antemão que os sentimentos de vergonha, culpa e medo são partilhados pela esmagadora maioria das vítimas de violência doméstica ou de crimes sexuais, o que interfere na decisão de participarem o crime – caindo por terra a invocação de que a juíza se baseia em factos notórios ou de conhecimento geral para decidir neste processo –, é incompreensível que seja a própria Justiça a responder à questão “Por que não fez queixa?”, perpetuando a cultura do silenciamento das vítimas. Após finalmente romper o silêncio imposto pelas regras sociais, pela família, pelo cônjuge agressor e por ela própria, a vítima terá de enfrentar o julgamento que o seu próprio medo originou, a ponto de perder o direito a ser vítima.

A vergonha sentida por Bárbara é menorizada e os motivos que ali a trouxeram secundarizados – a vantagem pende sobre o homem “cuja vida sofreu um dramático volte-face” e cuja depressão é considerada mais relevante do que o tumulto psicológico sofrido por ela. Assistimos a uma dupla vitimização da assistente, que sofre as mesmas humilhações e a mesma vergonha que a impediram de participar ou realizar perícias médicas no Instituto Legal de Medicina. Aliás, é precisamente esta uma das razões que coíbem as vítimas de apresentar queixa: a humilhação e desacreditação por parte de quem as deveria proteger.

Em suma, o fundamento de que o crime de violência doméstica está suficientemente divulgado é, cite-se, “um argumento fraquinho”.

Bárbara e muitas outras mulheres puderam enfim quebrar o silêncio e tentar abrir a porta da Lei, ainda que lhes seja negada a entrada. Um número maior de mulheres, pese embora toda a informação tornada pública sobre o assunto e os esforços para que falassem, não chegou sequer perto da Lei – são as mulheres que acabaram mortas e que, após a morte, vêem finalmente a sua voz restituída. Terão morrido por culpa do seu próprio silêncio ou de quem deslegitima o discurso de quem ousa conquistar uma voz?

Joana Ferrer censura Bárbara e, neste gesto, censura todas as vítimas de violência doméstica, que não são imunes a agressões físicas e psicológicas pela sua condição económica nem dotadas de frivolidade sobrehumana, conseguindo reagir atempadamente e dizer basta ao círculo vicioso. São seres humanos que merecem que a Justiça lhes garanta uma voz que durante tanto tempo viram sufocada. Por negar esta voz a uma vítima, nós censuramo-la.

Fonte: Capazes Pt
Por: Beatriz Alves da Silva
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